LIBROS

 

 

EXILIO Y DEPURACIÓN

(en la Facultad de Medicina de San Carlos)

 

CAPÍTULO 12 

 

 

Catedráticos que permanecieron en Madrid

 

Fernando Pérez Peña

Profesor Titular de Patología y Clínica Médica de la Facultad de Medicina de Madrid

 

 

Un gran número de profesores pasaron la guerra civil trabajando en el Hospital de San Carlos, aunque no todos con el mismo grado de satisfacción, pues mientras algunos se encontraban como los peces en el agua, dada su identificación política con el gobierno del Frente Popular y tal vez defendiendo sus cotas de poder y privilegios (sin imaginar tal vez que pudiera tener éxito el levantamiento militar), otros realizaban su trabajo en un ambiente enrarecido y contradictorio con sus escalas de valores, observando cómo no se respetaba su currículum profesional y académico y eran víctimas de todo tipo de vejacio­nes. No debieran considerarse de igual mérito ambas situaciones. Es probable que los primeros tuvieran previsto exiliarse en caso de vencer el General Franco y que muchos del segundo grupo "aguantaron el tipo", porque no pudieron pasarse a zona nacional, aunque éste fuera su deseo.

 

 

Jorge Francisco Tello Muñoz

 

Nacido en Alhama de Aragón (Zaragoza) el 23 de abril de 1880, realiza sus estudios de medicina en la Facultad de San Carlos donde tras ser alumno interno (1900) obtiene el Grado de Licenciado (1902) y de Doctor (1903) ambos con premio extraordinario. Perma­nece en la Facultad, desempeñando los cargos de Ayudante de Clínicas (1903), Auxiliar Interino (1905) y Auxiliar Numerario (1910), cargo que simultánea a partir de 1920 con el de Director del Instituto Nacional de Higiene, periodo en el que trabaja activamente en el control de diversas epidemias.

 

El 20 de mayo de 1926, siendo el único opositor, obtiene en virtud de oposición -tumo de auxiliares- la Cátedra vacante por jubilación de D. Santiago Ramón y Cajal.

 

Como catedrático de Histología e Histoquímica normales y Anatomía Patológica puede considerarse el discípulo que ofreció mayor dedicación a continuar la obra de D. Santiago. En 1932, preside la "comisión para las investigaciones sanitarias" en la que figuraban como vocales Gregorio Marañón, Pittaluga, Teófilo Hernando y Hernández Guerra, gran número de ellos destacados protagonistas en la proclamación de la República.

 

En 1934, fue nombrado Director del Instituto Cajal, cargo que desempeñó durante toda la Guerra Civil.

 

Al iniciarse esta, su función como Catedrático quedó prácticamente paralizada hasta abril de 1937 fecha en la que es nombrado Decano accidental de la Facultad, circunstancia que le traería serias consecuencias, al ser sometido en 1939 a "depuración" por el Tribunal de Responsabilidades políticas.

 

En efecto, el 3 de octubre de 1939, el Juez Instructor de dicho Tribunal, Femando Enríquez de Salamanca, le abre expediente administrativo realizando una serie de acusa­ciones que expresaban una animadversión preconcebida . Se le acusa de "ideología marca­damente izquierdista, ser ateo práctico y libre pensador (como lo demuestra el no haber bautizado a sus hijos) y propagandista de estas ideas ante la juventud, así como de haber prestado su adhesión al gobierno marxista". También se le imputa "firmar antes de la guerra, un manifiesto a favor de Azaña y en octubre del 36, un manifiesto de los intelectua­les contra el Ejercito Nacional". Se hace alusión en las acusaciones al episodio del nombra­miento como Doctor Honoris Causa de W. B. Cannon, que ha sido comentado en páginas anteriores.

 

Sorprende en el expediente que se le incoa, que E. de Salamanca dedique un folio íntegro al tema del ateísmo, evidenciando cierta obsesión en la cuestión. No se le acusa de pertenecer a la masonería, ya que previamente se había comprobado su ausencia de antecedentes en este sentido.

 

Francisco Tello, en su declaración oral no puede contenerse, y responde a su compa­ñero de claustro y Juez Instructor con cierta vehemencia, "impugnando la legitimidad del tribunal Depurador". En su pliego de alegaciones (15/XI/39) tras afirmar que sus tres hijos son católicos, reconoce su "carácter exageradamente independiente, tener espíritu justicie­ro y sentir absoluta repugnancia por las cuestiones políticas". Reconoce también que en los primeros días de octubre de 1936, tras un bombardeo en el centro de Madrid, con numero­sas víctimas, el entonces Rector Gaos, se presentó en su casa solicitándole que subscribiera un manifiesto contra el ejército de Franco, lo cual hizo (¿por convicción política?, ¿tal vez por miedo?).

 

Sobre el cargo de haber sido designado Decano accidental bajo el "gobierno rojo» y haberlo aceptado, Tello se explaya en unas consideraciones que por su interés reprodu­cimos literalmente: "Siempre han sido estos Decanos accidentales, desgraciados segun­dones, a los que sin ninguna retribución se les hacía pasar en Madrid, los fuertes calores estivales, mientras el titular (Manuel Márquez, catedrático de Oftalmología) se refresca­ba en las playas del norte, o se le encomendaban especiales tareas domésticas de la Facultad".

 

"En el periodo rojo, mi antecesor -continua Tello- el Sr. Azcárraga San Martín y yo, hemos tenido una significación semejante; el Sr. Márquez, Decano en propiedad, abandonó Madrid siguiendo al Gobierno rojo y desde Valencia primero y Barcelona después continuaba actuando y cobrando la gratificación correspondiente". Como ninguno de los pocos profesores que quedábamos en Madrid, queríamos aceptar el decanato, se debatió el tema en Junta de Facultad y mis compañeros a propuesta de Cardenal (que a la sazón era Vice-rector), lo acordaron por unanimidad".

