LIBROS

 

 

EXILIO Y DEPURACIÓN

(en la Facultad de Medicina de San Carlos)

 

CAPÍTULO 1 

 

 

Los "Sucesos de San Carlos", en marzo de 1931

 

 Fernando Pérez Peña

Profesor Titular de Patología y Clínica Médica de la Facultad de Medicina de Madrid

 

Desde al menos un año antes, numerosos intelectuales con vocación democrática - ¡era la moda!- y probablemente los políticos, enfrentados más que a la Dictadura de Primo de Rivera, a la Monarquía de Alfonso XIII, habían movilizado a través de la FUE (Federación Universitaria Española) a los estudiantes, que no cesaban de protagonizar alborotos, bien porque los agustinos y jesuitas podían dar títulos universitarios oficiales, bien porque se pidiese la amnistía total para quienes tenían programado un Golpe de Estado en toda regla (Alcalá Zamora y demás "demócratas" de toda la vida), bien fuera por los implicados en la intentona frustrada de Jaca, o por cualquier motivo que actuara de fermento catalizador del "peligroso animal son 20 años" .

En estas circunstancias, la docencia en la Universidad resultaba imposible de realizarla con mínima eficacia, pues eran continuas las algaradas en los patios y galerías de la Universidad de San Bernardo o de la Facultad de San Carlos. Agitación estudiantil, casi siempre manipulada por profesores o intelectuales, dispuestos a prestar servicios a terceros, lo cual en nuestro criterio les descalificaba, como miembros de una auténtica comunidad universitaria.

Durante todo el año 1930, el ambiente en la sociedad madrileña se distinguía por un estado de alteración del orden público e inseguridad ciudadana, superior incluso al existente antes de proclamarse el Directorio Militar de Primo de Rivera. La vocación republicana y el sentirse anticlerical, era la moda entre los llamados intelectuales, muchos de los cuales eran a nuestro juicio, simples burgueses que "jugaban" a ser progresistas, pero que en realidad correspondían a los que Sábato denominara "la gauche du caviar". En la Facultad de San Carlos, la inmensa mayoría de los profesores presumían de ser liberales republicanos, y como tales, anticlericales. Probablemente, solo el catedrático de Pediatría, Enrique Suñer y el de Patología Médica, Fernando Enríquez de Salamanca, proclamaban en público su condición de católicos y presumiblemente monárquicos.

El 5 de mayo de 1927, D. Fernando Enríquez de Salamanca y Dánvila, había sucedido a Antonio Simonena Zabalegui (1861/1941) en la Cátedra III de Patología y Clínica Médica de Madrid.

Antes de proclamarse la República y durante toda ella, Enríquez de Salamanca fue acosado y perseguido dada su firme y no oculta convicción católica, y la errónea estrategia anticlerical del Gobierno republicano. Pese a ello, la FUE, según unos de carácter gubernamental y según otras fuentes, eminentemente marxista8, le llegó a considerar como uno de los mejores profesores de la Facultad.

En 1931, a finales de marzo, el Prof. Salamanca, adquiere enorme protagonismo como consecuencia de los denominados "sucesos de San Carlos", consecuencia del ambiente social y político establecido en Madrid (probablemente en toda España), mucho antes de establecerse en 1923, un gobierno autoritario bajo el Directorio Militar del General D. Miguel Primo de Rivera, evento que se utiliza como argumento para justificar la reacción de los llamados intelectuales y de los estudiantes por ellos mismos manipulados y estimulados para provocar algaradas.

 

Sucesos de San Carlos

En el ambiente anteriormente referido, el día 24 de marzo de 1931 (siendo a la sazón Rector, Blas Cabrera y Felipe, y Decano, Sebastián Recasens), los estudiantes de medicina promovieron serios disturbios al querer manifestarse públicamente en pro de una amnistía general para los implicados en el pronunciamiento militar de Jaca, ¡Querían perdón para los que habían participado en una sublevación militar!

A las doce, después de haber asistido a clase, los estudiantes de San Carlos se dispusieron a salir en manifestación, portando pancartas alusivas a su petición de amnistía (que habían sido preparados en los locales de la FUE).

