Editoriales

 EDITORIAL Septiembre de 2004

Prof. Dr. Fernando  Pérez Peña

LOS ÚLTIMOS CLÍNICOS DEL VIEJO HOSPITAL DE “SAN CARLOS”

Parte 1

 

El día primero de Octubre de 1965, el autor de estas líneas, el último médico de guardia (de clínicas médicas) del histórico Hospital de “San Carlos”, es cesado por el entonces Director y Catedrático de Psiquiatría, Juan José López Ibor, quien le otorga un Diploma como Médico de Guardia Becario, agradeciéndole los servicios prestados, utilizando una terminología habitual en nuestro suelo. El motivo de su cese, era el cierre definitivo del viejo caserón de la calle Atocha, como en términos coloquiales, se conocía a la Facultad de Medicina de “San Carlos” y a su hospital anexo. Cesaba también como médico de guardia de cirugía, Agustín de la Fuente Alarcón, sobrino del Catedrático de Patología Quirúrgica, Alfonso de la Fuente Chaos. Por azar, se convertían ambos, en los "últimos médicos de guardia" de ”San Carlos”. Es probable que la última necropsia que se realizara en aquel lugar, correspondiera también, a un paciente del primero de los médicos citados.

Los últimos clínicos que abandonaron el Hospital fueron, junto a sus profesores, algunos miembros de la promoción de 1963 (Cátedra III de Patología y Clínica Médica del Prof. D. Manuel Díaz Rubio), al igual que los últimos alumnos que recibieron allí enseñanza (5° y 6° curso), corresponden a la de 1966, quienes realizarían el 7° curso, -terminando sus estudios - en el nuevo Clínico, de la Ciudad Universitaria.

Sin embargo, la última promoción formada totalmente desde el punto de vista clínico en el viejo “San Carlos”, corresponde a la promoción de 1964, cuyos alumnos recibieron la enseñanza de la Patología y Clínica Médica en la Cátedra I del Prof. Vicente Gilsanz.

Curiosamente, la promoción de 1965, no recibió en “San Carlos” enseñanza alguna, pues habiendo realizado sus médicas en la Cátedra II del Prof. Jiménez Díaz, esta se había trasladado en 1962, a la cuarta planta del Ala Sur del Hospital Clínico, ubicado ya en la Ciudad Universitaria, donde desde 1952, existía, al menos en la 2a planta del ala sur, cierta actividad clínica. Aunque la cátedra se trasladase al Clínico, Jiménez Díaz simultaneaba su trabajo, con el que desarrollaba en su "sede" de la vecina Clínica de la Concepción, siempre rodeado por algunos de sus discípulos, y algún que otro fanático seguidor.

Cerrada oficialmente la Facultad y su Hospital, todavía permanecerían en aquel lugar (hasta 1967), la Cátedra de Medicina Legal - con su Instituto Anatómico-Forense -, así como algunas actividades de las cátedras de Historia de la Medicina y de Psiquiatría.

En un sentido más amplio, y probablemente más acorde con la realidad, debemos incluir entre los últimos clínicos de “San Carlos” (dejando a un lado razones cronológicas), a las promociones formadas en aquel hospital, que adquirieron una formación con un denominador común, poseer una concepción unitaria del enfermar, dominio del método clínico, sensibilidad científica, gran formación humana y humanística, y no excesivo apego al invento de los fenicios (el dinero). Y como consecuencia, también a los discípulos derivados de todos ellos. Todos han sido testigos del cambio experimentado en la forma de ejercer la profesión, contemplando cómo, en el devenir del tiempo, la figura social del médico ha ido progresivamente devaluándose, transformándose profesionalmente en un simple “trabajador de la salud", cuya formación bien podría adquirirse en una escuela profesional, poniéndose en duda su identidad universitaria.

En el profesorado de estas promociones se observa, salvo alguna excepción, el tener decidida desde muy temprano su vocación docente, renunciando, en pos de ella, a otras oportunidades profesionales mas rentables, no contemplándose apenas esas "vocaciones docentes tardías" que generalmente tienen su origen en estrategias inconfesables y a menudo de índole política, y que quedan representadas por aquellos que, no sintiendo jamás la llamada de la universidad, se transforman en profesores aprovechando una determinada coyuntura1

En la historia reciente de la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid, se recuerdan varias promociones que fueron protagonistas destacados de una época y que incluso algunas fueron apodadas, con mayor o menor acierto, con distintos apelativos: "la gloriosa", "la patriótica", "la de los cráneos".

A las promociones que integran "los últimos de “San Carlos”" les corresponde también cierta distinción, por ser sus miembros protagonistas de los cambios acontecidos en el ejercicio profesional y en la enseñanza de la medicina durante el último tercio del siglo XX. Ellos han conocido dos concepciones diferentes de entender la medicina, padeciendo el paso de una medicina hominizada y científica, dirigida por profesionales, a otra, caracterizada por su excesiva socialización y alta tecnificación, basada prioritariamente en criterios políticos y económicos, sin apenas considerar la opinión de los profesionales y lo que realmente desean los pacientes, a los que con descaro se les denominará clientes o usuarios.

Pero resulta además que, en los cambios acontecidos, la conducta de sus profesores y "sus escuelas", han sido determinantes, al desempeñar cargos de alta responsabilidad, pues no debe olvidarse que tres de ellos fueron Rectores de la Universidad Complutense, bien designados por el Régimen del General Franco (Laín Entralgo y Botella Llusiá), o elegido ya establecida la democracia (Schüller Pérez).

 Otros profesores ostentaron importantes puestos políticos (Lora Tamayo, Lafuente Chaos, García Orcoyen), o académicos con gran poder político-religioso (Enríquez de Salamanca, José María del Corral, Valentín Malilla, Lorenzo Velázquez, entre otros), o disponían de autoridad científica y poder político (Jiménez Díaz, López Ibor).

 "Los últimos de “San Carlos”", tuvieron también la fortuna de recibir el magisterio de profesores con reconocimiento científico internacional, o afamados por su destreza clínica (Fernando de Castro, Orts Llorca, Gay Prieto, Jiménez Díaz, Enríquez de Salamanca, José Casas, López Ibor, Laín Entralgo, entre otros).

"Los últimos de San “Carlos”", tal vez por su denominación de origen, sufrieron las consecuencias de la creación de nuevas Facultades de Medicina, de forma poco transparente y justificadas tan solo por razones político-religiosas, estableciéndose con ello un injusto agravio comparativo, especialmente en lo que respecta al número de alumnos admitidos y a la forma de elegir el profesorado.

En ello participaron incomprensiblemente algunos claustrales de la propia Facultad (Arturo Fernández Cruz -quien fue designado Decano de la nueva Facultad de la llamada Universidad Autónoma de Madrid- y Gómez Orbaneja, entre otros), siendo José Botella Llusiá, Rector de la Universidad, Benigno Lorenzo Velazquez, Decano de la Facultad de Medicina, y Villar Palasí (según algunas fuentes, relacionado con el Opus Dei) Ministro de Educación. Fue nombrado Rector de la nueva Universidad, Luis Sánchez Agesta, hombre de convicciones religiosas, y conectado con la Asociación Católica de Propagandistas (CEU).

En vez de subsanarse las deficiencias de la entonces única Universidad de Madrid, se optó por traspasar sus defectos a otras de nueva creación (Autónoma, Alcalá de Henares), pero dependientes del Estado, justificándolo con la masificación estudiantil, probablemente provocada (consciente o inconscientemente) como en su momento se verá.