ESPAÑA TAMBIÉN ES ASÍ

El lunes, 15 de febrero pasado, he visto en la televisión pública francesa, France 3, el documental “Yo, Juan Carlos, Rey de España” dirigido por Miguel Courtois, con guión del mismo cineasta y la escritora Laurence Debray. Porque  nací el mismo año que Su Majestad D. Juan Carlos I y siempre he sido curioso de lo que pasaba en mi país, considero que el documental, basado en los acontecimientos más ilustrativos de su vida, con unos muy discretos, modestos, oportunos y actuales comentarios del Rey, está muy bien hecho, por su brevedad, claridad y precisión de cada momento, respetando las imágenes y comentarios originales, sin duda gracias a la necesaria participación de Televisión Española.

Mi sorpresa ha sido que en España nadie ha visto en español esa información tan bien resumida e ilustrada del, tal vez, único y mejor dirigente que hemos tenido desde Carlos V, sin que esta afirmación tenga nada que ver con ser monárquico (minoría desahogada), republicano (mayoría desahogada) o dictatorial (mayoría necesitada), porque en todas partes cuecen habas. Al día siguiente comprendí, por algunos diarios, lo que había pasado: “… cuya emisión ha sido bloqueada por TVE pese a ser coproductora.” (El País, Madrid, 16/02/2016), “Una película que TVE se ha negado a emitir, a pesar de contar con imágenes suyas de archivo, por considerar que está descontextualizada, al tratar sobre “un rey que ya no es rey””. (El Plural, 15/02/2016), lo que permite decir que “Los franceses se quedaran sin lugar a dudas con algunos momentos claves que reflejan el carácter del monarca y buena parte de ese periodo de la historia de España” (El Mundo, Paris, 16/02/2016) pero no la mayoría de los españoles.

Bien pensado no debo sorprenderme, porque no hace tanto tiempo que escribí “La desidia hispana” (www.dermocosmos.com/blog, Julio 2014) en recuerdo de nuestra mundialmente conocida matemática, salvo para los matemáticos españoles, María Wonenburger Planells y sé que no es rara la prepotencia del jefe (director de RTVE) que se cree dueño de lo que no es suyo.

A mi regreso de Suiza, después de 10 años  de completar lo que yo estimaba formación dermatológica de buen nivel: asistencia al enfermo (especialidad hecha en España), docencia (iniciada en Suiza y después completada en España) e investigación (iniciada y terminada en Suiza con ultraestructura y cultivos celulares), intenté continuar dicha investigación con el microscopio electrónico censado en la cátedra de fisiología de la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid, pero que, según su catedrático y jefe, no había sido utilizado desde hacia dos años y la única auxiliar de laboratorio que podía ayudarme se jubilaba la semana siguiente, con lo que, sin comprender ninguna de las razones dadas, tuve que dirigirme a la cátedra de patología general de la misma facultad, ubicada en el Hospital Clínico, donde el microscopio funcionaba poco y solamente para el servicio de patología general, pero su catedrático y jefe pretendía cobrar 500 pesetas por cada foto que se hiciera. No hubo posibilidad de convencerle de que esas fotos no costaban más de una peseta cada una y lo pagaba yo, puesto que el carrete y los líquidos necesarios para revelar los negativos los llevaba y trabajaba yo mismo. Supongo que el precio que dijo para las fotos fue para desembarazarse de mí, pero mostró su ignorancia profesional porque normalmente en una tarde se hacen entre 50 y 100 fotos y un microscopio de ese tipo se debe repartir entre varios servicios o departamentos. Fue inútil, ni siquiera se molestó en defender una causa justa para contrarrestar mis deseos, sencillamente me dijo a todo que no. El era el jefe y por tanto  hacía lo que quería en SU cátedra, servicio o departamento.

También recuerdo cuando la Sociedad Española de Enfermedades de Transmisión Sexual y SIDA organizó una reunión nacional docente, de día y medio de duración, para Médicos Internos Residentes (MIR) de toda España, en la que los alumnos estaban invitados sin gasto alguno y cuando el encargado de las inscripciones se dirigió personalmente, por educación y respeto jerárquico, a uno de los catedráticos y jefe de dermatología, después de escuchar pacientemente las ventajas docentes, sociales y económicas que tenían sus residentes asistiendo a dicha reunión, le respondió que de su Servicio no iría nadie, y así fue. Nadie supo sus razones, pero siempre es posible que le hubiera gustado ser él el organizador, como aquel ministerio de sanidad que tampoco quiso colaborar, más que declarándolo de interés sanitario, en el reciclaje, durante dos años, de más de diez mil médicos de atención primaria, en 31 provincias españolas, sin ningún gasto para el contribuyente, pero un año después se inventa lo de “póntelo y pónselo” que no fue mejor pero si tuvo un importante gasto público.

España también es así. Sin maldad, simplemente por ignorancia, se ningunea hasta al Rey. Cuando algunos de los políticos y muchos ciudadanos, de cualquier nivel social y cultural, dicen repetidamente que España es un gran país, tienen razón, como los son todos los países para la mayoría de sus ciudadanos, pero no suelen decir por qué y cuando se atreven a explicarlo liberan el corazón con grandilocuencias optimistas que estiman menos tóxicas y más patrióticas que las pesimistas. Hace unos días asistí a la presentación de la “Fundación Piel Sana” donde uno de los presentadores repitió más de seis veces, en menos de diez minutos, que la dermatología española era la mejor del mundo. Sinceramente, es tan tóxico ser tan optimista como ser constantemente crítico y pesimista. Es en el punto medio donde esta la virtud y la única forma de corregir los errores es con la alegría de los aciertos, porque unos y otros siempre existen. Yo no veo donde estaba la toxicidad del documental “Yo, Juan Carlos, Rey de España”, salvo en la ignorancia de quien pudiéndolo  mostrar no lo hizo.

L. Olmos

Febrero 2016

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