LIBROS

 

 

EXILIO Y DEPURACIÓN

(en la Facultad de Medicina de San Carlos)

 

CAPÍTULO 11 

 

 

Catedráticos en "Zona Nacional"

 

Fernando Pérez Peña

Profesor Titular de Patología y Clínica Médica de la Facultad de Medicina de Madrid

 

 

 

Agustín del Cañizo García

 

Estudiante brillante en la Facultad de San Carlos (donde es alumno interno -1897/1898- en la cátedra del prestigioso catedrático Manuel Alonso Sañudo), se doctora en 1901 con sobresaliente y tras ser pensionado por la J.A.E. en el extranjero, es nombrado Ayudante de Clínicas.

 

En abril de 1905, logra la Cátedra de Patología Médica de la Facultad de Medicina de Salamanca, donde permanecería 26 años. Nada mas tomar posesión de la Cátedra sería comisionado por S. M. para que en unión del Inspector General de Sanidad (su maestro Prof. Alonso Sañudo) informasen sobre algunos casos de peste ocurridos en Barcelona.

 

Durante su periodo salmantino, fue pensionado en dos ocasiones (1911 y 1913) para estudiar en Berlín "sobre enfermedades del corazón".

 

El 27 de septiembre de 1931, es nombrado -en virtud de concurso de traslado-, catedrático de la Facultad de San Carlos (Cátedra I)

El Prof. del Cañizo, fue siempre considerado por sus alumnos y compañeros de claustro como un gran docente y Maestro de Clínica Médica

 

Aunque había nacido en Madrid (el 13 de julio de 1876), D. Agustín tenía raíces en Segovia por lo que terminado el curso 1935/36, se encontraba allí de vacaciones. El que la sublevación militar tuviera lugar el 18 de julio, en pleno periodo vacacional, facilitó a algunos profesores de San Carlos (entre ellos a Cañizo), quedarse en "zona nacional" (en Segovia el éxito del levantamiento fue inmediato), sin tener que dar explicaciones de su ideología política. Al menos eso pensaba el Prof. Cañizo, aunque como enseguida veremos se equivocaba.

 

El 19 de julio de 1936, en cuanto llegaron a Segovia los primeros heridos del Alto del León -"Alto de los Leones"- (Sierra de Guadarrama), Agustín del Cañizo se presentó a las autoridades civiles y militares de la localidad siendo destinado al hospital de la Misericor­dia, y como consultor, a todos los de Segovia. Tres de sus hijos, prestaron también servicio voluntario en distintos hospitales de dicha capital.

 

Pese a haber permanecido en zona nacional y prestar servicio de la forma señalada, una vez finalizada la guerra, el Juez Instructor depurador del personal docente de la Universidad Central (Prof. F. Enríquez de Salamanca), con fecha 4 de octubre de 1939, le abre expediente acusándole de "ser izquierdista y amigo de los mas destacados universita­rios que prepararon la revolución marxista"; concretamente se le acusa de ser amigo de José Sánchez-Covisa (catedrático de Dermatología), Miguel Unamuno y José Giral Percira (lo cual era cierto sin que interpretemos que ello sea un delito), al igual que lo era, que los dos últimos figurasen entre sus pacientes desde la época en que fuera catedrático de Salamanca. En un claro intento de buscarle tres patas al gato, se le piden explicaciones que justifiquen" no haber sido destituido -al menos hasta diciembre de 1937- de su Cátedra, pese a encontrarse en la zona ocupada por Franco, máxime cuando todos los discrepantes de las ideas "rojo-marxistas", lo habían sido. Le extraña también al Juez Instructor, que se hayan respetado sus bienes, por lo que deduce que D. Agustín estaba protegido por el Gobierno del Frente Popular.

 

Cañizo, ya con 63 años, alega en su defensa que siempre estuvo al lado del alzamien­to militar como lo probaba que tres de sus hijos prestaron servicio voluntario1 en los hospitales de Segovia. Pese a ello, el expediente queda concluso el 9 de diciembre de 1939, proponiéndose al Ministerio la rehabilitación docente, pero incapacitándole para cargos directivos y de confianza, sentencia que es firme cinco días después. En su expediente de depuración, no hemos encontrado referencia alguna a la sanción de un millón de pesetas a la que hace referencia Castilla del Pino en su "Pretérito Imperfecto".

 

El Prof. Cañizo se jubilaría por haber cumplido la edad reglamentaria el 13 de julio de 1946, encargándose de la Cátedra, su hijo Jesús y más tarde Luis Felipe Pallardo, hasta que en 1952 la obtuviera Vicente Gilsanz, en unas polémicas oposiciones.

 

 

 

Antonio García Tapia

 

Hijo de un médico rural, nace el 26 de mayo de 1875 en Ayllón (Segovia) donde aprende las primeras letras de manos de sus padres ("mis padres me enseñaron a leer y a rezar", diría en cierta ocasión). Estudia el bachillerato en Sigüenza salvo los dos últimos años que lo hace en el Instituto Cardenal Cisneros de Madrid. Realiza la Licenciatura de medicina en la Facultad de Madrid donde termina en 1896 apenas cumplidos los 21 años.

