Editoriales

 EDITORIAL Julio de 2001

Profs. Drs. A. Cabré †, L. Olmos

Departamento de Dermatología de la Universidad Complutense de Madrid

 

TRAYECTORIAS  HISTÓRICAS  DE  LA  DERMATO–VENEREOLOGÍA II

 

La segunda trayectoria en el devenir histórico de la Dermatalogía la recogemos de la descripción de los rasgos esenciales que, del actualmente llamado eccema endógeno o atópico, expuso VAN HELMONT, en 1648, en su "Ortus medicinae". En efecto, la aparición en el individuo enfermo así como también en algunos de sus familiares, de todos o algunos de los estigmas de la “atópia", el ritmo de las manifestaciones clínicas, su típica alternancia entre órgano de expresión y tipo de reacción vienen condenados por la escasa capacidad reactiva vascular de estos sujetos, fenómeno fundamental para KORTING en estas casos condicionados por una hiperregulación fija y bastante rígida.  Así la prueba la evolución subaguda de las infecciones piógenas y micóticas, característica de estos enfermos. Estos hechos recogidos en nuestro  quehacer clínico, constituye la mejor prueba de la vinculación íntima de la piel con la economía general del organismo.  Esta integración e través de los mecanismos centrales de regulación del organismo, junto a las interrelaciones resultantes entre la piel y otras órganos, ofrecen una nueva orientación en el estudio del funcionalismo tegumentario.

 Una tercera dirección en el conocimiento de la biología cutánea la señala PLATO, asistente de NEISSER en Breslau, quien precediendo a Von PIRQUET inyectó por vez primera, en 1902, tricofitina con fines diagnósticos y terapéuticos.  Valorada en el sentido diagnóstico retrospectivo, esta reacción permite poder conocer el estado reaccional del sujeto explorado frente al alergeno utilizado en la exploración.  Como señala KORTING, la piel del enfermo se comporta en cierto modo con aquella actitud conocida desde JACQUET con el término de “mnemodérmia”.  El descubrimiento de la tricofitína, precedido por los de la tuberculina y de la malleína, y la práctica de estas reacciones exploratorias ha dado lugar al importantísimo campo de las pruebas cutáneas biológicas de sensibilización, imprescindibles hoy en día, como acentúa DARBON, en el cotidiano quehacer del médico. Esta última directriz le da al tegumento categoría de órgano que nos permite la investigación del estado reaccional del organismo.

Completando estas líneas generales de hechos históricos que han contribuido a ir dando a la Dermatología su perfil actual, queremos esbozar brevemente las fechas más importantes del conocimiento de la sífilis así como señalar los hitos que condujeron a la identificación precisa de las restante venereopatías.

Como ya indica GAY PRIETO, se acepte o no su origen americano, la sífilis alcanzó en Europa gran difusión a partir de los últimos años del siglo XV.  Son autores españoles quienes dan las primeras descripciones del "nuevo mal". FRANCISCO LOPEZ VILLALOBOS publica su “tratado sobra las pestíferas bubas" en Salamanca en el año 1498, y sus versos contienen ya rasgos clínicos esenciales de la sífilis adquirida.

RUIZ DIAZ DE ISLA publica en 1537, en Valladolid, su "Tratado contra el mal serpentino".  Fue él, el primer médico que observó los primeros casos adquiridos por contagio, en marineros españoles que tuvieron relaciones sexuales con indígenas de la Hispaniola.

El término de sífilis la debemos al italiano GIROLANO FRACASTORO (1483-1553).  En su poema "Syphilis sive morbus gallicus” publicado en Venecia en 1530, aparece un pastor llamado Syphilos que contrajo dicha enfermedad.

Sobre la identidad de los agentes causales de la Sífilis y la gonococia, apareció en el siglo XVIII la teoría unicista.  Según ésta, tienen ambas enfermedades la misma raíz, el mismo modo de contagio y solo se diferencian en sus manifestaciones clínicas.  La certeza de esta teoría pareció ser confirmada por la propia autoexperiencia a que se sometió, en Mayo de 1767, el cirujano inglés JOHN HUNTER (1728-1793), inoculándose pus "blenorrágico" y adquiriendo luego una sífilis.

