LIBROS

 

 

EXILIO Y DEPURACIÓN

(en la Facultad de Medicina de San Carlos)

CAPÍTULO 10

 

Otros profesores sorprendidos en el extranjero

(D. Manuel Díaz Rubio, D. Pedro Ara Sarria…)

 

 Fernando Pérez Peña

Profesor Titular de Patología y Clínica Médica de la Facultad de Medicina de Madrid

 

 

El Prof. Díaz Rubio durante la guerra civil

 

Manuel Díaz Rubio (1908-1976) pertenecía a la primera promoción de Jiménez Díaz en Madrid siendo uno de sus mejores discípulos ( si no el mejor), y también de los primeros en lograr una cátedra junto a Morán, Gironés, Monterde y Cruz Auñón.

 

Nacido en Madrid el 23 de febrero de 1908 en la calle Jacometrezo, en el tramo que desaparecería al construirse la Gran Vía (actualmente solo queda el tramo comprendido entre las Plazas de Callao y Santo Domingo), por lo que sus padres (Eduardo y Rosa), cambian de domicilio y se instalan en la calle Mayor nº 35 lugar en el que tenían un comercio de sombreros ("Sombrerería Hijos de Rubio).

 

Estudia el Bachillerato en Los Escolapios y medicina en San Carlos donde es alumno interno con el Prof. Jiménez Díaz desde 1926.

 

Premio Extraordinario en la Licenciatura, obtiene el Grado de Doctor en junio de 1932 defendiendo la Tesis: "Significación Clínica de la Lactacidemia", obteniendo la calificación de sobresaliente. Este mismo año obtiene una plaza de Médico Interno, lo cual le permite seguir integrado en la Cátedra de Jiménez Díaz.

 

Pronto debió sentir la vocación docente, pues en 1933, a los 25 años, firma las oposiciones (aunque no llega a presentarse) para la Cátedra de Patología General de Cádiz (que obtendría Carmena) y en 1934 para la Cátedra de Madrid que lograra José Casas.

 

En 1935 es pensionado por la Real Academia Nacional de Medicina ("Fundación Conde de Cartagena") para ampliar estudios en Viena y Munich.

 

En Enero de 1936, siendo como hemos dicho, médico Interno de la Cátedra de Jiménez Díaz, se presenta a la Cátedra de Patología y Clínica Médica de la Facultad de Medicina de Cádiz, la cual logra el 6 de febrero de ese año, tras una reñida oposición que precisó tres votaciones. Con 28 años, Díaz Rubio pasaba de ser Médico Interno a Catedrá­tico, sin haber desempeñado los cargos intermedios de Ayudante y Prof. Auxiliar.

 

Obtenida la Cátedra, toma posesión el día 22 de febrero incorporándose a su destino en Cádiz. Pero tal vez por lo avanzado del curso debió decidir el claustro que lo más oportuno era otorgarle una bolsa de viaje (del Patronato Universitario de Sevilla) para ampliar estudios en Viena, hasta que comenzara el nuevo curso. De esta forma marcha Díaz Rubio hacia Alemania en compañía de su esposa, quien se encontraba embarazada de tres meses, por lo que al poco de estar allí y encontrarse ésta molesta, decide regresar a Madrid para dejar a su mujer junto a sus padres y acto seguido volver a Alemania. Así lo hace, sorprendiéndole el 18 de julio de 1936 (fecha del "Alzamiento Nacional") en la ciudad de Viena1».

 

Según referiría el propio Díaz Rubio en 1939, se presentó en aquella ciudad al Ministro Plenipotenciario en Viena (Sr. García Comín) y al Canciller Sr. Pecker Cardona a quienes les señaló "su adhesión al Movimiento Militar Nacional, salvador de la civilización de España".

 

A primeros de Agosto, regresa a España (no haciéndolo antes porque pensaba a juzgar por la prensa, que era cuestión de poco tiempo el que Franco venciera en su Alzamiento (por esas fechas el Gobierno republicano pensaba lo contrario), y lo hace a zona roja (Madrid) porque allí estaban sus padres de avanzada edad, y su esposa en "estado avanzadísimo de gestación" -señala Díaz Rubio al referirse a tres o cuatro faltas- y con una enfermedad de corazón ("lesión mitro-aórtica con signos de descompensación y por lo tanto en peligro de aborto" -matiza Díaz Rubio-)2.

 

En Viena se había encontrado a Luis Estella (Prof. Auxiliar de San Carlos) y señora, al Dr. Barbudo, a Eduardo Guija Morales (catedrático de Medicina Legal de Cádiz) y al Dr. Ros de Barcelona, y a todos ellos había manifestado antes de regresar a España, sus deseos de que venciera el General Franco.

 

En Madrid permanece oculto hasta el 10 de octubre, fecha en la que es requerido por Jiménez Díaz, quien le hace saber su propósito de pasarse a la España Nacional (le mentía puesto que se iría al extranjero) y la necesidad para ello de que él (Díaz Rubio) se sacrificara y se hiciera cargo de la Dirección Facultativa del Hospital Popular de Chamartín de la Rosa (Hospital del Pueblo) que se había establecido en el Convento de las Redentoras. "Era yo - declararía Díaz Rubio - persona obligadísima para el Dr. Jiménez Díaz y en su deseo de que pudiera figurar en los cuadros de la intelectualidad de la España Nacional, sin viva resistencia y tras presionarme, acepté y fui a hacerme cargo de la Dirección de aquel hospital"

 

En el "Hospital del Pueblo", recibe Díaz Rubio en el mes de enero de 1937 una visita que resultaría trascendental en su futuro. Se presentan allí Santiago Rodríguez-Piñero y Jiménez3 y el Dr. Jesús Niño (ambos perseguidísimos por el Frente Popular) solicitando les ocultara mientras intentaban refugiarse en una Embajada y pasarse a zona nacional. Díaz Rubio lo hizo y como veremos más tarde tuvo su recompensa.

 

Permanece allí hasta el primero de junio de 1937 en que con motivo de los cursillos programados por el Gobierno republicano se traslada al Hospital de San Carlos (por esta época era ya, más hospital civil que militar) desempeñando la función de Jefe de Clínicas en las salas 14 y 15, hasta el 1º de Octubre de 1939, fecha en la que se abre de nuevo la Facultad, y momento en el que se presentaría al nuevo Director del Hospital y al Decano de la Facultad.

 

Durante esta época (1937/39), adquirió en dicho hospital, gran experiencia sobre el estudio de la Pelagra, llegando a asistir a 672 enfermos de los cuales 187, estuvieron hospitalizados4. Precisamente con este material de trabajo, realizó su Tesis Doctoral el Dr. Romasanta e hizo algunas aportaciones Arteta.

 

Pero no hay que olvidar que Díaz Rubio era Catedrático de Cádiz y siendo esta ciudad muy pronto ocupada por Franco, D. Manuel había sido cesado por "abandono de destino" el día 25 de febrero de 1937, como consecuencia de haber informado el Decano de aquella Facultad a la Comisión de Cultura de Burgos (presidida por José María Pemán y como vicepresidente el Prof. Enrique Súñer, Catedrático de Pediatría de San Carlos), que Díaz Rubio se había ausentado en Junio del 36, no volviendo por la Facultad. Se le da de baja en el escalafón de catedráticos, se incoa expediente y en octubre del 37 se dictamina desde Burgos su separación definitiva.

 

La "depuración" de Díaz Rubio

 

El 3 de mayo de 1939, fue detenido junto a José Casas Sánchez, obligados ambos a prestar declaración ante un Tribunal Militar, siendo acusados como ha quedado señalado de "adhesión a la República" (entre otras cosas por regresar del extranjero a zona roja y trabajar en el Hospital de Chamartin). El Juez, Capitán Auditor Sr. Aranguren, dictó la providencia de "libertad atenuada en su propio domicilio". En esta sentencia influyó siguiendo fuentes fidedignas el aval del Sr. Rodríguez Piñero a quien ya nos hemos referido.

 

Con fecha 17 de agosto de 1939, el Consejo de Guerra Permanente nº 12 del ejército de ocupación dicta sobreseimiento de la causa seguida. Pero quedaba todavía hacer frente a las acusaciones del Tribunal Depurador en virtud de la Ley de Responsabilidades Políticas y como consecuencia de no haberse incorporado desde el extranjero a zona nacional en el plazo establecido.

 

Al contrario de lo que le sucediera al Prof. Casas, su depuración fue mucho más rápida y con mayor fortuna. Se encargó de ello la Comisión Depuradora de la Universi­dad de Sevilla, presidida por Antonio de Gregorio Rocasolano, siendo el Juez Instructor Arturo Caballero quien con fecha 9 de octubre de 1939 revisa el expediente incoado y analiza el pliego de descargo presentado por Díaz Rubio quien se reconoce apolítico y profundamente católico y declara no haber pertenecido a ningún partido o sindicato con la excepción de un breve periodo (agosto y septiembre) en 1934 en que se afilió al sindicato médico de UGT para poder optar a una plaza de médico de la mutualidad obrera.

 

Al igual que hicieran otros profesores depurados (José Casas, León Cardenal, etc.) argumenta a su favor el "ser ferviente defensor y entusiasta de la causa del Caudillo Franco", ocultar en el hospital a camisas viejas de la Falange, firmar falsos certificados de inutilidad, proteger a sacerdotes y monjas, colaborar con la Falange clandestina, incluso no acudir a su quinta cuando en 1º de marzo de 1938 fue movilizada, siendo declarado "prófugo" manteniéndose en esta situación merced a sus conexiones con elementos dere­chistas del CRIM (Centro Reclutamiento Instrucción Militar)

 

Refiere Díaz Rubio que durante su estancia en San Carlos y amparándose en la autonomía universitaria - la cual concedía al Jefe de Clínicas, la facultad de nombrar, él mismo, su personal colaborador - introdujo en su servicio a 15 médicos, personal desmesu­rado para las 105 camas (50 de mujeres y 55 de hombres) de las salas 14 y 15 y la consulta de policlínicas. Además de los médicos figuraban como internos los doctores Baldomero Sánchez Cuenca, J. López Brenes, F. Bemáldez, Leopoldo de Lara, L. Lorente, A. Romero Alcázar, M. Sánchez Bordona, J. de Miguel, Dra. M. Bescos, L. Diez Villanueva, Emiliano Roda, Paniagua, E. Murias, J. Lazcano y A. Marugán.

