LIBROS

 

 

DERMOCOSMÉTICA

 

CAPÍTULO 1 

 

 Historia, contenido y método de la dermatología

 

 

José Cabré Piera y Luis Olmos Acebes

Catedrático y Profesor Titular de Dermatología de la Facultad de Medicina de Madrid

 

 

 

Trayectoria histórica de la dermato-venereología

 

Lógico es pensar que las manifestaciones cutáneas de la enfermedad merecieron la atención de los hombres que, en épocas remotas, cultivaron la Medicina; lógico es también suponer que los médicos de todos los tiempos concedieron más o menos importancia a la exploración de la piel y sus faneras, en el examen del hombre enfermo. La piel como órgano, en el sentido unitario funcional y patogénico, ha encontrado eco más e menos intenso en las corrientes doctrinales que han presidido el devenir de la medicina en el transcurso del tiempo. Como recordaba GAY PRIETO, hasta el siglo XVIII las teoría hipocráticas frenaron la capacidad de observación del hombre. No dedicó su esfuerzo a precisar las lesiones accesibles a su mirada, sino a explicar la génesis de las mismas, a la luz de la doctrina ciegamente aceptada. A este respecto, comentaba DARIER que el espíritu humano en su desarrollo, al igual que el de los niños, tiende a investigar el “por qué" de los fenómenos antes que dedicarse a analizarlos, a considerar su “cómo" y a precisar sus caracteres.

 

Clásicamente se consideran los albores del siglo XIX como el punto de partida de la Dermatología en su cualidad de disciplina médica bien individualizada. Alguna semilla de esta sólida trayectoria, en el transcurso del pasado siglo, empieza a germinar en el llamado Renacimiento de la Medicina. Concretamente, la figura de HIERONYMUS MERCURIALIS (1530-1606) y su obra “De morbis cutaneis et omnibus corporis excrementis", que debemos a su discípulo PAOLO AICARDIO, considerado por IWAN BLOCH como el primer tratado moderno de las enfermedades cutáneas, significan el primer jalón en el devenir de la Dermatología. La gran figura del llamado "Hipócrates inglés",THOMAS SYDENHAM (1624-1689) y su concepción de la “especie morbosa" de tanta importancia para la moderna noxología médica, preceden en un siglo al periodo llamado de la sistematización, que alcanza su acmé en el mismo siglo XVIII, con CARLOS de LINNEO (1707-1774) y sus obras "Systema naturae" (1735).  "Genera plantarum" (1737) y la menos conocida "Genera morborum" (1763). DANIEL TURNER, en 1714,  FRANÇOIS BOISSIER DE SAUVAGES (1706-1767), ANNE CHARLES LORRY (1726-1783) y muy particularmente JUAN JACOBO PLENCK (1738-1807), en su obra "Doctrina de morbis cutaneis", consagran a las enfermedades cutáneas, importantes ensayos de sistematización, siguiendo la máxima del Profesor de Upsala: "Naturales dari classes ita creatas pate ex plurimis".

A partir de la obra de PLENCK, se multiplican las clasificaciones dermatológicas, hasta llegar a la sistematización actual, basada en la concepción de las dermatosis del francés LOUIS BROCQ (1856-1929).

 

Desde el punto de vista histórico, podemos mencionar tres orientaciones nacidas de fenómenos heterogéneos, que han contribuido a precisar nuestros conocimientos, tanto ortológicos como patológicos, de la piel. Una primera etapa morfológica, nacida con la clasificaciones de las enfermedades cutáneas propuesta por PLENCK, en su obra publicada en Viena, en 1776, comprendiendo catorce clases:

 

“1. maculae - 2. pustulae - 3. vesiculae - 4. bullae - 5. papulae - 6. crustae - 7. squamae - 8. callositates - 9. excrescentiae cutaneae - 10. ulcera cutanea - 11. vulnera cutanea - 12. insecta cutanea - 13. morbi unguium - 14. morbi pilorum”.

 

He aquí, pues, la base de las eflorescencias, cuerpo de doctrina de la propedéutica dermatalógica, irrumpiendo en el pensamiento médico del siglo XVIII. A finales del mismo, esta trayectoria morfológica se verá enriquecida por la obra del ingles ROBERT WILLAN (1757-1812).