 

Recién licenciado, logra por oposición una plaza de médico del Cuerpo de Sanidad de la Armada y amparado por Millán Astray participa en la campaña de Filipinas, visitando China y Japón siendo destinado posteriormente a Femando Poo, pero enfermo de Fiebre Amarilla, pide la excedencia y regresa a España en 1898, donde se ve obligado a guardar una cura de reposo (había presentado una hemoptisis). Restablecido ya, realiza estancias de estudio en Francia, Alemania y Austria y defiende su tesis Doctoral en 1906.

 

Médico de la Beneficencia Municipal, simultánea su trabajo en el Instituto Rubio y en una clínica privada que funda y que denomina (Villa Luz) en recuerdo de su hija María Luz, que había fallecido (de sus nueve hijos, ocho eran varones). La Clínica se hizo famosa, alcanzando gran prestigio no solo por la faceta asistencial sino también como centro de enseñanza de la especialidad.

 

García Tapia ostentó la Presidencia del Colegio de Médicos de Madrid desde 1915a 1917, año en que dimitió.

 

Catedrático de Otorrinolaringología de la Facultad de San Carlos desde el 3 de mayo de 19262 (ocupó la vacante por fallecimiento de Juan Cisneros, teniendo como oponente entre otros a Adolfo Hinojar Pons), sus aportaciones científicas alcanzarían resonancia internacional por la descripción del síndrome que lleva su nombre y su modificación de la técnica de laringuectomía de Gluck.

 

En 1935 inauguró en Riaza, lugar próximo a su pueblo natal, un Hospital y Escuela para médicos rurales, construidos y sostenidos por él, obra que crea -según afirmara- recordando las penurias de su padre como médico rural.

 

Un hecho poco conocido o al menos poco señalado en la biografía de García Tapia es que en las elecciones generales de febrero de 1936, se presentó como candidato independiente no logrando escaño3

 

En 1936, en vísperas de la guerra civil, creo en el Servicio de ORL del Hospital Provincial (Prof. Hinojar Pons), un "Seminario de ORL" con la finalidad de traer a España anualmente a personalidades de prestigio internacional. Las sesiones se celebra­rían en el aula de Gregorio Marañón quien precisamente daría una conferencia -magistral como sólo él sabia hacerlo- sobre "Voz y secreciones internas".

 

Cuando tiene lugar el alzamiento militar, y dadas las fechas veraniegas, Antonio García Tapia se encontraba en su hotel de Riaza (Segovia) desde donde se incorporó de inmediato al Hospital de Sangre que se estableció precisamente en un sanatorio de su propiedad, dándose la circunstancia de que para ampliar aquel, cedió todos los hotelitos (de su propiedad) que constituían la colonia veraniega de Riaza. Desde este pueblo García Tapia se trasladaría a Salamanca.

 

Con estos antecedentes, el 4 de diciembre de 1940, el Prof. E. de Salamanca (Juez Instructor) no tendría demasiadas dificultades para rehabilitarle en su cargo, sin sanción alguna.

 

Según refiriera Eduardo López Lacarre (prestigioso otorrinolaringólogo argentino, con raíces formativas junto a García Tapia),"en sus últimos años, D. Antonio ensordeció rápidamente, teniendo noticias de ello a través del ilustre dramaturgo D. Jacinto Benavente, quien le visitaba cuando viajaba a Buenos Aires. Dice López Lacarre:

 

"D. Jacinto vino a consultarme preocupado por la evolución rápida de su sordera. Al entrar en mi consultorio me dijo: "Vea Dr. yo vengo a verle porque mis amigos me empujan a ello, pero ya sé que no hay nada que hacer". Precisamente antes de embarcar fui a ver a García Tapia, que está más sordo que yo, y al verme entrar desde lejos me gritó: "Qué D. Jacinto, viene a verme por esto -dijo señalándo­se los oídos-. -Vea, no hay nada que hacer, cuando exista algún aparato que sirva ya le avisaré".

 

Benavente refería, que García Tapia en cierta ocasión le había dicho: ¿No le parece a usted D. Jacinto, que esto de ser otólogo, llamarse Tapia y quedarse sordo, es un sarcasmo un poco excesivo?

 

En Mayo de 1945, le llegaría la hora de la jubilación por cumplir la edad reglamenta­ria, y el 24 de septiembre de 1950, fallecería en Madrid. Su cadáver fue amortajado con el hábito franciscano, y a su entierro acudió medio Madrid conmovido.