 

En efecto en la Junta de Facultad celebrada a finales de marzo de 1937, se propuso a Tello como Decano accidental. Coincidía con la huida del Gobierno de Madrid y con el nombramiento de Ministro de Instrucción Pública en la figura del comunista Jesús Hernán­dez. A esta Junta asistieron los siguientes claustrales: León Cardenal, Laureano Olivares, José Casas, Jesús García Orcoyen (Prof. Auxiliar con Recasens), Sánchez Cuenca (Prof. Auxiliar de Jiménez Díaz), Rodero Carrasco (Prof. Auxiliar de urología), Martín Crespo, Segarra (se marcharía a la zona Nacional el 23 de abril), Antonio Fernández, Tomás Alday Redonet (Prof. Auxiliar de Terapéutica), Antonio Ruiz Falcó (Prof. Auxiliar encargado de la Cátedra de Microbiología) y Ramón Martínez (Anatomía Patológica) ¿Dónde estaban Marañón, Jiménez Díaz, Teófilo Hernando, Gustavo Pittaluga, Várela Radío, Sánchez-Covisa etc.?

 

Con Francisco Tello fueron secretarios accidentales, Francisco Grande Covián (que lo había sido con Juan Negrín) y Blas Aznar (Prof. Auxiliar de Medicina Legal)

 

Según cuenta el propio Tello (11/abril/39), "la parte de profesores notoriamente roja, había abandonado la Facultad desde la llegada a las cercanías de Madrid de las tropas de Franco. Juan Negrín (Fisiología), Manuel Márquez (Oftalmología), Sánchez-Covisa (Dermatología), Rafael Méndez (Farmacología), Bejarano (Dermatología), Fraile (Medicina Legal), Torreblanco (Ginecología) y otros muchos huyeron a Valencia, que­dándonos aquí los que deseábamos ardientemente nuestra liberación por el Glorioso Ejercito Nacional"

 

Tello reconoce ante el Tribunal depurador -es difícil conocer cual sería nuestro comportamiento en circunstancias similares- "estar compenetrado y sentir entusiasmo, con el Glorioso Movimiento Nacional". Afirma así mismo que quiso trasladarse a zona nacio­nal en noviembre del 36 a través de la Legación de Honduras o de Los Países Bajos poniendo como testigo al Dr. Cifuentes, quien tuvo conversaciones con el Canciller de estos países para prolongar en su domicilio (Monte Esquinza 20), su representación diplo­mática a fin de poder albergar a numerosos refugiados entre los que figuraba Francisco Tello (no pudo ser pues residía allí el representante de la Embajada de Paraguay). En otoño de 1937, Tello había enviado a zona Nacional a su esposa y sus dos hijas.

 

Como prueba de que no era ateo ni propagandista de estas ideas, testifican a favor de Tello, Botella Llusiá a la sazón (12/XI/39), Teniente Médico asimilado con destino en el Hospital Militar de Vista Alegre (Madrid) y camisa vieja de FET y de las JONS con carné provisional no 913, quien deja constancia de que durante los cursos 28/29, 29/30 y 30/31, el ambiente en la Facultad era claramente revolucionario por parte de la mayoría de los alumnos y gran parte de los profesores.

 

También figuran como testigos a favor de Tello, Luis Arteta Algibez, Sanz Ibáñez, Femando de Castro y decenas de alumnos.

 

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Concluido el expediente el 24 de noviembre de 1939, el Juez Instructor señala en su sentencia que "no solo no está convencido de que (el Prof. Tello) sea un nuevo hombre para la nueva España, sino que considera peligroso el confiar la educación de la juventud al Dr. Tello..." por lo que propone su separación de la Cátedra por el tiempo que la Dirección General de Enseñanza Superior y Media, estime conveniente". Esta establece con fecha 13 de Diciembre de 1939, que procede la separación definitiva de la Cátedra, figurando como sanción, de una forma un tanto ambigua, "cambio de servicio por otros análogos". Sin embargo, este veredicto de la Dirección General, no se comunica a Tello (quien sigue en suspensión de empleo y sueldo) existiendo constancia de que el 30 de junio de 1942, el expediente sigue sin resolverse, si bien se plantea, "dedicarlo definitivamente a fines distintos de la enseñanza". Por fin, el 1 de febrero de 1945 el expediente queda concluso y la sanción confirmada con pérdida de los haberes y demás emolumentos no percibidos durante el tiempo que ha estado sujeto al expediente de depuración. Durante los cinco años que duró el expediente, Tello no cobró una sola peseta. ¡Bonita forma de premiar el continuar con la obra de Cajal! Y por si fuera poco, tuvo que hacer frente al dictamen de la Comisión Liquidadora que valorando sus bienes en 221.058 pts. y sus deudas en 62.277,16 pts., le impuso la sanción económica de 5.000 pts.

 

En honor a la verdad debe señalarse, que con motivo de la reorganización de la Facultad, el Decano E. de Salamanca (tal vez arrepentido de haberse "pasado" en sus acusaciones), propuso al Rector D. Pío Zabala (el 9 de octubre de 1944) que fuera Francisco Tello -pese a estar expedientado- el que impartiera la asignatura de Histología.

 

El 30 de Septiembre de 1949, el Ministerio resuelve que "quede sin efecto la sanción que le fue impuesta a D. Jorge Francisco Tello Muñoz, primer discípulo de Ramón y Cajal y continuador de su obra, y en consecuencia se reintegre al servicio de la Cátedra, el curso 1949/50, siete meses antes de su jubilación (23 de abril de 1950). Fallecería en Madrid, el 28 de septiembre de 1958.

 

A partir de 1939, la Histología y Anatomía Patológica la impartirían entre otros, Llombart, Sanz Ibáñez, Zamorano, Ortíz Picón y José Arteta (colaboradores los tres últimos de Tello). A ninguno de ellos les impidió el General Franco, obtener Cátedra y no creemos que piense alguno que al menos en el caso de Arteta, lo fuera por razones políticas 1

 

 

León Cardenal y Pujals

 

D. León Cardenal y Pujals nace en Barcelona el 31 de enero de 1878, siendo hijo de Salvador Cardenal Fernández, famoso cirujano que formado entre otros con Guerin, Billroth, Lister y Kocher, puede considerarse como el introductor en España del método antiséptico proclamado por Lister.

 

Cardenal dispuso de una sólida formación en el extranjero, pues licenciándose en Barcelona en 1899, y doctorándose en la Universidad de Berna (1900) y Madrid (1903), convalida sus estudios de medicina en Berlín y Viena.

