La enseñanza de la medicina

August 16th, 2010

Desde hace años es frecuente leer y oír que la sanidad española es una de las mejores del mundo, si no dicen o escriben que es la mejor, con ejemplos pretendidamente convincentes, como el hecho de que sea de asistencia universal, que nuestros médicos sean muy apreciados en otros países (Reino Unido, Portugal, Francia…), que de países tan desarrollados como Alemania o el Reino Unido vengan enfermos a hacerse tratamientos, que nuestro sistema de formación de los médicos sea ejemplar, por la alta selectividad  que tiene y otras muchas lindeces. No hay más que escoger un buen profesor apenas conocido por sus alumnos y elevarle al rango de oráculo nacional, mediante unos autodenominados especialistas de la información sanitaria y todo es posible para millones de auditores o teleespectadores.

Siempre me he preguntado por qué los enfermos que veía a diario se quejaban de que durante muchos días tenían dolores, escozores, picores, etc., y de que las lesiones no se quitaban a pesar de la pomada o las pastillas que les habían aconsejado en la farmacia o les recetó el médico de atención primaria quien, justamente, porque no mejoraba le había mandado al especialista.

Como lo primero que me enseñaron para iniciar una consulta médica es que debo comenzar por hacer una buena historia clínica (aparte de las fórmulas de educación para recibir a las personas), ya en los primeros minutos descubría que el trabajo del médico de atención primaria no difería mucho de la del farmacéutico. En menos de diez minutos había visto la lesión, mientras preguntaba desde cuando la tenía y si le molestaba, recetaba una pomada o unas pastillas o las dos cosas y, si se lo preguntaban, decía que se trataba de un eczema o una alergia que en unos días debería curarse y si no que volviera a consultarle.

Una cosa es que la sanidad en todos los países esté empeorando y otra que la nuestra sea la mejor o de las mejores del mundo, porque si las demás empeoran la nuestra también, desde hace más de veinte años. Y es normal que lo haga, porque es un terreno, como la enseñanza, donde los malos gobernantes pueden ahorrar muy fácilmente sin que los ciudadanos se enteren hasta después de, al menos, diez años.

Los milagros no existen, la calidad es proporcional a los recursos que se emplean y si se pretende hacer una consulta médica en menos de diez minutos, sin respetar la más elemental metodología reconocida desde hace más de un siglo, alguien tiene que pagar: el enfermo. Hay muchos ejemplos; pretender gastar lo mismo para el 75% de la población que para el 100%, como se hizo cuando se quiso universalizar la sanidad, alguien tiene que pagar ese 25% más de población: el enfermo; si al mismo presupuesto de asistencia sanitaria se añaden nuevos hospitales, alguien tiene que pagar los gastos de esos nuevos hospitales: el enfermo; si se pretende ser más eficaz privatizando la sanidad alguien tiene que pagar los beneficios de la empresa privada: el enfermo; si el nuevo plan universitario de Bolonia tiene gasto cero, alguien tiene que pagar la formación de las nuevas estructuras: el estudiante para médico; si los llamados hospitales universitarios están dirigidos por pretendidos economistas, alguien tiene que pagar su incapacidad e inexperiencia docente: el estudiante para médico; si las facultades de medicina se masifican (es mejor estudiar que apuntarse al paro), las malas prácticas hospitalarias de los estudiantes se empeoran en ambulatorios de dudosa capacidad docente…

Todo viene de la picaresca ancestral de quien no tiene formación ni experiencia pero, por ocupar un puesto de pretendida responsabilidad, se siente obligado a ser original. La ignorancia es atrevida y una desgracia pero no una deshonra, porque estoy seguro de que ellos mismos creen que si han sido nombrados es porque sus ideas son geniales, cuando la realidad es que quien le nombró es tan ignorante y tan autocrítico como él.

En la sanidad española, un buen día, alguien descubrió que algunos estadounidenses eran muy sabios y tenían un método de enseñanza médica que había que imitar y nació la enseñanza MIR. Todo funcionaba porque había un programa teórico y práctico que se podía desarrollar en los mismos sitios que hasta entonces lo hacían las Escuelas Nacionales de Especialidad, los Servicios de los Hospitales Universitarios. Se tenía a los enfermos, a los profesores, a la infraestructura hospitalaria y no había más que respetar la sistemática impuesta por un examen de entrada que limitara el número necesario de médicos del país y el control anual del cumplimiento del programa, por la Comisión Nacional de Especialidades, que garantizara la calidad docente en los centros considerados de élite.

