Archivo de October, 2006

OBESIDAD

Thursday, October 26th, 2006

Ni siquiera hay una definición de obesidad. El diccionario de la lengua española dice, obesidad: cualidad de obeso; obeso: dicho de una persona excesivamente gorda; gorda: de abundantes carnes; carne: parte muscular del cuerpo de los animales. Los libros de medicina hablan de exceso de grasa y por consiguiente exceso de peso pero, un atleta que tiene poca grasa y pesa mucho ¿es obeso?, una persona que a los 40 años pesaba 65Kg y a los 70 pesa 85 Kg, ¿se ha convertido en obeso?, ¿es lo mismo quien engorda bruscamente que quien engorda con el paso de los años? Y así otras cien preguntas.

El peso es una medida individual que depende de la edad, el sexo, la talla, la constitución, el ejercicio, etc., lo que quiere decir que la mayor parte de las valoraciones dependen de bases estadísticas que comparan el peso real con el que se ha establecido como ideal. Actualmente se considera ideal, cuando el llamado Índice de Masa Corporal (IMC), que se obtiene dividiendo el peso, en Kgs, por la talla al cuadrado, expresada en metros, oscila entre 18,5 y 24,9, lo que quiere decir que la dicha persona, si mide 1,70 m, a los 40 años tenía un IMC de 22,49, lo que oficialmente era normal, y a los 70 tiene 29,41, lo que oficialmente es anormal, es decir se ha convertido en un obeso.

Volvemos a meter miedo a la gente, esta vez probablemente con el oculto objetivo de hacer más grande el “becerro de oro”. Según nuestra propaganda, una persona que mida 1,70 m no puede pesar más de 72 kg, tenga la edad que tenga, lo que ya es muy dudoso a los 40 años pero mucho más a los 60.

Y sin embargo es verdad que en menos de dos décadas, el 5% de los niños, comprendidos entre 6 y 12 años, que se consideraban gordos, ha aumentado un 15%, que uno de cada dos adultos españoles tiene ex­ceso de peso y alrededor del 14% se sale ampliamente de las normas, que la obesidad es menos frecuente en las familias acomodadas, que se presenta cada vez en edades más tempranas, que hay un riesgo de que en el futuro aumenten las enfermedades consecuentes, como el exceso de colesterol, dia­betes, hipertensión arterial, etc. y que es necesario un programa de prevención infantil que explique los factores favorecedores de la obesidad.

Y digo prevención infantil porque es, una vez más, en la escuela donde se adquieren los buenos hábitos cívicos de limpieza, convivencia, educación, alimentación, etc., evidentemente, con la ayuda de la familia. No verán un solo niño suizo que tire un papel al suelo, que no sepa atravesar una calle, que no diga gracias, por favor, etc. y todo ello porque a los 3 años ya se lo explican y practican en la escuela y en la familia. La alimentación es lo mismo, pero…

Siempre hay un pero. Hay que aclarar que no tiene nada que ver que la media del peso de todos los ciudadanos, y de los niños en particular, aumente, con que la mayoría de los ciudadanos pese más de lo establecido como norma.

Hay que aclarar que es bueno hacer ejercicio, reducir los niveles de grasas, azúcares, sales, etc. pero también que las comidas rápidas, congeladas y recalentadas, etc., tipo pastas italiana o pizzas no son las mejores y sin embargo ha aumentado su consumo entre el 14 y el 50%.

Hay que aclarar que una ensalada se puede enmascararse con una salsa inconveniente, que cuando alguien fabrica algo que llama light es porque también fabrica algo que no lo es, que un refresco puede tener de todo menos fruta, porque para que su comercialización resista meses necesita antioxidantes, estabilizantes, antisépticos, conservantes, etc.

Hay que aclarar que muchas veces se añaden colorantes y sabores con el único interés de buscar la adicción (los pediatras conocen bien ese refresco, burbujeante y de los más variados colores, que todos los días piden los niños), sin que nadie pueda garantizar que, con el tiempo, no sean productos nocivos, porque no hay suficientes estudios. Hasta los medicamentos, que tienen reglas muy estrictas, a veces tienen que ser retirados del mercado, porque, después de un tiempo, han mostrado efectos indeseados (ver “Evaluación de los medicamentos”) lo que, por lógica, es más fácil en los alimentos y bebidas cuya reglamentación es menos estricta.

Tiene razón este sevillano cuando dice: “Les doy unos ejemplos a esos expertos: ¿por qué no denun­cian que es imposible saber cuántos gramos de azúcar tiene un yogur infantil o un refresco? ¿Por qué no denuncian que el uso de edulcorantes artificiales (cuestionados por sus efectos se­cundarios) en los productos light no ha reducido el número de obesos? Para estos expertos no hacían falta alforjas”. (Emi­lio Iglesias Delgado. Sevilla. El País, 17/09/06).

Está claro que es una utopía pretender consumir exclusivamente productos de la región, frescos, en la temporada natural de producción, sin aditivos ni manipulaciones, pero no es ninguna utopía pedir que, al menos, existan, para poder escoger. Y al paso que evolucionan los mercados de los adoradores del “becerro de oro” es que ni siquiera se podrán encontrar.