 

Cardenal debió padecer un fenómeno, a nuestro juicio bastante habitual entre los hijos de catedráticos con prestigio: "el sentirse incapaz de lograr los logros del antecesor o el temor a que se atribuya a este, los méritos logrados con el propio esfuerzo personal". Y lo debió padecer puesto que se traslada a Madrid donde lograría las plazas de Médico de número de la Beneficencia General de Madrid con destino en el Hospital de la Princesa (1905), Jefe de servicio de Cirugía del Hospital de la Princesa (1912) y finalmente en 1913, la Cátedra de Patología Quirúrgica de San Carlos.

 

Dotado de una exquisita técnica quirúrgica es distinguido como Doctor Honoris Causa por las Universidades de Heidelberg y Budapest, y nombrado en 1923, académico de la Real Academia Nacional de Medicina.

 

Sus publicaciones científicas fueron numerosas, destacando entre ellas el "Tratado de Patología Quirúrgica General" y el "Diccionario Terminológico de Ciencias Médicas".

 

Dado su prestigio, en 1916, S. M. el Rey, le nombra Director de Clínicas del Hospital Clínico de San Carlos (cargo que desempeñaría hasta el inicio de la Guerra Civil).

 

En la biografía de Cardenal figura el desempeño de una serie de cargos académicos cuyas fechas estimamos preciso conocer con exactitud, para comprender las tristes vicisitu­des por las que tuvo que pasar al finalizar la guerra civil.

 

El 24 de julio de 1930, en virtud de un Real Decreto de S. M. el Rey, Cardenal es nombrado Vice-rector de la Universidad de Madrid (ocupando el cargo que dejaba Blas Cabrera Felipe, al ser nombrado Rector).

 

El 24 de junio de 1931, el Ministerio de Instrucción Pública (Marcelino Domingo), nombra a León Cardenal nuevamente Vice-rector, esta vez del Rectorado presidido por Giral Pereira. Precisamente en octubre de este año, Cardenal se encarga accidentalmente del rectorado al ser nombrado Giral, Ministro de Marina

 

Un Decreto Presidencial del 23 de enero de 1934 (Gobierno Lerroux-Gil Robles) nombra a León Cardenal, Rector de la Universidad a propuesta de su claustro, ocupando la vacante por dimisión, de Claudio Sánchez Albornoz

 

Durante este periodo republicano, con gran influencia en los gobiernos de políticos relacionados con la masonería (Marcelino Domingo, Giral Pereira, Lerroux, Martínez Barrio, etc.). León Cardenal recibió propuestas para cargos políticos incluso para carteras ministeriales que nunca aceptó, pese a estar afiliado al partido de Azaña (Izquierda Repu­blicana). Cardenal siempre prefirió su trabajo profesional como catedrático de la Facultad de Medicina.

Al iniciarse la guerra civil, siendo Director de Clínicas del Hospital Clínico y en su calidad de cirujano, fue presionado para incorporarse de inmediato al hospital, siendo junto a José Estella Bermúdez de Castro, de los primeros en atender a los heridos que empezaban a llegar procedentes del Cuartel de la Montaña. De las vicisitudes por las que hubo que atravesar durante la contienda nos hemos ocupado anteriormente.

 

Terminada la irracional contienda, el prestigioso cirujano tuvo que someterse a la depuración de responsabilidades políticas, siendo su compañero de claustro, Femando Enríquez de Salamanca, el encargado -como Juez Instructor- de incoar el expediente, el cual se inicia el 3 de octubre de 1939.

 

Se acusa al ilustre cirujano de "ser antiguo afiliado a Izquierda Republicana y panegirista del siniestro Azaña, no habiendo servido a la causa de España desde el puesto que ocupó durante la dominación roja". Así mismo, de aceptar cargos del Frente Popular (Vice-Rector y Director del Hospital Provincial) y actuar con ellos de forma discriminativa con sus compañeros de claustro favoreciendo a los que suponía de izquierda. Finalmente se le increpa falta de adhesión al Movimiento al permanecer en zona roja.

 

León Cardenal se defiende en el pliego de descargo reconociendo haber pertenecido al Partido político de Azaña, del que se retiró al comprobar como los republicanos entraban en el Frente Popular. Recuerda Cardenal, que fue Rector, durante el Gobierno de Lerroux-Gil Robles, y no por el Frente Popular; que protegió a las monjas y capellanes (cuando estos fueron expulsados, los incluyó en las nóminas de jornaleros) de San Carlos y a numerosos heridos del bando sublevado, que su hijo pertenecía a falange y su hija prestaba servicio en el Auxilio Azul, y finalmente, que siempre había deseado el triunfo de las tropas de Franco. Junto a su declaración adjuntaba los testimonios de varios compañeros y trabajadores del hospital entre los que se encontraba Laureano Olivares y Julián de la Villa, Sor Susana Uribe (que sustituía a la Superiora por enfermedad), Maximino Añez (ordenanza), numero­sos pacientes, etc.

 

Se termina el expediente el 9 de diciembre de 1939, y el Juez Instructor (E. de Salamanca), considera que "aunque ostentó cargos de confianza marxista, está probado que ayudó a muchas personas adictas al Movimiento Nacional y que a pesar de sus antecedentes es el hombre nuevo para la España Nueva". Propone como sentencia a la Dirección General de Enseñanza superior y Media, la rehabilitación en su función docente sin imposición de sanción.

 

Sin embargo, el 29 de agosto de 1940, siendo Ministro de Educación Ibáñez Martín, la Dirección General, propone la confirmación de su cargo de catedrático, pero imponién­dole la postergación durante cinco años e inhabilitándole para cargos directivos.

 

No fue pues, Enríquez de Salamanca, el responsable de la sanción, sino que debió engendrarse a nivel ministerial.

 

El 12 de septiembre de 1945, se revisa el expediente de depuración de Cardenal y el Ministerio resuelve que quede sin efecto la sanción, quedando rehabilitado para el ejercicio de cargos directivos y de confianza y reingreso en la escala de catedráticos numerarios.