Con este pretexto, la calle Atocha fue tomada por los alborotadores quienes lograron interrumpir la circulación colocando bancos del patio de San Carlos, ante los tranvías, e intentando incendiar a alguno de los vehículos que por allí transitaban, al tiempo que lanzaban trozos de ladrillos contra las fuerzas de Seguridad (Infantería y Caballería) situadas en las proximidades de la Facultad (a la altura de la calle Fúcar) que teniendo instrucciones de impedir a todo trance la manifestación proyectada, se vieron obligadas a realizar una carga con las porras, ante la contumaz insistencia de los estudiantes. Los estudiantes se replegaron hacia la Facultad haciéndose fuertes en la puerta de la Facultad de la calle Atocha, al tiempo que lanzaban trozos de ladrillos hacia las fuerzas de Orden Público. Algunos estudiantes de Patología Quirúrgica del Prof. León Cardenal, intentaron lanzar piedras desde las propias ventanas de las salas de cirugía, aunque el gran cirujano se lo impidió alegando el carácter respetable del lugar. Al arreciar las agresiones de los estudiantes, los guardias de caballería apostados en la Glorieta de Atocha recibieron ordenes de cargar contra los revoltosos, lo cual hicieron con pistola en mano realizando varias decenas de disparos, lo que provocó que los estudiantes se ocultaran dentro de la Facultad.

A las tres de la tarde, la situación quedó despejada; los estudiantes salieron por el Hospital Clínico (calle del Dr. Mata) y por la calle de Santa Isabel. Aunque corrió el rumor de haber resultado numerosos heridos, tan solo se contabilizó uno por arma de fuego. Esa misma tarde en los alrededores de la Puerta del Sol tuvieron lugar nuevos alborotos con cargas y carreras por las calles de Alcalá, Arenal, Montera y Correos, realizándose varias detenciones pudiéndose comprobar en la mayoría de ellos que no eran estudiantes.

Al día siguiente, miércoles 25, la Facultad se encontraba cerrada por orden del Rector Blas Cabrera y Felipe quien había clausurado la Universidad. Al encontrar la puerta de la calle Atocha cerrada y custodiada por fuerzas de Seguridad, grupos de "estudiantes", decidieron sobre las nueve y media, introducirse en la Facultad a través de las puertas de Santa Isabel y del Hospital Clínico (Calle Dr. Mata).Una vez dentro, abrieron violentamente la puerta principal situándose alrededor de la acera de la calle Atocha y procediendo a interrumpir el tráfico.

Algunos profesores intentaron dar clases en sus clínicas y atraerse así a grupos de alumnos, pero ello no fue posible pues el Decano (Prof. Recasens) convocó una reunión de profesores, seguida de otra para hablar con los estudiantes, en el Gran Anfiteatro de la Facultad. En la primera reunión se advirtió que existían entre los profesores, diferencias en la valoración de los hechos acontecidos, pues mientras la mayoría atribuía a las fuerzas de orden público el haber provocado los sucesos del día anterior y la invasión de ese día de la Facultad, solo tres o cuatro profesores consideraban que habían sido los estudiantes - junto a personas ajenas a la universidad-los que habían generado la intervención de las Fuerzas de Seguridad. Se pensó en redactar un escrito comunicando a las autoridades superiores, que la jerarquía académica no podía dominar la actitud de los estudiantes, pero tras hablar con el Ministro de Instrucción Pública éste les aconsejó que no lo hicieran, pues ello supondría renunciar al Fuero Universitario, en virtud del cual las fuerzas de Seguridad no podían entrar en el recinto universitario.

Según informaba "El Debate" del 26 de marzo de 1931, el Decano (acompañado por numerosos profesores) se dirigió al Gran Anfiteatro donde le esperaban los estudiantes y dirigiéndose a ellos les dijo: "lamento los incidentes y quiero que sepan que siento como propias las heridas recibidas por muchos de ustedes y algunos obreros para los que tengo grandes simpatías". Seguidamente les preguntó: ¿Que buscáis?, ¿la revolución? De inmediato se oyeron grandes voces como respuesta: "Sí, sí, la revolución, la revolución". Un delegado estudiantil de la FUE, pidió que los profesores fueran con ellos a visitar al jefe de Gobierno para pedirle la destitución y procesamiento del General Mola (Director General de Seguridad). Hubo algunas intervenciones de profesores entre ellas las del Prof. Jiménez Díaz, quien les dijo a los estudiantes que "los profesores estaban con ellos". No pudo seguir la reunión pues se oyeron gran número de disparos y la reunión se disolvió.

