LIBROS

 

 

DERMOCOSMÉTICA

 

CAPÍTULO 5 

 

 

Funciones generales de la piel normal.

Clasificación cosmética de los tipos de piel

 

Luis Olmos Acebes

Profesor Titular de Dermatología de la Facultad de Medicina de Madrid

 

 

La piel establece la frontera entre el cuerpo humano y el ambien­te que le rodea por lo que tiene funciones de barrera obstructiva y de permeación del organismo, con todos sus sistemas, hacia el exterior y del exterior hacia el organismo, manteniendo interrelaciones e influencias recíprocas. La estructura de la epidermis con la capa córnea compacta, el pH de la superficie, el manto hidrolipídico, la colonización por microorganismos sapro­fitos, los lípidos intercelulares, la actividad inmunológica de sus células, la capacidad fotoprotectora, sensitiva, secretora, los tejidos adiposos, fibrosos, elásticos, etc.,  constituyen una notable barrera adaptable a las circunstancias.

 

Organo protector

 

La piel es un excelente aparato protector que nos defiende de la agresión ambiental, en estrecha relación con la queratinización permeabilizante, dependiendo, por tanto, de factores como la región a considerar, el espesor de la capa córnea, el pH, el potencial de oxido-reducción, la cantidad de secreciones, etc.

 

Protección física.

 

La resistencia mecánica del conjunto epidérmico-dérmico está en relación con la región considerada pero es bastante elevada, pues puede alcanzar 1,800 Kg por mm², aunque en algunas regiones, como las palmas y plantas, es mayor por el espesor de la capa córnea, lo que se puede estimular en cualquier región por frotamiento continuo. La constitución hipodérmica y del tejido subcutáneo, donde tramos conjuntivo-elásticos (septos) separan los lóbulos adiposos, formados por masas redondeadas de células cargadas de lípidos, como almohadón celulo-adiposo, protege la dermis y la epidermis de las fuerzas de presión externas contra los planos profundos. En algunas zonas, como los párpados o el prepucio, el tejido subcutáneo laxo, pobre en grasa, permite el desplazamiento en bloque sobre los planos profundos protegiendo la piel contra los movimientos de tracción horizontal.

 

La capa córnea está formada esencialmente por queratina, proteína fibrosa compleja, de gran solidez a causa de las uniones sulfuros de la cisteína, pero de gran plasticidad por la transformación de la queratina a en queratina  b. Los queratinocitos subyacentes son un gran almohadillado a causa de los tonofilamentos  y los desmosomas. A este amortiguamiento también contribuye el dermis, no solo con su red fibrosa colágena y elástica, sino igualmente con la vascular y nerviosa, además de las glándulas, músculos y la hipodermis con su tejido adiposo dispuesto en lóbulos separados por septos fibrosos, en forma acolchada.

 

La piel no es una barrera calórica sino más bien una zona de intercambio entre le medio externo, de temperatura muy variable, y la temperatura corporal, mantenida de forma casi constante, y dada su baja conductibilidad térmica (K = 0,0011), inferior al agua, la superficie cutánea es un indispensable órgano periférico regulador de la temperatura, controlado por el hipotálamo, donde se encuentran los centros del frío y del calor, que ordenan la vasoconstricción y vasodilatación de la amplia red circulatoria y la abundante secreción de las más de dos millones de glándulas sudoríparas.

 

El panículo adiposo ayuda a mantener la protección de la irrigación sanguínea profunda frente a la pérdida térmica pero la vasodilatación activa conduce la sangre caliente a la superficie cutánea y acentúa dos mecanismos constantes de enfriamiento: el intercambio térmico con el medio exterior  por las corrientes aéreas y la emisión de rayos luminosos en la zona infrarroja y al contrario, la vasoconstricción arteriolar refleja reduce el intercambio térmico con el exterior por las mismas razones. La sudoración desempeña un papel considerable en el enfriamiento cutáneo por l a importante cantidad de líquido que de modo insensible (perspiración), 500-700 g/día de agua, o con gran rapidez, transpiración (~ dos millones de glándulas sudoríparas), puede pasar al estado gaseoso por la evaporación (un gramo de sudor evacua 0,6 calorías). Una humedad atmosférica elevada impide la evaporación reduciendo este mecanismo de control térmico.