Se jubilaría en 1948 al cumplir la edad reglamentaria. Falleció el 14 de junio de 1960 (el mismo año que Marañón) siendo enterrado en el panteón familiar de la Sacramental de San Justo. Entre sus discípulos destacados figuran entre otros Rafael Vara López, Teodoro Delgado Pérez y Manuel Bastos Ansart, por citar tan solo a los que tuvieron relación con la Facultad de San Carlos.

 

 

Laureano Olivares Sexmilo

 

Nacido el 5 de abril de 1881 en Fuentesauco2, donde ejercía su padre como veterinario, estudia medicina en Madrid licenciándose en 1903 con Premio Extraordinario y obteniendo al año siguiente el Grado de Doctor con la misma calificación.

 

Tras ser alumno interno del Hospital de San Carlos y del Hospital Provincial obtiene las plazas de Prof. de Número de este hospital y de Prof. Auxiliar de la Cátedra del Prof. Rafael Molla.

 

El 5 de junio de 1917, obtiene por oposición la Cátedra de Patología Quirúrgica de San Carlos, simultaneando su función con la que desempeñaba en el Hospital Provincial. Magnífico cirujano -aunque para algunos inferior a Cardenal- poseía profundos conoci­mientos de Medicina Interna gozando de gran fama como clínico y docente siendo muy admirado por los estudiantes dadas sus extraordinarias lecciones, impartidas todas ellas con gran erudición.

 

Siendo sus publicaciones escasas alcanzarían gran difusión sus "Lecciones de Pato­logía Quirúrgica".

 

Ingresó en la Real Academia de Medicina en 1934.

 

El comienzo de la guerra civil, sorprende a D. Laureano en Torrelodones (Madrid) donde residía, aunque todos los días venia a Madrid para atender sus cargos en la Facultad y en el Hospital Provincial, donde como ha quedado señalado, también era profesor (de la Beneficencia Provincial de Madrid). Dada su condición de cirujano y por orden del Gobierno, se traslada definitivamente a Madrid acompañado de escolta "para defenderle" y es destinado al Hospital Militar nº 4 (Hospital Provincial), siendo asimilado a Teniente Coronel.

 

Cierto día, le llama el Comité del Hospital de San Carlos y le comunica que "estaba en la lista negra" pero que en atención a sus servicios de 20 años de catedrático accedían a borrarle de ella pero con la obligación por su parte de renunciar a la Cátedra. Esta renuncia no llegó a efectuarse porque a ello se opusieron los estudiantes. Lo que sí hizo el Comité del Frente Popular, fue obligarle a dimitir de su cargo de Prof. de la Beneficencia.

 

Laureano Olivares que antes del 18 de julio había pertenecido al Bloque Nacional de Calvo Sotelo, se vio obligado en noviembre de 1936 a afiliarse a la CNT, como medida preventiva. Durante todo el resto de la guerra, permaneció prácticamente recluido en los dos hospitales citados, constituyendo junto a Cardenal y Estella, el soporte quirúrgico de San Carlos y en donde todos ellos serían víctimas de los desmanes y atropellos del Comité comunista que se hizo cargo del Hospital de San Carlos.

 

Al finalizar la guerra y realizar la obligada declaración jurada, Olivares señaló como testigos de su adhesión al movimiento a Sor Ventura Pujades Vintro (Superiora de las Hijas de la Caridad del Hospital Provincial) y a Alfonso Lafuente Chaos (Capitán Médico asimilado y Jefe del Equipo Quirúrgico C-50). Entre "los izquierdistas" de San Carlos, señala Olivares a Márquez, Sánchez-Covisa, Lluesma y Medina. Y en el Hospital Provin­cial a Julián Fernández (que tenía empeño en que fuera Olivares fusilado) y al Dr. Moltó. De las enfermeras dice que todas eran de extrema izquierda pero que tuvieron una "actua­ción inocente".

 

El Juez Instructor, Prof. Enríquez de Salamanca, propuso el 14 de julio de 1939, la rehabilitación sin sanción. En el mismo oficio, pedía lo mismo para Baldomero Sánchez-Cuenca, José Esteve Navarro (capellán del Hospital Clínico) y para Enrique Fernández Sanz (Prof. Auxiliar).

 

Laureano Olivares, puede ser considerado como el primer Director del Hospital de San Carlos tras la guerra civil, ya que el 22 de abril de 1939 (a los veintiún días de terminar la guerra), el nuevo Decano de la Facultad, le designa Director accidental del Hospital Clínico.

 

Falleció en Torrelodones (Madrid), el día 16 de julio de 1944. Entre sus discípulos figuran entre otros Plácido González Duarte (uno de los mejores cirujanos de la segunda mitad del siglo XX), Miguel Moraza Ortega y Mariano Fernández Zumel.

 

 

José Estella Bermúdez de Castro

 

Sin haberlo conocido personalmente, nos atrevemos a enjuiciar a este catedrático de San Carlos como una persona valiosa profesionalmente, pero con una conducta personal un tanto polémica debido probablemente a su peculiar carácter caracterizado fundamental­mente por un temperamento vehemente puesto de manifiesto cuando intentaba defender con valentía y escasa docilidad su escala de valores.

 

Nacido el tres de abril de 1898, estudia medicina en la Facultad de Madrid logrando en 1925 en virtud de oposición la Cátedra de "Enfermedades de la Infancia" de la Facultad de Medicina de Salamanca, trasladándose en 1926 a la de Zaragoza donde en enero de 1932 es nombrado Decano. En esta ciudad, en junio de 1929 -corriendo tiempos de alto grado de politización universitaria en los que con frecuencia se incitaba al alumno a la indisciplina y rebeldía-, el Consejo Universitario le forma expediente con motivo de una denuncia formulada por escrito por 67 alumnos de su disciplina quienes solicitaban ser examinados por un Tribunal imparcial dado que según decían el Prof. Estella había afirmado "que aprobaría a muy pocos alumnos, pero tenían medio de aprobar, haciéndose de la "Unión Patriótica o levantando acta notarial de la promesa del Sr. Rector de que aprobaría a todos, o solicitando ser examinados por esta autoridad académica".

 

Los alumnos le acusaban también de tratar mejor a los alumnos procedentes de Madrid que a los propios aragoneses, de no explicar todo el programa y de asistir irregular­mente a clase.