¿Que había sucedido?, pues sencillamente que mientras se discutía en el Gran Anfiteatro, algunos grupos se habían subido a la azotea de la Facultad desde donde empezaron a lanzar trozos de ladrillos y tejas sobre las fuerzas públicas apostadas frente a la puerta principal para impedir que los "estudiantes que habían acudido" a las puertas de la Facultad interrumpieran el tráfico; los guardias de seguridad ante tal pedrea, se vieron obligados a retirarse y al verse estos perseguidos se vieron obligados a disparar con sus pistolas con fines disuasorios. Desde el tejado de San Carlos (donde había sido colocada una bandera roja), fueron lanzados también varios artefactos explosivos de fabricación casera, así como realizados varios disparos de armas de fuego.

Grupos más agresivos acorralaron a varios policías en la Posada de San Blas, cuyas puertas cerradas recibieron no solo cascotes sino varios proyectiles de armas por lo que se solicitó ayuda a la Guardia Civil la cual acudió sobre la una de la tarde siendo recibida a pedradas y disparos realizados desde la azotea de San Carlos obligando a la Guardia Civil a tomar posesión en los tejados de algunas casas de la calle Santa Inés y San Pedro, desde donde lograron despejar la azotea de la Facultad. En el tiroteo resultaron varios heridos y muerto el guardia Civil Hermógenes Domínguez a quien un proyectil le había perforado la aorta cuando intentaba parapetarse en el portal de una de las casas de la calle Atocha.

Entre los "estudiantes" heridos graves dentro de la Facultad, figuraba el joven Ramón Sampere González (moriría al día siguiente), empleado en una fábrica de lejías que poseía su madre en el Barrio de Delicias y que al parecer se encontraba casualmente en la puerta de la Facultad. Otros heridos en el recinto universitario pertenecían a distintas profesiones (panadero, jornalero, etc.) pero no eran estudiantes.

El Decano Recasens (tenía 68 años), tras hablar telefónicamente con el Ministro de Gobernación, logró que la Guardia Civil se retirara para permitir que los estudiantes se retirasen una vez que depusieran su actitud alborotadora, como así hicieron, sobre las 14 horas, abandonando la Facultad por la puerta del Hospital. La nota oficial admitía que junto a los estudiantes salían personas que por su aspecto no pertenecían al elemento escolar. A las cuatro de la tarde la guardia civil se había retirado completamente, quedando el orden público a cargo de la Guardia de Seguridad

No faltaron voces entre la ciudadanía que señalara que había existido un vergonzante armisticio impuesto por el Ministro de Gobernación para que tranquilamente se fueran a comer los parapetados en San Carlos entre los cuales se encontraría seguramente el autor del disparo que causó la muerte al guardia civil Hermógenes Domínguez y sorprendía que nadie exigiera responsabilidades. Muchas personas de orden no podían entender que después del tiroteo habido con resultado de varios heridos y dos muertos (el guardia civil y el trabajador en una fábrica de lejías -Ramón Sempere-), se ordenase la retirada de la fuerza para que saliesen libremente hacia sus casas, a la hora de comer, los culpables de los sucesos, sin que se hiciera algo para averiguar siquiera quien fue el autor del disparo que acabara con la vida del guardia civil y del joven Ramón Sampere.

Otros se preguntaban si, de acuerdo con el Fuero Universitario, sólo compete a las autoridades académicas el orden en la Facultad, ¿Por qué el Decano no solicitó ayuda al sentirse incapaz de mantener el orden? ¿Por qué la mayoría de los catedráticos que se encontraban en San Carlos se sumaron a la protesta de Sebastián Recasens contra la fuerza pública?, ¿Acaso no conocían que entre los alborotadores existían personas ajenas al estamento estudiantil?, ¿Que significaba que ondeara en San Carlos un trapo rojo como bandera?, ¿Como puede aceptarse como universitario que en la Facultad existieran personas con armas de fuego?