Todo era perfecto, no se diferenciaba del sistema anterior más que en el examen de entrada pero siempre es estimulante ofrecer innovaciones, aunque sean aparentes, y durante años los servicios hospitalarios se volcaron en la enseñanza MIR, no solo por la vocación y generosidad habitual de cada experto sino también por la posible mejora del prestigio de dicho servicio.

Pero he aquí que algún ideólogo pensó que esos centros de élite no podían ser administrados por expertos sanitarios sino que tenían que seguir las llamadas normas empresariales. Con mucha delicadeza, el jefe de servicio, el jefe de sección, el adjunto y cuantos sabían de medicina y docencia pasaron a ser testaferros que se responsabilizaban de los errores pero no de las decisiones. Claro, esa picaresca tiene una inercia de algunos años pero al final ha terminado, como las antiguas Escuelas Universitarias de Especialidad, con certificados que no explican que, en el mejor de los casos, los expertos responden a las dudas del médico en formación cuando tiene tiempo  libre, pero en el peor, como la administración es mercantilista él también lo es, y pide que se reconozca su labor, se discuta su opinión y se cumpla con el principio bíblico de “quien trabaja debe de ser remunerado”. La historia de los profesores honoríficos ni funciona ni funcionará, como no funciona ni funcionará la economía del engaño.

Las "defensas"

February 19th, 2010
Mentir es “decir o manifestar lo contrario de lo que se sabe, cree o piensa”,inducir a error” (diccionario de la RAE), por lo que “es un acto consciente y deliberado, no un accidente como a menudo el mentiroso nos quiere hacer creer” (Ferrán Ramón-Cortés, El País Semanal, 17/01/2010) y aunque desde niño nos repiten que es despreciado y despreciable, lo cierto es que es raro el día que no se escuchan o se leen muchas mentiras.

Para ser generoso, quiero pensar que no siempre es un acto consciente y deliberado, porque hay un método, frecuentemente olvidado, que nace en una mala persona con la intención de que repitiendo la mentira se convierta, por falta de reflexión de quien la escucha, en una verdad. Es una ingeniería psicológica que suele funcionar en todas las actividades humanas, porque en todas hay algún indeseable que por ansia de poder (dinero, puesto jerárquico, vanidad, envidia, etc.) pretende aprovecharse de una mayoría que, por su formación, su oficio, sus aficiones, su empleo del tiempo, etc., no puede criticar con sosiego cada palabra que escucha.

Es una técnica que siempre ha existido, pero cada vez se hace más frecuente y sutil. Sin duda Nerón necesitó mucha estrategia para convencer a los romanos de que eran los cristianos, los que habían quemado Roma, pero ahora, desde Hitler o Stalin, no se necesita más que una palabra. Eso sí, bien escogida.

En 1981 estábamos en pleno comienzo de la epidemia del SIDA, poco a poco se aclaró la causa y la fisiopatología de la enfermedad, pero me sorprendió que al descubrirse la célula diana que ataca el virus, los linfocitos CD4, de repente, apareciera la palabra “defensas”. Si los CD4 estaban bajos el enfermo tenia “pocas defensas”.

Dicho así, la cosa no tenía importancia y sin duda la mayoría de la gente lo aceptó como normal, incluidos los sanitarios, pero los que todos los días veíamos enfermos infectados que, cuando entraban en la consulta, tenían la cara triste, sabíamos que los análisis habían dado valores bajos de CD4 y eso me rebelaba, porque es injusto amenazar a alguien con algo tan incierto como unos exámenes complementarios que nunca sirven para hacer pronósticos. ¿Se trataba de hacer tratamientos, aunque fuesen inadecuados?.

Y vuelta a tener que explicar que una célula no es toda la inmunología, que, salvo los pedantes, de inmunología sabemos todavía muy poco, que no se puede llamar “defensas” ni a los CD4, ni a toda la inmunología, porque si los CD4 estaban bajos y el enfermo sigue trabajando, sin síntomas particulares, tenemos que ser modestos y aceptar que, posiblemente, las funciones de las células que faltan las hacen otras que no conocemos, que lo importante es el control periódico, porque el conjunto de los exámenes, clínicos, de laboratorio y de su calidad de vida, es lo que importa, no solamente unos análisis de laboratorio.