 

Ante estas acusaciones, el Consejo de la Universidad de Zaragoza le sanciona (22/julio/29) con la suspensión de cargo y sueldo durante tres meses, sanción que es recurrida quedando reducida a ocho días y posteriormente (17/IX/29) invalidada.

 

En diciembre de 1932, obtiene en virtud de oposición, la Cátedra de Terapéutica Quirúr­gica de Madrid (¡lo mismo diagnosticaba una escarlatina que practicaba una gastrectomía!)

 

El prestigio de José Estella debía ser extraordinario, pues en 1934, el claustro de la Facultad presidido por el Decano, José Sánchez-Covisa (la mayoría de sus profesores y el propio Decano eran de ideología política muy contraria a la de Estella), le comisionan para estudiar la organización de los servicios de cirugía en los principales hospitales de EEUU (New-York, Rochester, Chicago, Boston, Filadelphia) y Europa (París, Berlín, Viena), a los efectos de la instalación de las Clínicas en el nuevo Hospital Clínico, en avanzado estado de construcción de la Ciudad Universitaria.

 

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Encontrándose en Madrid el 18 de julio de 1936, es de los primeros profesores (junto a León Cardenal y Laureano Olivares) que se incorpora al Hospital de San Carlos, habida cuenta del gran número de heridos que comienzan a llegar procedentes del asalto al Cuartel de la Montaña, y también, de los pocos que se opone valientemente a la profanación -por parte de los "personajes" que se habían hecho cargo del hospital- de los cadáveres de Oficiales que se encontraban en el interior de dicho cuartel y que naturalmente habían sido partidarios del pronunciamiento del General Franco.

 

Muy clara y valiente debió ser su postura, pues el 22 de octubre, el Comité del Hospital se dirige "al camarada responsable de la puerta del hospital, comunicándole que debe prohibir la entrada a los médicos, José Estella y Ricardo Díaz Sarasola". El mismo día ambos médicos reciben la siguiente nota: "Después de una detenida discusión, este Comité, ha acordado que deje de prestar servicio como cirujano en este Hospital de Sangre. Se dará cuenta al Ministerio de Instrucción Pública".

 

También el mismo día, comunican al Sr. Ministro (Jesús Hernández), que haga suyo el acuerdo del Comité, lo cual naturalmente realiza "cumpliendo órdenes" de sus compañe­ros comunistas.

 

El Comité argumentaba como causa del cese los siguientes motivos:

 

• Que el 20 de julio tuvo palabras insultantes para el Gobierno de la República, tales como: "ese canalla de Giral que se le ha ocurrido armar al pueblo", teniendo que intervenir algunos compañeros para que no le dieran su merecido

• Enfrentarse al Dr. Resa, haciendo demostraciones de palabra en contra del Frente Popular.

• Tener el defecto de embriagarse habitualmente.

• Ponerse a operar y curar en horas intempestivas (ocho o las diez de la noche) pudiéndolo hacer por las mañanas.

• Dejar repetidas veces sin curar a los heridos

• Hacer sabotaje con el material quirúrgico.

 

Como consecuencia de lo anterior, desde Valencia es separado definitivamente del servicio con fecha 22 de enero de 1937. También lo fue de su cargo de Médico Numerario de la Beneficencia General.

 

Durante su permanencia en Madrid intenta pasar a zona nacional a través de la Embajada Inglesa aunque no lo consigue.

 

El 2 de abril de 1939, se presenta al Jefe Nacional de Sanidad (Dr. Palanca).

 

En su declaración jurada obligatoria, manifiesta que los catedráticos que a su juicio pertenecían al Frente Popular, eran Negrín, Márquez, Sánchez-Covisa, Hernando y Pittaluga.

 

Como cabría esperar de esta trayectoria, el Tribunal depurador le rehabilitó en sus cargos el 4 de septiembre de dicho año.

 

En 1944, al suprimirse la cátedra de Terapéutica quirúrgica, pasaría a ocupar hasta su fallecimiento (octubre de 1949), una de las vacantes de Patología Quirúrgica existentes en la Facultad producida por el fallecimiento del Prof. Mollá.

 

 

Fernando de Castro

 

Probablemente sea este profesor de San Carlos, el que (tras Ramón y Cajal y Pío del Río Ortega) haya aportado a la ciencia médica mayor contribución científica puramente española, pues trascendentales han sido sus trabajos sobre la estructura e inervación del "glomus carotídeo", trabajos merecedores del premio Nobel de Medicina que recibiera Heymans por la demostración experimental de los hallazgos de Castro.

 

Este gran científico, decoroso y justo profesor (pese a no poseer grandes dotes didácticas y sobrepasar el millar los alumnos repetidores) nació en Madrid el 25 de febrero de 1896, realizando sus estudios de medicina en la Facultad de San Carlos siendo condiscí­pulo entre otros de Carlos Jiménez Díaz y Plácido González Duarte.

 

Alumno Interno de D. Santiago Ramón y Cajal, muy pronto es nombrado Ayudante de clases Prácticas (1921), antes incluso de terminar la carrera. Doctor en 1923 con sobresaliente, es nombrado en 1925, Prof. Auxiliar de la Cátedra de Histología y Ayudante 3º del Instituto Cajal.

 

En 1932 se desplaza a Turín donde permanece un largo periodo trabajando con Giuseppe Levi.

 

El 17 de mayo de 1933 logra, en virtud de oposición, la Cátedra de Histología, Técnica Micrográfica y Anatomía Patológica de la Universidad de Sevilla, cesando en esta el 3 de mayo de 1935 por traslado -como agregado- al Instituto Cajal de Madrid.

 

Allí precisamente, le sorprende el 18 de julio de 1936, donde permanece pese a las coacciones para trasladarle primero a la Casa de la Cultura de Valencia y posteriormente a Barcelona, como se intentaba hacer con los intelectuales y científicos más prestigiosos de Madrid. Refiere el propio Castro, que D. Pío del Río Ortega, le visitó en su casa a mediados de noviembre de 1936 incitándole a hacerlo y poniendo como ejemplo que Marañón y Menéndez Pidal, no ponían inconveniente alguno para incorporarse a la referida "Casa de Cultura" de Valencia, al igual que lo habían hecho numerosos intelectuales, para que sirviera de propaganda marxista. Luego se vería que todo ello eran simplemente argucias de D. Pío, genial como científico pero se me antoja -a juzgar por esta conducta- que tenía una personalidad un tanto "retorcida" (y no lo decimos por su concepción de la sexualidad ni por sus controversias con Ramón y Cajal).