Existían razones para sospechar que los sucesos de San Carlos no constituían un hecho aislado, sino parte de una estrategia previamente programada, pues si no, ¿ que explicación tendría que ese mismo día en la calle de La Farmacia (donde se encontraba la Facultad de Farmacia), sobre las diez de la mañana, numerosos estudiantes empezaran también a manifestarse dando gritos subversivos, cantando "La Marsellesa" e izando en el balcón principal, una bandera roja? Lo mismo cabe señalar para la Facultad de Veterinaria, donde también se izó bandera roja en la fachada principal y donde los estudiantes se dirigieron a la inmediata Fábrica de Tabacos para solicitar la cooperación de "las cigarreras" y marchar juntos hacia la Facultad de San Carlos, objetivo que fue impedido por la Fuerza Pública.

La Universidad fue cerrada por tiempo indefinido.

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La versión oficiosa de lo acontecido, por parte de la opinión pública (contagiada del éxtasis republicano), era que las fuerzas de seguridad de la Monarquía, habían reprimido con dureza y crueldad, "las inocentes algarabías estudiantiles"9. La propaganda antimonárquica, había logrado que amplios sectores de la sociedad, vieran en la República el remedio de todos los males de España, máxime cuando estaba apoyada por prestigiosas figuras y, en lo que a la medicina concierne, por Gregorio Marañón, por citar tan solo al médico de mayor popularidad. Resulta difícil comprender como Marañón no acertara a realizar el "diagnostico etiológico" de la tensa situación política y social que vivía la sociedad (el único apoyo popular a la causa republicana, lo aportaban las masas socialistas, anarquistas y unos cuantos republicanos, todos ellos sabiamente dirigidos por la masonería; el comunismo, aparentemente ausente, ya había iniciado su estrategia).

Es probable que en la movilización estudiantil no solo interviniera la FUE, sino que también lo hicieran las otras dos organizaciones estudiantiles medianamente organizadas: "La Asociación de Estudiantes Tradicionalistas" y el incipiente SEU (Sindicato Español Universitario) íntimamente ligado a Falange (partido que sería fundado en el Teatro de la Comedia, en octubre de 1933, por José Antonio Primo de Rivera). Y también otras fuerzas políticas pues si no resultaría difícil comprender la presencia en San Carlos de personas ajenas al ámbito universitario que gustasen de ondear una bandera roja (todavía sin hoz ni martillo) y cantar la Marsellesa.

Lo cierto es que ante estos sucesos, el claustro de la Facultad de San Carlos (en el que se encontraban entre otros catedráticos, Teófilo Hernando, José Sánchez-Covisa, Manuel Márquez, Carlos Jiménez Díaz, León Cardenal, García del Real, Sebastian Recasens, Francisco Tello, Várela Radío y Juan Negrín) parecía opinar mayoritariamente, siguiendo a su Decano, que la culpa de lo sucedido la tenía la torpe actuación de las Fuerzas de Seguridad.

Pero el día 26 de marzo, tan solo un día después de los disparos de San Carlos, el Prof. Enrique Suñer, catedrático de Pediatría, publica en El Debate, un artículo titulado "La Puericultura de la Revolución", donde protesta contra los procedimientos de los revolucionarios españoles que no respetan un hospital lleno de enfermos ni una clínica de niños, contra quienes poseyendo autoridad académica, alientan directa o indirectamente la conducta infame; protesta contra la pobre estrategia militar que lanza tiros a ciegas y a mansalva sobre un edificio lleno de enfermos, de salas de operaciones, de instrumentos y objetos de valor, sin tomarse la pena de ocuparlo y desalojarlo so pretexto de un fuero universitario "que no existe". Protesta finalmente como profesor, como médico y como ciudadano, ante los mismos estudiantes, futuros médicos del mañana, que al provocar una revuelta tan grave como la pasada, no han sentido una piadosa congoja al recordar que hay niños en San Carlos que pueden caer mortalmente heridos por un balazo.