 

En la introducción de su libro "Description and treatment of cutaneous diseases". publicado en 1798, recuerda sus intenciones, denominadas por é1 mismo “desiderata", al emprender el estudio de las enfermedades cutáneas:

 

a)      fijar mediante definiciones más apropiadas y precisas, los términos empleados para designar las enfermedades, así como su significado,

 

b)      basándose en peculiaridades evolutivas y circunstancias particulares en la aparición de las enfermedades, emitir clasificaciones generales, ordenar aquellas en géneros determinados y describir sus forma o variedades minuciosamente.

 

c)      clasificar aquellas enfermedades cutáneas que no habían sido diferenciadas anteriormente, y

 

d)      especificar la forma de tratamiento de cada enfermedad.

 

Su obra quedó por completar y fue concluida por su discípulo THOMAS BATEMAN (l778-1821), quien publicó en 1813, en Londres, la “practical synopsis of cutanaeus diasases according to the arrangement of Dr. WILLAN".  La clasificación de SATEMAN, inspirada en la de WILLAN, comprende ocho órdenes, donde se agrupan todas las afecciones cutáneas:

 

“1. papulae - 2. squamae - 3. exanthemae - 4. bullas - 5. Pustulae - 6.vesículas -7. tuberculae - 8. maculae”. Termina la obra de BATEMAN con un capítulo dedicado a las “syphilitic eruptions".

 

En Francia, el barón JEAN LOUIS ALIBERT (1776-1837), consagró toda su energía, no solamente al estudio y clasificación de las enfermedades cutáneas sino, que luchó por la creación de un centro de estudio y de enseñanza de la Dermatología, en el Hospital de San Luis.  Esta meta fue alcanzada el 27 de Noviembre de 1801, con la orden del Consejo de Administración de los Hospitales de París, por la cual se especializaba para la Dermatología el viejo Hospital fundado por el Rey Enrique IV de Francia, el 19 de Mayo de 1607.  Su tentativa de clasificar las dermatosis en familias era, como comentaba DARIER, más racional que los ensayos anteriores, pero su realización exigía un conjunto de conocimientos y un rigor analítico que no eran propias de su época. La creación de la escuela de San Luis, que tanta luz ha aportado a numerosas facetas de la Dermatología, tiene mayor trascendencia para nuestra disciplina que su famoso árbol de las dermatosis. A propósito de su clasificación, dice uno de sus contemporáneos, GIRAUDEAU DE ST. GERVAIS (1802-1861), en la obra "Guide pratique pour l’étude et le traitement des maladies de la peau”, publicada en París, en 1842: "es una pena que ALIBERT no hubiese adoptado la clasificación de WILLAN como punto de partida. Hubiese dado a sus investigaciones una dirección mejor y la ciencia, que mucho le debe, le debería más todavía" En la misma Escuela de San Luis, otros autores, principalmente LAURENT THEODORE BIETT (1781-1840), adoptaron la clasificación de WILLAN, como bases de sus propios estudios.

 

Todo este periodo de floreciente desarrollo de la Dermatología, durante el cual brillan los nombres de RAYES, CAZENAVE, DEVERGIE, BAZI, HARDY en Francia, SCHOENLEIN, FUCHS, von BAERENSPRUNG en Alemania, SAMUEL PLUMBE, GREEN y HUNT en Inglaterra, culmina con la aparición de la genial figura de FERDINAND von HEBRA (1816-1880).

                

Si bien hasta este momento se había querido captar el fenómeno, mediante procederes puramente merfológico-descriptivos, objeto de estudio de nuestra disciplina, esto es, la enfermedad, HEBRA aporta les métodos rigurosos que aprendió de sus maestros SKODA (1805-1881) y ROKITANSKY (1804-1878).  Inspirándose en los fenómenos observados por ROKITANSKY en el cadáver, publica HEBRA en 1845 su clasificación de las enfermedades cutáneas, en su "Versuch einar auf pathologische Anatamie gegründeten Eínteilung der Hautkrankheiten".  Distingue las siguientes clases de lesiones:

 

1. hiperemias - 2. anemias - 3. anomalías de secreción - 4. exudados - 5. hemorragias - 6. hipertrofias, aumentos de volumen - 7. atrofias, disminución de volumen - 8. neoformaciones – 9. pseudoplasmata - 10. procesos ulcerosos de la piel - 11. parásitos - 12. neurosis de la piel.

 

Esta clasificación, con algunas variaciones, ha conservado todo su valor en el siglo XX, como lo prueba que autores como ORMSBY y MONTOGOMERY la hayan mantenido en su tradicional libro.

 

La doctrina de HEBRA del concepto localista de las dermatosis, fue defendida por sus discípulos MORIZ KOHN llamado KAPOSI y también por AUSPITZ, quien fue el primero en estudiar sistemáticamente la histopatología cutánea.

