Archivo de August, 2006

EL TABACO

Sunday, August 27th, 2006

No hay duda de que es malo fumar, para el que lo hace como para el que está a su lado y, si es posible, debe evitarse.

Igualmente es malo que, en 2004, el 96% y el 61% de las aguas superficiales y subterráneas, respectivamente, de los sitios donde se han buscado, en Francia, estén contaminadas por pesticidas (Le Figaro, 19/08/06) (otros países ni siquiera se molestan en buscarlos o no lo publican) y, si es posible, debe evitarse.

No menos malo es que 80 ciudades españolas tengan más de 50 mg/m3 de partículas en el aire y muchas de ellas superen el límite de los 35 días por año para llegar a superar los 124, lo que produce unas 16.000 muertes cada año, por enfermedades respiratorias y cáncer (Siete Días Médicos, 17/02/06) y, si es posible, debe evitarse.

Así podría seguir con el ruido producido por el 27% de los bares y discotecas (El Pais, 02/04/06) que, si es posible, hay que evitar; la acidificación de los mares por el dióxido de carbono (Le Monde, 02/10/05) que, si es posible, hay que evitar; las radiaciones de todo tipo, incluyendo Chernóbil que, si es posible, hay que evitar; el uso diario de más de 30.000 sustancias químicas, incluyendo el desastre de Bophal, en la India, que, si es posible, hay que controlar; hasta completar un libro de muchas páginas.

No es difícil la respuesta de los bienintencionados : “como no se puede arreglar todo a la vez, empecemos poco a poco, por lo que se pueda”. Estamos de acuerdo, poco a poco, por lo que se pueda, pero un fumador de más de 20 cigarrillos al día, desde hace años, es un adicto y, como tal, un enfermo que no tiene la posibilidad de dejar la adicción de repente, sin tratamiento previo, por muchas leyes que se le pongan por delante.

Está claro que toda adicción, del tipo que sea, heroína, cocaína, alcohol, tabaco, juego, comida, etc., representa una personalidad y unos factores favorecedores, lo que hace que unas sean más crónicas, más nocivas, más asequibles, más dependientes, etc. que otras, estando también en relación con el tipo de sustancia, la técnica empleada, la edad, el nivel económico, el medio ambiente en que se vive, etc. No es porque al ludópata se le quite bruscamente la maquina “tragaperras” que va a dejar de jugar, siempre encontrará a alguien con quien jugar a los “chinos”.

El tema es más difícil y delicado de lo que se piensa, porque esa frágil personalidad del adicto no es un trastorno morfológico, con lo que no se puede cambiar con un tratamiento general, sino que cada una necesita un seguimiento bastante diferenciado, pero sí se puede, progresivamente, inhibir su influencia, con la ayuda de leyes inteligentes que disminuyan los dichos facto0res favorecedores, especialmente la auto-justificación.

Las leyes adecuadas tienen mucho valor, porque quitan al adicto la coartada de que nadie le ayuda, que la sociedad le pone constantemente la tentación, que es muy fácil encontrar la oportunidad, que nadie le ha informado, etc. y facilitan el extraordinario esfuerzo personal que tiene que hacer, sin el que nunca llega a “desengancharse”.

Sin duda se han dictado y se siguen dictando leyes, en España y en Europa, que van en este sentido, pero hay otras que, con buenas intenciones, tienen efectos indeseados, como la formación de grupos de fumadores que antes no se conocían, la generalización de que el fumador pasivo sufre tanto como el activo, la existencia de bares donde se puede fumar libremente, la prohibición de fumar en todo lugar público, etc.

Cuando un fumador se reúnen con otros en las puertas de los edificios, el subconsciente le dice que no es él el único que no puede dejar de fumar y siempre hay quien convence de que no es necesario hacerlo, porque lo importante es vivir con satisfacción. Todos saben que nadie ha demostrado científicamente que el fumador pasivo sufre tanto como el activo, lo que es lógico porque no respiran el mismo tipo de humo. Cuando, antes, entraban en un bar, preguntaban a su alrededor si no molestaban fumando, ahora no preguntan porque en ese bar fuman por derecho. Si se llega a prohibir fumar en todos los lugares públicos, buscaran rincones donde, como en los antiguos Pub ingleses, en los que los viernes se bebía con rapidez para emborracharse antes del cierre, los fumadores, fumaran en media hora la mitad del paquete.

No insistan en leyes negativas, insistan en leyes positivas donde se forme e informe de los problemas del tabaco (incluso aumenten el precio), pero todos los fumadores tienen derecho a tener un sitio donde fumar, sin molestar a los demás y sin tener que enfermar bajo la nieve, mientras se convencen y logran dejarlo. Entre esas leyes positivas debería existir una que obligase a que solo se vendiese tabaco de buena calidad, sin aditivos ni otras sustancias, en una cantidad fija por cigarrillo o unidad de consumo, con una esponjosidad determinada, un filtro bien estudiado y con un papel seleccionado como el menos nocivo posible porque, ya que se utiliza el precio como disuasorio, al menos, que el producto sea lo menos malo posible.

No soy fumador activo y sí lo soy pasivo, pero me cuesta aceptar la utilización del tabaco como una de las muchas armas que actualmente se utilizan para inspirar miedo y terror. Es un método harto conocido desde hace muchos siglos, excesivamente empleado en el último, siempre con el oculto objetivo de limitar las libertades individuales, lo que es lógico en los regímenes dictatoriales pero menos en las llamadas democracias.

Madrid, Agosto 2006.

EL PRESERVATIVO

Tuesday, August 8th, 2006

Soy médico y, como tal, lo que me interesa es tratar de quitar o mitigar las angustias y dolores que producen las enfermedades.