Este articulo que analizado minuciosamente, está lleno de razón, fue sin embargo protestado por la mayoría del claustro, aunque también tuvo, en días sucesivos, numerosas adhesiones, entre las que figuraban personalidades como Vila Barbera (catedrático de Patología General de Valencia), José Maria del Corral (Auxiliar de Juan Negrín), Luis Bermejo y Vida (ex-Rector de la Universidad Central), Pedro Muñoz Seca, General Milans del Bosch, Antonio Simonena (catedrático de Patología Médica de San Carlos), Carlos Maria Cortezo (Presidente del Consejo de Estado), Juan Bosch Marín, Laureano Olivares (Catedrático de Patología Quirúrgica de San Carlos), Florestan Aguilar, Prof. Palanca (Director General de Sanidad), Julio Palacios (catedrático de Física), Prof. Vital Aza y Díaz, Vallejo Nágera, Nicolás S. de Otto (catedrático de Derecho de Valladolid 10. etc. etc.

También alzó su voz el Prof. Auxiliar de la Cátedra de E. de Salamanca, Manuel Bermejillo, quien denunció que "había existido una unión entre estudiantes y obreros y que se dedicaron a una actividad tan fuera de las prácticas clínicas como la de llevar armas de fuego para andar por los hospitales"

Hemos señalado con anterioridad, que en estos sucesos el Prof. Salamanca, se vio gravemente implicado al dar su versión de los hechos (que el tiempo probaría, que era la que correspondía a la verdad de lo acontecido) en una entrevista (parece ser que requerida) con el periódico El Debate11, publicada el sábado 28 de marzo de 1931, la cual señalaba que él fue testigo de lo sucedido pues se encontraba dentro de la Facultad.

Salamanca refiere, cómo desde el interior de la Facultad, los "estudiantes", disparaban desde las ventanas contra las fuerzas de orden público, quienes solo contestaban a la agresión que se les hacía. Añadía E. de Salamanca, que en la Facultad se encontraban unos 500 estudiantes pero existía otro tanto de personas que no lo eran.

Cuando el Decano Sebastian Recasens convocó a los estudiantes en el Gran Anfiteatro, se pudieron ver algunos jóvenes con camisa azul, prueba de que no era solo la FUE, la que participaba en los disturbios.

D. Fernando E. de Salamanca, considerado en el claustro -junto a Enrique Suñer - como "retrógrados de derechas", señalaba además que el 90% de sus alumnos deseaban entrar a clase, impidiéndoselo una minoría manipulada, cuyo único objetivo era crear alborotos para alterar el orden social y acabar con la monarquía.

Estas declaraciones contracorriente, promovió una violenta actitud en su contra (también contra Enrique Suñer) como lo demuestra varias editoriales en el periódico trisemanal "Crisol" y la carta publicada en dicho periódico, el martes 7 de abril de 1931, firmada por un compañero de la Facultad (el Prof. Auxiliar numerario, Manuel Bastos Ansart)

Para un observador imparcial, el análisis de esta carta solo demuestra que el Prof. Bastos Ansart (figura ilustre de la traumatología y ortopedia española) dejando a un lado su valía profesional, no reflexionaba las cosas que hacía o que no era tan inteligente como buen profesional, pues a nadie se le ocurriría escribir públicamente una carta en la que se manifiesta claramente una falta de información de lo que sucedía a su alrededor (salvo que cínicamente mintiera, circunstancia que nos cuesta trabajo aceptar).

Bastos Ansart, en carta fechada el 28 de Marzo de 1931, se dirige en tono despectivo al Prof. E. de Salamanca, tergiversando claramente su declaración en El Debate (puesto que nunca afirmó que se disparara desde el quirófano donde se encontraba Bastos), y solicitando que rectifique su declaración puesto que "él no vio en San Carlos personas armadas y tampoco que nadie disparara desde el interior de la Facultad" 12. Bastos termina su carta, advirtiendo a Enríquez de Salamanca, que no le considera digno de ser su amigo y compañero y que por tanto "no piensa volver a saludarle".