 

El hombre adulto desprende a través de la piel, en 24 horas, aproximadamente 2.500 calorías, siendo proporcional a la superficie y no al peso, aunque también es variable según las regiones, pues la temperatura local depende del espesor, del vello, de su contenido en grasas y sobre todo de la temperatura exterior. Esta pérdida de energía calórica se realiza por convección, es decir por los movimientos del aire que desplaza el aire calentado por la piel (el abanicado aumenta la convección), por radiación, es decir por fotones que se alejan de la superficie cutánea hasta que encuentran una superficie absorbente o reflectante y por evaporación del agua epidérmica y de la sudoración que al pasar del estado líquido al gaseoso absorbe energía y disminuye la temperatura.

 

Todas las pieles, incluso las más claras, están pigmentadas y la ausencia total de pigmento, como en los albinos, acarrea insolaciones de repetición con graves alteraciones cutáneas , como cánceres, a partir de la adolescencia.  En la extremidad infrarroja del espectro solar, los rayos de gran longitud de onda (8000Å) y de escasa energía penetran profundamente en el dermis ocasionando un aumento de calor y una vasodilatación compensatoria sin pigmentación ni lesión duradera, la parte visible del espectro todavía es más penetrante, con energía calórica en el rojo y amarillo (sobre todo en la piel coloreada, no reflectante) y ya es pigmentante en sus más cortas longitudes de onda pero sobre todo es el espectro ultravioleta, donde las longitudes de onda  son más cortas, quien provoca la insolación y a la larga alteraciones irreversibles de la epidermis y dermis, tanto más cuanto más clara sea la piel, por lo que la evolución ha precisado una protección frente a las radiaciones ambientales con posibilidades patológicas, y aunque cada persona tiene una sensibilidad diferente, según la constitución, la localización, el espesor epidérmico, la calidad del manto hidrolipídico, la melanina producida por los melanocitos basales y fagocitada por los queratinocitos constituye la pantalla ideal que detiene y filtra las radiaciones nocivas descritas.

 

Este mecanismo de defensa contra las radiaciones se produce por pigmentación inmediata (máxima a las 6-8 horas postexposición solar, con desaparición a las 24 horas), sin participación de la síntesis melánica, sino simplemente la oxidación de la melanina preexistente y la redistribución de los melanosomas en los queratinocitos y por pigmentación retardada (48 horas después de la exposición solar) con aumento de la síntesis y la distribución melánica.

 

Protección química

 

La responsabilidad de esta función cutánea prácticamente la tiene la capa córnea, con su composición de sustancias queratinizadas, más resistentes que incluso el pelo, y que forma parte del manto hidrolipídico constituido por la emulsión de los productos del metabolismo epidérmico y las secreciones de los anejos, dando una emulsión de tipo agua en aceite.

 

Esta emulsión establece una interacción específica a nivel molecular, en permanente intercambio de renovación y formación, que  mantiene el equilibrio dinámico y funcional de protección química, como lubricante, agente higroscópico y neutralizante, independientemente de su función en la elasticidad, temperatura y protección antimicrobiana.

 

En el metabolismo epidérmico se producen lípidos con funciones diferentes, según la profundidad a que son producidos y localizados. Los fosfolípidos en los estratos profundos se relacionan con la regulación del agua y el control de la descamación córnea, las ceras y ceramidas, de la granulosa participan en el mantenimiento de la función barrera, pérdida transepidérmica de agua y regulación de la queratinización y los esteroles y colesteroles actúan como emulsificantes de las grasas de superficie.

 

Las secreciones sudorales constituyen la fracción hidrosoluble, los lípidos epidérmicos y de las glándulas sebáceas son la fracción liposoble y los aminoácidos libres (lisina, glicina, alanina, ácido glutámico, metionina, fenilendiamina, etc.) resultantes de la queratinización forman la fracción proteica de esta capa más superficial y protectora de la epidermis.

 

En el momento del nacimiento el pH de la superficie cutánea es neutro pero a los 6 meses, este conjunto de sustancias interrelacionadas se desarrollan, especialmente el ácido láctico de la secreción sudoral y el ácido glutámico-aspártico de la epidermis y mantienen una acidez constante entre 4,5 y 6, según las localizaciones, actuando como tampón frente a jabones, detergentes y cosméticos, de tal forma que cuando disminuye de 4 o es superior a 10 aparece la lesión eccematosa.  