 

Junto a su testimonio presenta Díaz Rubio multitud de certificados (con firmas autentificadas, la mayoría de ellas, por Rodríguez Piñero) en los que se acredita haber trabajado como médico de la Legión, estar en conexión con la Falange e incluso realizar dentro del Hospital de Chamartin "una amplia labor de sabotaje y traición contra el Gobierno rojo".

 

No cabe duda que esta estereotipada "apasionada adhesión y colaboración con el Movimiento Nacional" como se verá mostrada por numerosos profesores depurados (José Casas, León Cardenal, Agustín del Cañizo, Tello, etc.), resulta de escasa credibilidad por no ser realizada con plena libertad y sí ante grandes dosis de temor. Sin embargo, en el caso concreto de Díaz Rubio, existe un hecho que demuestra sin duda su convicción católica: el bautizar en su domicilio a su primogénita el 10 de enero de 1937 (lo hizo el sacerdote D. Jesús Martínez Ochoa), lo cual traduce al mismo tiempo, gran dosis de valentía en un ambiente tan antirreligioso, donde el simple hecho de decir ¡Adiós!, podía traer a uno serias consecuencias.

 

Una vez finalizado el expediente, el Juez Instructor D. Arturo Caballero estima como cierta la Declaración de Díaz Rubio considerando estar probado que estaba en conexión con las organizaciones clandestinas de Falange, así como otros hechos que constituyen por si solos prueba patente de la afección del inculpado al Glorioso Movimiento, por lo que el 18 de enero de 1940, propone que sea repuesto en su cargo sin sanción alguna. Un día después, el Ministerio de Educación, resuelve que Díaz Rubio se reintegre a su función activa en la Facultad de Cádiz, sin imposición de sanción. No obstante perdería un trienio, dado el tiempo transcurrido desde que obtuviera la Cátedra. En la Facultad de Cádiz permanece hasta 1950, fecha en la que por concurso de traslado pasa a la de Sevilla y desde esta a Madrid en 1961.

 

 

Pedro Ara Sarria

 

Numerosos testimonios de médicos, políticos o historiadores, con más ignorancia que probablemente mala fe, responsabilizan al General Franco de que la Facultad de San Carlos se viera privada de tan excelente figura de la Anatomía. Así lo creímos durante tiempo, pues pronto conocimos su nombre relacionado casi siempre con famosos embalsa­mamientos (Evita Perón, Lenin, Manuel de Falla5). Cuando en 1970 leímos en Archivos de la Facultad de Madrid, la versión de su exilio relatada por el propio Ara, pensábamos que lo hizo porque estaba harto de que le pusieran mil y una zancadillas para impedir su ascenso académico y que por eso -siguiendo sus propias palabras- "se exilia voluntaria y providen­cialmente" dirigiendo su destino hacia Argentina, donde ya había trabajado una década atrás.

 

Un estudio más detenido de su trayectoria académica y socio-política y a la vista de la documentación existente en la actualidad, permite deducir que su exilio aun siendo voluntario no está libre de polémica y pone en duda la versión del propio profesor de Anatomía, descubriendo en él ciertas ambigüedades y contradicciones, entre sus magníficos escritos, en pro de la docencia universitaria y su real dedicación a la Universidad española. Incluso permite pensar que el Gobierno de Franco, más que perjudicarle, pecó de excesiva benevolencia y tolerancia, sobre todo si se compara con la actitud adoptada con otros ilustres claustrales de la Facultad que no dudaron, en su momento, de ser coherentes con su afinidad ideológica (de uno u otro color).

 

Pedro Ara nace en Zaragoza el 29 de junio de 1891, donde estudia medicina, docto­rándose en Madrid en octubre de 1919, obteniendo la calificación de sobresaliente.

 

Decidido a ser anatómico busca la protección de Leonardo de la Peña, con quien trabajaría como Ayudante hasta que el 15 de febrero de 1926, logra por oposición la Cátedra de Valencia, votado por mayoría, en un tribunal presidido por su mentor, Prof. de la Peña.

 

Pero el 1 de julio de 1925, antes de obtener la Cátedra, Pedro Ara había firmado un contrato con la Universidad de Córdoba (Argentina) comprometiéndose a poner en marcha el departamento anatómico de la Facultad de Medicina de aquella ciudad. El contrato -por tres años- contemplaba dedicación exclusiva con un sueldo mensual de 1500 pesos más 500 para el viaje, y debía finalizar el 1 de junio de 1928. Pedro Ara, con 34 años y soltero, debió preferir la oferta económica que le brindaba Argentina, antes que ejercer de catedrá­tico en la Universidad Valenciana, y en consecuencia marcha hacia la prometedora Argen­tina. Para ello le sería concedida el 1º de marzo de 1926, licencia por tres años para encargarse de la enseñanza de la Anatomía en la Universidad de Córdoba. Mucho poder o muchos amigos debía tener Pedro Ara para lograr tal licencia sin apenas haberse incorpora­do a la Cátedra de Valencia. Realiza así su "primer exilio" , claramente voluntario, nada menos que recién obtenida una Cátedra universitaria.

 

El 25 de mayo de 1927, Pedro Ara desde Argentina, solicita (vaya el lector contando las veces que el Prof. Ara "solicita") que se le pague el sueldo de Catedrático de la Universidad de Valencia, fundamentando la petición en antecedentes análogos con el Prof. Julio Rey Pastor, solicitud que es desestimada.

 

Terminado el periodo de su contrato y probablemente "enamorado "de alguna argentina y de Argentina, solicita excedencia voluntaria de su cargo (apenas ejercido) en la Universidad de Valencia, respondiéndosele que "de conformidad con la propuesta formulada por la JAE, se le autoriza -copio literalmente- para seguir ausente de su cargo con el carácter de pensionado, durante el periodo de tres años a contar desde el 1º de marzo de 1929, para que durante dicho periodo de tiempo, continúe encargado en la Facultad de Córdoba (Argentina) de la enseñanza de la Anatomía; bien entendido que aquella condición de pensionado le da derecho al disfrute de su sueldo personal de catedrático, pero no a dietas ni gastos de viaje" . El informe de la JAE, lo firma Ramón Menéndez Pidal.

 

Nos parece respetable que Pedro Ara sea muy libre de aceptar el contrato de Argenti­na y dejar vacante la cátedra de Valencia, pero también nos parece excesiva benevolencia, que encima se le permita disfrutar del sueldo personal de catedrático de la Facultad de Valencia (donde apenas pisó un solo día), durante tres años más. Ello obliga a preguntarse: ¿con qué moral la JAE realiza tal propuesta?, ¿Quien o quienes protegían a Pedro Ara?.

 

Pedro Ara parece que olvidaba que su -para nosotros excelente - memoria de Cátedra se iniciaba recordando la sentencia que Waldeyer escribiera en 1884 y que rezaba así: "Nunca se insistirá bastante en que nosotros, profesores de medicina, hemos sido llamados y somos sostenidos por el Estado (español en este caso) para formar médicos prácticos". Olvidaba también, lo que en su memoria defendía cuando apuntaba: "Tampoco sirve de mucho la erudición, la información bibliográfica sobre enseñanza, si no se ha sometido a una paciente digestión, si no se ha vivido en el propio ambiente, para el que muy a menudo no sirven las ideas expuestas por los profesores de otros países" .

 

Encontrándose aún en excedencia voluntaria, oposita en 1933 a la Cátedra de Anatomía de la Universidad de Sevilla (Cádiz), la cual obtiene el 13 de mayo de 1933 y sin apenas dedicar unas lecciones a la universidad gaditana, decide presentarse poco después a la Cátedra de Madrid, la cual logra por unanimidad el 26 de marzo de 1934, en una oposición que habían firmado entre otros Modesto Martínez Piñeiro, Orts Llorca, Dehesa Bailo y Daniel Mezquita Moreno, aunque finalmente, de los citados solo se presentaría este último, que por cierto quedó un tanto en ridículo pues el tribunal (presidido por Tello y entre cuyos vocales se encontraba Alcalá Santaella y Salvador Gil Vernet), le alegó en su contra que, tras llevar veinte años de catedrático, apenas tenía trabajos de investigación.

 

Debe subrayarse que hasta esta fecha, el Prof. Ara por mucha buena función que hubiera desarrollado en Argentina, poco tiempo había dedicado a la universidad española.

 

En la Facultad de San Carlos, más de lo mismo, pues a los pocos meses y en virtud de haberse creado, el 29 de enero de 1935 (a petición de la Junta de Facultad), un nuevo cargo, el de Vicedecano de la Facultad, Pedro Ara es designado para ocuparlo, a pesar de ser el catedrático más moderno, integrándose en el Decanato del Prof. Márquez, cuyo secretario era Juan Negrín y Vicesecretario Pérez Cirera. ¡Brillante y rápida trayectoria la del Prof. Pedro Ara, a pesar de no haber explicado más de media docena de clases en España!.

 

Los alumnos del curso 1935/36, tuvieron suerte en poder recibir enseñanza del catedrático de Anatomía, aunque no demasiadas lecciones, pues el día 1 de junio de 1936 solicita -siendo aún Vicedecano- permiso para ausentarse de España durante cuatro meses "con objeto de visitar diversos Institutos anatómicos con fines científicos y pedagógicos y para trabajar en un tema científico de su especialidad (no concreta el tema) en el Instituto de Basilea y Friburgo (Alemania); sugiere además que podría representar a la Facultad de Medicina, en un Congreso de Anatomía a celebrar en Milán, en septiembre de ese año", permiso que por supuesto le es concedido a pesar de no haberse realizado todavía las pruebas finales de ese curso. Resulta curioso que aunque la fecha de la solicitud es el 1 de junio de 1936, Pedro Ara inicia el viaje hacia el extranjero el día 31 de Mayo de ese año, según su propia narración. Y además lo hace en compañía de su esposa (Ana Ma Hermida García, de nacionalidad argentina), "criada" (así llama a la doncella), y de sus dos hijitas. Antes de salir para el extranjero, extrajo del Banco 20.000 pts (con el consentimiento del Ministro de Hacienda) a pesar de la prohibición que existía de retirar fondos.