Ahora resulta que esta terminología se emplea hasta para vender yogures, porque dicen que aumentan las “defensas”. Yo quiero creerlo, pero necesito saber lo que llaman “defensas” y nadie me lo dice. Incluso los médicos, sin darse cuenta, utilizan semejante lenguaje, porque creen que todo el mundo tiene el mismo concepto, cuando ni siquiera entre ellos valoran de la misma forma la inmunología, aunque con lo poco que saben, como los economistas, hacen castillos en el aire.

Poniendo o quitando adecuadamente una o varias palabras bien escogidas en una frase, se puede sobreentender cualquier cosa. Es cuestión de especializarse en el engaño lingüístico para que la mayoría de las personas que escuchan, leen o ven la frase: “desde que se descubrió que el virus del Papiloma Humano era el causante necesario del cáncer de cuello de útero, sus estrategias de prevención han cambiado.”, se crean que existe una vacuna que impide todos los cánceres de cuello de útero. El juego con la verdad puede ser muy variado, porque si con una palabra se hace maravillas, imagínense con una frase o todo un discurso, y si en lugar de difundirlo en familia se dice o escribe en un medio de gran difusión o lo avala una sociedad llamada científica o un personaje llamado importante, comprenderán la trascendencia que tiene el engaño.

No crean que, porque he puesto ejemplos médicos, el método es exclusivo de la medicina, porque se puede decir “España ha crecido este año el 3%” (es un ejemplo de antes de la crisis), dando a entender que ya se puede codear con los grandes, que solamente han crecido el 2%. Probablemente se han olvidado decir que el crecimiento de España es a base trabajo manual, mientras que el de los grandes es a base de alta tecnología y ya son ricos desde hace muchos años. Sin duda el pequeño comerciante puede crecer de un año para otro el 50%, pero ha ganado cien mil euros, mientras que la cadena comercial vecina ha crecido solamente el 3% pero ha ganado mil millones. Cuando vean cifras aisladas desconfíen, están sesgadas.

Hay especialistas “en vender la moto” y es por lo que, ya que no puedo evitar las noticias oficiales, evito los anuncios, porque no dejo de pensar que para hacerlos han trabajado muchos expertos, dicen de “marketing”, durante meses, con el único fin de que yo compre el producto que anuncian y contra tanta preparación no puedo defenderme, por muy avisado que esté. Lo mejor es no escucharlos. En radio y televisión es fácil, no hay más que cambiar de emisora, pero en los medios escritos, especialmente en internet, es más difícil, aunque con un poco de autodisciplina se logra. Lo importante es no creer que no pueden engañarte. Esas si que son “defensas”.

Las vacunas son para todos

January 17th, 2010
Ya he dicho que ni Francia, ni ningún país que haya comprado vacunas para más del 60% de su población han cometido errores en la protección contra la gripe A (www.dermocosmos.com :“La discriminación gripal”), porque el 24 abril la Organización Mundial de la Salud (OMS) había declarado una alarma mundial a causa de los primeros casos aparecidos en México y USA; el 11 junio oficialmente se anunció una pandemia; el Comité de Lucha Contra la Gripe (CLCG), creado en Francia el 25 julio 2008, rápidamente recomendó la reserva de vacunas contra el nuevo virus; el virus de la gripe A es un H1N1 peligroso que nada tiene que ver con los B y C ya adaptados al hombre, ni con el H5N1 de la gripe aviar que nunca se ha adaptado al hombre, aunque haya producido muertes (www.dermocosmos.com :”Esta gripe sí es humana”); ningún virus tiene tratamiento específico y por consiguiente el único procedimiento antiviral eficaz es la vacunación; la comercialización de la vacuna anti-H1N1 necesitaba al menos 5 meses: dos para seleccionar la cepa, dos para fabricarla y uno para los ensayos clínicos; la inmunización debía comenzar lo antes posible y cuantas más personas se vacunasen más lenta y con menor amplitud sería la propagación de la enfermedad (www.dermocosmos.com : “Lo que se sabe de la gripe A”).