Esta carta -según publicaba Crisol- provocó la intención de hacerle a Bastos un homenaje por su valiente postura durante los alborotos estudiantiles que "mereció el apoyo no solo de los elementos universitarios sino de otros sectores de la vida nacional, siendo numerosas las cartas de adhesión recibidas". Cabe deducir de esta información que el Prof. Bastos se había identificado con la actuación del colectivo estudiantil (entre el que se encontraban panaderos, jornaleros, etc.) que en el Gran Anfiteatro de San Carlos deseaban la revolución, que izaran "un trapo rojo" en la azotea de la Facultad y que cantaran la Marsellesa en la Facultad de Farmacia, hechos actualmente todos probados.

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El 28 de marzo, el Decano Recasens, dirige una carta al Ministro de Instrucción Pública en la que presenta su dimisión fundada en que siente disminuida su autoridad moral sobre los estudiantes y en los sucesos del día 25, de los que culpa a la fuerza pública (de alguna forma desautorizaba también al Prof. Salamanca en sus declaraciones a la prensa.

El día 31 de marzo (al día siguiente de que tomara posesión el nuevo Rector Pió Zabala y Lera13) se convocó Junta de Facultad para pedir explicaciones a los profesores Suñer, Salamanca y Bermejillo por su conducta en los sucesos del día 25 y sus declaraciones posteriores.

La campaña contra Suñer y Salamanca se acentúa el 11 de abril de 1931, fecha en la que se publica un escrito dirigido al Colegio de Médicos, firmado entre otros por Sanchís Banús, José Gay Prieto, Gregorio Marañón, A. Rodríguez Olleros, Julio Bejarano, José Torreblanco, Rafael Resa, José Sánchez-Covisa, Rafael Fraile, Manuel Hombría, E. Bonilla de la Vega, Tomás Alday, Joaquín D'Harcourt, Sanchís Perpiñá y Julio Outeriño14.

En dicho escrito se afirmaba entre otras cosas (copio literalmente): "Numerosos testimonios coincidentes, absolutamente auténticos e indiscutiblemente veraces, comprueban sin lugar a dudas, que en ningún momento se hostilizó a la fuerza pública desde el Hospital Clínico..." "...que los servidores del orden barrieran con fuego de fúsil las salas, los pasillos, los quirófanos y todos los lugares donde un grupo numeroso de compañeros dignísimos cumplía en aquel momento su deber con riesgo de su vida"."Que ve con profundo disgusto la actitud de los doctores Suñer y Salamanca en este asunto, actitud que considera extraña a los mandatos del deber profesional" 15.

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La campaña contra Suñer y Salamanca prosigue a través de varios artículos publicados en Crisol los días 7, 9 y 11 de abril en los que se afirman cosas tan peregrinas como: "la mayoría de los estudiantes forma parte de la FUE y los que no están adheridos son tan insignificantes que no representan opinión apreciable", "esperamos que la propuesta del señor Suñer merecerá la más enérgica repulsa de los profesores que forman el Claustro de la Facultad", "el conflicto de San Carlos surge por oponerse las autoridades gubernativas a una pretensión tan razonable y humana como la manifestación pro amnistía" (¡de los implicados en un golpe militar revolucionario!), "el hablar de indisciplina a los estudiantes, además de inadecuado, es injusto, pues nunca como ahora los estudiantes, enrolados en sus organizaciones, actúan con una disciplina y una unanimidad admirable"

Para Luis Jiménez de Asúa (el que sería Padre de la Constitución republicana, el que defendía el amor libre), "la civilísima conducta estudiantil alcanzó su acmé de perfección al fundar la Universidad Libre"; así lo afirma en un demagógico artículo publicado en el Crisol del sábado 11 de abril (las elecciones municipales se celebrarían al día siguiente)16, en el cual arenga los estudiantes diciéndoles que "en San Carlos han derribado la fiera entelequia de la Guardia Civil pero que espera que no se detengan ante el último mito que en España queda, y que se llama Monarquía"

Existiendo el rumor de que Salamanca acudiría a un acto de protesta por los incidentes habidos en San Carlos, a celebrar en un Teatro de Madrid, el entonces Director General de Sanidad D. José A. Palanca, fue encargado por el débil Gobierno del Almirante Aznar, a que persuadiera al referido catedrático para que no acudiera, a los efectos de evitar alteraciones del orden y sobre todo porque tenían confidencias de que se proyectaba un atentado contra su persona. El acto no llegó a celebrarse.