 

Mucho atrevimiento tuvo Ara en salir al extranjero ese año con toda su familia (incluido servicio doméstico) en lugar de quedarse en su domicilio de Madrid en el Paseo de Rosales, no muy lejos de donde el decano Márquez tenia un Palacete, pues la gente rumoreaba que la situación política no andaba nada bien desde que se estableciera el Gobierno del Frente Popular. Incluso se decía que se estaba planeando un golpe de Estado, revolucionario, para implantar en España el comunismo de Stalin. Aunque los rumores fueran solo eso, rumores, lo cierto es que al menos en Madrid habían sucedido graves hechos como lo eran la quema de conventos al igual que sucediera en 1931.

 

Pero haciendo caso omiso a la situación, Pedro Ara y su familia se dirige a Friburgo (Alemania) para "trabajar sobre embriología" en el Instituto Anatómico de dicha ciudad. Y mira por donde, allí le sorprende el levantamiento militar, no del Frente Popular, sino del General Franco.

 

Rápidamente, Ara se presenta en el Consulado español de Stuttgart y se ofrece -según refiere el propio Ara- "a ir a España a combatir el comunismo". De esta forma el 27 de julio deja en Alemania a su esposa e hijas y se entrevista en París con alta personalidad diplomática, quien le recomienda "prudencia en su regreso" a la "España nacional" por el riesgo que podrían correr sus padres y hermana, que residían en Madrid, pues se conocían casos de graves represalias contra familiares de personas que se habían integrado al bando nacional.

 

Ese mismo día se dirige a Behovia y realiza gestiones para lograr la liberación de sus familiares (que creía estaban en San Sebastián).

 

No siendo fácil solucionar el problema de sus familiares, permanece realizando gestiones durante el mes de agosto, probablemente residiendo en Bayona.

 

El 1 de septiembre regresa a Alemania donde tuvo que permanecer -seguimos su propia narración- cierto tiempo "por enfermedad de su esposa y de las dos niñas". No obstante este mes, establece en Ginebra relación con la Cruz Roja para intentar evacuar su familia lo cual no logra a pesar de haber depositado 650 francos suizos en una entidad bancaria del país helvético.

 

Sigue Ara sus gestiones y en septiembre, establece relaciones en Ginebra con un diplomático al servicio de Franco, que tampoco logra la liberación de su familia.

 

El 23 de septiembre, el Decano Márquez escribe a Pedro Ara, probablemente comu­nicándole las ordenes decretadas por las que serían declarados cesantes los profesores que no se incorporasen a la Facultad o que no hubieran declarado su adhesión al Gobierno del Frente Popular. Ara responde con carta fechada en "Freiburg in Br." el día 1 de octubre de 1936, cuyos párrafos más significativos transcribimos literalmente por el interés de su contenido:

 

Mi respetable Señor Decano y querido amigo:

"... Estoy decidido a regresar a Madrid y lo haré lo antes posible, pero ya se puede Vd. imaginar que no me ha de ser fácil teniendo que remolcar mujer, criada y dos criaturas (una de pecho), a los cuatro meses de haber salido de casa y sin haber cobrado un céntimo de la pensión. Si lo de la pensión hubiese resultado verdad, hubiera cobrado unas dos mil quinientas pesetas oro. Usted me dirá de donde saco yo el dinero para emprender con la troupe y el equipaje un viaje, ya en sí larguísimo, que se presenta actualmente tan lleno de posibles imprevistos, para los que no somos personajes, pues ya he aumentado mis deudas de un modo colosal con la perspectiva de ver los ingresos reducidos a cero. Usted sabe que yo no soy como los demás catedráticos de la Facultad a quienes el título de profesor ayuda a aumentar sus ganancias particulares por ser la cátedra caja de resonancia de sus méritos. La Anatomía pura no da nada, y Vd. sabe que a mí el ser catedrático y académico no me produce mas que gastos, cuya compensación he tenido que buscar empeñándome para toda la vida. Muchísimos son pensionados por el Estado para aprender cosas de las que después sacan dinero; yo me he entrampado para aprender aquí un poco mejor la Embriología que no da un céntimo: debo ser idiota.

 

Usted sabe que a mí el sueldo apenas me alcanza para el casero y para pagar intereses y amortizaciones y que aún tengo que ayudar a mis padres; si por no estar en Madrid, como yo quisiera, me van a quitar también mi modesta paga, hagan lo que les parezca justo. Yo doy explicaciones como manda la Gaceta, pero no pido nada: cúmplase la voluntad de quien puede imponer la suya.

 

Dice Vd. que en Madrid ven muy mal que los que están se vayan y los que se van no vuelvan; tienen mucha razón para quejarse, si es verdad lo que dicen de que hay una multitud de zascandiles que van de aquí para allá con aire salvador, aunque en realidad no hagan mas que huir de la quema defendiendo la República en los cafés del extranjero y organizando heroicamente la defensa de su piel y la de sus estómagos. Precisamente el día que bajé a Ginebra para hablar con Álvarez del Vayo, ví en la estación un grupo de catalanes que por lo que les oí, debían ser sindicalistas o algo así de Barcelona. Se expresaban furiosamente contra los de fuera y, entre otras cosas, decía uno a voz en grito que para qué tanta comisión por toda Europa y tanto intelectual en Francia si la prensa francesa está cada vez peor para el Frente Popular español..

 

... Como dije antes, hace tiempo que estoy decidido a regresar a Madrid y lo haré en cuanto la economía y la salud de las criaturas me lo permita, si las demás circunstancias hacen posible el viaje”.

 

Firmado y rubricado, Pedro Ara.

 

Recordamos que la carta está escrita el 1 de octubre de 1936, cuando todavía "los moros" no asomaban sus chilabas por Carabanchel, el III Tabor de Regulares de Tetuán no había atravesado el Manzanares, La Pasionaria no arengaba con el ¡No pasarán!, y las columnas de Asensio, Delgado y Barren, no habían ocupado el Hospital Clínico de la Ciudad Universitaria. No cabe duda que a Pedro Ara no le agradaba demasiado ni la situación existente en Madrid, ni el comportamiento de los intelectuales y políticos republi­canos pese a ser amigo y haber colaborado con muchos de ellos.

 

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En el mes de noviembre de 1936, creyendo inminente la liberación de Madrid, se traslada con su familia a San Juan de Luz, donde solicita el salvoconducto para reintegrarse al territorio español, el cual logra con fecha 10 de noviembre de 1936, siéndole otorgado por la Comandancia Militar de Pamplona.

 

Ya en España, reside en San Sebastián donde debió permanecer al menos hasta el 7 de enero de 1937 pues por esta época ayudó a obtener salvoconducto al Prof. Auxiliar de Patología General de San Carlos, Pescador del Hoyo. Después se asienta en Zaragoza (en el Gran Hotel) y desde este lugar mediante un escrito, el 24 de febrero de 1937 solicita al Rector de la Universidad de Zaragoza su adscripción temporal a su Universidad. Le recuerda en el referido escrito, que "el Decano Márquez le hizo saber que la liberación de sus familiares no sería difícil si se presentara en Valencia a prestar servicios a favor de la República (¡Caray con el Decano Márquez!).

 

El 2 de octubre de 1937, la Comisión de Cultura del Gobierno de Franco, rechaza la adscripción solicitada mientras la Comisión Depuradora no ultime el oportuno expediente y eleve a la superioridad la propuesta que estime.

 

Pasa el tiempo sin contestación a la demanda de Ara, por lo que el 1 de marzo de 1938, escribe al Ministro de Educación Pedro Sáinz Rodríguez6 (lo era desde el 30 de enero, con motivo de formarse el primer gobierno de Franco) y este decide personalmente el 16 de marzo de 1938, agregarle a la Universidad de Salamanca hasta que Madrid sea liberado, y por si fuera poco, que reingrese así mismo en la Real Academia de Medicina, lo cual dio mucho que hablar entre alguno de los que fueron sus compañeros claustrales antes de 1936 y que llegaron a ocupar la Vicepresidencia de la referida Comisión de Cultura y Presidencia del Tribunal Nacional de Responsabilidades Políticas (Enrique Súñer, catedrá­tico de Pediatría)

 

El 1º de septiembre de 1938, estando adscrito a la Universidad de Salamanca "solicita" a su Rector, permiso para asistir al 6º Congreso Nacional de Medicina en Córdoba (Argentina) al que "había sido invitado". Y siendo tan grande su prestigio en aquel país -¡todavía no había embalsamado a Evita Perón!- donde hiciera Cátedra enseñando Anatomía, se le concede de inmediato, y una vez más -aunque el tiempo no estaba para enseñar precisamente anatomía- la Universidad Salmantina se priva de su docencia.

 

Con permiso oficial llega a Argentina el 19 de septiembre de 1938, como invitado especial extranjero subvencionado por el referido VI Congreso Argentino de Medicina.

 

El 6º Congreso debió ser "muy interesante" pues la estancia de Pedro Ara, se prolonga hasta el punto de solicitar prórroga de su estancia en Argentina, licencia que es atendida y en consecuencia, el jefe del servicio Nacional de Universidades, acuerda con fecha 9 de marzo de 1939 (seis meses después de salir de España y veinte días antes de finalizar la guerra) y "en atención a las circunstancias que concurren y conocida la labor que está desarrollando en la República Argentina (pensábamos que a Pedro Ara, solo le guiaba la sensibilidad científica al salir de España -estando en plena guerra- cuando puso interés en acudir al susodicho 6º Congreso de Argentina), prorrogar por tres meses a partir de la fecha (es decir hasta el 9 de junio de 1939), el permiso concedido para permanecer en la Argentina. (El 6º Congreso nos imaginamos que ya habría terminado).