Con estas premisas y un bombardeo diario de noticias alarmantes (Le Monde, 20-07-09: “Europe : les autorités se préparent à affronter le virus”), (Le Monde, 23-07-09: “Le virus de la grippe A(H1N1) pourrait affecter 20 millions de Français d’ici à la fin de l’année”), (El País, 18-07-09: “Los expertos de Sanidad esperan 8.000 muertos por la gripe A”), (El País, 23-07-09: “Sanidad eleva un 50% la reserva de Tamiflu y estudia su venta libre”), es lógico que los países con posibilidades económicas pretendieran proteger a sus ciudadanos facilitándoles la vacunación, porque todo gobierno responsable debe prepararse para lo peor y esperar lo mejor. Y así ha sido, por ahora ha ocurrido lo mejor, pero nadie podía prever, y todavía no es segura, una evolución tan favorable.

Entonces, ¿por qué ha habido, en todos los países, esa reticencia para vacunarse, cuando es lo más eficaz, con el menor riesgo, para evitar al virus? Porque ha habido demasiadas informaciones contradictorias, oficiales y particulares.

Cuando se dice que la epidemia en el hemisferio sur ha sido menos grave de lo que se esperaba, no se entiende por qué en el hemisferio norte ha de ser igual si en medicina y especialmente con los virus nada es seguro; cuando se va al médico con fiebre, cansancio y malestar general y, sin hacer el diagnóstico serológico, se dice que es un catarro, una faringitis u otra enfermedad bacteriana, las cifras epidemiológicas no son muy precisas; al contrario, cuando se va al médico y, sin hacer el diagnóstico serológico se dice que es la gripe A y con tratamientos sintomáticos desaparecen las molestias, no se entiende la peligrosidad de la enfermedad; cuando se dice que los niños, los obesos, los inmunodeprimidos y demás grupos de riesgos son los que tienen más facilidad para contagiarse, los que no pertenecen a esos grupos de riesgo no comprenden por qué necesitan vacunarse; al contrario, los que quieren vacunarse y no se lo permiten no comprenden por qué hay que privilegiar a unos sobre otros cuando todavía no hay indicios de alta contagiosidad; cuando se dice que no hay tiempo para hacer ensayos clínicos y puede haber importantes efectos indeseados, no se entiende por qué se comercializa la vacuna; cuando se dice que, en caso de necesidad, se dispone de grandes cantidades de antivirales (oseltamivir, zanamivir), no se entiende para que sirve la vacuna; cuando se dice que la gripe aviar nos enseñó mucho para defendernos de la gripe que nos amenaza, no se entiende por qué ésta puede ser peor que la otra, etc. etc.

Se podría repasar las muchas cosas que se han dicho y escrito en defensa y en rechazo de la vacunación contra la gripe A pero la gran mayoría no han contribuido más que a sembrar la desconfianza en el sistema sanitario, porque la mayoría no están dichas más que por aficionados que en muchos casos ocupan puestos llamados de “alta responsabilidad”. Limitémonos a la vacunación y dejemos en paz la epidemiología, los protocolos, las alarmas, el miedo, los grupos de riesgo, y demás títulos periodísticos.

No hay que confundir un medicamento con una vacuna. Una vacuna, si se tiene, la de la gripe A y todas las restantes, es la única protección que tenemos contra las infecciones virales y deben de emplearse en todas las personas que no hayan padecido la enfermedad para la que se vacuna. Y si la vacunación tiene un límite temporal de protección debe de repetirse al finalizar ese límite e incluso, si alguien se vacuna habiendo pasado la enfermedad o sin terminar el límite de protección inmunológica no pasa nada, salvo que ha gastado inútilmente 10 €, en el caso de la gripe A. Es por lo que las autoridades sanitarias tienen la obligación de poner a disposición de los ciudadanos los medios para que cada uno, voluntariamente, se vacune o no. Los derechos humanos dan libertad individual para escoger entre vacunarse o no, pero las autoridades sanitarias no tienen elección, si disponen de una vacuna, tienen la obligación de ponerla a disposición de quien la desee.

Es el llamado principio de precaución, primer deber de la responsabilidad del Estado, especialmente en el caso de la salud, donde ningún país puede aceptar la muerte de un ser humano cuando se puede evitar, independientemente del gasto que represente, porque ese gasto es el precio de la libertad de las personas (Le Monde, 09-01-10: “Le principe de précaution oblige à exagérer la menace”).

