DE LO PRIVADO Y DE LO PÚBLICO

Probablemente mucho de cada ideología, más que razonamiento, es autodefensa por ignorancia de la propia responsabilidad (lo que es una desgracia pero no una deshonra), de no tener claro lo que es la res pública, la cosa de todos, que nada tiene que ver con la república, monarquía o dictadura. Siempre es sorprendente escuchar o leer que un dirigente considera más barato la privatización de la medicina o la enseñanza o la justicia que administrarlas como función pública, entre otras cosas, porque, como reflejo, me viene el pensamiento de la incapacidad para ocupar su puesto quien habla o escribe así, lo que no quiere decir que no pueda existir medicina, enseñanza o justicia privada, pero no más barata que la pública.

Nunca he considerado que la empresa privada sea mejor o peor que la pública, como que un lapicero sea mejor que un bolígrafo o una estilográfica, que un hombre sea mejor que una mujer, que un político sea mejor que un albañil etc.; en general, todo depende de la calidad, de para qué, de cómo y donde se emplea cada cosa. Nada es despreciable, todo es útil y necesario pero para lo que está indicado y la medicina, la enseñanza y la justicia están indicadas para respetar los derechos fundamentales de cada ser humano por el mero hecho de haber nacido. Y no me digan que todos tenemos derecho a todo, porque no todos necesitan comer lo mismo, ni la misma cantidad, ni una casa del mismo tamaño, ni la misma ropa de abrigo, etc. y cuanto quieran tener, mejor, peor o diferente, pueden lograrlo por sus propios medios y esfuerzos, pero los derechos fundamentales tienen un mínimo de condiciones, iguales para todos, que no se pueden lograr de otra forma que mediante el servicio público, aunque a partir de ellos se puedan añadir cuantas florituras se quiera, para diferenciar lo privado de lo público. Si todos los ciudadanos tienen médicos y demás personal sanitario bien formados, con los suficientes medios para poder llegar al diagnóstico y hacer el tratamiento adecuado en las mismas condiciones que el resto de los mortales, no hay inconveniente en que un hospital privado, como añadidura, tenga sábanas de seda, ordenador, televisión, internet, mayordomo y cuanto se quiera, siempre que lo paguen como deseos particulares que nada tienen que ver con el diagnóstico y tratamiento médico correcto e igual para todos los ciudadanos, por lo que dicho hospital puede tener beneficios. Lo que no es aceptable es que un hospital privado haga lo mismo que uno público y además tenga beneficios, porque eso quiere decir que el hospital público está mal administrado y el político responsable, elegido o no, debe de ser sustituido (las elecciones no sirven para proteger a inútiles reconocidos y mucho menos a deshonestos). El hospital público nunca puede tener beneficios porque está sustentado por los impuestos y en el supuesto de que tuviera resueltos todos los gastos de la adecuada asistencia obligatoria (lo que prácticamente es dudoso) legalmente tendría que devolver al fisco cuanto sobrase.

Este razonamiento es igualmente aplicable a la enseñanza y a la justicia porque las tres materias parten de la premisa fundamental de que son derechos fundamentales del ser humano y no admiten las disculpas de que no hay suficiente dinero o no se puede hacer todo al mismo tiempo. Tienen preferencia a las carreteras, las urbanizaciones, las industrias, las energías, el armamento, etc. y si no hay dinero se obtiene haciendo una adecuada selección de las demás funciones, aplicando las adecuadas leyes del mercado (no el pretendido libre mercado de Milton Friedman y Friedrich Hayek) y en el último caso, por conciencia, se dimite, porque ningún país se ha desarrollado con epidemias, ignorancia y dictaduras.

Para empezar, el buen trabajo necesita profesionales bien formados que respeten escrupulosamente las bases mínimas aplicables a cada persona y eso no se improvisa, si se inicia en la mediocridad, son necesarias, al menos, dos generaciones, porque no es aceptable que los médicos de Granada sean muy buenos cirujanos y los de Barcelona muy buenos inmunólogos o que los maestros de Cáceres hablen solamente de Extremadura y los de San Sebastián del País Vasco o que los jueces de Galicia tengan que desahuciar a unos viejecitos y los de Andalucía, en las misma condiciones, no puedan hacerlo. Como siempre las buenas obras son más difíciles de hacer que las chapuzas justificadas con remiendos, disimulos y buenas palabras, sin ningún control de calidad anual, no ya del Tribunal de Cuentas, ni siquiera de los más bajos niveles jerárquicos.

En sanidad estábamos logrando algunos progresos, pero la excusa de la crisis está repitiendo el mito de Sísifo, cuando ya estábamos muy arriba se ha vuelto a dejar caer la piedra por la ladera. Es nuestro espíritu depredador. Nunca entenderé como se puede dejar pasar casi cuarenta años cambiando regularmente la metodología de la práctica sanitaria, didáctica y judicial. Probablemente es la misma reacción pueril que tienen algunos alcaldes, que cuando toman posesión creen que su predecesor no sabía nada y él es muy sabio, pero al final, lo quieran o no, siempre serán recordados como malos dirigentes, incluidos los más responsables que suelen decir que ellos no pueden estar en todo. Si no pueden estar en todo que no inventen, que copien de los que lo hacen bien. Si Paris es una ciudad admirada es porque desde hace muchos siglos ha respetado el pasado.

Paris, Julio 2014

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