 

Protección inmunológica

 

Como en el concepto de barrera epidérmica se considera la posibilidad de penetrar pequeñas moléculas que actúen como haptenos se pue­den desencadenar reacciones alérgicas   de defensa, con la participación de células de Langerhans epidérmicas, linfocitos, leucocitos y en general células inmunocompetentes del sistema mononuclear fagocitario, provenientes del dermis que identifiquen los antígenos, los neutralizen y los fagociten. En la piel hay todos los elementos inmunocompetentes necesarios para la defenderse contra las sustancias extrañas participando, en caso de necesidad, toda la cadena inmunológica, con las distintas combinaciones celulares y moleculares tipo linfocitos, monocitos, histiocitos, interleucinas, anticuerpos, aminas vasoactivas, etc.

 

Órgano de equilibrio o de deposito

 

La hipodérmis, con sus lóbulos adiposos acolchados no solo sirve de protección física  y diferenciación sexual, sino fundamentalmente es una reserva metabólica y energética que puede ser utilizada según las necesidades. Las necesidades energéticas del organismo para la vida cotidiana provienen de los alimentos ingeridos que, para la regulación glucídica, pueden excesivos y conducen a la obesidad o insuficientes y producen la delgadez. En el primero de los casos la obesidad es una reserva para cuando aparece el segundo que mediante lipólisis, por oxidación de los ácidos grasos, libera las kilocalorías necesarias para compensar la pérdida de ingesta (un gramo de lípidos consumidos producen 9 Kilocalorías).

 

En esta movilización de reservas juegan papel importante las hormonas tiroideas permitiendo la acción estimulante de las catecolaminas sobre las lipasas intracelulares y la hipófisis, cuya patología tiene numerosas muestras de síndromes de obesidad y delgadez, pero también son importantes los factores constitucionales y sobre todo socio-económicos.

 

Órgano de excreción

 

Si se considera como excreción a la acción de expeler los residuos, la piel elimina cada 24-48 horas una capa de escamas. Las técnicas modernas de inmunohistoquímica están contribuyendo notablemente al conocimiento de la composición de las células cornificadas y por consiguiente de su importante función. La epidermis sintetiza gran variedad  de proteínas estructurales, entre otras, más de doce tipos diferentes de queratinas, denominadas con la letra K, K5 y K14  en la capa basal, K1 y K10 en el estrato espinoso, la involucrina y la loricrina en las envolturas más cornificadas, mientras que la filagrina, procedente de la profilagrina derivada de la queratohialina, sobre todo, en la capa compacta, participando de la agregación de los filamentos de queratina. Hay otros componentes como la corneodesmosina que los queratinosomas llevan a los desmosomas, la queratolinina y muchos enzimas que no solo facilitan y organizan la descamación sino que son esenciales para la hidratación de la piel por el constante juego “tampón” que hace con las fracciones hidrófilas e hidrófobas.

 

El pelo crece cada día alrededor de 0,37 mm, lo que quiere decir que la piel está constantemente eliminando todos los componentes pigmentarios y queratinizados del folículo piloso a lo que hay que añadir las secreciones holocrinas de las glándulas sebáceas (asociadas como unidades fisiológicas), que contienen de triglicéridos, ésteres céreos, escualeno, colesterol libre o esterificado, las apocrinas de las glándulas sodoríparas (también asociadas a la unidad pilo-sebácea), ricas en grasas, amoniaco, ácidos grasos volátiles y cromógenos.

 

En esta función excretora hay que incluir todo el resto de eliminaciones, como los lípidos inter e intracitoplásmicos, proteínas y demás aminoácidos de las organelas celulares, las sales minerales y las substancias orgánicas, entre otras la urea y el ácido láctico, de la sudoración ecrina.

Órgano de absorción

 

Se acepta como absorción percutánea o transferencia al paso de una sustancia química aplicada en la superficie cutánea hasta llegar al torrente circulatorio, lo que puede ser útil con fines terapéuticos pero no es deseable desde el punto de vista fisiológico, por su posible toxicidad, mientras que penetración de la piel es simplemente el paso de las sustancias hasta distintos niveles de la epidermis que puede ser útil y necesario para el mantenimiento fisiológico.