La discrimination et la gripe

January 17th, 2010
Comme je l’ai écrit au mois d’avril dernier (www.dermocosmos.com : “Esta gripe sí es humana”), avant que le jeudi 23 soit confirmée officiellement la mort de 81 mexicains, essentiellement d’Hidalgo, de Tlaxcala, de Chihuahua, de San Luis Potosí et du District Fédéral : “Ni toutes les grippes sont identiques, ni tous les virus de la grippe de même que les malades sont pareils, ni les infections sont toujours des épidémies, ni toutes les épidémies des pandémies, etc. etc. La médecine est humaine et n’a rien à voir avec le commerce ni avec les méthodes mercantiles

Nous sommes maintenant, presqu’un an après, en train de jouer de nouveau avec la santé. Il est vrai que les maladies sont toujours compliquées, même pour les experts, parce qu’elles affectent des organismes très complexes, mais quand s’en mêlent ceux qui se font eux-mêmes appeler gestionnaires de la santé, journalistes spécialisés, conseillers, politiques, etc. (certains appartenant au personnel sanitaires, mais avec un exercice très limité), ils arrivent non seulement à s’auto-convaincre d’avoir la bonne solution mais aussi d’en convaincre les citoyens. Je ne comprends pas encore pour quelle raison les ministres, les conseillers, les journalistes, les économistes, etc., avec des connaissances médicales sommaires, jouissent de la préférence des médias pour expliquer les problèmes de la santé. Que peut dire un avocat, un économiste, un politique, etc., de la santé ? Dans le meilleur des cas ce qu’ont déjà dit les experts et, dans le pire, des incongruités. Pourquoi ne pas le demander directement à l’expert lui-même ?

A l’heure actuelle, des pays comme la France (94 millions de doses), l’Allemagne (50 millions), l’Espagne (37 millions), les Pays Bas (34 millions), le Royaume Uni (plus de 30 millions), les USA (plus de 150 millions), le Japon, la Chine, etc., ont acheté trop de vaccins. Depuis quand est-ce un excès d’empêcher qu’un être humain puisse mourir à cause d’un agent infectieux pour lequel nous n’avons pas de traitement spécifique ? Depuis quand la médecine peut-elle être assimilée à une usine de voitures ou de chaussures où on peut estimer le nombre de produits pouvant être défectueux ? Si dans la fabrication de chaussures ou de voitures il y a une machine qui réduit ces défauts, l’entreprise peut décider de l’acheter ou de ne pas l’acheter, en fonction du coût des pièces défectueuses, mais en médecine la notion de pièces défectueuses n’a pas cours, le rebus n’a pas de prix, il s’agit d’êtres humains, et c’est encore beaucoup moins acceptable dans le cas d’un vaccin qui, tout au plus, vaut environ 10 €. Je sais que nous sommes en crise, mais ce n’est pas le problème de ceux qui risquent de mourir à cause d’une mauvaise organisation, le problème essentiel est celui des priorités, humaines ou mercantiles, des responsables.

Il n’y a pas eu d’excès dans l’achat des vaccins, pas même en France qui compte 65 millions d’habitants, à raison de deux doses par personne, en suivant l’indication initiale, 94 millions de doses servant pour la vaccination de plus de 70% de la population, ce qui représente une sécurité pour n’importe quelle épidémie (l’idée qu’il est suffisant de vacciner seulement 30% reste à prouver).

Evidemment depuis le 20 novembre dernier, quand il a été accepté qu’une seule dose suffisait, la situation de la France s’est avéré exagérée, non pas pour une mauvaise prévention mais à cause des nombreuses erreurs que tout médicament ou toute vaccination comporte obligatoirement (il suffit de se souvenir comment a été approuvé le AZT pour le SIDA). C’est pour cela qu’il faut effectuer des études cliniques très méticuleuses avant la commercialisation d’un produit mais, quand on n’a pas le temps, il vaut mieux pécher par excès que par défaut. Peu importe s’il y en a trop maintenant, de toutes manières, les doses peuvent être revendues à d’autres pays demandeurs ou, sinon, on peut les donner à ceux trop nombreux qui en ont besoin, en augmentant un peu de ce 10% de leurs réserves qu’avaient promis les USA, l’Australie, le Brésil, l’Italie, La Nouvelle Zélande, la Norvège, la Suisse et le Royaume Uni.

Si aucun pays n’a commis d’erreurs dans l’achat des vaccins (les uns étant plus riches et les autres plus pauvres), tous en ont commis dans la méthodologie qu’ils ont suivie pour les vaccinations et dans les explications qu’ils ont données aux citoyens (les plus pauvres n’ayant rien eu à expliquer, car ils ont des maladies beaucoup plus graves que la grippe).