Cada uno que haga lo que quiera pero, al menos, que tenga la oportunidad de valorar lo que come o bebe, con las debidas indicaciones, controladas, de los beneficios y perjuicios de cada cosa. Se terminara diciendo que es mejor el zumo de bote que el de una naranja. Todo depende de un buen estudio de mercado, con su estudiada propaganda, y sus escasos escrúpulos.

Son más peligrosas las consecuencias tardías de los aditivos alimentarios que engordar, más o menos, con productos sin aditivos.

Madrid, Octubre 2006.

LA COSMÉTICA

Sunday, October 8th, 2006

La piel establece la frontera entre el cuerpo humano y el ambien­te que le rodea, por lo que tiene funciones de barrera obstructiva y de permeación. Pero esa capacidad de adaptación cada vez se hace más difícil porque la mayoría de las personas, sobre todo en el mundo desarrollado e industrial, están expuestas diariamente a más de 30.000 sustancias químicas. La Unión Europea (UE) tiene registradas más de 100.000 y todos los científicos, médicos y expertos en general, saben que representan un importante riesgo general de sensibilización o al menos de irritación, sin contar otros factores, además del individual.

Hace cuatro años la UE inició el proyecto REACH (Registration, Evaluation and Authorisation of Chemicals), como sistema de registro para todas las sustancias químicas, lo que representaría unos gastos de unos 5000 millones de €, pero todavía se necesitan valoraciones precisas de las ventajas e inconvenientes, porque la industria considera que su aplicación obligaría a un sobrecoste de producción de más del 20%.

Poco a poco se van atando cabos. Hasta ahora, la única obligación para los fabricantes se resumía en indicar, en el envase del producto, la lista de los ingredientes utilizados por orden decreciente del peso pero, el 28/08/06, la Comisión europea ha anunciado, la obligación de que los fabricantes de cosméticos faciliten a los clientes todas las informaciones sobre los contenidos de sus productos y sus efectos secundarios sobre la salud.

Teniendo en cuenta que el mercado europeo de productos cosméticos sobrepasa los 59.470 millones de €, conviene no alarmar con los posibles efectos secundarios pero también hay que saber que cualquier producto cosmético, a pesar de las mejores intenciones del fabricante y del prescriptor, puede ocasionar daños inesperados, no solo por su capacidad intrínseca, sino también por las condiciones en que se emplea y las particularidades del receptor.

La dermocosmética es un arte, porque la prevención o la reparación de la piel debe ser equilibrada y lo más próxima al estado natural, lo que no es fácil, dado que ello dependerá de la intensidad y del tipo de agresión que se produzca y de la constitución y la edad de quien la reciba. Mayor es la agresión y el trastorno ocasionado, mayor será la dificultad para mantener o restablecer el orden. Una exposición incontrolada a las radiaciones solares produce tales alteraciones en la piel que prácticamente es imposible un cuidado adecuado, aun siendo un buen cosmetólogo, y mucho menos cuando es la propia persona la que se aplica cremas indiscriminadamente, sin criterio alguno, como es frecuente en cualquier piscina o playa.

Un buen cosmetólogo no tiene pieles para cuidar o tratar, tiene la piel de tal persona y en tales circunstancias que puede ser o ha sido agredida. Entre la Cosmética y la Estética hay un abismo: la primera es la prevención o reparación de una posible agresión inevitable, mientras que la segunda es el cambio voluntario por razones subjetivas de belleza y por tanto evitable, pero que una vez hecho puede no ser reversible.

Tanto en la Cosmética como en la Estética hay arte y riesgo: arte porque se trata de reproducir un modelo natural o inventado y riesgo porque no existe método que garantice la inocuidad para el organismo. En el mejor de los casos nos aproximamos al modelo y en el peor se produce un verdadero desastre, cuyos mayores exponentes son, a corto plazo la alergia y a largo plazo el cáncer cutáneo, amen de los problemas psicológicos e incluso psíquicos que pueden producirse.

Aunque nada más sea pensando en la alergia y el cáncer (54.000 millones de € cuestan, en Alemania, los casos de cáncer), los tratamientos cosméticos y estéticos deben ser estudiados por auténticos especialistas que valoren adecuadamente la piel que van a tratar, según la edad, la constitución, el estado de salud, la época del año, el lugar, la profesión, etc. y una vez determinado el conjunto de condiciones decidir el método adecuado para reparar o cambiar la piel, respetando la tercera palabra que se impone entre la Cosmética y la Estética: la Etica.

La Etica exige decir claramente que el tiempo pasa inexorablemente y la piel envejece como todo el organismo, que no existe producto ni método rejuvenecedor real, que la piel es una barrera selectiva que no permite salir ni entrar más que lo que fisiológicamente tiene determinado, que el hombre tiene muy pocas sustancias y muy pocos medios para atravesar dicha barrera cutánea, que, por lo general, son inútiles los productos con muchos componentes, que hay que contentarse con una buena limpieza, lubricación, hidratación superficial y muy poco más, que las palabras “revitalizador celular”, “nutrición celular”, “regeneración celular”, “hipoalérgico”, “rejuvenecedor”, “antienvejecimiento”, etc., no son más que reclamos comerciales sin ningún sentido científico y que el cambio estético es más peligroso que la reparación cosmética: La mejor cosmética es la moderación, la mejor estética es la cosmética y la mejor cosmética y estética es la ética.

Madrid, Octubre 2006.