Editoriales

 EDITORIAL Julio de 2005

 

Prof. Dr. Luis Olmos

SEXUALIDAD

Parte 1

 

Es verdad que corren tiempos dudosos, donde el empleo y significado de las palabras pueden ser muy heterodoxos pero también es verdad que vivimos en un país donde, en contra de una opinión bastante generalizada, la gente es bastante tolerante, no sé si por ignorancia, por resignación o por inteligencia.

Si se escucha, ve o lee, a los medios de comunicación, se llama guerra preventiva a lo que simplemente es una guerra, armas de destrucción pasiva a lo que son bombas unipersonales, efectos colaterales a lo que es terrorismo y así sucesivamente por lo que no es de extrañar que se menosprecie, con conmiseración, las opiniones de un cirujano, licenciado en Filosofía por la Universidad de Navarra y catedrático de Psicopatología por la Universidad Complutense, cuando dice que la homosexualidad es una patología causada por tener un padre hostil, violento, alcohólico y distante y una madre sobreprotectora y fría.

Aunque sin duda no es el único que piensa así, porque en todas las épocas y en todos los países hay y habrá consejeros, justicieros, espiritualistas, iluminados, intermediarios divinos y demás patriarcas, debemos rendir homenaje a los hobbits, elfos, enanos y otros magos que, con paciencia, serenidad, equilibrio y valor, se marcaron el camino del monte del destino, para destruir el pesado anillo del poder charlatanero, que invalida el prestigio del cargo, y revalidar el de la persona, sea homosexual o lo que sea.

Antes de hablar de los homosexuales hablemos de la sexualidad de todos. Mirémonos en nuestra propia ignorancia.

¿QUÉ ES LA SEXUALIDAD?

No sólo es anatomía y fisiología, porque no sólo es penetrar o dejarse penetrar con o por el pene, sino toda la serie de permutaciones que se pueden hacer con la anatomía, la fisiología (y no solo las que caracterizan a cada sexo), los gestos, las palabras, las caricias y demás traumatismos corporales, asociadas a un pasado, con el deseo de un futuro, fundido en un presente placentero.

LA SEXUALIDAD ES PSICO-SOMÁTICA

La sexualidad es una mezcla de soma y psique. La psico-somática es cuerpo y sensaciones, ideas, en constante interacción. Es la totalidad del cuerpo humano. Cada persona es un mundo porque ni siquiera dos cuerpos son iguales, aunque se parezcan, pero mucho menos la psique. Por eso, todos tenemos derecho a opinar pero nadie a juzgar, salvo si hay un daño a uno mismo, a un segundo, o a un tercero, pero ese principio elemental no solo sirve para la sexualidad.

En el deseo de tener una buena relación sexual, además del placer del orgasmo, hay el deseo de sentir confianza, seguridad y compartir con alguien significativo lo que se puede considerar amar y ser amado, aunque en el amor se pueden incluir otras consideraciones.

Se puede leer bibliotecas enteras sobre el origen y el desarrollo de la sexualidad pero si en ella participan el cuerpo y el "alma" o "psiques", la mejor sexualidad es la que se basa en el conocimiento de estos dos elementos.

EL CONOCIMIENTO DEL CUERPO

Parece una perogrullada pero no solo hay un alto porcentaje de personas que desconocen el cuerpo del sexo contrario sino el suyo propio. Pregunten a los ginecólogos cuantas mujeres se lavan mal, por desconocer los pliegues que tienen en los labios mayores y menores. Pregunten a los dermatólogos cuantos hombres saben si el esmegma prepucial es normal o no. Pregunten a las mujeres, en general, si saben que los hombres son más rápidos para el orgasmo que ellas o a muchos hombres, el contrario, si saben que las mujeres son mucho más lentas y que pueden tener varios orgasmos en la misma relación sexual.

EL CONOCIMIENTO PSÍQUICO

También se puede leer mucho sobre sicología y, como toda interpretación de los afectos, las angustias, los miedos y demás emociones del "alma", del "espíritu" o como se quiera denominar, todos tienen razón y todos están en el error, pero hoy no se puede negar que los periodos psicológicos por los que todos estamos obligados a pasar, si la vida nos lo permite, son muy distintos en la infancia, en la pubertad, en la adolescencia, en la edad adulta o en la edad senil

Sexualidad Infantil


  • Freud (Austriaco): descubrimiento de la sexualidad infantil.

  • Melanie Klein (USA): fantasmas del bebé y amor-odio.

    • No sólo es deseo sexual, como para Freud, sino pulsiones de todo su cuerpo (frío, ruido, luz, hambre…), con las tres posiciones:

  • Esquizo-paranoica

  • Depresiva

  • Maniaca

  • Winnicott (UK): todo bebé tiene ganas de vivir y vivir bien**.

  • ** El niño no necesita más que un buen ritmo de vida


    Desde el nacimiento, el niño tiene pulsiones, como la sensación de hambre y la necesidad de alimentarse pero también tiene zonas corporales de placer, zonas erógenas, como la boca, los labios y la lengua que producen la pulsión de mamar, lo que junto con el calor del pecho y del cuerpo de la madre constituye la fase oral del primer año.

    Entre el primer y el tercer año de vida se desarrolla la fase anal, que se basa en el placer de expulsar o retener las heces, mejorado o empeorado por las felicitaciones o regañinas de su entorno, por ser ya limpio o no. Las fases se entremezclan y encadenan persistiendo la fase oral con la anal, al mismo tiempo que nace, hacia los dos años, la fase genital, donde hay un cierto placer a jugar con los genitales, precursora de la fase de Edipo que establece la relación entre el niño y sus padres, desde los tres a los cinco años, con sentimientos de amor por el de sexo contrario y de rivalidad por el del mismo sexo.

    Todo niño, desde el nacimiento, tiene unas necesidades ineludibles, comida, calor, compañía, etc. y cuando están satisfechas se siente en plenitud pero obligatoriamente hay cambios, como el que un tiempo después de la comida comience a inquietarse, lo que le produce inseguridad y soledad, aunque todavía no sea consciente. Es el momento esquizo-paranoico, porque hay diferencia entre el momento placentero de la comida, el calor, las caricias, etc., y el momento de la necesidad y la soledad, lo que produce el binomio amor-odio.

    El momento depresivo es uno de los principios de culpabilidad como consecuencia del temor del niño a haber hecho daño, en su fase de odio, a la madre o a quien le acoge. Si en lugar de temor a haber hecho daño tiene sensación de triunfo quiere decir que intenta negar o mitigar todo sentimiento de dependencia, lo que corresponde al momento maniaco.

    En este juego de culpabilidad y triunfo nota la diferencia entre los padres, sobre todo sus proyecciones sobre él, comenzando el complejo de Edipo en el que por un lado quiere reparar el daño que cree haber hecho y por otro quiere adquirir su independencia.

    Normalmente ese equilibrio se produce regularmente, porque no es molesto que la madre acaricie a su hijo cuando tenga ganas sino que no le acaricie cuando él las tenga o que lo haga cuando el niño no las quiere, cuando está jugando o durmiendo. El niño no necesita más que un buen ritmo de vida. Nada altera más el equilibrio psico-somático de un niño que cuando se rompe ese ritmo. Es difícil que un abuelo del Mediterráneo no despierte a su nieto para darle un beso pero no hay que hacerlo, porque no es el momento.