Editoriales

Dr. F. Sánchez Merodio

EFECTOS ADVERSOS DE LA RADIACIÓN SOLAR 
Parte I

El sol, adorado por unos y denostado por otros, en los últimos años parece haber perdido gran parte de su buena estrella.

El sol no pasa por sus mejores momentos de popularidad. Y ello a pesar de que aporta numerosos beneficios. El primero, y más importante, es que sin él no sería posible la vida. No obstante, conviene dosificar más que nunca sus ardorosas caricias. Existen numerosas evidencias científicas que lo relacionan directamente con el envejecimiento biológico y con la aparición de enfermedades, algunas mortales. Los cánceres de piel debidos a las radiaciones solares han aumentado considerablemente en los últimos años. Además, existe otro factor que preocupa a los expertos: la media de edad de las personas que padecen cánceres de piel, por primera vez, está empezando a bajar. La cantidad de radiación frente a la cual el organismo puede defenderse a lo largo de su vida, o lo que es lo mismo, nuestro capital solar tiene un límite determinado, a partir del cual la piel empieza a pasar una dolorosa factura. Las pautas culturales, las modas y la generalización de las vacaciones, preferentemente en zonas muy soleadas, contribuyen a agotar prematuramente esta valiosa herencia. Por otro lado, no existe un cupo de horas de insolación aplicable a todo ser humano, sino que éste varia de acuerdo con la pigmentación de la piel y según las zonas del planeta, entre otros parámetros. No todos podemos exponernos a la misma cantidad de radiaciones solares y tampoco podemos despreciar la situación geográfica o las condiciones climatológicas de la misma manera.

Ninguna advertencia será suficiente. De unos años a esta parte, el uso, y en mayor medida el abuso del sol, se ha convertido en una pesadilla para médicos y científicos de todo el mundo. Sobre todo desde que, hace más de una década, se descubriera un enorme agujero en la capa de ozono de la atmósfera. Fue a partir de entonces cuando los rayos solares ultra-violetas entraron con más intensidad y dureza que nunca en la superficie de la Tierra, mostrando la cara menos amable de todo su poder calórico.

Al margen de las consecuencias sanitarias, las implicaciones económicas del fotoenvejecimiento son evidentes. Sentirse a gusto con uno mismo, agradar y ser agradado, hoy más que nunca tiene un alto precio.

El sol es la estrella más próxima a la Tierra y una gigantesca fábrica nuclear; 109 veces mayor que nuestro planeta, donde los fenómenos de temperatura y presión alcanzan cotas máximas. Cada segundo, 500 millones de toneladas de hidrógeno, su principal combustible, se transforma en helio en el interior de su núcleo. Como consecuencia de estas violentas reacciones, los últimos cálculos, obtenidos por ordenador, revelan que el sol alcanza los 15.5 millones de grados de temperatura. Una vez expulsada de este colosal horno nuclear, la luz emprende un viaje a través del espacio de 150 millones de Kilómetros en tan solo ocho minutos. Una inmensa cantidad de energía que alcanza nuestros organismos, nuestra piel, primera barrera de defensa biológica de nuestro cuerpo.

La posición geográfica de un sujeto en la Tierra es importante en cuanto a la recepción de la energía solar y su influencia biológica, ya que todo el proceso nuclear llega a nuestra superficie en forma de radiaciones de distintas longitudes de onda y con variados comportamientos sobre el organismo humano y su ambiente natural. La luz solar es una fuente constante de radiación electromagnética alcanzando la superficie de la Tierra. Todos estos rayos u ondas de energía electromagnética son transmitidas a través del espacio, pero sus efectos varían en razón de sus respectivas longitudes de onda (distancia entre crestas de dos ondas sucesivas), de su amplitud (distancia vertical entre la cresta positiva y la negativa de una misma onda) y su frecuencia (número de vibraciones por unidad de tiempo). Además, la exposición a la luz solar puede tener efectos beneficiosos y perjudiciales sobre el cuerpo humano, dependiendo de la duración y frecuencia de la exposición, la intensidad de la luz solar y la sensibilidad del individuo considerado. (continua)