Editoriales

 EDITORIAL Septiembre de 2003

Prof. Dr. Fernando  Pérez Peña
Madrid, 9 de Mayo
de 1989

Palabras perdidas
(Editado por Ediciones Doce Calles, S.L., Madrid 2002) 

LA BATA BLANCA Y EL FONENDO
(¿Dos símbolos en crísis?)

 

La bata blanca y el «fonendo», han simbolizado tradicionalmente la imagen del médico; nos lo recuerdan obras clásicas de la literatura paramédica como «hombres de blanco» (A. Soubirán) o «estandartes blancos» (Ll. C. Douglas), que junto a «Cuerpos y Almas» (V. Der Meersch), constituían títulos de obligada lectura para la mayoría de los estudiantes de medicina, quienes esperaban con satisfacción y orgullo, llegar algún día a ejercer la añorada profesión médica; por ello, acudían con asiduidad a las salas de clínicas, con su recién comprado fonendoscopio, para iniciar al largo periplo en el aprendizaje del quehacer médico.

Para el profesional médico, la bata blanca ha supuesto más que prenda higiénica, un valioso medio con el que poder profundizar en la oscura problemática humana de sus pacientes, logrando así positivas consecuencias terapéuticas, al facilitar el ambiente de confianza mutua, necesario para un eficaz acto médico; la bata blanca, ha sido capaz en numerosas ocasiones, de alterar el equilibrio vegetativo del ser doliente; de todos es conocida, la reacción emocional que experimenta el paciente, en su primera visita ante el médico enfundado en color blanco y dispuesto a realizar la exploración física básica, que incluía como es lógico, la introducción en las fauces, del depresor, o muy a menudo, del mango de una cucharilla; tal vez por éste acto, (valga la broma), pueda explicarse la animadversión en la infancia, a la figura del barbero-peluquero, también entonces vestido de blanco.

¡Y qué decir del fonendo, que desde Laenec constituye parte inseparable de la labor médica diaria!; suelo señalar a mis alumnos, que este medio exploratorio, no sólo sirve para recoger signos fisiológicos o patológicos del enfermo, sino que también resulta útil, para que mientras se ausculta, y una vez concluida la función propedéutica, se piense en la elaboración del juicio diagnóstico y en las medidas terapéuticas a seguir, evitando así, evidenciar ante el enfermo, situaciones ambiguas y dudosas ante el diagnóstico, y en general, falta de seguridad en sí mismo. Creo recordar que fue Marañón quien afirmaba, que el médico cura no sólo por la medicación que receta, sino también por la confianza que es capaz de transmitir al paciente con su prescripción, incrementando su fe, en tal o cual medicación.Y difícilmente se puede transmitir confianza, dudando ante el juicio clínico, consultando el «Vademecum» ante el paciente o si en lugar de utilizar bata blanca, se viste descamisado y al estilo del «far west», circunstancias nada extrañas en la actualidad. Alguna vez he señalado, que junto a una óptima formación teórica-práctica la confianza en el médico la juzgo imprescindible para que el acto médico logre su máxima eficacia en el plan terapéutico, pues si aquélla se resquebraja (información tendenciosa en los medios de comunicación, estrategias políticas, etc.), se está destruyendo gran parte del arsenal terapéutico del que dispone el médico.

Bata y fonendo, se constituyen pues, en importantes medios terapéuticos en tanto y cuanto, incrementan el respeto, confianza y magia que el paciente constantemente está solicitando del médico; incluso me atrevo a afirmar -y de ello tal vez me ocupe en otro momento-, que la confianza en el médico especialmente en el de asistencia primaria, es tan necesaria que sin ella difícilmente podrá solucionarse el angustioso problema actual de las urgencias médicas. 