PHILIPPE RICORD (1800-1889) distingue definitivamente la gonococia de la sífilis.  Se trata pues de dos infecciones distintas y la sífilis evoluciona en distintos estadios. Pero este autor nos legó, también, dos nociones erróneas: la no-contagiosidad de la blenorragia y la no contagiosidad de la sífilis secundaria.

ALFREO FOURNIER (1832-1914) emitía en 1881 sus famosas leyes sobre la evolución de la sífilis, que reproducimos a continuación: 

  1. La sífilis no tiene una génesis espontánea, por lo menos en la actualidad.  Resulta siempre de un contagio, de una inoculación, de la penetración material de una sustancia virulenta especial en el organismo.  

  2. El primer fenómeno apreciable que resulta de este contagio, de esta penetración del virus en el organismo, no se manifiesta jamás sino después de un periodo de tiempo más e menos largo, que constituye una auténtica incubación. 

  3. El primer fenómeno apreciable que resulta del contagio a de la introducción artificial de la materia virulenta en el organismo se manifiesta siempre en el mismo lugar de penetración y no en otra localización.  

  4. El accidente primario localizado en el lugar de contagio es, durante un cierto tiempo, siempre solitario y constituye la única expresión reveladora de !a enfermedad.  

  5. Pasado este tiempo, sucede al accidente de aspecto localizado una explosión de otros síntomas múltiples y variados, los cuales difieren esencialmente del accidente inicial, por el hecho de que no están localizados en el punto mismo de contagio, sino diseminados en puntos diversos y susceptibles de afectar a todos los tejidos, a todos los órganos.

 

Vemos, pues, que FOURNIER, a pesar de no conocer el agente etiológico de la sífilis ya había trazado y captado el ritmo evolutivo, y reconocido el polimorfismo clínico de esta afección.

El 3 de Marzo de 1905 FRITZ SCHAUDINN (1871-1906) y ERICH HOFFMANN (1868-1959), descubren el agente causal de la lúes, conocido por Treponema palido y también por espiroqueta pálido.  En 1912, el japonés HIDEYO NOGUCHI lo demuestra en el Instituto Rockefeler de Nueva York, en el cerebro de enfermos de parálisis general.

En 1906 comunican, A. Von WASSERMANN (1866-1925), A. NEISSER (1855- 1916) y C. BRUCK (1879-1945), la primera reacción serodiagnóstica de la sífilis

En 1949 NELSON y MAYER describen el test de inmovilización treponémica.

Tres etapas caracterizan el desarrollo grandioso que ha experimentado el tratamiento de la sífilis durante el siglo XX. PAUL EHRLICH logró en 1909 sintetizar el salvarsan; en este mismo año se introduce en terapéutica el preparado "EHRLICH-HATA 606”. WAGNER von JAUREGG (1857-1940) introduce la malarioterapia en el tratamiento de la parálisis general progresiva.

En 1921 emplean los autores franceses R. SAZERAC y C. LEVADITI (1874-1953) el tratamiento con bismuto.  En Diciembre de 1943 J.F. MAHONEY (1889-1957), R. C. ARNOLD y A. HARRIS emplean por vez primera la penicilina en el tratamiento de la lúes.

Al iniciarse la era antibiótica, el tratamiento de la sífilis y demás enfermedades venéreas, se ha visto simplificado, "humanizado", al abandonar todas aquellas curas repetidas y sin fin, relegando a la historia, medicamentos heroicos como el mercurio, el arsénico y el cianuro.

En cuanto a las otras venereopatías, recordemos que ALBERTO NEISSER, en 1879, individualiza el diplococo productor de la blenorragia. El primer cultivo en medio sérico humano lo realiza el ginecólogo E. BUMM (1858-1925).

ROLLET de Lyon (1824-1894), describe el chancro mixto.  El agente causal del chancro blando es descubierto por A. DUCREY, en 1889.  Cuatro años más tarde P.G. UNNA lo demuestra en cortes histológicos, siendo denominado estreptobacilo de UNNA-DUCREY.

En 1930 HELLERSTROEM y WASSEN, demuestran la existencia de un virus específico inoculable al mono por vía intracerebral, provocando una meningoencefalitis, transmisible en serie y capaz de reproducir por inoculación prepucial un bubón linfogranulamataso típico. En 1935, MIYAGAWA, individualiza unos corpúsculos argentófilos, entonces también llamados ultravirus, responsables de la linfogranulomatosis inguinal de NICOLAS, FAVRE y DURAND (1913).