Estaba claro que los incidentes acontecidos en la Facultad, eran consecuencia de toda una campaña alborotadora, y que Salamanca tenía razón al afirmar que los "estudiantes", con comillas, fueron los que atacaron a la fuerza pública y provocaron la reacción -tal vez desmedida- de las Fuerzas de Seguridad y Guardia Civil

El 10 de abril de 1931, un grupo de las llamadas "derechas, ofrece un banquete-homenaje a los Profesores Salamanca y Suñer, por su actitud valiente durante los sucesos de San Carlos .El banquete se celebraría en el Hotel Nacional, no sin que antes el Director General de Sanidad, lograra convencer al Ministro de Gobernación (quien intentaba prohibirlo), de que accediera a su celebración dado que era un lugar cerrado y que con poner una discreta protección para Salamanca, bastaría.

Dos días después del homenaje a Salamanca y a Enrique Suñer, el 12 de Abril, tendrían lugar las primeras Elecciones Municipales desde el Directorio Militar de Primo de Rivera, elecciones en las que como es sabido no se respetó el principio democrático de un hombre igual a un voto, puesto que pese a ser mayor el no de votos monárquicos que el de republicanos, basándose en la mayoría de votos en las grandes ciudades, dos días después, el 14 de abril, se proclamaría la 2a República, no esperándose siquiera al escrutinio definitivo que de acuerdo a la Ley debía tener lugar el día 16 y mucho menos a las Elecciones Generales17. Los intelectuales tras el "Delenda est Monarchia" de Ortega y el manifiesto "Al servicio de la República" de Marañón, Ortega Gasset y Pérez de Ayala, habían influido demasiado en las juventudes universitarias, mientras que las simpatías populares estaban con el comité revolucionario, nacido del Pacto de San Sebastián y encarcelado en la Cárcel Modelo, precisamente por tener programado dar un golpe de Estado el 15 de diciembre de 1930.

D. Carlos Jiménez Díaz, Catedrático de Patología Médica (Cátedra II), de San Carlos, celebraría la proclamación de la República -según refiere su sobrino Jiménez Casado- abriendo una botella de "champán francés" en compañía de sus hermanos y respectivas esposas .

Los miembros del Comité Revolucionario, los de la Cárcel Modelo, muchos de ellos masones, forman un Gobierno provisional repartiéndose entre ellos los distintos cargos, tal como habían previsto en diciembre de 1930, correspondiéndole el Ministerio de Instrucción Pública a Marcelino Domingo, quien debió dar las ordenes oportunas, a través del Rector de Madrid (D. José Giral y Pereira), para que los profesores Enríquez de Salamanca y Enrique Suñer, fueran sancionados con la separación temporal de su cargo y función (apartado de sus Cátedras hasta el comienzo del curso siguiente (1931/32)) ¡Todo por haber dicho la verdad!.Todo porque en este ambiente político y social, Salamanca tuvo la valentía de decir la verdad, mientras otros muchos llamados intelectuales, pertenecientes a la "gauche du caviar", callaban cobardemente.

La Junta de profesores de la Facultad de Medicina de San Carlos, presidida por su Decano Sebastián Recasens, y sin especificar si hubo votos particulares, el 15 de abril (al día siguiente de proclamarse la República) expresó su acatamiento a los poderes constituidos y su adhesión "decidida y fervorosa", al Gobierno republicano de la Nación, no olvidando que "la inquietud política de la Nación mantuvo a los estudiantes durante estos últimos años, en un estado de aparente indisciplina...". De alguna forma el Decano deja entrever que las algaradas estudiantiles estaban perfectamente calculadas y con un único objetivo, la proclamación de la República.

Es probable que esta injusta sanción y el comportamiento de la mayoría de sus compañeros claustrales influyera en la forma de actuar de estos profesores al finalizar la Guerra Civil y participar ambos de forma importante en el Tribunal Depurador de Responsabilidades Políticas, que juzgaría al profesorado de San Carlos.