 

Tras esta nueva licencia, cabe pensar que Ara, dado el claro desenlace de la contienda civil, tendría definitivamente programado el regreso de Argentina para incorporarse a su Cátedra de San Carlos a comienzos del curso 39/40 y por fin poder explicar tranquilamente junto a su compañero Jiménez Díaz, aunque el Decano ya no fuera Márquez (lo era E. de Salamanca) ni el Secretario Negrín (lo era Valentín Matilla)

 

Pero por si fuera poca tanta licencia, Pedro Ara en escrito firmado por él en Buenos Aires con fecha 14 de julio de 1939, (un mes después de terminar su licencia en Argentina) tiene a nuestro juicio el atrevimiento de solicitar directamente (no a través del Rector de su Universidad) al Ministro de Educación Nacional (Conde de Rodezno puesto que Sáinz Rodríguez había sido cesado y confinado en Canarias), que se le conceda un año de permiso en el desempeño de la cátedra de Madrid por encontrarse "atendiendo el restablecimiento de su salud seriamente perturbada desde varios meses antes", lo cual intenta probar apor­tando un certificado médico que merece la pena que nos detengamos en él. Finaliza su escrito (que encabeza titulándose catedrático y Delegado Regional de Cultura y Recreo de Falange Española Tradicionalista y de las JONS en la Rep. de Argentina) fechado en Buenos Aires, con un ¡Arriba España. Dado que se encontraba en Buenos Aires (Avda. Alvear nº 3195), despedirse de tal forma denota una evidente adhesión al Movimiento Nacional, pues encontrándose allí, nadie le obligaba a hacerlo de no sentirlo realmente, pues nada debía temer.

 

Sorprende el certificado médico que presenta Pedro Ara, pues aun siendo anatómico debiera haber observado que el texto resulta un tanto heterodoxo y ofrece poca credibilidad, al menos para quien conozca medianamente la Patología Médica; dice así:

 

"Enrique Finochietto, profesor de la Facultad de Medicina de Buenos Aires, Miem­bro de la Academia Nacional de Medicina, Certifico: Que el Dr. Pedro Ara fue operado por mí de "lipoma del muslo" y posteriormente fue operado por el Dr. Ricardo Finochietto (¿su hijo?) de una localización submamaria de una infección estafilocócica de carácter general, que unida a una retención glucémica anormal, le obliga a seguir en tratamiento durante varios meses, lo que nos consta por intervenir personalmente en ello".

 

Y para que conste a petición del interesado, firmo la presente certificación en Buenos Aires a 14 de Julio de 1939".

 

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La Dirección General de Enseñanza Superior y Media, consulta con el Decano Prof. E. de Salamanca, y éste, con fecha 17 de Octubre de 1939, contesta estimando que para darse la enseñanza de la Anatomía de un modo eficiente, es conveniente que las dos cátedras estén desempeñadas por catedráticos7 y respecto a si procede concederle el permiso que solicita, Enríquez de Salamanca dice no poder emitir juicio mientras no sea sometido a depuración política al igual que el resto de profesores.

 

La Dirección General "acuerda el 25 de diciembre de 1939 (considerando las espe­ciales circunstancias en las que se encuentra), concederle (en lugar de un año) una licencia extraordinaria que terminará el día 15 de febrero de 1940, debiendo incorporarse a su Cátedra para comenzar el segundo curso intensivo"

 

Daba la sensación de que Pedro Ara no deseaba volver a España o intentaba "a alguien torear", pues con fecha 17 de enero de 1940, solicita nueva prórroga para su incorporación (hasta el día primero de octubre de 1940), argumentando ahora, no enferme­dad propia, sino penuria económica que le imposibilita costear el viaje a España de su esposa, sus cuatro hijas y la sirviente española. Por otra parte -añade Ara - "sería una grave imprudencia el movilizar ahora a la familia, pues excepto las dos niñas menores, toda ella incluso la servidumbre, fue víctima en diciembre de la epidemia de gripe en formas graves y acaba de irse a reponer a la Sierra de Córdoba, siendo de notar que mi hija menor nació hace mes y medio en plena enfermedad de la madre, lo que hace aumentar la preocupa­ción".

 

Mucha protección debía tener Pedro Ara, puesto que pese a este nuevo pretexto para incorporarse a su Cátedra, por Orden del 9 de marzo de 1940, el Ministro de Educación Ibáñez Martín le concede tres meses de licencia por asuntos propios y sin sueldo que comenzaran a contarse desde el día 16 de febrero de 1940. Es decir, debía incorporarse a Madrid en mayo de ese año. Parecía que el nuevo Ministro se mostraba más duro ante las pretensiones de Pedro Ara.

 

Pero el catedrático de anatomía había movido más piezas, una de ellas era Juan Pablo de Lojendio, el representante de Franco en Argentina, quien propuso en diciembre de 1939 nombrarle Agregado Cultural de la Embajada española en Buenos Aires. Por O. M del 12 de marzo de 1940, el Ministro de Asuntos Exteriores (Juan Beigbeder Atienza) ratifica la propuesta de Lojendio.

 

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Llegado el 15 de mayo de 1940, fecha en la que debería incorporarse a la Facultad, Pedro Ara no se presenta a servir su cargo, por lo que el Ministerio de Educación lo cesa con fecha 7 de mayo de 1941 por abandono de destino. Considera además que no aparece como depurado, y que el Ministerio del Ejército ha resuelto procesarle apoyándose en el artículo 421 del Código de Justicia Militar.

 

Sin embargo, la orden de cese firmada ya por el Jefe del Negociado, no se tramita y alguien (¿el propio Ministro?) anota en sus márgenes, con lápiz, "Esperar, O. 21-V-941".

 

El 22 de marzo de 1941, La Auditoría del Ejército de Ocupación (juzgado militar nº 13) había iniciado diligencias de procesamiento acusando a Pedro Ara de los siguientes cargos:

 

Como consecuencia de estas imputaciones, consideraba la Auditoría que debía ser procesado lo cual comunica al Ministerio de Educación el cual dispone, con fecha 1 de julio de 1942, la suspensión de empleo y sueldo hasta la resolución del procedimiento a que se encuentra sometido por la autoridad militar9

 

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Recuérdese que el 7 de mayo de 1941, había sido declarado cesado por abandono de destino y que la orden quedó por "orden superior, en espera de ser firmada". Pues bien el 26 de enero de 1944, la Dirección General de Enseñanza Superior, insta al Rector para que comunique a Ara, la urgente necesidad de que se ponga al frente de su Cátedra y si no lo hubiera verificado, se comunique al Ministerio para incoación del oportuno expediente por abandono de destino.

 

Transcurre el tiempo y sigue Ara alejado de su Cátedra y el Prof. Auxiliar numerario Julio Toledo Manzano cumpliendo la función que no le correspondía, pero que la desempe­ñaba con gran eficacia.

 

El 12 de mayo de 1945, el Embajador en Buenos Aires (Conde de Bulnes), escribe al Ministro de Educación José Ibáñez Martín adjuntándole carta del Prof. Ara y solicitándo­le resuelva cuanto antes el "asunto Ara", sugiriéndole que sea rehabilitado pues "en Argentina produciría desagradable impresión el saber que un hombre que goza de gran prestigio en los medios intelectuales de aquel país y que es Agregado Cultural de la Embajada, había estado procesado en España (desconocían que el caso había sido sobre­seído) y privado de hacer efectivos sus emolumentos". También hace alusión a que el Ministro de Asuntos Exteriores, Sr. Lequerica, también está interesado en que se resuelva el caso satisfactoriamente.

 

Pedro Ara en su carta, le recuerda al Sr. Ministro de Educación sus peripecias durante su estancia en Alemania, su salida de España en 1938, que fue nombrado Agregado Cultural en la Embajada y que Jiménez Díaz le hablaría de su problema, y termina solicitando "como mínima reparación, el pago de sus sueldos atrasados como catedrático de Madrid".

 

El contenido de esta carta obliga de inmediato a preguntarse, ¿Por qué no regresó a España para ocupar su Cátedra?, ¿Quien se lo impedía?, ¿Acaso temía sentirse perseguido por su ambigua ideología?.

 

El Conde de Bulnes, Lequerica, Jiménez Díaz, Martín Artajo, el Marqués de Auñón entre otros, fuerzan al Ministro Ibáñez Martín a establecer cierto orden en esta clara incoordinación entre los Ministerios del Ejercito, Educación y Asuntos Exteriores; y lo hace comprobando que la causa militar está sobreseída desde el 9 de Enero de 1943, que Ara no está sancionado pues su expediente de abandono de destino no está resuelto sino con una nota de "Esperar, orden del Sr. Ministro.21-V-1941" (Ibáñez Martín había sido nombrado Ministro el 19 de mayo, dos días antes), que debe autorizarse al Prof. Ara, para continuar en Argentina ya que permanece allí sin autorización del Ministerio de Educación (lo que motivó la orden de cese por abandono de destino, que no llegó a firmarse) y finalmente, haciéndose eco de que Pedro Ara reclama también los haberes no percibidos,

 

El Ministro Ibáñez Martín, dispone de su puño y letra -así figura en un documento sin fecha que hemos podido analizar-: "Rehabilitar al Sr. Ara con efectos retroactivos. Traer la orden oportuna".

 

Consecuencia de lo anterior es la O. M del 30 de agosto de 1945 por la que se le autoriza para que durante el próximo curso 45/46 continúe en su cargo de Agrega­do Cultural en la Embajada de España en Buenos Aires, con la única percepción del sueldo de catedrático (Como veremos mas tarde, hubiera sido más lógico instar a Ara para que se reincorporara a su Cátedra o dijera claramente cuales eran sus intencio­nes futuras).

 

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Pero Ara también tenía pendiente la resolución del expediente de depuración, inicia­do el 27 de enero de 1940, por el Tribunal Regional de R. P., como consecuencia de la denuncia enviada por Enrique Súñer (28/X/39) basada en el oficio recibido del Juez de depuración del personal docente de la Universidad de Madrid (E. de Salamanca), adjuntán­dole la carta que, en octubre del 36, Pedro Ara dirigiera al Decano Márquez a la que ya hemos hecho referencia.