Après avoir expliqué à la population que le groupe consultant stratégique des experts de l’OMS avait déterminé la souche que les laboratoires devaient utiliser pour la fabrication du vaccin, que six mois au moins étaient nécessaires pour en disposer, il n’y avait plus qu’à attendre en se contentant de divulguer les mesures d’hygiène générales et les données épidémiologiques qui se produisaient dans le monde et dans chaque pays, en conseillant aux médias de ne pas aventurer d’hypothèses car, ce que nous savons, pouvait avoir été, et peut encore être, différent. N’importe quel virologue se méfie du virus le plus inoffensif soit-il, spécialement parce qu’aucun n’a de traitement efficace. Seul le vaccin est sûr et tant que l’on ne l’a pas, il est inutile de parler de solutions définitives.

Pour différentes raisons, on n’a disposé du vaccin qu’en octobre-novembre. Deux possibilités s’offraient alors : qu’à ces dates on dispose du total des vaccins demandés ou que, pour des raisons techniques de fabrication, la commande se réalise progressivement. Dans les deux cas, il n’y avait pas de raisons pour constituer des groupes de risque et des listes d’attente pour la vaccination, sauf si l’épidémie s’était montrée si agressive que le nombre de morts journalier aurait été important. Il n’y a pas de raison morale pour qu’une personne meure parce qu’elle n’appartient pas à un groupe de risque, alors que la notion de risque a des limites aussi imprécises que celles qu’on a bien voulu lui donner.

Nous oublions parfois que, dans des circonstances normales, le respect de la personne est sacré. Je tiens à rappeler, qu’en cas de cataclysme, de guerre, d’épidémie à haute mortalité, de pauvreté extrême, du naufrage du Titanic, etc., les droits individuels sont au service de la société et que les forts ont l’obligation de protéger les faibles, mais en temps normaux “pour les autres je ne serai personne, mais pour moi je suis tout” et les faibles ou les forts méritent tous le respect que leur accordent les droits humains.

Je considère donc que si le vaccin est la seule solution efficace pour la grippe A et qu’il existe, personne n’a le droit de me dire quand je dois ou je ne dois pas me vacciner, je dois être libre de le faire ou de ne pas le faire quand je le désire. De quel droit un administrateur m’expose à une mort possible en gardant le vaccin qu’il possède en attendant de voir ce qui peut advenir ?

La discriminación gripal

January 7th, 2010
Lo escribí en abril del año pasado (www.dermocosmos.com : “Esta gripe sí es humana”), antes de que el jueves 23 se confirmara oficialmente la muerte de 81 mejicanos, fundamentalmente de Hidalgo, Tlaxcala, Chihuahua, San Luis Potosí y Distrito Federal : “No todas las gripes son iguales, no todos los virus de la gripe son iguales, no todos los enfermos de gripe son iguales, no todas las infecciones son epidemias, ni todas las epidemias son pandemias, etc. etc. La medicina es humana y nada tiene que ver ni con el comercio ni con los métodos mercantiles”

Y aquí estamos, casi un año después, jugando nuevamente con la sanidad. De verdad que la enfermedades siempre son complicadas, hasta para los expertos, porque afectan a organismos muy complicados, pero cuando se mezclan los que ellos mismos se hacen llamar gestores sanitarios, periodistas de la salud, consejeros políticos, etc. (algunos son sanitarios, pero de ejercicio muy limitado), no solo llegan a autoconvencerse de saber resolver los problemas de la salud sino que convencen a los ciudadanos. Todavía no entiendo por qué los ministros, consejeros, periodistas, economistas, etc., con vulgares conocimientos médicos, son preferidos en los medios de comunicación para explicar los problemas sanitarios. ¿Qué quieren que diga un abogado, economista, etc., de la sanidad?, en el mejor de los casos lo que le haya dicho el experto y en el peor incongruencias. ¿Por qué no lo dice directamente el experto?

