Archivo de April, 2007

LAS LISTAS DE ESPERA

Friday, April 6th, 2007

¿Cómo es posible que se acepte con tanta facilidad la existencia de listas de espera quirúrgicas, diagnósticas o de lo que sea, relativo a la salud de los seres humanos? ¿Cómo se puede aceptar que en junio de 2006 hubiera cerca de 175000 españoles esperando una me­dia de más de 90 días para ser controlada su enfermedad? ¿Cómo se puede entender que en unas regiones se espere hasta tres veces más que en otras para operarse cataratas, hernia u otra enfermedad? ¿Cómo se puede hablar de pruebas diagnosticas si el diagnostico es el fin del proceso que comienza por la historia clínica, para seguir con la exploración, los exámenes complementarios (no sé por qué los llaman pruebas diagnósticas) y el diagnóstico diferencial?. El diagnóstico no suele depender de una prueba.

Ya conozco todas las explicaciones que dan los administradores, bastantes sanitarios e incluso los más necesitados, los enfermos: que somos muchos los que acudimos al médico, que es un gasto excesivo, que las técnicas han complicado los métodos, que hay factores psico-sociales, etc., etc.

No se lo crean, ni en medicina ni en enseñanza, no somos tantos, ni gastamos excesivamente, ni las técnicas deben cambiar los métodos y en caso de que fuese así no es nuestro problema, es problema de quines nos administran, porque ni queremos ser ignorantes ni suicidarnos. Un solo niño, uno solo, que esté en cualquier sitio menos en la escuela cuando debe de estar en ella, demuestra que la enseñanza en ese país no funciona y un solo enfermo, uno solo, que esté esperando al sanitario cuando debe de ser atendido por él, demuestra que la sanidad en ese país no funciona, independientemente de que el niño sea tan torpe que aunque estuviera en la escuela tampoco aprendiera nada o de que el enfermo aunque estuviera atendido por el experto sanitario no le hubiera servido de nada.

Está claro que todo tiene sus límites y no es lo mismo el enfermo con un traumatismo carneo-encefálico, un infarto, etc. que el que tiene un catarro, una gastritis, etc. pero no son los demás quines tienen que juzgar la gravedad o importancia de cada caso, sino el propio interesado. He conocido lo que se podría considerar falso enfermo pero que durante varios días no dormía por la angustia de saber si tenía el SIDA. Para los demás no tenía razones de tener esa angustia pero para él se convertía en enfermedad y necesitaba resolver la duda lo más rápidamente posible.

También conozco la respuesta. “cuando alguien necesita rápidamente una consulta no tiene más que presentarse en urgencias de cualquier centro sanitario y será atendido”. Sin duda, y es lo que está ocurriendo todos los días en las urgencias, que resuelven el problema de saber si es o no es urgente pero no resuelven el problema de la espera para tener un diagnóstico y un tratamiento correcto. Nadie, en urgencias, va a explicar al angustiado del SIDA que no lo tiene, que la urticaria que padece y que le obliga a ducharse todos las noches a las cuatro de la madrugada, porque no puede dormir a causa de los picores, proviene de unos parásitos intestinales o una sinusitis, etc., porque en urgencias no tienen tiempo de hacer la metodología indispensable para cada enfermo que no sea urgente y al del SIDA pretenderán tranquilizarle con buenas palabras, sin aclarar si ha tenido practicas de riesgo y mucho menos seguir la cadena epidemiológica y a la urticaria con prednisona intramuscular u oral, que permite descansar 3-4 días pero no el mes o meses que tiene que esperar para que le vea el especialista.

Las urgencias deben servir para resolver las auténticas urgencias no para tranquilizar a los necesitados de consultas normales y eso se resuelve considerando al enfermo como el más capacitado para valorar su situación.

No conozco enfermo que acuda al médico para distraerse, ni que no tenga sentido de la importancia de su enfermedad, lo que le permite mantener una espera prudencial, antes de acudir a la consulta. A nadie le gusta perder el tiempo y lo habitual es intentar resolver el problema con los remedios más conocidos y el reposo. Si esa espera no le convence es cuando acude al experto. Es el propio enfermo quien debe decidir, porque si cuando piensa que necesita a un médico no lo tiene, a la propia enfermedad se añadirá la angustia del abandono y la impotencia. Si los administradores piensan que el enfermo no tiene capacidad para juzgar su estado de salud, edúquenles para que la adquieran, porque incluso después de las explicaciones de las urgencias, durante días, si no son meses, va a necesitar dicha capacidad.

¿Cómo se las apañan los países que no tienen listas de espera?, de la misma forma que nos las apañábamos en España cuando la gestión sanitaria no dependía de la economía sino del adecuado trato al enfermo, siguiendo las normas establecidas desde hace siglos, para lograr el mejor diagnóstico, única forma de no malgastar el dinero de sanidad.

Madrid, Abril 2007