 

Femando de Castro también recibió coacciones para su traslado a Valencia por parte del arquitecto Sánchez Arcas.

 

Poco antes, el 13 de octubre de 1936 (dadas sus buenas relaciones con la Fundación Rockcfeller), recibió una carta de dicha Institución reclamándole como becario, lo cual le hubiera servido como pretexto para salir de la zona roja, pero no pudo hacerlo puesto que ese mismo mes presentó intensa hemorragia digestiva por ulcera duodenal, lo que le obligó a permanecer "cinco meses" en cama. Posteriormente sufriría una fractura en una pierna, por lo que permaneció prácticamente toda la guerra en el Instituto Cajal, protegiendo con su presencia y prestigio, el material de la institución (entre ellos el de los doctores Rodríguez Lafora y Prado Such, quienes habían huido a Valencia, llevándose este último, un micros­copio).

 

Terminada la guerra, realiza la obligada declaración jurada, y en ella señala un hecho que cuesta creerlo, pero que debió ser verídico puesto que hubiera sido fácil demostrar lo contrario. Nos referimos a que el día 3 de diciembre de 1938, el Prof. Castro -según su propia versión- "procuró comunicar a la España Nacional, algunos datos sobre una proyec­tada operación militar roja en el frente de Granada, advirtiendo también la existencia de maniobras de espionaje en Zaragoza; todo lo cual se encargó de transmitirlo el Prof. Auxiliar de la Cátedra de Jiménez Díaz, Baldomero Sánchez Cuenca".

 

En su declaración, señala como personajes izquierdistas del Instituto Cajal, a Juan Miguel Herrera Bollo, Rodríguez Pérez y a la bibliotecaria Enriqueta Lewy que pertenecía al Partido Comunista.

 

Por O. M. del 25 de octubre de 1939, fue aceptada la propuesta del Juez Instructor (Prof. E. de Salamanca) y en consecuencia rehabilitado en su destino sin sanción alguna.

 

Femando de Castro seguiría tras la guerra, como catedrático agregado al Instituto Cajal hasta que en 1951 por concurso de traslado obtendría en propiedad la Cátedra de Histología y Embriología General de Madrid, la cual desempeñaría hasta su jubilación en 1966.

 

 

Eduardo García del Real (1870-1947)

 

El Prof. García del Real y Álvarez Mijares, ejemplo -como veremos enseguida- de vocación "pluripotencial", nace en Madrid el 1 de marzo de 1870 estudiando medicina en la Facultad de San Carlos donde tras un brillante currículum plagado de sobresalientes y matrículas, se licencia con sobresaliente en junio de 1893, obteniendo el Grado de Doctor, también con sobresaliente en 1896. Hombre con vocación humanista se licencia también en Filosofía y Letras en 1919.

 

Adquiere su formación clínica en el Hospital Provincial junto al gran clínico Juan Madinaveitia (con el que permanece cuatro o cinco años) y con el Dr. Huertas, con quien se inicia en los principios de la cirugía.

 

Entre los múltiples cargos que obtuvo, destacamos los de Médico Cirujano de la Beneficencia Municipal de Recas -Toledo- (verano de 1893), Médico de la Beneficencia Municipal de Madrid (1896) y Ayudante-Profesor de la Academia Militar (1898/1902).

 

En diciembre de 1902, logra por oposición, la Cátedra de "Enfermedades de la Infancia" de la Universidad de Santiago. Pero como se conoce que en aquel tiempo, los profesores de medicina "estaban capacitados" para explicar cualquier disciplina. García del Real obtiene en 1908 -también por oposición-, la Cátedra de Patología y Clínica Médica de Valladolid. Culmina su periplo obteniendo en 1921, la Cátedra de "Historia Crítica de la Medicina" (Historia de la Medicina) de la Facultad de Madrid, publicando numerosos artículos sobre este tema y sobre todo una Historia de la Medicina en España (1921).

 

Su prestigio debía ser considerable pues la Junta de Facultad celebrada el día 30 de septiembre de 1922, en vista de la dimisión presentada por el Auxiliar numerario José Fernández Robina (que desempeñaba interinamente la Cátedra de Patología General), acordó por unanimidad proponer a García del Real para que de forma interina se encargase de la referida disciplina.

 

Eduardo García del Real, debió ser persona con criterio propio, pues figuró entre los catorce claustrales de la Universidad que en 1927, votaron contra la propuesta de investidu­ra de Doctor Honoris Causa a S. M el Rey Alfonso XIIII3. De alguna forma mostraba su independencia profesional dando prueba de poseer criterio propio y no estar dispuesto a adular a la monarquía, como lo hiciera su compañero de claustro Manuel Márquez (votó a favor), quien se distinguiría años después (siendo Decano) por su identificación con el Gobierno del Frente Popular.

 

Durante la guerra civil permanece en Madrid acudiendo de vez en cuando a la Facultad de San Carlos, siendo comentada la contestación que dio a Márquez, cuando éste indicó en un claustro, que todos los profesores debían ponerse al servicio de la República, respondiendo que en poco podía contribuir siendo catedrático de Historia de la Medicina.

 

El 4 de septiembre de 1939, el Ministerio de Educación, de acuerdo con la propuesta del Juez Instructor de depuración del personal docente de la Universidad de Madrid (Prof. E. de Salamanca), ratifica la sentencia dictada por este, que considera que García del Real debe ser rehabilitado en su destino sin imposición de sanción, pero algunas dudas debieron existir - en las altas jerarquías- pues el oficio no fue comunicado al Rector hasta el 20 de agosto de 1940 y además con algunas modificaciones respecto a la propuesta del Juez Instructor, ya que se sancionaba con la inhabilitación para cargos directivos y de confianza.