 

El 19 de mayo de 1942, dicho tribunal le declara depurado sin sanción pero con pérdida de los haberes no recibidos, pero el Fiscal interpone recurso de alzada por entender que "el absuelto Dr. Ara, está incurso en la responsabilidad política definida en el apartado "m" del artículo 4 de la Ley de 9 de febrero de 1939".

 

El resultado del recurso debió demorarse hasta el 14 de junio de 1946, tal vez por no saber que hacer con el "caso Ara". Con esta fecha, hemos encontrado un documento que literalmente dice:

 

"Nota.- Recibidas instrucciones verbales del Excmo. Sr. Ministro respecto a la tramitación de los expedientes de depuración que pueden ser objeto de revisión, se conside­ra que el Dr. Ara debe ser depurado sin sanción alguna por su actuación como Agregado Cultural en la Embajada de España en Buenos Aires".

 

En consecuencia por O. del 16 de junio de ese año, se le declara depurado sin sanción alguna y se le reconocen como servicios prestados en activo los que desempe­ña como Agregado Cultural, para cuyo cargo fue nombrado el 12 de marzo de 1940 y además se le considera pensionado en el cargo de catedrático desde dicha fecha, a partir de la cual deberá percibir los haberes que por su situación escalafonal le hubiera correspondido.

 

El Sr. Ministro parece cerrar definitivamente el peculiar exilio de Pedro Ara. Sin embargo terminado el curso 45/46, Ara continúa en Argentina y no solo eso, sino que además solicita nueva prórroga para incorporarse a su cátedra, la cual es denegada el 18 de septiembre de 1947 (!por fin se le deniega algo¡).

 

El 7 de octubre de 1947, el Ministro de Educación harto ya de la ambigüedad del profesor de anatomía, comunica al Decano de la Facultad que debe avisar a Pedro Ara a fin de que se reintegre a su Cátedra urgentemente para desempeñarla en el curso 47/48 (dándole 45 días para tomar posesión) o que solicite la excedencia.

 

El Prof. E. de Salamanca, como Decano, le escribe el 21 de octubre y le dice:

"Como Vd. sabe, la Superioridad con un criterio de extremada benevolencia, ha autorizado hasta el presente su voluntario alejamiento de la labor docente que debiera desempeñar en esta Facultad. Esta anómala situación no podía prolongarse indefinidamen­te, porque afecta de modo sensible a la enseñanza; sin duda por entenderlo así, nuestras autoridades me han ordenado que indique a Vd. la necesidad de que se reintegre a la Cátedra o en caso contrario solicite la excedencia"

 

Definitivamente, estaba claro que Pedro Ara nunca quiso reintegrarse a su cátedra, pues mueve de nuevo pieza y el Embajador en Buenos Aires José Félix de Lequerica, considerándole "insustituible por ayudarle considerablemente", logra que por Orden del 20 de diciembre de 1948 sea declarado excedente forzoso con reserva de cátedra.

 

El 4 de noviembre de 1949 el Ministerio (tal vez sonrojado) dispone el cese de la excedencia forzosa y que continuando en el extranjero, pasa a la situación de excedente voluntario. Tardaría todavía un año en ser declarado excedente voluntario por un plazo máximo de diez años (17/X/50), aunque en febrero de 1961 se encontraba todavía en situación de excedente voluntario.

 

Durante este periodo de excedencia voluntaria, Pedro Ara adquiere máxima popula­ridad en la República Argentina, con ocasión de fallecer Eva Duarte de Perón, la joven esposa del Presidente de la República, J. Domingo Perón.

 

Aún con vida "Evita" (afecta de cáncer de útero con múltiples metástasis), pero en situación comatosa, el Presidente Perón llama a Pedro Ara para que se encargue de la conserva­ción de su cadáver. Al fallecer Eva Duarte, a las 20,25 horas del día 28 de julio de 1952, Pedro Ara se compromete, mediante contrato -se estimaba en 100000 dólares la inversión a realizar-a embalsamar su cadáver y conservar personalmente sus restos de forma permanente, lo cual haría al menos hasta 195510. Las vicisitudes por las que tuvo que atravesar Pedro Ara con motivo de la conservación del cadáver de "Evita", se describen ampliamente en "El caso de Eva Perón" escrito por el propio Ara y editado por sus herederos (CVS. Ediciones. Madrid. -1974).

 

En estas circunstancias y con un contrato firmado, se comprende que Pedro Ara agotara su excedencia voluntaria en el país argentino. El 30 de junio de 1961, sería declarado jubilado por haber cumplido la edad reglamentaria.

 

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Así fue realmente el exilio voluntario de Pedro Ara, rodeado de connotaciones políticas, pero no político en sentido estricto. Pero, ¿cuales fueron las razones por las que Pedro Ara adoptó un comportamiento un tanto ambiguo que de alguna forma pone en duda su vocación docente? ¿Por qué sus repetidas solicitudes de prórroga para incorporarse al claustro más prestigioso de España?; ¿Que temores guardaba?.

 

Y decimos que se pone en duda su vocación docente porque desde que obtuviera cátedra universitaria, en 1926, hasta el día de su jubilación, en 1961, (¡35 años!), apenas pueden contabilizársele como catedrático, un par de cursos (1934/35 y 35/36) de docencia efectiva en España, dedicándose el resto del tiempo a menesteres ajenos a la esencia universitaria (salvado sea el contrato -bien pagado - con la Universidad de Córdoba-Argentina).

 

Conocidos ya sus pasos durante su exilio, no resulta convincente la justificación que de su salida de España, expusiera el propio Ara en la Facultad de Medicina de Madrid, con motivo del homenaje que se le hiciera, patrocinado por el Prof. Lorenzo Velásquez, en 1970: "En Mayo de 1936 -señala Ara-, entre tiros y puñaladas, impartí mis últimas clases, pasando la contienda civil en zona nacional y cuando la guerra estaba virtualmente termina­da, acepté una invitación en Argentina y posteriormente un puesto en la Embajada de España en Buenos Aires".

 

Silencia Ara, su salida hacia Alemania (en Junio del 36), su viaje a Argentina en 1938 y los motivos que le indujeron a permanecer definitivamente en aquel país. No volvió a España, pese a la presión de Martín Artajo y del Marqués de Auñón, porque -según el propio Ara- "temía situaciones desagradables para él y su familia, al carecer de "partidos o clientes" que le guardaran las espaldas por acusarle tal vez de no quedarse en España" 11 (¿se refería a las condiciones del regreso a España de Jiménez Díaz y Gregorio Marañón?).

 

Aceptamos toda clase de temores y el velar por la seguridad familiar, pero lo que no comprendemos es que ante tal situación no solicitase la excedencia voluntaria, y mucho menos que reclamase haberes como catedrático de San Carlos.

 

Su función como Agregado Cultural durante más de quince años, bien puede inter­pretarse como una utilización de su persona -con su Vº Bº, por supuesto- como propaganda en Argentina, del Régimen de Franco. Pues Ara gozaba de extraordinario prestigio como anatómico y sobre todo como embalsamador aplicando procedimientos aprendidos en su estancia en el extranjero. Prestigio que se hizo popular con ocasión de embalsamar a "Evita" (Eva Duarte de Perón, la esposa del presidente de Argentina) prematuramente fallecida a los 32 años (de un tumor ginecológico), logrando una gran perfección con su método de parafinización, transformándola decían, en una "bella durmiente". También embalsamaría a Manuel de Falla y probablemente participó en la conservación del cadáver de Vladimir Ilich Uliánov ("Lenin") cuando su cadáver conservado se descomponía años después de su muerte (Pedro Ara en sus escritos publicados en 1974, desmentiría tal versión)

 

Nadie discutirá que Ara nos demuestra ser un maestro en estrategias para permanecer el máximo tiempo posible fuera de la "España en guerra y post-guerra -y también de su Universidad-. No nos creemos que el Gobierno fuera tan inocente como para aceptar algunas de ellas, claramente ficticias. Todo parece indicar que Pedro Ara debió contar con la ayuda de personalidades o grupos con poder en el Régimen de Franco (¿Pedro Sáinz Rodríguez? ¿Félix de Lequerica?, ¿Conde de Blunes? ¿Ibáñez Martín? ¿Jiménez Díaz? ¿otros grupos?). No se puede comprender si no, su relativo placentero exilio, la ausencia de sanción por abandono de servicio, la adscripción a Salamanca sin haber sido previamente depurado y existiendo un procesamiento por el Juzgado Militar, y su benévola depuración si se compara con la sanción que recibieron algunos de sus compañeros de claustro (Várela Radío, José Casas, entre otros).

 

Pedro Ara visitaría la España franquista en varias ocasiones. Interesado en sus artículos por la enseñanza universitaria y la selección del profesorado, afirmaba en Madrid, en 1970: "De aquellas apasionadas y a ratos violentas e insolentes líneas -que habrían de traerme la malquerencia de muchos de los que podían ser jueces en mis futuras oposiciones o muñidores de ellas- no quitaría hoy, ni una palabra; pues por más que nos pese, este "hoy", parece que fue ayer en tal aspecto de la cuestión".

 

Debe reconocerse que Pedro Ara, advertía hace ya más de sesenta años que "para que una universidad sea universidad, no basta con que se llame universidad, y para que esta cumpla sus funciones y sea una realidad no es todo cuestión de dinero, es preciso querer, saber y poder y además huir de la improvisación, la incompetencia, la inexperiencia y la malversación".

 

No cabe duda que con esta filosofía, su regreso a España hubiera resultado positivo para la Facultad de San Carlos y para toda la Universidad, aunque hubiera olvidado el axioma de Waldeyer que encabezara su memoria de cátedra en 1926 y que repitamos una vez más recordaba que "los profesores de medicina son sostenidos por el Estado para formar médicos prácticos".

 

Pedro Ara Sarria, falleció en Buenos Aires el 16 de noviembre de 1973.