Sin embargo y pese a lo anteriormente expuesto, mucho me temo, que estos símbolos -bata y fonendo- atraviesan actualmente una grave crisis, al menos en el medio hospitalario universitario, fundamentando esta convicción en la experiencia vivida a diario. El alumno actual de clínicas, tal vez porque no dispone de la adecuada patología variada, necesaria para su formación práctica, o tal vez por estar obsesionado en las futuras pruebas MIR, no frecuenta como debiera, las salas de clínicas, y por tanto resulta lógico no hacer excesivo uso del referido fonendo, pues solo pretenden retener en su aprendizaje, una serie de datos dudosamente útiles para su futuro ejercicio profesional, en lugar de adquirir sólida formación clínica, posiblemente influenciados en el hecho, de que apenas se le exige, mediante oportunas evaluaciones, conocimientos prácticos, situación a mi juicio, extremadamente grave para la sociedad que exige una urgente solución. No peco de exagerado, si afirmo que no más de un 30% de los alumnos del 2º ciclo de medicina, se «han vestido de blanco», más de ocho o diez días seguidos durante un curso académico. 

¿Y el médico?, ¿utiliza el fonendo?, ¿utiliza la bata?; Respecto a la primera interrogante, tengo el presentimiento de que en el medio hospitalario y en relación con lo que acontecía hace una década, se usa mucho menos, probablemente en relación con la excesiva tecnificación y con el desarrollo -también excesivo- de las especialidades; en virtud de la primera circunstancia, con frecuencia se recurre a la solicitud y práctica de exploraciones complementarias de alto coste (TAC, ECO, Resonancia, etc.) en detrimento de una cuidadosa exploración física, donde el fonendo podría tener su papel protagonista. El desarrollo excesivo de las especialidades en los hospitales universitarios, conduce también a enfoques parciales de una determinada patología, emitiéndose a veces, una exploración física general adecuada. 

Puede también que influya, que parte del profesorado de clínicas, haya elegido -erróneamente en mi criterio- como santuario clínico, no la sala de enfermos, sino el despacho, la biblioteca, el laboratorio o la lectura de la última revista, lugares donde como resulta lógico, el libro, el tubo de ensayo o la revista, desplazan y suplantan el pobre fonendoscopio; pienso yo, que el médico básico precisa, al menos por ahora, más fonendo que tubo de ensayo, de ahí que juzgue como grave heterodoxia, este modo de enseñar medicina; solo cuando se domine el fonendo, cabe el tubo de ensayo. 

Procede, también preguntarse, ateniéndose a la actual situación del profesorado de clínicas ¿para qué narices van a necesitar el fonendo, si por imposición de irresponsables y absurdas normativas legales, se les niega la responsabilidad asistencias?. Quiera Dios, que cuando estas líneas vean la luz, también haya iluminado la mente del legislador; y recuperado el sentido común, conduzca a buen cauce, el actual catastrófico torrente de la enseñanza de la medicina clínica y de la asistencia sanitaria en general. 

Respecto a la tradicional indumentaria de los médicos, bata y/o pijama blanco, -verde las ramas quirúrgicas-, debo señalar que ya no simbolizan a los profesionales de la medicina, pues de igual forma se adornan, desde el ATS y/o Diplomados en Enfermería, al respetado celador, pasando por el pinche de cocina, quienes además utilizan indistintamente, uno u otro color, (¿sucede algo parecido en la Comunidad Europea?), (¿acaso sucede en Cuba?). 

La bata blanca, ha dejado pues, de ser un símbolo médico. Ahora, ya lo señalé hace unos meses en el seno de la Universidad Complutense, en los hospitales se nos viste a todos de igual forma -como en la China de Mao- pijama blanco o verde, con o sin bata, y este hecho, resulta a mi juicio una grave confusión para el usuario de la sanidad y no menos grave para la eficacia del acto médico. Es lógico suponer, que si un paciente se considera desairadamente tratado por una persona vestida con pijama o bata blanca, la culpabilidad la atribuirá en primera instancia a quienes de forma tradicional vestían de tal forma: «los médicos», es por ello, por lo que procede en mi corto entender, establecer -y no con ánimos de corporativismo, sino para delimitar responsabilidades y mejor servir al usuario-, distintivos evidentes, en el vestuario de los distintos componentes del equipo sanitario y del personal de servicio, aunque sólo sea para hacer realidad, aquel vetusto dicho de que «el hábito no hace al monje».