Editoriales

 EDITORIAL Mayo de 2005

Prof. Dr. Luis Olmos

Departamento de Dermatología de la Universidad Complutense

 

LOS MÉDICOS Y LOS LABORATORIOS

 

 

Siempre me ha sorprendido las grandes diferencias de comportamiento, sin duda derivadas de la educación, que hay entre los ciudadanos de los distintos países, no sólo en el ámbito de la medicina sino en todos, pero ahora me apetece hablar de las colaboraciones enmascaradas de los laboratorios con los médicos o personal sanitario, porque hay normas y reglamentos, cuando menos sorprendentes.

El Código Ético del Colegio Oficial de Médicos de Barcelona, en su artículo 2 dice: “El médico puede aceptar el pago de gastos por acudir a un congreso  o reunión científica por un importe similar al que él mismo hubiera gastado en la asistencia, sin contrapartidas, acompañantes  ni actos lúdicos” y en su artículo 8: “Los médicos considerados por la industria líderes de opinión deben aclarar sus eventuales conflictos de interés en sus publicaciones escritas. Deben extremar el rigor científico y la objetividad en sus presentaciones públicas. Tienen derechos a percibir honorarios por el asesoramiento y participación en programas de formación continuada, pero este cobro no exime de actuar con el máximo rigor científico.”

Estos artículos serán legales pero merecen una crítica moral. Durante más de 10 años he recorrido toda Europa en Congresos internacionales y todos los meses he viajado de Ginebra a Paris para participar en las Reuniones francesas de mi especialidad y jamás hubo un laboratorio farmacéutico que pagase nada.

En este tema, como en otros muchos, se termina aceptando como normal la más pura falta de ética y dignidad. ¿Por qué razón la industria tiene que pagar a nadie nada sino va a obtener algún beneficio? Es el beneficiario de esa participación, como líder o como aprendiz, quien debe correr con todos los gastos y no creo que haya más beneficiario que el empleador de ese profesional. En el aprendiz, para que se forme en beneficio de un mejor trabajo futuro y en el líder para que dé prestigio u ofrezca técnicas o métodos que nadie ha ofrecido y por consiguiente enriquezca a la asistencia. Es por eso que en Ginebra me lo pagaba o el Hospital Cantonal o la Facultad de Medicina, según donde hubiera hecho el trabajo que presentaba al Congreso.

Es el colmo que se llegue a diferenciar el propio participante de “contrapartidas, acompañante, actos lúdicos” como el artículo 10.3 del Código Ético de Farmaindustria: “La hospitalidad no debe extenderse a otras personas distintas a profesionales sanitarios, considerándose profesionales sanitarios únicamente las personas facultadas para prescribir o dispensar medicamentos. En caso de que participen en congresos o reuniones científicas personas facultadas para administrar medicamentos, les serán de aplicación las mismas normas que sobre la hospitalidad rigen para los profesionales sanitarios facultados para prescribirlos o dispensarlos. En los eventos organizados por la Compañía no debe admitirse la presencia de acompañantes aunque se paguen sus propios gastos”. Eso quiere decir que si Montagner, descubridor del virus del SIDA, participa en un evento organizado por una “Compañía” no puede estar acompañado por su esposa.

Lo que no debería ser es que las “Compañías” organicen ningún evento, salvo si es para su beneficio al ofrecer formación e información a sus empleados, en cuyo caso es a la “Compañía” a quien corresponde ponerse de acuerdo con las condiciones establecidas por Montagner y cuantos demás formadores e informadores quiera.  

¿Cómo lo hacían los suizos ya hace más de 30 años? Los Congresos y Reuniones tenían como objetivo formar e informar de las actividades de la comunidad científica a cuantos quisieran formarse e informar, por lo que los organizaban las Sociedades Científicas. Los Ponentes y demás participantes estaban a cargo de los empleadores o de las individualidades que querían enriquecer o dar prestigio a su consulta privada, salvo el caso particular de los invitados que no solo no pagaban sino que eran gratificados por lo organizadores, según acuerdo con ellos, o los becarios de la Sociedad que variaban desde solamente la inscripción gratuita hasta la inscripción con el alojamiento y la alimentación, en general en un Hogar Universitario.

¿Qué función tenía la Industria Farmacéutica? Formar e informar sobre sus productos en los distintos estand que, como aquí, alquilaban a los organizadores pero siempre sin relación comercial con los participantes, ni siquiera con las clásicas “muestras”. Su labor era exponer sus productos, dar plegables informativos, resúmenes escritos de  las aplicaciones y efectos de dichos  productos y otras muchas acciones imaginativas, como hacer caricaturas, juegos, ofertas bibliográficas, etc.

Está claro que para España este comportamiento suizo no es más que una teoría y estamos en la situación de querer justificar honestidad y ética impidiendo que se financie al acompañante y que cuando más se financie al participante “sin contrapartidas”. ¿Qué se llama “contrapartidas”? ¿Hablar bien y con verdades de un tema que le interesa a quien ha financiado pero sin citar bien y con verdades a otro tema concurrente? No se miente y es irreprochable pero no es completamente honesto ni ético.

Es el mismo problema en los “Ensayos Clínicos”, la “Medicina Basada en la Evidencia”, la telemedicina, etc., si no está hecho por Instituciones verdaderamente independientes siempre habrá dudas e incluso con independencia siempre puede haber sesgos, porque se realizan en una muestra de población seleccionada, porque los laboratorios pueden ocultar los ensayos que resultan desfavorables y porque la independencia de  de los expertos de las agencias de medicamentos encargados de abrir la puerta a la comercialización de nuevos productos puede ser sometida a condiciones.

Y sino recuerden el 30 de Septiembre pasado cuando Merck tuvo que retirar del mercado mundial el Vioxx®, el 17 de Diciembre de 2004, cuando Pfizer ha revelado que el Celebrex® podría, según un estudio clínico publicado por la misma firma y apadrinado por el Nacional Cáncer Instituto (NCI), aumentar sensiblemente los riesgos cardio-vasculares (productos que logran ventas de más de mil millones dólares/año)  y últimamente las recomendaciones de la Administración de Fármacos y Alimentos de Estados Unidos (FDA) sobre el tacrolimus y el picrolimus para la atopia.

Solución: que nuestros administradores no inventen nada que, en lugar de quejarse, cuando les conviene, del gasto farmacéutico, copien de los que tienen más experiencia y saben más. Ser ignorante es una desgracia pero no es una deshonra.

L. Olmos

L. Olmos es Prof. Titular de Dermatología (Facultad de Medicina. Hospital Clínico de "San Carlos". U.C.M.)