 

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El 18 de julio de 1936, también sorprendió fuera de España, a algunos profesores no numerarios, que curiosamente ninguno dudó en regresar de inmediato a España y no precisamente a la zona donde residían habitualmente durante los últimos años, sino a zona nacional. Veamos algunos ejemplos:

 

 

Luis Martín Pescador del Hoyo

 

Natural de Guadalajara, estudia medicina en la Facultad de San Carlos donde permane­ce como Médico Interno (4/Enero/1932), primero con el profesor Azcárraga en funciones de Catedrático (por la enfermedad de Nóvoa Santos) y después con el Prof. Casas.

 

En 1935 es nombrado Ayudante Temporal del seminario de Genética, siendo compa­ñero de Nóvoa Gamallo (hijo de Nóvoa Santos), cargo que desempeña hasta que el 17 de febrero de 1936, es nombrado Prof. Auxiliar temporal de la Cátedra de D. José.

 

Cuando se inicia la guerra civil, se encontraba (desde el día 22 de febrero) en viaje de estudios (pensionado por el Estado) por Austria y Alemania, sorprendiéndole el 18 de julio, precisamente en este último país donde se encontraba junto a su esposa, la cual se encontra­ba en avanzado estado de gestación, por lo que pese a la grave situación permaneció en aquel país ya que la embarazada padecía además, una afección renal que hacía presumir un parto complicado.

 

El 28 de septiembre dio a luz, y en efecto tuvo complicaciones renales que le obligaron a prolongar su estancia fuera de España (al menos esta es la versión del propio Pescador del Hoyo).

 

Parece ser que estando en Alemania recibió órdenes para que se incorporase a su destino como Prof. Auxiliar, las cuales desobedeció decidiendo incorporarse a la zona nacional.

 

Dado que se prolongó su estancia en el extranjero, por exigencias económicas, tuvo necesidad de solicitar ayuda a la casa Siemens-Reiniger-Werke, la cual se la brindó sin condiciones.

 

El 5 de diciembre de 1936, regresa a España vía París (donde recibió ayuda económi­ca de Várela Radío y recomendaciones de Jiménez Díaz), llegando a San Sebastián el 7 de Enero de 1937 (gracias a la ayuda que Pedro Ara le ofreció en S. Juan de Luz, para obtener los salvoconductos que le permitieran entrar por Fuenterrabía) y a Salamanca el día 11, donde fue adscrito provisionalmente a la Universidad de esta ciudad. Poco después marcha hacia Burgos, poniéndose a las órdenes de la Junta Técnica del Estado, como Alférez Médico de Complemento, permaneciendo en el frente durante casi dos años (hasta la terminación de la contienda) por lo que sería recompensado al final de la campaña con "Medalla de Campaña, Cruz Roja al Mérito Militar con distintivo rojo y Cruz de la Orden del Mérito del Águila Alemana de 3ª clase con Espadas".

 

Ni que decir tiene, que el Juez Instructor propuso la readmisión en su cargo sin sanción, pese a que el SIPM había informado que "pertenecía a la ILE (relacionada con la masonería) y a la FUE y que su hermana Carmela era comunista". No se le olvidó a Pescador en su pliego de descargo, acusar como colaboradores del Frente Popular a Negrín, Teófilo Hernando, Sánchez-Covisa y a Pittaluga.

 

 

Segundo Puente Veloso

 

Ayudante de Clases Prácticas durante los cursos 29/30 y 30/31, fue nombrado el 24 de febrero de 1932, Prof. Auxiliar de la Cátedra de Patología General de Madrid (Prof. Nóvoa Santos y Prof. Azcárraga) y prorrogado por cuatro años en febrero de 1936, ya con el Prof. José Casas, el cual le autoriza el 12 de junio de ese año (con el visto bueno del Decano Márquez) para ausentarse de Madrid, durante los meses de junio, julio y agosto, con el objetivo de ampliar estudios con los profesores Edens y Knioping de Dusseldorf (Alemania). Y en esta ciudad, le sorprende el pronunciamiento militar del día 18 de julio, por lo que tan pronto como puede se traslada a Irún donde es detenido pero logra escapar y regresar a Francia, desde donde por vía marítima llega a Lisboa, y desde esta ciudad se dirige a España, entrando por Salamanca- zona nacional- el 28 de agosto (pese a tener su residencia habitual en la calle Núñez de Balboa nº13 de Madrid), fijando poco después su residencia en Zamora hasta la terminación de la guerra. En Zamora fue destinado como médico al Hospital Provincial.

 

El 2 de septiembre se presenta al Rector de Salamanca quien le incorpora a la Universidad como Prof. Auxiliar, aunque continua trabajando en el Hospital de Zamora. El 25 de septiembre decide afiliarse a Falange. Tal vez por esta ideología, cuando en 1939 presenta el pliego de descargo ante el Tribunal Depurador, señala como izquierdistas, además de los consabidos (Negrín, Méndez, Hernando, Pittaluga etc.), a Rof Carballo.

 

Fue rehabilitado sin sanción aunque cesaría el 11 de marzo de 1940 dada la tempora­lidad de su cargo.

 

Durante el curso 66/67, sería nombrado, "por necesidades de servicio"12, "Prof. Clínico de Prácticas" (no existía este cargo en la ordenación académica) de los alumnos de Patología Médica del Hospital Provincial (a la sazón el Rector Gutiérrez Ríos, no reconocía la docencia de los médicos del Hospital Clínico de San Carlos, el genuino hospital universitario).

 

 

Manuel García Pórtela

 

Prof. Ayudante de Clínicas (Cátedra Prof. D. Laureano Olivares) desde 1931, se encontraba en Alemania cuando comienza el alzamiento militar y pudiéndose haber queda­do en el extranjero "a verlas venir", regresa a España el 8 de octubre de 1936, presentándo­se al Comandante Militar de Verín (Orense), avalado por el Dr. Vara López, aunque no fueron aceptados sus servicios como cirujano, por no haber plaza libre. Se dirige entonces a la Comisión de Cultura y Enseñanza de Burgos y esta, a través del Coronel Jefe de Sanidad Militar de Salamanca, le destina al Hospital Militar de Griñón (Madrid).

 

Tras la guerra civil sería nombrado Prof. Auxiliar con el Prof. Olivares. En 1942 se convoca una Cátedra de Odontología, la cual firma pero no aparece en la lista provisional de admitidos, dado que le falta el certificado de depuración de responsabi­lidades políticas, por lo que lo solicita al Juez Depurador, quien, con fecha 23 de febrero de 1943, propone la rehabilitación en su cargo sin sanción.

 

 

Manuel Frade Fernández

 

Médico Interno en la Cátedra III de Patología y Clínica Médica (Prof. E. de Salaman­ca) desde el 27 de marzo de 1933. Cuando estalla el alzamiento militar se encuentra en Berlín en viaje de estudios. De inmediato se presenta al Sr. Agrámente, de la Embajada española en Berlín y poco después se incorpora a la primera expedición que se organiza para regresar a España, lo cual hace vía Hamburgo-Lisboa-Burgos, presentándose en septiembre de 1936 como voluntario a la 6a División, sirviendo como Teniente médico hasta el final de la guerra. Tenía 27 años.

 

Fue rehabilitado en su cargo sin sanción

 

 

Enrique Recarte Casanova

 

Tras permanecer durante dos años como alumno interno honorario de Patología Médica con el Prof. Simonena (Cátedra III) y tres como alumno interno por oposición de la Beneficencia General en el Hospital de la Princesa (Clínica Quirúrgica del Dr. Blanc), es nombrado en noviembre de 1932, Ayudante temporal de Patología Médica adscrito a la Cátedra del Prof. Agustín del Cañizo.

 

A principios del año 1936, comienza en la Cátedra de Cañizo, un trabajo (dirigido por el Prof. José Ma del Corral) acerca de la exploración funcional del páncreas, siendo pensionado por la JAE, con fecha 17 de junio de 1936 (durante tres meses), para realizar estudios sobre la fisiología normal del páncreas en Greifswald (Alemania) con el Dr. Katsch.

 

El curriculum de este profesor es un ejemplo de lo poco que exigía la JAE para ser considerado pensionado en el extranjero, pues solo tenía "tres comunicaciones a las sesio­nes Clínicas del Dr. Blanc, publicadas en el Siglo Médico". Y por si fuera poco - según el propio Recarte - en la Clínica del Dr. Katsch, comienza un trabajo en colaboración con el Dr. Baitzer (Jefe del Laboratorio), acerca de "las gastritis mucosa y serosa y su diagnostico diferencial", tema que nada tenía que ver con la justificación de obtener el carácter de pensionado por la JAE (fisiología normal del páncreas). Da la sensación que para la JAE, lo que importaba era publicar un trabajillo, aunque fuera de "numismática médica" (como solía decir el Prof. Domingo Espinos, refiriéndose a asignaturas poco trascendentales en el curriculum de medicina)

 

El 15 de junio de 1936, Recarte Casanova ya se encontraba en Alemania (¡dos días antes de que fuera concedida la pensión!), y allí le sorprende el alzamiento militar, decidien­do de forma inmediata regresar a la España nacional, inscribiéndose como voluntario -por no haber sido todavía llamada su quinta- como militante de primera línea en la "J. A. P." de Segovia, marchando al Frente de Ávila y participando en todas las operaciones que tuvieron lugar en ese frente, desde la toma de Robledo de Chavela hasta la de Peguerinos.

 

El 7 de noviembre de 1936, una vez estabilizado aquel frente y creyendo que podía ser más útil prestar servicio como médico, solicita ser asimilado a Oficial Médico siendo destinado como jefe de Clínica y Jefe del Laboratorio del Hospital Militar Seminario de Vitoria.

 

De febrero a noviembre de 1937, actúa como Jefe del Centro de Preparación de sangre Conservada no 7, pero Recarte debía sentir "ardor guerrero", pues solicita ser trasladado al Frente de Aragón, como Jefe del Centro no 10 de Preparación de Sangre.