Está claro que hay enfermedades más graves que otras, que se pueden curar más fácilmente que otras, que se comportan diferentemente en unas personas que en otras, que se pueden prever más fácilmente que otras y en resumen que, por tratarse de seres humanos, hay muchas permutaciones de componentes físicos y psíquicos, no siempre fáciles de comprender y por consiguiente de manejar.

Pero de lo que sí estoy seguro es de que si hay un medio de evitar que el ser humano caiga enfermo hay que emplearlo, siempre y cuando no se cause daño a una segunda o tercera persona..

Y con las relaciones sexuales hay posibilidades de caer enfermo sin que nadie engañe a nadie. La vieja creencia de que cuando alguien tiene una enfermedad de transmisión sexual (ETS) es porque de su pareja le ha engañado ya no es válida, porque, salvo la sífilis, las otras más de 20 ETSs se pueden adquirir por otros medios y, una vez que están en los genitales de uno de los dos, el mecanismo de transmisión habitual es por las relaciones sexuales (Blog: Enfermedades de transmisión Sexual. ETS/ITS).

El único medio que existe para evitar que durante las relaciones sexuales se adquiera o se transmita una enfermedad (los que engañan y los que no engañan) es con el uso del preservativo, del tipo que sea, masculino, femenino, de látex, de poliuretano, lubricado, con antisépticos, con espermicida, con lo que sea, siempre que haga una barrera mecánica entre los genitales de la pareja.

Hay barreras muy amplias y por tanto muy protectoras, como la del preservativo femenino, pero son de bastante molesta aplicación, barreras muy reducidas y por tanto poco protectoras, como el diafragma femenino, que siendo de agradable aplicación tienen poca utilidad contra las infecciones. Al final no nos queda más que el preservativo masculino, que será más o menos caro, más o menos cómodo, más o menos resistente, más o menos adaptado a los hábitos, pero lo importante es que no solamente no deja pasar los espermatozoides para producir el embarazo sino que también impide el paso de los gérmenes causantes de enfermedades infecciosas.

Y aquí viene la eterna discusión de los discrepantes de su uso, porque dado que “está demostrado científicamente que el preservativo deja pasar virus”, no es útil para evitar las infecciones. Es el eterno juego con las palabras que no dicen mentiras pero no dicen la verdad y dejan subentender la falsedad. Todos los integristas las utilizan desde el comienzo de los siglos. El preservativo puede dejar pasar algunos virus, pero si no se utiliza pasaran todos y con unos pocos hay menos probabilidad de adquirir la enfermedad que con todos y por descontado que no pasa ningún hongo, ni ninguna bacteria.

Si lo que se prefiere es no tener relaciones sexuales, para no tener riesgo de infecciones genitales o para hacer méritos ideológicos o religiosos, estamos de acuerdo en la inutilidad del preservativo (nada más seguro que Julieta en el balcón de su casa de Verona y Romeo en el patio), pero el problema es que es difícil formar una familia y vivir durante años con su pareja sin tener relaciones sexuales. Todos los que forman una familia, sea de la clase que sea, necesitan tener relaciones sexuales.
En ese no decir mentiras pero no decir la verdad, predomina el subentender que las ETS son propias de personas poco serias, de mala vida, promiscuos, con prácticas de riesgo, etc., lo que es completamente falso, porque cualquiera puede tener un papilomavirus que pasa de los pies, de las manos, de un saludo (como la gripe, vaya Dios a saber de donde proviene), a los genitales y a partir de ese momento es contagiante para su pareja, aunque ambos sean personas serias, de vida regular y fieles.

Y ahora vienen más ideas de los discrepantes: admitamos que cualquiera puede adquirir una ETS siendo serio, de vida regular y fiel, pues lo que tiene que hacer es tratarse la ETS y no tener relaciones sexuales hasta que no esté curado, con lo que no necesita el preservativo. En general está bien pensado, pero el papilomavirus tiene un tiempo de incubación des dos semanas hasta, al menos, un año, lo que quiere decir que, después de haberse curado aparentemente las lesiones, puede seguir teniendo virus hasta después de un año y si logran resistir ese tiempo sin relaciones sexuales, verdaderamente merecen, los dos, un buen lugar en el cielo. Y todavía me quedo corto, porque hay que contar además el tiempo que se puede tardar en hacer desaparecer aparentemente las lesiones, que a veces es más de otro año. No hay que olvidar que los virus no tienen tratamiento específico.

Seguimos con las ideas de los discrepantes: esos son casos raros, porque las gentes “normales” no tienen muchas infecciones por papilomavirus. Pregunten a los ginecólogos cuantos cánceres de cuello de útero operan por culpa de este virus. Aproximadamente el 60%, la mayoría mujeres fieles y de buenas familias. De la incidencia del Virus del Papiloma Humano (VPH) se habla menos que del SIDA pero es más importante.

Si el uso del preservativo, durante las relaciones sexuales, ocasiona una alergia u otra enfermedad a quien lo emplea o a su pareja, justificaría primero la consulta médica para comprobarlo, segundo el cambio de tipo de preservativo, en busca de uno que no ocasione la enfermedad comprobada (hay cientos diferentes), tercero la valoración comparativa de la gravedad de la enfermedad comprobada con la de las posibles enfermedades que se pueden adquirir sin él, y por último la elección de otro método anticonceptivo.

El mayor problema de la sexualidad es la mala formación e información, incluidos los llamados expertos, porque para lo único que es malo el preservativo es para tener niños.

El mayor problema del preservativo es como ponérselo sin perder los estímulos previos a la penetración, por lo que valdría la pena explicar a la pareja como debe ser un poco más activa, para que el otro no tenga que interrumpir sus caricias.

Madrid, Septiembre 2006.