 

Este ciclo significa un perfeccionamiento dentro de este periodo, caracterizado por la orientación clasifícadora y morfológíca de la Dermatología. Con el fin de completar este primer apartado, referente a la trayectoria descriptiva de nuestra disciplina nos parece obligado recordar ciertos hitos fundamentales de la investigación histológica del tegumento.

 

Se considera al tallador de cristales ZACHARIAS JANSEN, como el descubridor del microscopio, en 1590. Rápidamente fue utilizado en el estudio de la piel y sus estructuras. Una descripción detallada de la histología cutánea la debemos a JEAN ASTRUC en 1759-1761.  MALPIGHI (1628-1694) describe la llamada rete malpighi y también las glándulas sebáceas. Las glándulas sudoríparas fueron individualizadas por NIELS STENSEN, más conocido por NIKOLAUS STENO (1638-1686). Las investigaciones de HENLE y WENDT sobre la estructura de la piel, las de BERRES y FOHMAN sobre la distribución de los vasos sanguíneos, la descripción por parte de ABRAHAM VATER (1741) y de FILIPO PACINI (1835) del, según sus nombres, denominado corpúsculo de Veter-Pacini, las trabajos de MEISSNER sobre la unión de las células malpighianas y la identificación de KOELLIKER de fibras musculares en la vecindad del folículo piloso, son los trabajos que preceden a la gran aportación que el examen microscópico iban a significar para la evolución de la Dermatología.  Esta faceta de nuestra disciplina encuentra su cima en la obra de P. G. UNNA, de J. DARIER, de F. PINKUS de L. M. PAUTRIER, de A. CIVATTE, de J. KYRLE y también de OSCAR GANS.

 

La segunda trayectoria en el devenir histórico de la Dermatalogía la recogemos de la descripción de los rasgos esenciales que, del actualmente llamado eccema endógeno o atópico, expuso VAN HELMONT en 1648 en su "Ortus medicinae". En efecto, la aparición en el individuo enfermo así como también en algunos de sus familiares, de todos o algunos de los estigmas de la “atopia", el rítmo de las manifestaciones clínicas, su típica alternancia entre órgano de expresión y tipo de reacción vienen condenados por la escasa capacídad reactiva vascular de estos sujetos, fenómeno fundamental para KORTING en estos casos condicionados por una hiperregulación fija y bastante rígida.  Así lo prueba la evolución subaguda de las infecciones piógenas y micóticas, característica de estos enfermos. Estos hechos recogidos en nuestro  quehacer clínico, constituye la mejor prueba de la vinculación íntima de la piel con la economía general del organismo.  Esta integración e traves de los mecanismos centrales de regulación del organismo, junto a las interrelaciones resultantes entre la piel y otras órganos, ofrecen una nueva orientación en el estudio del funcionalismo tegumentario.

 

Una tercera dirección en el conocimiento de la biología cutánea la señala PLATO, asistente de NEISSER en Breslau, quien precediendo a Von PIRQUET inyectó por vez primera, en 1902, tricofitina con fines diagnósticos y terapéuticos.  Valorada en el sentido diagnóstico retrospectivo, esta reacción permite poder conocer el estado reaccional del sujeto explorado frente al alergeno utilizado en la exploración.  Como advierte KORTING, la piel del enfermo se comporta en cierto modo con aquella actitud conocida desde JACQUET con el término de “mnemodermia”.  El descubrimiento de la tricofitína, precedido por los de la tuberculina y de la malleína, y la práctica de estas reacciones exploratorias ha dado lugar al importantísimo campo de las pruebas cutáneas biológicas de sensibilización, imprescindibles hoy en día, como acentúa DARBON, en el cotidiano quehacer del médico. Esta última directriz le da al tegumento categoría de órgano que nos permite la investigación del estado reaccional del organismo.

 

Completando estas líneas generales de hechos históricos que han contribuido a ir dando a la Dermatología su perfil actual, queremos esbozar brevemente las fechas más importantes del conocimiento de la sífilis, así como señalar los hitos que condujeron a la identificación precisa de las restante venereopatías.

 

Como ya indicaba GAY PRIETO, se acepte o no su origen americano, la sífilis alcanzó en Europa gran difusión a partir de los últimos años del siglo XV.  Son autores españoles quienes dan las primeras descripciones del "nuevo mal". FRANCISCO LOPEZ VILLALOBOS publica su “tratado sobra las pestíferas bubas" en Salamanca en el año 1498, y sus versos contienen ya rasgos clínicos esenciales de la sífilis adquirida.