 

Bien pudiera el Ministro haberse ahorrado este oficio y haber mantenido la propuesta de E. de Salamanca de septiembre de 1939, pues carecía de sentido inhabilitarle para cargos de confianza cuando el mismo ministerio con fecha 1 de abril de 1940 (cuatro meses antes de la sentencia), había decidido jubilarle por haber cumplido el 1 de marzo de 1940, la edad reglamentaria.

 

Aunque algunos autores (Castilla del Pino) le citan entre las víctimas del Tribunal de Responsabilidades políticas, relacionándole con la Cátedra de Historia de la Medicina que ocuparía Laín Entralgo, pensamos que nada tiene que ver, dado que cumplía su edad de jubilación en la fecha referida.

 

 

Julián de la Villa Sanz

 

Nacido en Madrid el 14 de noviembre de 1881, estudia medicina en la Facultad de San Carlos obteniendo Premio Extraordinario en el Grado de Licenciado (16 de junio de 1905) y de Doctor (1906).

 

Recién graduado, ingresa por oposición en el cuerpo de Sanidad Militar y poco después obtiene la plaza de Jefe de Cirugía de la Beneficencia Provincial.

 

En abril de 1922 obtiene en virtud de oposición -turno de auxiliares- la Cátedra de Anatomía Descriptiva de la Facultad de Madrid, a la que también se habían presentado Julio Toledo Manzano (Auxiliar de Madrid), Salvador Gil Vernet (Barcelona), Daniel Mezquita Moreno (Catedrático de Salamanca), Castro Prieto Carrasco y Pedro Ara Sarria. El Tribunal estaba constituido por Santiago Ramón y Cajal como Presidente, y como vocales, Florencio Porpeta, Ramón López Prieto, Gómez Entralla y Manuel Serés Ibars.

 

Santiago Ramón y Cajal consideró, con su voto, que no había lugar para proveer la cátedra. El resto del tribunal votaría a Julián de la Villa. Parece ser que al emitirse los votos en el Gran Anfiteatro de San Carlos, se produjeron numerosos silbidos y arrojo de objetos sobre los jueces por numerosos estudiantes de la Facultad y de la Residencia de Estudiantes de la ILE, que habían sido preparados por los defensores del candidato Pedro Ara (entre ellos Negrín, Marañón, Pittaluga y Hernando).

 

Otras fuentes señalan, que los incidentes fueron provocados por los defensores de Julio Toledo Manzano. Sin embargo, consultadas las actas de la oposición no figura que durante los ejercicios y votación final, existiera incidente alguno (¡Así se escribe la histo­ria!). Sorprende, eso sí, que Ramón y Cajal considerase que no había lugar para proveer la cátedra, existiendo candidatos decorosos para ello.

 

Julián de la Villa, ya catedrático de Madrid, seguiría compartiendo con la ense­ñanza de la Anatomía, la práctica de la cirugía desde su cargo de la Beneficencia Provincial.

 

En varias ocasiones fue Decano accidental de la Facultad de Madrid (julio de 1929, agosto de 1930, septiembre de 1935 -por ausencia de Márquez- y en julio de 1939.

 

Cuando comienza la guerra civil y habiendo demostrado siempre ideas derechistas (pertenecía a la Asociación de médicos católicos de los Santos Cosme y Damián), no puede trasladarse a zona nacional pues dada su condición de cirujano con destino en el Hospital Provincial se encuentra muy vigilado por el comité del hospital quien pronto comprobando su talante, genera las oportunas denuncias para que sea destituido (22 de enero de 1937) por "desafecto al gobierno marxista" no solo de su destino en el Hospital Provincial sino también de su Cátedra en la Facultad de San Carlos, siendo obligado (por la necesidad de cirujanos) a ser Jefe de Equipo-asimilado a Comandante- del Hospital Militar nº 4 (Hospi­tal Provincial), donde pasa prácticamente la guerra pues a San Carlos solo se le permitía acudir al museo de su cátedra, dado que se encontraba escribiendo su "Tratado de Anato­mía", observando en una ocasión como el "comité de mozos" (¡en el hospital existían comités "de todo"!) "se había llevado un esqueleto humano articulado" (¡nos imaginamos que no le darían el "paseíllo"!). Con anterioridad se había negado también a trasladarse a Valencia junto a los intelectuales que el Gobierno rojo intentaba explotar como propaganda de su causa.

 

Pese a su valiente postura, el 8 de julio de 1939, sería sometido por la Auditoría del Ejército de ocupación a consejo de guerra, aunque la causa sería, lógicamente sobreseída.

 

El 26 de julio del mismo año, de acuerdo con la propuesta del Juez Instructor, Prof. E. de Salamanca, sería rehabilitado en su cargo sin sanción alguna, en el mismo oficio que se hacía lo mismo con Antonio Piga Pascual, Inicial Barahona Holgado, Julio Toledo, Jesús García Orcoyen, José Ma Corral, entre otros.

 

Durante la post-guerra. Julián de la Villa sería un de los profesores más prestigiosos de la Facultad y también más popular por las numerosas anécdotas de las que fue protago­nista y que se han transmitido de promoción en promoción y de las que, junto a su aportación científica, nos ocupamos en otro lugar (Estampas y Vivencias de San Carlos. Pendiente de editarse). Se jubiló el 14 de octubre de 1951, aunque permaneció en la cátedra durante todo el curso 51/52. Falleció en Madrid, el día 26 de junio de 1957.

 

 

Ciriaco Laguna Serrano

 

Probablemente sorprenda a alguno, que el Prof. Laguna figure entre "los que aguan­taron el tipo", máxime si lo conocieron y recuerdan su sofisticada personalidad aparente­mente tímida, de aspecto humilde, meticulosidad poco común y excesivamente fino y delicado, resultando en general un tanto repipi.

 

Sin embargo, creemos está justificado porqué lo hizo, si no durante toda la guerra, sí durante un largo periodo de la misma, con posturas dignas y muy distantes de las acomodaticias u oportunistas de situación, que evidenciaron otros compañeros de claustro. También lo hacemos, porque entendemos que el relato de su permanencia en Madrid, de alguna forma enriquece el conocimiento de la época y traduce el ambiente que se respiraba no solo en el Hospital de San Carlos sino en toda la Capital de España.