 

En la superficie cutánea hay numerosas aparentes puertas de entrada para las sustancias externas, como son las desembocaduras de las glándulas sudoríparas y sebáceas que, si bien no son auténticas soluciones de continuidad y representa solamente 0,1-1% de la superficie corporal, con condiciones difíciles de incorporación a través de un micro-orificio y contracorriente, en algunos casos, no son despreciables las grandes superficies y condiciones fisiológicas que ofrecen a líquidos hidrosolubles e iones.

 

Las vías inaparentes o intraepidérmicas de penetración de sustancias externas, incluidos los anejos, tiene dos posibilidades: a través de los espacios intercelulares, sorteando todos los desmosomas y demás contactos intercelulares y a través de las células mediante picnocitosis,  endo y exocitosis, sin exclusividad de ninguna, tanto aparentes como inaparentes.

 

Considerando que la superficie relativa de los espacios intercelulares representan entre   0,4 y 1% de las células córneas, se ha estimado que la vía más directa de penetración es la intracelular o picnocitósica, especialmente para las sustancias hidrosolubles, reservando la vía intercelular para pequeñas cantidades de sustancias liposolubles, pero probablemente estos cálculos habrá que corregirlos porque, sin duda, la epidérmis utilizará todas las vías según las necesidades y las sustancias en cuestión.

 

Órgano de secreción

 

Si se considera como secreción a “la acción de salir de las glándulas materias elaboradas por ellas  y que el organismo utiliza en el ejercicio de alguna función”, la función secretora de la piel está marcada sobre todo por las glándulas sudoríparas, ecrinas y apocrinas y las glándulas sebáceas. La mayoría de las glándulas ecrinas tienen como función primordial el equilibrio térmico, mediante la evaporación, pero también con el sudor hay una eliminación de agua, sustancias orgánicas (urea, amoniaco, creatinina, ácido úrico), ácidos (pirúvico, láctico, cítrico, acético, etc.) y aminoácidos, además de sustancias inorgánicas (sodio, potasio, magnesio, calcio, cloruros, amonio, sulfatos, fosfatos, etc.), electrolitos y enzimas que permiten emulsiones con otras secreciones y restos celulares para la protección química, la protección antiinfecciosa y la eliminación de toxinas.


La secreción apocrina consiste en una sustancia blanca espesa que por la acción de las bacterias libera ácidos grasos aromáticos, feromonas, responsables, en parte, del olor corporal, con diferentes significados sensitivos. La piel es capaz de excretar con el sudor ciertas sustancias aromáticas y de ello se aprovechan varias culturas para modificar el olor corporal a través de la dieta.

 

La grasa eliminada por las glándulas sebáceas representa la mayor parte de los lípidos protectores de la epidermis y junto con las otras secreciones y los restos celulares constituyen el manto hidrolipídico, en el que los ácidos grasos y los triglicéridos constituyen el 6% y se mantienen constantes en todos los individuos, aunque la acción del Propionibacterium puede hidrolizarlos y cambiar su concentración.

 

Órgano de los sentidos

 

A través de la superficie cutánea se puede distinguir sensaciones como el tacto (tacto, presión, vibración, cosquilleo, hormigueo), que son perfectamente transmitidas por las terminaciones libres o por intermedio de los pelos, aunque en los dedos parece especializarse los corpúsculos de Meissner, en las semimucosas los de Kauser, en las sensaciones superficiales los de Merkel y en las de presión y vibración los de Pacini. El dolor (picazón, quemazón, prurito, sensaciones desagradables) parece no estar vinculado a ningún corpúsculo sino más bien a todos, incluidas las terminaciones libres, con la condición de que sea un estímulo excesivo. La temperatura (calor, frío) tampoco tienen órganos especializados aunque los superficiales se relacionan con el frío y los profundos con el calor. Hay todavía sensibilidades complejas como la humedad, la suavidad, etc. cuyo mecanismo de producción no está muy claro pero forman parte de las sensibilidades cutáneas como órgano de los sentidos.