 

RUIZ DIAZ DE ISLA publica en 1537, en Valladolid, su "Tratado contra el mal serpentino".  Fue él, el primer médico que observó los primeros casos adquiridos por contagio, en marineros españoles que tuvieron relaciones sexuales con indígenas de la isla Hispaniole.

 

El término de sífilis lo debemos al italiano GIROLANO FRACASTORO (1483-1553).  En su poema "Syphílís sive morbus gallicus” publicado en Venecia en 1530, aparece un pastor llamado Syphilos que contrajo dicha enfermedad.

 

Sobre la identidad de los agentes causales de la Sífilis y la gonococia, apareció en el siglo XVIII la teoría unicista.  Según ésta, tienen ambas enfermedades la misma raíz, el mismo modo de contagio y solo se diferencian en sus manifestaciones clínicas.  La certeza de esta teoría pareció ser confirmada por la propia autoexperiencia a que se sometió, en Mayo de 1767, el cirujano inglés JOHN HUNTER (1728-1793), inoculándose pus "blenorrágico" y adquiriendo luego una sífilis.

 

PHILIPPE RICORD (1800-1889) distingue definitivamente la gonococia de la sífilis. Se trata pues de dos infecciones distintas y la sífilis evoluciona en distintos estadios. Pero este autor nos legó, también, dos nociones erróneas: la no-contagiosidad de la blenorragia y la no contagiosidad de la sífilis secundaria.

 

ALFRED FOURNIER (1832-1914) emitía en 1881 sus famosas leyes sobre la evolución de la sífilis, que reproducimos a continuación: 

  1. La sífilis no tiene una génesis espontánea, por lo menos en la actualidad.  Resulta siempre de un contagio, de una inoculación, de la penetración material de una sustancia virulenta especial en el organismo.

  1. El primer fenómeno apreciable que resulta de este contagio, de esta penetración del virus en el organismo, no se manifiesta jamás sino después de un periodo de tiempo más e menos largo, que constituye una auténtica incubación.

  1. El primer fenómeno apreciable que resulta del contagio a de la introducción artificial de la materia virulenta en el organismo se manifiesta siempre en el mismo lugar de penetración y no en otra localización.

  1. El accidente primario localizado en el lugar de contagio es, durante un cierto tiempo, siempre solitario y constituye la única expresión reveladora de !a enfermedad.

  1. Pasado este tiempo, sucede al accidente de aspecto localizado una explosión de otros síntomas múltiples y variados, los cuales difieren esencialmente del accidente inicial, por el hecho de que no están localizados en el punto mismo de contagio, sino diseminados en puntos diversos y susceptibles de afectar a todos los tejidos, a todos los órganos.

 

Vemos, pues, que FOURNIER, a pesar de no conocer el agente etiológico de la sífilis, ya había trazado y captado el ritmo evolutivo, y reconocido el polimorfismo clínico de esta afección.

 

El 3 de Marzo de 1905 FRITZ SCHAUDINN (1871-1906) y ERICH HOFFMANN (1868-1959), descubren el agente causal de la lúes, conocido por Treponema pallidum y también por espiroqueta pálido.  En 1912, el japonés HIDEYO NOGUCHI lo demuestra en el Instituto Rockefeler de Nueva Yerk, en el cerebro de enfermos de parálisis general.

 

En 1906 comunican, A. Von WASSERMANN (1866-1925), A. NEISSER (1855- 1916) y C. BRUCK (1879-1945), la primera reacción serodiagnóstica de la sífilis. En 1949 NELSON y MAYER describen el test de inmovilización treponémico.

Tres etápas caracterizan el desarrollo grandioso que ha experimentado el tratamiento de la sífilis durante el siglo XX. PAUL EHRLICH logró en 1909 sintetizar el salvarsan; en este mismo año se introduce en terapéutica el preparado "EHRLICH-HATA 606”. WAGNER von JAUREGG (1857-1940) introduce la malarioterapia en el tratamiento de la parálisis general progresiva.

 

En 1921 emplean los autores franceses R. SAZERAC y C. LEVADITI (1874-1953) el tratamiento con bismuto. En Diciembre de 1943 J.F. MAHONEY (1889-1957), R. C. ARNOLD y A. HARRIS utilizan por vez primera la penicilina en el tratamiento de la lúes.