Ahora resulta que países como Francia (94 millones de dosis), Alemania y el Reino Unido (50 millones cada uno), Italia (48 millones), España (37 millones), Países Bajos (34 millones), Suecia (18 millones), Suiza y Bélgica (13 millones cada uno), Portugal (6 millones), USA (más de 150 millones), Japón, China, etc., han comprado demasiadas vacunas. ¿Desde cuando es demasiado prever que un ser un humano pueda morir por un agente infeccioso para el que no tenemos tratamiento específico?, ¿desde cuando la medicina es una fábrica de coches o de zapatos donde se puede calcular los que salen con defectos? Si en la fabricación de zapatos o de coches hay una máquina que reduce esos defectos, la empresa puede decidir comprarla o no, según el coste de los desperdicios, pero en medicina no existen desperdicios, los desechos no tienen precio, son seres humanos, y menos cuando se trata de una vacuna que como máximo vale 10 €. Ya sé que estamos en crisis, pero ese no es el problema de los que pueden morir por mala administración, el problema es de las prioridades, humanas o mercantilistas, de los administradores.

Nadie se ha excedido en la compra de vacunas, ni siquiera Francia, porque para 65 millones de habitantes, aplicando dos dosis por persona, como se indicó inicialmente, 94 millones de dosis vacunan a más del 70% de la población, lo que es una seguridad en cualquier epidemia (la historia de que es suficiente vacunar el 30% hay que demostrarla).

Evidentemente, a partir del 20 de noviembre pasado, cuando se ha aceptado que una sola dosis es suficiente, Francia ha exagerado, pero no por mala prevención sino por uno de los muchos errores que todo medicamento o vacuna de urgencia obligatoriamente conlleva (recuerden como fue aprobado el AZT para el SIDA). Por eso se hacen estudios clínicos muy meticulosos antes de la comercialización de un producto pero, cuando no se tiene tiempo, más vale pecar por exceso que por defecto. Poco importa si ahora sobra, de todas formas se venderán a Qatar, Egipto, Ucrania, etc., y si no, se regala a los muchos países que lo necesitan, aumentando un poco ese 10% de sus reservas que les habían prometido USA, Australia, Brasil, Italia, Nueva Zelanda, Noruega, Suiza y el Reino Unido.

Si ningún país ha cometido errores en la compra de vacunas (los unos por su riqueza y los otros por su pobreza), todos los han cometido en la metodología que han seguido para hacer las vacunaciones y en las explicaciones que han dado a sus ciudadanos (los pobres no han tenido nada que explicar, tienen enfermedades más graves que la gripe).

Después de aclarar que el grupo consultante estratégico de expertos de la OMS había determinado la cepa que los laboratorios tenían que utilizar para fabricar la vacuna, que, como mínimo, se necesitaba seis meses para disponer de ella, no había más que esperar, ofreciendo fríamente las medidas generales de higiene y los datos epidemiológicos que se producían en el mundo y en el país correspondiente, aconsejando a los noticieros de no hacer hipótesis, porque lo que ya sabemos que ha pasado podía haber sido, y puede todavía ser, diferente. Cualquier virólogo que se precie desconfía del virus más inofensivo, especialmente porque ninguno tiene tratamiento eficaz. Lo único que da seguridad es la vacuna y mientras no se tenga es inútil hablar de soluciones definitivas.

Por razones diferentes se ha dispuesto de la vacuna en noviembre-diciembre. Ha habido dos posibilidades: que en esas fechas se dispusiese del total de las vacunas solicitadas o que, por razones de demanda y límites técnicos de fabricación, la entrega se hiciese paulatinamente. En ambos casos no hay razones para hacer grupos de riesgo y listas de espera para la vacunación, salvo en el supuesto de que la epidemia hubiera sido tan agresiva que diariamente hubiera habido un importante número de muertes. No hay razón moral para que una persona muera porque no pertenece a un grupo de riesgo, cuando la noción del riesgo tiene límites tan imprecisos como ha tenido.

A veces olvidamos que, en circunstancias normales, el respeto a la persona individual es sagrado. Repito, en caso de cataclismo, guerra, epidemia con alta mortalidad, pobreza extrema del país, hundimiento del Titanic, etc., los derechos individuales están al servicio de la sociedad y los fuertes tienen que proteger a los débiles, pero en caso de normalidad “para los demás no seré nadie pero para mi lo soy todo” y, débiles o fuertes, todos merecen el respeto que les deben los derechos humanos.

Considero que si la vacuna es la única solución eficaz para la gripe A y existe, nadie tiene derecho a decirme cuando debo o no vacunarme, debo ser libre de hacerlo o no cuando quiera. ¿Con que derecho ningún administrativo de turno me expone a una posible muerte, guardando la vacuna que tiene mientras espera a ver lo que pasa?