 

Los diferentes tipos de piel

 

Desde el punto de vista dermocosmético la piel se puede clasificar según los más variados criterios:

  1. Según la raza y el color

En cosmética se distingue básicamente la piel blanca, típica de la raza caucásica, y la piel negra, teniendo en cuenta, que hay 36 tonos intermedios, lo que depende del contenido en melanina. Todas las pieles, excepto patologías como el vitíligo o el piebal­dismo, tienen el mismo número de melanocitos, pero diferentes melanosomas. En la piel negra los melanosomas son de mayor tamaño, se degradan más lentamente, son más activos y aunque el estrato córneo es del mismo espesor que en la blanca, tiene mayor número de hileras y su estru­ctura parece más compacta. Los individuos de color suelen tener la piel grasa, con mayor actividad y número de las glándulas sebáceas y sudoríparas apocrinas, facilidad para las discromias espontáneas y residuales y algunas patologías cutáneas, como los queloides o pseudofoliculitis de la barba en los varones.

  1. Según la edad.

Recién nacido

 

Tiene la piel inmadura, con la función de las glándulas sudoriparas y la termoregulación muy imperfectas, pudiéndose ver, en la cara, algunos comedones, muchas veces todavía bajo la influencia de las hormonas maternas.

 

Niño

 

La piel normal "ideal" es tersa, lisa, bien hidratada, sin discromias y bronceado uniforme.

 

Adolescente

 

Es el comienzo de la seborrea, poros dilatados, comedones, hipequeratosis y  tendencia al acné.

 

Piel madura

 

Suele ser normal o tendente a la sequedad y a menudo mixta, con los primeros signos de envejecimiento.

 

Piel senil

 

El termino "envejecimiento intrínseco" o cronológico se refiere a los cambios que aparecen en la piel con el paso del tiempo, caracterizándose por laxitud, arrugas finas, atrofias, mala cicatrización, frecuentes hiperplasias y tumores, tanto en zonas expuestas como en zonas cubierta, lo que se diferencia del mal llamado "fotoenvejecimiento" ocasionado por el sol, independien­temente de la edad, y por tanto mejor llamado fotodermatosis o heliodermatosis, que afecta fundamentalmente a las zonas expuestas y también ocasiona una piel la­xa pero con arrugas finas y gruesas, áspera, con pigmentación moteada y telangiectasias.

  1. Según el sexo.

La piel masculina no solo tiene más vello corporal, más glándulas sebáceas y mayor produ­cción de sebo, sino también más sudor con lo que tiende a ser­ grasa o mixta y bien hidratada, aunque por influencia de los andrógenos puede presentar acné juvenil y alope­cia androgénica más tarde, con diferentes patologías en la barba, especialmente por el afeitado.

 

La piel femenina es más rica en glándulas sudoríparas apocrinas y está más sometida a las hormonas (menstruación, embarazo climaterio) con las mismas posibilidades de padecer acné pero con cambios cutáneos bruscos, como el descenso de la actividad de las glándulas, aumento de la queratinización folicular, flushing, laxitud, estrias, etc.

  1. Según la zona del cuerpo.

La cara:

 

Ojos y zona periorbital:  Es la piel más fina y sensible del cuerpo, con el mayor riesgo de irritación o de sensibilización, especialmente en la mujer, por los diversos tratamientos cosméticos (maquillaje, sombras, lápices, tintes, depilación, tatuajes, lentillas).

 

Labios:  La piel o semimucosa de labios carece de glándulas sudoríparas y también es muy fina y frágil por la constante exposición a las agresiones externas (frío, viento, luz, sequedad del ambiente, de fumar, traumatismos masticatorios y múltiples trata­mientos cosméticos, como protectores labiales, barras de labios, etc.), con frecuentes patologías como la dermatitis atópica, her­pes labial, etc.

 

Zona perioral: Esta zona es muy sensible a las irritaciones y los eccemas por su fineza y rica vascularización, siendo a veces difícil de diferenciar una dermatitis perioral de la rosácea.

 

Zona T o seborréica: Abarca la frente, la nariz con los surcos nasogenianos y la barbilla siendo la zona seborréica por excelencia, por el gran número de glándulas sebáceas que hay.

 

El cuero cabelludo, las axilas y la zona genital constituyen las zonas pilosas   por por excelencia aunque, sobre todo en el varón, el vello corporal puede ser muy estacado en todo en cuerpo, excepto en las palmas y plantas.

