Desde hace años es frecuente leer y oír que la sanidad española es una de las mejores del mundo, si no dicen o escriben que es la mejor, con ejemplos pretendidamente convincentes, como el hecho de que sea de asistencia universal, que nuestros médicos sean muy apreciados en otros países (Reino Unido, Portugal, Francia…), que de países tan desarrollados como Alemania o el Reino Unido vengan enfermos a hacerse tratamientos, que nuestro sistema de formación de los médicos sea ejemplar, por la alta selectividad que tiene y otras muchas lindeces. No hay más que escoger un buen profesor apenas conocido por sus alumnos y elevarle al rango de oráculo nacional, mediante unos autodenominados especialistas de la información sanitaria y todo es posible para millones de auditores o teleespectadores.
Siempre me he preguntado por qué los enfermos que veía a diario se quejaban de que durante muchos días tenían dolores, escozores, picores, etc., y de que las lesiones no se quitaban a pesar de la pomada o las pastillas que les habían aconsejado en la farmacia o les recetó el médico de atención primaria quien, justamente, porque no mejoraba le había mandado al especialista.
Como lo primero que me enseñaron para iniciar una consulta médica es (más…)
