Editoriales

 EDITORIAL Julio de 2003

Prof. Dr. L. Olmos

Departamento de Dermatología de la Universidad Complutense

 

75º ANIVERSARIO DEL CENTRO SANITARIO SANDOVAL

Parte 1

 

Las Enfermedades de Transmisión Sexual (ETS) pueden dividirse en dos grandes grupos: las que tienen fácil diagnóstico y tratamiento, bacterianas y parasitarias, y las que tienen diagnóstico y tratamiento complicado, por la necesidad de técnicas especiales y la ausencia de tratamiento específico, las víricas.

Aunque siguen siendo estas últimas las de mayor inquietud sanitaria, no podemos olvidar las oscilaciones de las primeras, que fueron fácilmente controladas con la venida de los antibióticos, por tener notables cambios de su incidencia y prevalencia, según los diferentes factores que se presenten con el tiempo, como la liberación de la mujer en los años 60, el exceso de confianza en los 80 y el bajo nivel socioeconómico actual de la mayor parte de los países.

Se estima que actualmente existen, anualmente, unos 333 millones de nuevos casos de ETS del primer grupo, es decir curables (1), en el mundo, repartidos entre los siguientes diagnósticos: gonococias 62,2 millones, clamidiasis 89,1, sífilis 12,2 y tricomoniasis167,2 millones, lo que indica el grado de pobreza en que se encuentra el mundo, puesto que el 46% corresponde al Sudeste asiático, 20% a África subsahariana y 11% a América latina/Caribe.

Si en esas áreas geográficas las ETS curables son marcadoras de la su pobreza, en las nuestras son indicadoras de nuestra mala gestión sanitaria. En Europa occidental hay anualmente 16 millones de nuevos casos de ETS curables(2): 600.000 gonococias, 2,75 millones de clamidias, 100.000 sífilis y 5,53 millones de tricomoniasis. En la Clínica de Pacientes externos de ETS de Amstersdam el número de casos de infección gonocócica rectal y sífilis precoz ha aumentado espectacularmente(3), en el Reino Unido, país modelo para control de este tipo de enfermedades, por su clásica especialización en ellas desde comienzos del siglo pasado, las clamidias, desde 1995 a 1999, han aumentado el 76% (4), en Cataluña el año 2001 registró un 25% más de casos de sífilis y gonococias y la impresión general de los Centros de ETS  españoles consultados es que, a finales del 2002 y principios del 2003, el incremento de estas enfermedades clásicas es progresivo a causa de la inmigración y del relajo de la prevención sanitaria.

La medicina está hecha para tratar de resolver las angustias y necesidades que tiene el enfermo o quien se cree enfermo, el resto de consideraciones políticas, sociales, económicas, etc., pueden ser necesarias pero siempre son complementarias. Quien diga en medicina, o en educación, que ha ahorrado es un mal gestor porque es seguro que lo ha hecho a costa de un ser humano, lo que no es cívico.

En medicina, como en carreteras, viviendas o en los que sea, no hay que malgastar, hay que gastar los necesario, y ahí está el problema, saber lo que es necesario. De siempre, los grandes economicistas que no saben economía, han pretendido ahorrar mediante la técnica, pensando que 60 análisis se hacen en el mismo tiempo que uno y que la máquina puede trabajar horas extraordinarias sin ser pagadas, pero se olvidaron de que no hay enfermedades sino enfermos y que los 60 análisis pueden ser inútiles, originando un gasto suplementario en cadena, para compensar la soledad y angustia de ese enfermo sin diagnóstico, a base de nuevos análisis, radiografías, tratamientos "a ojo", etc., sin contar las horas perdidas en el transporte, el trabajo, la vida familiar, amen de la ausencia de estadísticas fiables, seguimientos epidemiológicos correctos, controles y programas eficaces, para terminar siendo necesario perder media o una hora en hacer una buena historia clínica o anamnesis. "Es un error malintencionado suponer una antítesis entre medicina científica y asistencia humanizada"(5)

La historia clínica, es decir, escuchar cuidadosamente al enfermo, realizar una exploración física completada con las técnicas auxiliares, es fundamental en la práctica médica y sin ella no se ahorra, se malgasta, por mucho que sea el salario del tiempo que necesita el sanitario para hacerlo, porque es lo que orienta al diagnóstico y todos sabemos que la mayoría de los pacientes, gracias a Dios, no son complicados, con lo que ni siquiera se necesita corroboración o, cuando más, exámenes complementarios muy seleccionados. Se ha pretendido ahorrar con la máquina, viendo el mayor número de enfermos en el menor tiempo posible, pero se ha malgastado, porque ningún médico se responsabiliza de un enfermo sin el tiempo necesario para vislumbrar el diagnóstico y, cuando más, trata de pasar la responsabilidad a otro, sea analista, radiólogo u otro especialista, con la ingenua esperanza de que el colega tenga mayores posibilidades, haciendo una cadena que pocos economicistas han comprendido.

Se pretende que la complejidad técnica y científica que ha alcanzado la medicina justifica el tópico de la necesidad de grandes gestores, porque es conocida la demostrada incapacidad genética de los médicos para administrar u organizar cualquier cosa. Lo lamento mucho pero para saber que se ha empleado una hora en una operación o en una consulta, que se ha pedido tales o cuales exámenes complementarios o que se ha prescrito estos u otros medicamentos, habituales o extraordinarios, no hace falta ser un genio en economía. Otra cosa es que el conjunto de gastos de un centro hospitalario, un área, una comunidad o una nación necesite de grandes gestores, grandes economistas, que critiquen, programen y administren el conjunto, pero como receptores de unas condiciones originadas por la libertad y el buen hacer del experto, porque si no, el personal sanitario debe de dar lo mejor, pero es el gestor quien decide cual es lo mejor, aunque la responsabilidad siempre la tenga el sanitario, lo que es injusto e inaceptable dado que "no puede permitir la interferencia de motivaciones religiosas, ideológicas, políticas, económicas, de raza, de nacionalidad, sexo o condición social o personal"(6).