 

Al iniciarse la era antibiótica, el tratamiento de la sífilis y demás enfermedades venéreas, se ha visto simplificado, "humanizado", al abandonar todas aquellas curas repetidas y sin fin, relegando a la historia, medicamentos heroicos como el mercurio, el arsénico y el cianuro.

 

En cuanto a las otras venereopatías, recordemos que ALBERTO NEISSER, en 1879, individualiza el diplococo productor de la blenorragia. El primer cultivo en medio sérico humano lo realiza el ginecólogo E. BUMM (1858-1925).

 

ROLLET, de Lyon (1824-1894), describe el chancro mixto.  El agente causal del chancro blando es descubierto por A. DUCREY, en 1889. Cuatro años más tarde P. G. UNNA lo demuestra en cortes histológicos, siendo denominado estreptobacilo de UNNA-DUCREY.

 

En 1930 HELLERSTROEM y WASSEN, demuestran la existencia de un virus específico inoculable al mono por vía intracerebral, provocando una meningoencefalitis, transmisible en serie y capaz de reproducir por inoculación prepucial un bubón línfogranulamataso típico. En 1935, MIYAGAWA, individualiza unos corpúsculos argentófilos, entonces también llamados ultravirus, responsables de la linfogranulomatosis inguinal de NICOLAS, FAVRE y DURAND (1913).

 

Jalones en la historia de la Dermatología española.

 

Conocida es, como ya hemos visto, que la medicina española tiene una prosapia sifiliográfica gloriosa que se remonta a los siglo XV y XVI (FERNANDEZ GOMEZ y CUBERO DEL CASTILLO). Por el contrario, el estudio de las enfermedades cutáneas aparte, según ya hemos señalado, es de origen mucho mas reciente, También hemos acentuado que, en todo tiempo, las dermatosis han llamado la atención, incluso antes de la era dermatológica propiamente dicha, a médicos de todas las escuelas y todos los países. En España concretamente GASPAR CASAL aportó ya la primera descripción de la pelagra en 1762.  Después de la época de sistematización en Dermatología, se publica, por vez primera, en 1840, la obra de NICOLAS ALFARO dedicada exclusivamente a afecciones de la piel.  Una primera Cátedra de enfermedades del tegumento, que tuvo una vida efímera de apenas un año, fue establecida, por Real Decreto, en 1850, y confiada a JOSE CALVO.

 

Podríamos decir que la Dermatología española nace en 1860, al ingresar D. JOSE EUGENIO OLAVIDE (1836-1901) como médico en el Hospital de San Juan de Dios de Madrid. En efecto, a él le fueron encomendadas, por vez primera en España, 120 camas destinadas a enfermos puramente dermatológicos. Sin duda alguna, este hecho representa el primer germen de esta nuestra escuela dermatológica nacional.  Provisto de estos medios, OLAVIDE emprende en 1864 la enseñanza de la Dermatología. En su afán de situarla en primer plano crea un "laboratorio micrográfico", cuya dirección encomendó él mismo a ANTONIO MENDOZA. Obra suya y de su compañero el Dr. CASTELO SERRA, es también el museo de San Juan de Dios, inaugurado el 26 de Diciembre de 1882. Apasionado de los medios prácticos aptos para facilitar la enseñanza de la Dermatología, no solamente enseñó OLAVIDE la reproducción de las más diversas afecciones en modelados de cera policromada, sino que en su gran obra "Atlas de la clínica iconográfica de enfermedades de la piel o Dermatosis, publicada en Madrid en 1873 y recompensada en la exposición de Paris de 1878 con premio de primera clase, incluye inmejorables láminas de color debidas a la mano de ACEVEDO.  Su entusiasmo por las doctrinas, tan en boga en aquella época, de la Escuela francesa queda bien patente en su obra "Lecciones sobre las dermatosis herpéticas” de 1880, así como en su clasificación de las enfermedades de la piel. Sin duda alguna, la figura de JOSE EUGENIO OLAVIDE constituye el primer jalón en la historia dermatológica española.