 

 

 

Leonardo de la Peña Díaz

 

Catedrático de Terapéutica Quirúrgica desde julio de 1929 y de Urología desde 1931. Nacido en Ciudad Real el 6 de noviembre de 1875 estudia en San Carlos, logrando muy pronto, el 8 de marzo de 1904, la Cátedra de Anatomía de Santiago de Compostela, la cual permuta con la de Cádiz con Luis Blanco Rivero. En 1909 pasa a Valladolid por concurso, pero no debía sentirse muy a gusto pues nuevamente permuta su plaza (con Ramón López Prieto) y ocupa la de Sevilla, hasta que en diciembre de 1914 pasa a Madrid ocupándose desde 1920 de la práctica y enseñanza de la Urología, la cual asume con toda su responsabilidad al ser nombrado el 11 de julio de 1929 en virtud de concurso. Catedrático de Terapéutica Quirúrgica, y en noviembre de 1931, catedrático de Urología de la Facultad de San Carlos, cargo que desempeñaría hasta su jubilación en 1945.

 

El 18 de julio de 1936 se encontraba disfrutando las vacaciones en el Balneario de Ledesma (Salamanca). A los dos o tres días se presenta al Gobernador Civil de Salamanca para prestar su adhesión al "Movimiento Salvador de España"- dice en su declaración jurada- y ofrecer sus servicios como cirujano para la asistencia de heridos y enfermos militares, servicios que por el momento no fueron utilizados.

 

El 14 de septiembre de 1936, en virtud de una orden de la Junta de Defensa Nacional, se presentó al Rector de la Universidad de Salamanca, a la cual fue adscrito y en la que percibió sus haberes de catedrático de Madrid correspondientes a los meses de julio, agosto, septiembre y meses siguientes hasta la liberación de Madrid.

Después de residir medio mes de septiembre en el Balneario de Ledesma y 25 días del mes de octubre en Salamanca, se fue a residir a casa de unos parientes en Medina del Campo (Valladolid), donde se presentó al Comandante Militar ofreciendo de nuevo sus servicios quirúrgicos, comenzando el 29 de octubre a asistir como médico civil a la primera expedición de heridos que llegó a aquel lugar. A mediados de noviembre, solicitó su militarización siendo destinado como Capitán Médico honorífico al Equipo Quirúrgi­co de los hospitales militares de Medina del Campo, siendo nombrado Director del Hospital Militar "Simón Ruiz", donde permanece hasta la liberación de Madrid.

 

Ni que decir tiene, que el Ministerio de Instrucción Pública de la República había decidido el 22 de enero de 1937, declararle separado del cargo de catedrático por abandono de destino.

 

Terminada la contienda civil seria depurado políticamente (3 de agosto de 1940) rehabilitándosele en su cargo sin imposición de sanción. Incluso se le nombraría Director del Hospital de San Carlos.

Sin embargo "D. Leopardo" como era conocido por algunos por su temperamento vehemente y conducta valiente en búsqueda de la justicia y de lo que él pensaba era su verdad (recuérdese que denunció personalmente a Jiménez Díaz y a Gregorio Marañón), tendría todavía que superar algunos problemas.

 

En efecto en 1939 se le había abierto expediente como consecuencia de la denuncia del médico Luis León Álvarez acusándole de irregularidades durante su dirección del Hospital Militar "Simón Ruiz" de Medina del Campo. Se le acusaba de haber centralizado las consultas para dejar libre algunos locales al objeto de poner en alguno de ellos su consulta particular; que se ausentaba con frecuencia para atender su consulta privada de Salamanca, que trataba mal al personal amenazándoles con "empitonarlos" y "enviarles al frente", que era un blasfemo y que se burlaba de las autoridades militares afirmando que él era el más inteligente y que la categoría no se establecía por la graduación militar sino por el talento - "las estrellas se llevan en las mangas o bocamangas, pero el talento en la sesera", afirmaba D. Leonardo-.

 

Hasta el 27 de junio de 1942, no tuvo lugar la resolución del expediente; con esta fecha, aun reconociéndose su mal carácter y su incorrección en el lenguaje, se acuerda dar por terminadas las actuaciones judiciales sin declaración de responsabilidades.

 

Hasta su jubilación en noviembre de 1945, Leonardo de la Peña y Díaz, daría mucho que hablar en el Hospital de San Carlos por su pintoresca y peculiar conducta de la que trataremos en otro lugar (Estampas y Vivencias de San Callos. Pendiente de editar) Le sucedería en la cátedra de urología, su hijo Alfonso de la Pena Pineda.


 

1 Jesús Cañizo Suárez lo hizo por movilización siendo licenciado el 7 de noviembre de 1939, incorporán­dose como funcionario civil a los deberes de su cargo en la Facultad.

2 García Tapia había intentado ser catedrático mucho antes, pues obtuvo tres votos menos que Juan Cisneros cuando éste obtuvo la Cátedra de ORL de San Carlos por votación en la Junta de Facultad de enero de 1911 (en virtud de un RD de 21 de Octubre de 1910, que lo autorizaba).

3 Conocemos por Rebollar Mesa, excelente internista y docente, que su padre Eutiquiano Rebollar Rodríguez (médico de Segovia ) quien había sido diputado en las Cortes anteriores, intentó formar junto a García Tapia una candidatura independiente, para participar en las elecciones de Febrero de 1936. Al final solo se presentó Antonio García Tapia.

 


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