MICROBIOTA

Sería 1967-68 cuando el profesor Cabré, entonces catedrático de Dermatología de la Facultad de Medicina de Cádiz, nos explicó los ecosistemas microbiológicos cutáneos. Desde entonces, así lo he transmitido en cuantas ocasiones fueron propicias, con las correspondientes actualizaciones, para que los enfermos y estudiantes comprendieran la importancia de dichos ecosistemas en la protección natural de la piel (www.dermocosmos.com Artículos. Infecciones cutáneas. 2005).

A primeros de diciembre pasado, movido por mi desconocimiento del título, asistí a una charla informativa sobre el llamado “microbiota”. Mi sorpresa fue que el infectólogo que lo explicaba, con esa palabra se refirió al complicado ecosistema bacteriano del intestino como una moderna línea de investigación, con la que se podrían lograr grandes éxitos terapéuticos de la patología digestiva y nos animaba a los dermatólogos a seguir el mismo camino con los “microbiotas” cutáneos aunque, claro está, no fuesen tan importantes como los intestinales.

Sin duda los tiempos cambian, pero, para alguien que escuchó hace 45 años, como enseñanza rutinaria, sin pretensión de investigar nada, lo mismo que le repiten ahora con el convencimiento de que es una reciente investigación científica, permitan que me sorprendiera o de la ignorancia (es una desgracia pero no una deshonra) o de la aviesa intención. Lo primero se lo concedo al orador que escuché, porque posiblemente, como muchos jóvenes, todavía se cree que su tiempo ha hecho tal revolución técnica que no necesita revisar lo anterior a la era informática. La prueba de su buena intención y de su ignorancia es que comenzó presentando una curva que mostraba el creciente número de veces que aparecía, desde hacía dos años, el nombre de “Microbiota”, en uno de los archiconocidos motores informáticos, como si eso fuese una prueba de algo. Incluso esa curva la comparó con otra del nombre de una famosa cupletista española. Espero que el tiempo le enseñe las mentiras de las estadísticas aisladas y la utilidad de la informática, cuando es bien empleada.

Lo segundo, la siniestra intención, es otra cosa. Es difícil conceder la duda de la ignorancia al inventor del nuevo nombre de “microbiota” para un proceso que ya existía desde hacía más de 50 años (el profesor Cabré nos lo enseñó porque a él se lo habían enseñado) y debía saber cómo se llamaba, pero quiso ser original, aunque solo fuese por vanidad. El abuso actual de los cambios semánticos de las palabras no puede disculparse ni siquiera por la vanidad, porque siempre ocasiona graves impedimentos para el progreso social e individual (hay productos de limpieza que pretenden matar el virus de la gripe).

En el blog precedente (“Hepatitis C”. www.dermocosmsos.com Blog de enero 2015) he escrito las posibles angustias de los infectados por la hepatitis C cuando leen algunas frases en las noticias diarias (no es más que un ejemplo), porque es francamente difícil escuchar o leer noticias, artículos e incluso libros en los que no se abuse de palabras como “investigación”, “defensas”, “cáncer”, “revolución”, “rejuvenecimiento”, etc., sin decir su significado. Si investigar es hacer un análisis rutinario de sangre, si de las defensas no se sabe si son soldados, vitaminas o linfocitos, si el cáncer a veces es una enfermedad y otras veces son muchas, si no se sabe si la revolución es con armas destructivas o con ideas, si el rejuvenecimiento puede ser pasajero o definitivo, etc., todos somos remarcables investigadores, tenemos muy buenas defensas, nuestro cáncer no tiene importancia, la revolución es beneficiosa, el rejuvenecimiento definitivo es posible, etc., según el contexto del momento. Y no me vengan con que hay que ser optimista y positivo. Hay que ser sincero y realista, porque nadie, aunque sea necesario, puede creerse importante cuando hay miles de millones de galaxias.

Pero lo peor es que ya hay que dudar de que el abuso del doble sentido de las palabras o de las frases sea solamente cuestión de vanidad, dado que empresas impersonales y multinacionales pueden hacer el siguiente anuncio en un periódico vulgar: “En la lucha contra el cáncer, bienvenidos a la REVOLUCIÓN. Estimular el sistema inmunitario para conseguir que luche por sí mismo contra el cáncer. Esta es la gran apuesta de la Inmuno-Oncología. Este es el compromiso que XXX ha hecho realidad: 64 ensayos clínicos en marcha o a punto de comenzar. Más de 12.000 pacientes incluidos. 23 tipos de tumor en estudio. 1er tratamiento de YYY comercializado en España (desde 2012). 1er Titulo Universitario de Experto en Inmuno-Oncología (En colaboración con la Universidad de ZZZ)”. Juzguen por sí mismos. En ese anuncio sin duda hay muchas ambigüedades, como si lo que se entiende por revolución quiesiera decir que se lucha para curar o simplemente mejorar, con los tratamientos, 23 tipos de cánceres que permita decir la frase que, a mi juicio, es la clave: “Este es el compromiso que XXX ha hecho realidad:…” ¿dónde está la realidad?, porque los ensayos clínicos, el número de pacientes, los diferentes tumores, la comercialización de un tratamiento y el tener un título universitario, no quiere decir que ya han logrado curar algún cáncer.

Creo que ya lo he dicho: investigar es intentar descubrir algo desconocido, independientemente de que se logre o no (“Investigar”. www.dermocosmos.com Blog de julio 2006). Tomen de ejemplo el descubrimiento del grafeno. Descubrir algo ya conocido es imposible y pueril, e intentarlo es de tontos, lo que no impide que algunos periodistas, para cualquier comentario de salud de hace años hayan citado fácilmente a investigadores (si es posible estadounidenses) que nunca descubrieron nada, ni podían descubrirlo porque la apoptosis o suicidio celular ya estaba descubierta cuando decían la perogrullada de que mueren más células en los tejidos que se reproducen rápidamente que en los que lo hacen más lentamente.

Tampoco quiero insistir en el truco de cambiar la definición de las enfermedades. Si en la psoriasis, que es una producción de epidermis más rápida que normalmente, cambiamos la definición y decimos que es una enfermedad inflamatoria, el arsenal terapéutico se amplia notablemente (“La burbuja terapéutica de la Psoriasis”. www.dermocosmos.com Blog de julio 2011).

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