  1. Según la producción de sebo y estado de hidratación de la piel.

La piel normal, eudérmica, típica de los niños, es lisa, tersa, flexible, bien hidratada, bien lubricada. La epidérmis tiene aminoácidos libres y ácido glutámico que, por acción de los correspondientes enzimás, sintetizan ácido pirrolidoncarboxílico (PCA) que regula la cantidad, disponibilidad y eliminación del agua intraepidérmica formando parte del factor normal de humectación (FNM).

 

La piel grasa, típica de los adolescentes, es rica en sebo, bien hidratada, gruesa y resistente a las agresiones externas, con los poros dilatados y tendencia al acné. Este tipo de piel tiene suficiente PCA y regula muy bien la pérdida de agua.

 

La piel seca, alípica, puede ser de origen constitucional, como en los atópicos y en los rubios o nórdicos y adquirida, por la acción del medio ambiente seco y con viento o por detergentes y otros cosméticos inadecuados pero en todo caso es más fina de lo normal, la producción sebácea está muy disminuida o es insuficiente para retener la pérdida de agua y presenta una clínica de inestabilidad neurovascular, con eritemas, irritabilidad, fragilidad, poros poco visibles, descamación fina, tendencia a la fisuración y a la involución precoz.

 

En las pieles secas, la disminución sebácea se caracteriza por la escasa cantidad de ácido glutámico y por consiguiente la menor concentración PCA, lo que ocasiona aumento de la pérdida de agua a través de la superficie, debido a una menor retención de agua intraepidérmica, lo que se compensa con el cambio morfológico de la epidérmis.

 

La piel mixta suele ser la combinación de la piel grasa en la zona T y la piel normal en el resto de la cara aunque en ocasiones es la combinación de la piel normal y seca respectivamente.

  1. Según fototipo

Los diferentes fototipos también condicionan la normalidad cutánea pues según sus medios de defensa frente al sol o al frío deben de adaptarse a los cambios de latitud. Los individuos de color que cambian su residencia a climas fríos pueden desarrollar un "prurito de invierno".

 

Fototipo 1 ‑ Piel blanca con abundantes pecas, ojos azules o verdes, pelo blanco, rojizo, rubio claro. Nunca se broncean, siempre se queman con el sol.

 

Fototipo 2 ‑ Piel blanca rosada con algunas pecas, ojos claros, pelo rubio o castaño claro. Casi nunca se ponen morenos, casi siempre se queman.

 

Fototipo 3 ‑ Piel morena clara, con algunas pecas, ojos grises o ma­rrones y pelo castaño. Broncean gradualmente, se queman algo.

 

Fototipo 4 ‑ Piel oscura, sin pecas, ojos marrones, pelo oscuro. Siempre se broncean,  se queman poco.

 

Fototipo 5 ‑ Piel muy oscura ojos y pelo oscuro. Raramente se quema y broncean mucho.

 

Fototipo 6 - Piel negra, ojos oscuros y pelo negro. Nunca se queman.

  1. La piel sensible

Esta denominación proviene de su intolerancia al medio externo pero es superponible a la piel seca pues es más fina, más permeable y más irritable que la piel normal y siempre con un terreno predispuesto o bien por constitución o bien por agresión repetida y crónica.

 

CUTIS SECO

 

Características semiológicas 

Características histológicas 

Asociaciones frecuentes 

Complicaciones habituales

Complicaciones infrecuentes 

CUTIS GRASO

 

Características semiológicas

Características histológicas 

Asociaciones frecuentes 

Complicaciones habituales  

Complicaciones infrecuentes 

Desde el punto de vista organoléptico se resume en el siguiente cuadro las características más relevantes de los diversos tipos de piel:

 

TIPO DE PIEL

BRILLO

PORO

TACTO

COLOR

NORMAL

MATE

POCO VISIBLE

SUAVE

UNIFORME

SECA

ALÍPICA

MATE

MUY CERRADO

SUAVE: jóvenes

ÁSPERO: adultos

BLANCO-ROSADO

SECA

DESHIDRATADA

MATE MARCHITO

CERRADO

ÁSPERO

VARIABLE

GRASA

NORMAL

GRASO

ABIERTO

SUAVE UNTUOSO

UNIFORME

GRASA

DESHIDRATADA

GRASO MARCHITO

ABIERTO

DESCAMANTE

CON ERITEMAS

GRASA

ASFÍCTICA

OPACO

GRUESO

ACARTONADO

PÁLIDO

 


 

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