No excluimos que también provocara en ellos cierto ánimo de venganza (pese a su convicción profundamente católica), las atrocidades cometidas durante el día 11 de mayo de 1931 (que se narran más adelante) y ante las cuales pocas protestas hubo por parte del profesorado de San Carlos con la excepción -justo es decirlo- de Gregorio Marañón quien junto a Ortega y Gasset en un tibio -pero inteligente- artículo publicado en Crisol el día 14 de mayo, advertía sobre la innecesaria acción de las turbas incendiarias.

En la primera Junta General Extraordinaria que tras la República celebrase el Colegio de Médicos de Madrid (que por la afluencia masiva de asistentes tuvo que continuarse en el Teatro de la Princesa) se votó (de forma secreta) la reprobación de la conducta de Suñer y Salamanca durante las algaradas "estudiantiles".El resultado fue -según Albarracín Teulón- de 273 votos a favor y 215 en contra. Debe recordarse que la Junta se celebró por la solicitud de centenares de médicos entre los que figuraba Gregorio Marañón.

Al Prof. E. de Salamanca, le sería abierto también un expediente administrativo por negarse a retirar de la entrada de la Sala 33 del Hospital Provincial una imagen de una virgen de considerable tamaño que un paciente católico le había regalado y que a D. Femando no se le ocurrió otra cosa que colocarla en dicho lugar, olvidándose de que corrían tiempos anticlericales en los que se habían suprimido los crucifijos de los lugares públicos.

 


8 La F. U. E., llegó a ser presidida a nivel nacional, por el joven Arturo Fernández Cruz, quien llegaría con el tiempo y durante el régimen de Franco, a ser catedrático de Patología General.

9 Entre el colectivo estudiantil existían "veteranos" que habían ya protestado en varias ocasiones contra la Dictadura y los Gobiernos que la sucedieron y que habían mantenido frecuentes y cruentas luchas con otros estudiantes de distintas ideologías e incluso con la policía.

10…quien agregaba: "es verdaderamente un bochorno lo que pasa en nuestras universidades, convertidas (por indisciplina de los estudiantes y la soberanía y ambición de algunos catedráticos) en clubs revolucionarios…"

11 El director de El Debate (diario católico), era Ángel Herrera Oria, creador de la Asociación Nacional de Propagandistas de la Fe Católica, quien sería después sacerdote, obispo, cardenal y fundador del partido político "Acción Nacional", constituido por monárquicos y demócratas-cristianos, y que en 1932, cambiaría la denominación por la de "Acción Popular", el cual se integraría en la CEDA (Confederación Española de Derechas Autónomas) de Gil Robles.

12 Queda fuera de toda duda que desde la azotea de la Facultad se disparó a la Guardia Civil, existiendo documentación gráfica que lo acredita al igual de que fue izada una bandera roja.

13 Breve seria su mandato pues fue sustituido al proclamarse la República por José Giral Pereira. Tras la guerra civil seria el primer Rector del franquismo.

14 Salvo Sanchis Banús que falleció en 1932, el resto se exiliaría durante la guerra civil o sufriría depuración política con sanción de inhabilitación (salvo G. Marañón).Todos figuraban entre los nominados como "izquierdistas" por numerosos claustrales de San Carlos. Alguno de ellos pertenecía al Partido Comunista. Varios de ellos se integraron en la España franquista.

15 Sorprende el cinismo y demagogia de los firmantes, pues nadie discute hoy día, que los alborotadores (entre los que se encontraban personas ajenas al ámbito universitario) lanzaron piedras, interrumpieron el trafico en la calle Atocha, lanzaron desde la azotea artefactos explosivos, colocaron una bandera roja en la azotea de San Carlos y que un guardia civil resultó muerto por herida de fuego. ¿A qué jugaban Gregorio Marañón y José Gay Prieto, por citar tan solo a algunos de los firmantes que posteriormente asumirían con agrado el régimen autoritario del General Franco?

16Ese mismo día y en el mismo periódico, Marañón, Pérez de Ayala y Ortega y Gasset, firmaban un manifiesto de la Agrupación al Servicio de la República donde se criticaba duramente a la Monarquía y se pedía el voto para la candidatura de conjunción republicano-socialista.

17 Como nos recuerda Borrás, los señores Largo Caballero, Fernando de los Ríos y Alcalá Zamora, tenían previsto establecer la República en Octubre del 31, tras las elecciones generales previstas.


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