Editoriales

Dra. Marta Casellas Bravo
Servicio de Dermatología. Hospital Clínico "San Carlos"

DERMATITIS DE CONTACTO Y COSMÉTICOS

La piel es mucho más que una envoltura corporal inerte. En su papel como barrera no solo regula las secreciones y excreciones del interior del organismo al exterior, sino que también protege a los tejidos subyacentes de agentes potencialmente tóxicos del medio ambiente, sean físicos, químicos o infecciosos, como las radiaciones ultravioletas, la energía eléctrica, las fuerzas mecánicas, la invasión de la mayoría de los microorganismos, los productos profesionales, higiénicos, cosméticos, etc.

Aparte de estas importantes funciones, la piel juega un papel fundamental en nuestras relaciones sociales, por el tacto, el olor, el color, el brillo y, lo que es más importante, por el conjunto estético con el pelo, los ojos, los labios, los adornos, los perfumes y todo tipo de cosméticos.

En los últimos años los cosméticos han tenido una difusión mundial de proporciones verdaderamente notables, no solo por los indiscutibles progresos técnicos, económicos y comerciales que se han producido sino también por la mejor formación e información sobre sus funciones, entre las que entra la higiene, eliminando las secreciones naturales, en su mayoría grasas, los residuos de la queratinización, los microorganismos indeseados, materiales ambientales, cosméticos, medicamentosos, etc., la prevención y protección de la piel y mucosas de las agresiones internas, las externas, la evolución cronológica y las influencias sistémicas que pudieran alterar el objetivo primordial de las dermocosmética y de la medicina en general, es decir, mantener el órgano individual en el estado morfológico y funcional que le corresponde, lo que se conoce como eutrofia. Si, a pesar de la prevención y protección, se producen alteraciones morfológicas o funcionales de la evolución normal de la piel o de las mucosas individuales, los cosméticos deben intentar corregirlas, considerando el origen interno, externo o evolutivo que frecuentemente es la combinación de los tres. Finalmente algunos cosméticos realizan exclusivamente una función estética tratando de cambiar la imagen natural o defectuosa de la superficie cutánea, mediante maquillajes a base de colorantes, pigmentos, lacas, tonalizadores, polvos, pastas, etc. depilatorios, prótesis e incluso tatuajes, lo que representa grandes dificultades de estabilizaciones, adherencias, dispersiones, tonos de colores, brillo, tacto y dermocompatibilidad.

Hay que considerar, sin embargo, la existencia de una posible toxicidad de los productos que se aplican sobre la piel por lo que cuando los especialistas recomiendan el uso de cosméticos deben estimar los mismos criterios que cuando prescriben medicamentos, especialmente en lo que se refiere a la fórmula, los conservantes, las pruebas de tolerancia y eficacia y otras condiciones que pueden agravar el objetivo deseado, por la aparición de otras lesiones que antes no se tenía, como comedones, atrofias, estrías, etc.

Cuanto más compleja sea la fórmula del cosmético, mayor es el riesgo de intolerancia y reacción cutánea indeseada, por lo que hay que evitar grandes listas de componentes, pues además de no ser necesarios, son más difíciles de preparar y encarecen el producto.

Por regla general, uno de los problemas que afectan más es la falta de conocimiento por parte del usuario, de aquellos cosméticos que contienen productos fácilmente irritables o sensibilizantes, ya que existen muchas deficiencias en el etiquetado, a pesar de los grandes progresos que en estos últimos años ha hecho la administración. Sería importante seguir la normalización oficial y contar con la colaboración de los productores de cosméticos para que especifiquen la composición exacta de sus preparaciones.