 

En mayo de 1938 es nombrado Jefe de un equipo Móvil de Transfusión de sangre, marchando al Frente de Castellón hasta agosto del mismo año en que es trasladado al Frente del Ebro, donde permanece hasta el mes de diciembre, siendo entonces trasladado al Frente de Teruel (Sector de Barracas) y en Enero de 1939, es nombrado Jefe del centro no 21 de Preparación de Sangre, que él mismo había montado en Calatayud; finalmente, en Mayo de 1939 es trasladado al Equipo nº 25 de Madrid, en el que continuaba cuando realiza la obligada declaración jurada como paso previo a su depuración política y en la que, tras describir las peripecias sufridas, recuerda también que perteneció desde su fundación a "Acción Nacional" (Acción Popular)

 

Como resulta lógico deducir, tras haberse recorrido los frentes más importantes de la guerra civil, el Ayudante temporal de la Cátedra de Cañizo, fue rehabilitado en su cargo.

 

El 21 de noviembre de 1939, el Decano E. de Salamanca, propone a Enrique Recarte Casanova, como Auxiliar Temporal adscrito a la Cátedra de Fisiología (Prof. José María del Corral), ocupando la vacante producida por el exilio voluntario de Severo Ochoa.

 

 

Luis Mier Jadraque

 

Castilla del Pino, hablando de Jiménez Díaz, señala en su "pretérito Imperfecto" (Página 386) que "en Londres le ayudó Luis Mier, ese profesor de oftalmología excéntrico y solitario, que conocí en el café Gijón". "Luis Mier - continua Castilla del Pino-, se prestó a venderle (a Jiménez Díaz) en Londres alguna joya de la mujer para obtener algún dinero con el que vivir".

 

Luis Mier Jadraque era desde el uno de octubre de 1934, Ayudante de Clases Prácticas de la Cátedra de Oftalmología del Prof. Márquez. En septiembre de 1935, marcha a Inglaterra pensionado por la JAE, donde permanecería 10 meses. Allí le sorprendería el 18 de julio e inmediatamente abandona Inglaterra para trasladarse a la España Nacional, fijando su residencia en San Sebastián desde donde se trasladaría a Valladolid para prestar gratuitamente (¡No faltaría más!) sus servicios en la Clínica de Oftalmología del Hospital Militar.

 

El 19 de marzo de 1937, se incorpora al Hospital de San Francisco Javier en Oña (Burgos), creado por la Cruz Roja Nacional (cuyo Jefe de Servicios era Manuel Bermejillo) donde permanecería hasta julio de 1939.

 

Tras la guerra civil sería "Encargado temporal”, Jefe del servicio de Oftalmología, adscrito a la Cátedra del Prof. Buenaventura Carreras, cesando el 31 de octubre de 1940. Antes, el 14 de agosto de 1940, el Ministerio de Educación le habia rehabilitado en su cargo sin sanción alguna.

 

Por O. M. del 21 de mayo de 1949, seria nombrado Prof. Adjunto.

 

 

Luis Estella Bermúdez de Castro

 

Premio Extraordinario en la Facultad de Salamanca (donde había estudiado y sido Alumno Interno), desempeñó en ésta el cargo de Prof. Auxiliar siendo pensionado por la Facultad y por la JAE, para realizar estudios en el extranjero. En dos ocasiones superó la oposición a Cátedras de Patología Quirúrgica (Cádiz) y de Terapéutica Quirúrgica (Valen­cia) aunque no obtuvo plaza

 

Trasladado a Madrid, desempeña desde 1934, el cargo de Ayudante temporal adscri­to a la Cátedra de Terapéutica Quirúrgica de la que su hermano José Estella era catedrático.

 

En septiembre de 1936, sería declarado cesante (por el Gobierno republicano) por no haberse incorporado a la Facultad. El motivo fue que al iniciarse el alzamiento militar se encontraba junto a su señora en Viena donde, a principios de Agosto de 1936, coincidiría con M. Díaz Rubio quien se encontraba allí en viaje de estudios, aunque en ese momento se disponía a regresar a donde residía su familia, aunque esta fuera zona republi­cana (en ese momento era catedrático de Cádiz).

 

Desde Alemania se traslada a Salamanca (zona nacional) donde actúa primero como capitán Médico y Jefe del Equipo Quirúrgico en el Hospital Militar de dicha ciudad) y después y durante veinte meses en hospitales de vanguardia y ya finalizada la contienda en los hospitales "General Saliquet” y "Generalísimo Franco", durante siete meses.

 

Concluida la guerra y tras ser rehabilitado sin sanción alguna, fue nombrado provisional­mente Auxiliar Temporal de Terapéutica Quirúrgica, cargo que desempeñaría hasta el 20 de mayo de 1949, fecha en la que obtuvo la plaza por oposición, desempeñándola hasta mayo de 1957. Es de resaltar que desde Noviembre de 1949 y hasta mayo de 1953, sería el Encargado de la Cátedra de Patología Quirúrgica. Era época en la que estando vacantes varias cátedras, por razones variopintas algunas inconfesables, estaban cubiertas por distintos profesores auxiliares (Luis Estella, L. F. Pallardo, Julio Toledo, J. Manuel Ortiz Picón, Blas Aznar etc.)

 

 

Leopoldo Lara Roldan

 

Alumno Interno en la Clínica de Patología Médica del Prof. Jiménez Díaz durante los años 28, 29, 30 y 31, obtiene le Grado de Doctor en 1932, siendo nombrado Ayudante temporal durante los cursos 32/33 y 33/34 para después desempeñar -probablemente por consejo de Jiménez Díaz quien se erigía en escultor de sus colaboradores- el cargo de Ayudante de Radiología de la referida clínica (curso 34/35 y 35/36).

 

En el expediente personal de Leopoldo Lara, figuran dos hechos anecdóticos: Uno que con fecha 17 de abril de 1933, el Director de San Carlos, le sanciona con "dos guardias de castigo", por alguna falta que cometiera. Pero debió ser reincidente, pues el 29 de abril de 1935, es de nuevo sancionado "con 43 pts. de multa, equivalentes a ocho días de sueldo, por las faltas cometidas en el servicio"

 

Para completar su formación se desplaza durante los meses de Abril, Mayo, Junio y Julio de 1936, al Instituto de Radiología del Prof. Hollfelder en Franckfurt (Alemania). Y allí precisamente, el 16 o 17 de julio recibe desde España noticias un tanto contradictorias pero, en todo caso, alarmantes que le impulsan a dar por terminada su estancia y regresar a Madrid, lugar habitual de su residencia (C/Barquillo 10), para unirse a sus familiares. Las noticias que recibió debieron ser de buena fuente pues sin apenas dudarlo regresa a España el 17 de Julio de 1936 (Otros profesores no viendo o no queriendo ver, la misma alarma pensaron un poco más si regresar o no, y a qué lugar hacerlo).

 

Al día siguiente de su llegada a la capital, estalla el alzamiento y desorientado ante la situación permanece en su domicilio temeroso de que por figurar su nombre en el fichero de filiación del partido político Acción Popular, pudiera ser víctima de las iras del Frente Popular.

 

A los 15/20 días decide incorporarse al Hospital Militar nº 6 donde desempeña funciones de ayudante del servicio de radiología, hasta marzo de 1937, fecha en la que se incorpora como radiólogo al Hospital de San Carlos gracias a la ayuda que le presta el Prof. Díaz Rubio (Catedrático de Cádiz, encargado del Servicio de Medicina Interna del hospital)13.

 

Al ser llamada su quinta en noviembre de 1938, Díaz Rubio propuso la prórroga por dos años más, por lo que continuó prestando servicios en San Carlos.

 

Tras la guerra civil y ser depurado favorablemente por el Colegio de Médicos, el Juez Instructor del personal docente de la universidad madrileña le instruye expediente pese a su antigua pertenencia a Acción Popular. Llama la atención que Leopoldo Lara en su declara­ción jurada realizada en julio de 1939, señale como personas de ideología izquierdista a Jacinto Capella, Resa, Joaquín Alonso y a dos compañeros de su lugar de trabajo, a Francisco Vega Díaz y a Pedro de la Barreda y también a "un tal Eloy López de la Clínica del Dr, Jiménez -del cual dice- que es un elemento que debe vigilarse". Del Prof. Casas opina que a partir de mayo de 1938 se mantuvo adicto a la causa Nacional y que algo similar hizo el Prof. Cardenal. El Juez Instructor (Prof. E. de Salamanca) propuso el 25 de octubre de 1939, la rehabilitación en su cargo sin sanción, incorporándose como radiólogo a la clínica del Prof. Jiménez Díaz imaginándonos que no le debía resultar muy agradable trabajar junto a dos compañeros a los que había denunciado.

 

 

José Gómez Orbaneja

 

Nace en Valladolid el 9 de diciembre de 1908, donde estudia la licenciatura de medicina y se licencia en 1932. Aunque algunos autores señalan que se incorporó a la Cátedra de dermatología de Madrid (Prof. Sánchez-Covisa), no figura documentación al respecto en los archivos consultados. Sí figura que en junio de 1934 obtiene por oposición una plaza de médico del Servicio Oficial Antivenéreo, siendo destinado a Toledo, y que en 1936 ocupaba la Dirección del Dispensario Oficial Antivenéreo y de Enfermedades de la Piel de dicha ciudad.

 

Pese a no tener antes de la guerra civil, relación docente con la Facultad de Medicina, nos ocupamos de este caso porque posteriormente (dos décadas después) sería profesor de la Facultad y protagonista principal del injustificable desglose en "dos", de la Cátedra de Dermatología de Madrid, que venia gozando de gran prestigio, a nivel internacional (Azúa, Sánchez-Covisa, Gay Prieto)

 

Al iniciarse la guerra, se encontraba en el extranjero con una comisión de servicios durante once meses para estudios de Dermatología y Sifíliografía en Zúrich (Suiza) conce­dida el 8 de agosto de 1935 por el Director General de Sanidad, Manuel Bermejillo.

 

Enseguida se pone en contacto con el Cónsul de España en Zúrich (Germán Baraibar, quien dimitiría y se incorporaría de inmediato al Cuartel General de Salamanca) quien debió aconsejarle que se dirigiera a San Juan de Luz donde le sería fácil ponerse en contacto con la España Nacional. Desde San Juan de Luz -a través de la Agencia Oficial establecida en esta pequeña ciudad- se dirige por escrito (el 30 de septiembre de 1936) a la Junta de Defensa Nacional establecida en Burgos adhiriéndose al "Movimiento Nacional" (Así lo testificaría José María Pemán en diciembre de 1936, como Presidente de la Comisión de Cultura y Enseñanza de la Junta Técnica del Estado establecida en Burgos). También se dirigió al Presidente del Gobierno del Estado (desde Munich), en fecha 17 de octubre de 1936.