 

El segundo jalón, el decisivo en la trayectoria de nuestra disciplina lo representa la aparición en el mundo médico madrileño de JUAN DE AZUA y SUAREZ (1858-1922). Al ingresar en 1887 en el cuerpo médico de la Beneficencia Provincial se le encomienda una consulta dedicada a las enfermedades de la piel en el Hospital de San Juan de Dios. Como señalaban FERNANDEZ-GOMEZ y CUBERO, el “98 médico" y entre ellos AZUA, tan influido de las ideas político-sociales francesas, mostraba un acentuado desdén por todo lo que, en el orden científico procedía de Francia. Objeto de admiración para aquella generación médica eran los indiscutiblemente superiores medios y procedimientos de investigación y cultura alemanes. El mismo AZUA era partidario del concepto localista dermatológico de la escuela austro-alemana de HEBRA. Su fe en la medicina sajona se deduce de una afirmación suya que conocemos a través de sus discípulos y admirables biógrafos FERNANDEZ-GOMEZ y CUBERO. Sí en un principio decía AZUA: "yo con el francés me entero sin más de todo lo que pasa en la medicina del mundo”, una observación de su colega MEDINAVEITIA le estimuló a aprender el alemán y posteriormente el inglés.  Cuando ya manejaba trabajos publicados en estos idiomas, AZUA solía decir: “todo médico que se estime en algo debe aprender alemán e inglés, pero primero el alemán porque dominando éste hallará facilísimo el inglés". JUAN DE AZUA fue el gran impulsor de la Dermatología española.  Su enseñanza clínica y preclara quedó grabada en letras de oro en la historia de la medicina madrileña. Su legado dermatológico se encuentra en el "Vademécum clínico-terapéutico", editado en Madrid, por la casa Remo y Fusal en el año 1898.  Este libro contiene la única descripción clínica global de las dermatosis que nos ha dejado su pluma.  Su carrera docente se inicia el 30 de Enero de 1892, al ser nombrado "Profesor encargado gratuitamente de la enseñanza oficial de la asignatura complementaria de los estudios médicos, curso de Dermatología".  El 26 de Febrero de 1893 recibe el nombramiento, en idénticas condiciones, de la sifiliografía. Son estas dos fechas las que confieren a la dermo-sifiliografía categoría de asignatura oficial, aunque solo en condición de estudio complementario; habrá que esperar todavía diez años, el año 1902, fecha en la que AZUA asume la plaza de Profesor Catedrático oficial, para que la Dermatología y la Sifiliografía adquieran rango y carácter obligatorio.

 

La enseñanza de AZUA era, como aprendemos de sus discípulos, la verdadera docencia, por el ejemplo del cotidiano quehacer de la clínica. AZUA enseñaba a trabajar, trabajando él. Es en el Hospital donde brilla, por encima de todo, la originalidad docente de AZUA. Su aportación a la Dermatología, no solamente española, sino internacional, ha sido cuantiosa y provista, hoy como ayer, de valores siempre actuales y vigentes. Esta etapa en el desarrollo inicial de nuestra disciplina en España, que sólo puede ser denominada "JUAN DE AZUA", culmina en 1908 con la fundación de la Academia Española de Dermatología y Sifiliografía, de la que él mismo es el primer artífice. La Escuela española se ve provista, a partir de esta fecha, de un portavoz, las "Actas Dermosífilíográficas”, el más firme aval, ayer y hoy de la laboriosidad, de la aportación y del esfuerzo constante de nuestra Dermatología.

 

La generación de dermatólogos que tomó el relevo de manos de JUAN DE AZUA, se aglutina en Madrid junto a la relevante personalidad del Profesor JOSE SANCHEZ COVISA. Esta pléyade de eminentes dermatólogos, cuya sólida y brillante producción ocupa páginas de honor, tanto en revistas nuestras como extranjeras, simboliza la trayectoria tradicional de la escuela madrileña.  Recordemos a uno de los grandes artífices de estos éxitos, al que fue durante largos años el "Nestor" de nuestra disciplina, ENRIQUE A. SAINZ DE AJA (1884-1965) cuya vasta producción, incansable actividad y preclara inteligencia serán ejemplo para las generaciones presentes y venideras.

 

En Barcelona fue el Profesor GINE Y PARTAGAS el primero en consagrar su atención a las afecciones cutáneas. Pero el verdadero impulso fue aportado a la dermatología barcelonesa por aquellos tres hombres que, en el primer cuarto de este siglo, dieron rumbo y ruta a la escuela catalana.  El Profesor JAIME PEIRY, PABLO UMBERT y PELAYO VILANOVA, trazaron el primer perfil de aquella Escuela.

 

Desde entonces nuestro reflejo nacional e internacional ha venido marcado por personalidades como XAVIER VILANOVA (1902-1965) en Barcelona, JOSE GAY PRIETO (1905-1979) en Madrid y JOSE CABRE  PIERA (1934-1982) en Cádiz y Madrid, conocedores de idiomas y por tanto intercambiadores de nuestro saber dermatológico.


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