 

Gómez Orbaneja recibe medios económicos de sus hermanos residentes en zona nacional (con el Vº Bº del Estado Mayor del Ejercito de Séptima Región Militar) y de este modo logra trasladarse a la España Nacional e incorporarse al puesto de Lucha Antivenérea.

En el mes de noviembre de 193614 solicita voluntariamente su paso al Ejercito Nacional, solicitud que no es apoyada por la Inspección Provincial de Sanidad de Toledo, en virtud de una Orden de la Gobernación del estado que impedía a los médicos con destinos oficiales y cuyos servicios fueran necesarios, incorporarse a filas voluntariamente con perjuicio de los servicios sanitarios civiles. Por otra parte la ciudad de Toledo se encontraba en primera línea y sufría con frecuencia por la acción del fuego del enemigo.

 

En septiembre de 1937, fue movilizada su quinta y entonces se incorporó a la Segunda Comandancia de Sanidad de Burgos, donde había servido el año de 1930, siendo destinado primero al hospital militar de Burgos y ya como oficial médico asimilado, a los Campos de Concentración de Santander y más tarde al Hospital Militar de San Sebastián (dirigido por Jiménez Díaz) hasta el mes de octubre de 1939 en que fue licenciado.

 

Cuando llega la hora de ser depurado como funcionario de Sanidad Nacional (no como profesor de la Facultad), Gómez Orbaneja presenta certificados que acreditan su adhesión al movimiento. Uno de ellos lo firma (7 de diciembre de 1936) el propio José María Pemán, en su condición de Presidente de la Comisión de Cultura, y otro el Jefe de Personal de la Dirección General de Sanidad (con fecha 12 de septiembre de 1940). Incluso el SEU informa también favorablemente recordando que "es familiar del actual Jefe Superior de Policía (12 de enero de 1941)15

 

Fue depurado sin sanción y con fecha 24 de enero de 1941 (poco antes había logrado el grado de Doctor), fue nombrado Auxiliar temporal adscrito a la Cátedra de Dermatología (Prof. Gay Prieto) durando poco en el cargo puesto que fue cesado el 30 de junio de 1942 por orden de su propio catedrático (José Gay Prieto). Ignoramos lo que debió suceder entre ambos, pero existe constancia de que la justificación oficial fue "desacato a la autoridad".

 

En 1943 obtiene plaza en la Beneficencia Provincial con destino en San Juan de Dios, función que desempeña simultáneamente con su labor en el Instituto de Jiménez Díaz y más tarde con la Cátedra de Valladolid que obtiene en octubre de 1946.

 

Convocada en 1960 -creemos que por oscuros intereses- una segunda Cátedra de Dermatología en la Facultad de Medicina de Madrid, Gómez Orbaneja la obtiene en 1961 en una oposición en la que solo opositaban él y Luis Azúa Dochao (Catedrático de Zaragoza). Este último, tras impugnar el Tribunal, optó por no presentarse y Gómez Orbaneja obtuvo la plaza por unanimidad.

 

 

Hedwig Olmes Nordmann

 

Con el grado de Doctora en Medicina obtenido en Alemania y convalidados sus estudios en España aparece Hedwig Olmes en la Facultad de Medicina, en 1930, encargán­dose del manejo de toda clase de aparatos de metabolimetría, ergometría, espirometría y del análisis de gases y determinación del pH. Dado su dominio de idiomas (español, francés, inglés y alemán), fue incorporada en octubre de 1931 como Ayudante de Clases Prácticas a la Cátedra del Prof. Nóvoa Santos, encargándose también de la correspondencia y relacio­nes culturales con los países del extranjero (señal inequívoca del prestigio y creatividad de Roberto Nóvoa Santos).

 

En noviembre de 1932 es nombrada Ayudante de Laboratorio de "Patología Interna" (así se denominaba a la faceta asistencial de las asignaturas de Patología General y Médica), cargo temporal que sería prorrogado por dos años en noviembre de 1934.

 

Ignoramos como llega a España, aunque sí sabemos que en 1939, era viuda del Dr. Carrasco16.

 

El alzamiento militar la sorprende en Alemania donde estaba en comisión gratuita de estudios desde el día 25 de junio de 1936 que había salido de Madrid con la condición de que al expirar la plaza en la Facultad, le fuera renovada, ya que se trataba de hacer unos estudios exclusivamente científicos para incorporarlos después al servicio de la Facultad de San Carlos. Sin embargo, Hedwig Olmes en vez de quedarse en su patria cómodamente, gastando el tiempo de su comisión de estudios y a la vez "esperando como iban las cosas" (como hicieran otros claustrales de su Facultad), se dirige por escrito (en septiembre de 1936) a la sede de Falange Española en Berlín, manifestando sus deseos de incorporarse cuanto antes al "frente "nacional".

 

El 30 de octubre de 1936, parte de Hamburgo en el vapor "General Osorio" (en un viaje de repatriación organizado por el Consulado General de España al Servicio de la Junta de Gobierno de Burgos), desembarcando en Lisboa y logrando llegar a Badajoz el 6 de noviembre de 1936 y posteriormente (20 de noviembre) a Ávila donde se presenta en el Instituto de 2a Enseñanza, donde ofrece sus servicios.

 

Tras la Guerra civil debió ser depurada y rehabilitada en su cargo puesto que la encontramos en 1940 como Ayudante en la Cátedra de Patología General con el Prof. Encargado de la misma (Manuel Bermejillo), donde permanecería hasta el 31 de marzo de 1955, fecha en la que cesaría por renuncia voluntaria.

 

En febrero de ese año, sería nombrada por O. M., Profesora Adjunta honoraria de la Facultad de San Carlos, cargo que desempeñaría hasta el 28 de abril de 1956, fecha en la que fallecería.

 


 

1 Según certificado del Consulado de Viena, firmado en 1939 por el canciller Pecker Cardona, Díaz Rubio permaneció en dicha ciudad desde el día 18 de julio de 1936 hasta el 13 de agosto del mismo año.

 

2 Copiamos literalmente lo señalado por Díaz Rubio en su declaración Jurada del 12 de Abril de 1939.

 

3 Tras la Guerra civil seria Jefe Nacional de Cámaras Oficiales Agrícolas y Delegado extraordinario de F.E.T (Asesor Jefe) del S.I.P.M en Madrid. Una de sus funciones sería autentificar las firmas de certificados diversos. Su hermana, Ana se ocupaba durante la Guerra del Auxilio Social de Falange.

 

4 Como curiosidad "científica" señalemos, que con la finalidad de demostrar en la Pelagra, un factor neuroprotector de origen gástrico, "a 36 pacientes con síndrome neurológico cordonal, se les administró diariamente, durante un mes, 500 c.c. de jugo gástrico filtrado y procedente de sujetos normales, tras ser extraídos después de la inyección de histamina, obteniéndose resultados positivos ".

 

5 Sí embalsamó a Manuel de Falla quien, en 1939, se había exiliado a Argentina para -según algunas fuentes- no ser utilizado como propaganda del régimen franquista. Falleció en 1946.

Respecto a Lenin, el propio Ara desmentiría en 1974, que él participara en la conservación de su cadáver.

 

6 Pedro Sáinz Rodríguez figura en la lista de masones publicada por Figueras Valles en 1992, en la que entre otros también figuran Ramón Franco, Quéipo de Llano, Sbert Massanet, Gustavo Pittaluga, Odón de Buen, Ramón y Cajal, Miguel Morayta, Marcelino Domingo, Jiménez de Asúa, Salvador de Madariaga y Tuñón de Lara.

 

7 La Cátedra de Pedro Ara, en ausencia de este la regentaba el Prof. Auxiliar Julio Toledo Manzano.

 

8 El 7 de diciembre de 1942, el Tribunal para la Represión de la Masonería y Comunismo, sobreseería provisionalmente su expediente. Algunos de los políticos que presumiblemente apoyaron a Pedro Ara (¿Pedro Sáinz Rodríguez?), figuran en la lista de masones de Leo Ferrare y de Figueras Valles.

 

9 En este oficio existen anotaciones privadas escritas en los márgenes que dicen: "Hay que pedir la adecuada información y rehabilitarle plenamente". El 9 de Enero de 1943, el caso seria sobreseído.

 

10 En 1971, seria requerido por el Presidente Perón, para reconocer el cadáver de Eva Duarte, el cual se encontraba en la "Quinta 17 de octubre" situada en la Colonia Puerta Hierro de Madrid.

 

11 En el sentir de Resel Maceira, Pedro Ara se sentía antijudio, anticlerical y antimarxista.

 

12 Las supuesta "necesidad de servicio" derivaba de grandes dosis de demagogia en la gestión de la Universidad cuando se permitía la masificación estudiantil en vez de establecer el "número clausus", desoyendo a algunas voces que lo defendían. De haberlo hecho, el Hospital Clínico (que siguió masificado) se hubiera bastado para impartir la enseñanza práctica que se impartía en los llamados hospitales asociados que solo admitían un número determinado de alumnos y cuyos profesores contratados lo eran a nivel superior a los propios del genuino hospital universitario.

 

13  El Hospital Clínico de San Carlos, había dejado de ser hospital militar y solo atendía a población civil.

 

14 En algunas publicaciones figura erróneamente que regresó a España en 1938.

 

15 Alguno de sus discípulos nos recordaría que también estaba emparentado con el 2° Marqués de Estella, General D. Miguel Primo de Rivera y Orbaneja.

 

16 Durante los cursos 29 /30 al 33/34 en la Cátedra de patología General era Ayudante de Clases Prácticas honorario, Policarpo Carrasco Martínez (Oficial de Sanidad Militar) que había sido propuesto por el Prof. García del Real en octubre de 1927. Puede que fuera este su esposo.

 


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