 

Ciriaco Laguna Serrano, nace en Madrid en 1905 estudiando la carrera en la Facultad de San Carlos entre 1920 y 1927; y lo hace con gran brillantez siendo alumno interno de la Facultad y también del vecino Hospital Provincial, obteniendo 15 de Matriculas de Honor, 5 sobresalientes, 2 notables y 10 aprobados (poco para lo que se "estilaba" por aquel entonces, donde se solían contemplar currículum con Matrículas en todas las asignaturas, por lo que resulta más creíble su brillantez como estudiante).

 

En 1927 obtiene el Grado de Licenciado con Sobresaliente y Premio Extraordinario y con la misma calificación el de Doctor, lo cual logra en 1932.

 

Se incorpora a la Cátedra de Pediatría del Prof. Enrique Súñer donde desempeñaría los cargos de Ayudante de Clases Prácticas (1928/29), Médico Interno (1929/32) y Prof. Auxiliar desde 1932 al 29 de febrero de 1936. Toda una época marcada por la crispación, la intolerancia, la demagogia, la cobardía y el sectarismo, amén de la incultura cívica.

 

Durante esta época, permanece 10 meses pensionado en Alemania y Austria merced a una beca de la Fundación Conde de Cartagena y a disponer también -por qué no decirlo- de medios económicos que permitían ampliar su estancia en el extranjero. Estancia que al contrario de lo que sucedía con otros afamados catedráticos que solo permanecían 15 o 20 días del mes de julio o agosto, en un solo lugar (periodo en el que no es posible aprender nada), en el caso de Ciriaco Laguna, nos parece (a la luz de los documentos existentes) que fue sumamente provechosa, como se deduce además de su conocimiento de las últimas novedades de la bibliografía pediátrica en lengua alemana4.

 

El 4 de febrero de 1936, obtiene por oposición la Cátedra de Pediatría de Santiago, merced a los tres votos que le otorgaran el presidente del Tribunal (Enrique Súñer) y dos de los vocales (González Meneses y Rafael Ramos Fernández), tras una oposición brillante en la que demostró clara superioridad sobre el resto de candidatos.

 

Ya catedrático de la ciudad compostelana, y terminado el curso, Ciríaco Laguna regresa a Madrid, y en la capital de España le sorprende el 18 de julio, el levantamiento militar. 

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La situación para Laguna no era fácil, pues pertenecía a la Cátedra del Prof. Súñer quien se había identificado claramente en contra de la instauración de la República y a favor de unas derechas un tanto radicalizadas. Por otra parte, no podía olvidar que con ocasión de los sucesos de San Carlos a los que ya hemos hecho referencia, tuvo lugar una Junta General del Colegio de Médicos de Madrid5, en la que se intentó condenar las actuacio­nes de los profesores E. de Salamanca y E. Súñer, y en ella, él (siendo tan solo médico interno) fue de los pocos que intervinieron a favor de los referidos profesores, con lo cual solo cabía granjearse la animadversión de las personas que habrían de ser durante años las rectoras de las instituciones y de la vida política española, con la repercusión que ello podría tener en la formación de tribunales de oposiciones a cátedras, concesión de pensio­nes por parte de la JAE, etc.

Laguna, no habiendo participado activamente en partidos políticos, pertenecía sin embargo a Asociaciones Confesionales de médicos, que en aquellos tiempos de clara transición de la Monarquía a la República, no estaban bien vistos por la mayoría de sus propios colegas y mucho menos por la masa cívicamente inculta, sectaria y partidista.

 

Y por si fuera poco, su maestro el Prof. E. Súñer, se había trasladado a la zona franquista actuando activamente a favor del alzamiento militar.

 

Las consecuencias de lo anteriormente expuesto se vieron pronto; las casas de su padre y hermano fueron saqueadas, robados sus bienes, incluido material de su clínica y libros. La situación fue tan insostenible que Laguna, junto a uno de sus hermanos, decidió el 8 de noviembre de 1936, refugiarse en la Legación de Finlandia (calle de Velázquez nº 53) donde permanecen hasta el 4 de diciembre del mismo año, fecha en la que la abandonan por tener noticias de haber sido asaltado el local de la misma Legación, existente en la calle de Zurbano; y suerte tuvieron, pues a las pocas horas, la turba del Frente Popular arrasaban el local de la calle Velázquez.

 

No tiene más remedio Ciriaco Laguna, su padre y hermanos, que refugiarse en domicilios de amigos de confianza y ocasionalmente en otras Embajadas.

 

En este estado de cosas, en junio de 1937, el Gobierno ordena un cursillo intensivo de medicina, y Ciriaco Laguna es encargado -paradójicamente- por el claustro de profeso­res, de explicar en él lo referente al programa de pediatría. Sin embargo a los pocos días, cuando tan solo había impartido seis clases, una orden telegráfica del Gobierno -huido a Valencia-, dispone (con fecha 24 de junio de 1937), su cese en la función docente y su pase a la situación de disponible gubernativo. Fue nombrado en su lugar el Dr. Enrique Jaso Roldan (que pertenecía a la Asociación de Médicos Liberales, de marcado significado izquierdista).

 

Los funcionarios en situación de disponible gubernativo, debían en virtud de una orden de Octubre de 1937, trasladarse a Valencia, pero Laguna preocupado por ver la forma de trasladarse junto a su familia a la zona nacional, hace caso omiso a tal orden y se dedica en Madrid -según su propia descripción de los hechos- "a prestar asistencia a personas de derechas que se hallaban ocultas, consiguiendo en algunos casos que personas pertenecien­tes a quintas llamadas, fueran consideradas como inútiles por presentar síndrome febril, que provocaba con inyecciones de Pyrifer".

 

En Enero de 1938, logra Ciriaco Laguna junto a su hermano Nicolás, cobijarse en el Liceo Francés, donde ya se encontraba su otro hermano Julián, y juntos los tres, y bajo la protección de la Embajada francesa serían evacuados a Caldetas (Barcelona) donde permanecerían alrededor de dos meses, y posteriormente, durante la noche del 16 al 17 de marzo de 1938, al Puerto de Port-Vendres (Francia). En este país permaneció Ciriaco Laguna en un campo de concentración de refugiados (Chomerac) hasta el 16 de abril de 1938, fecha en la que pudo entrar en España, presentándose el día 20 de dicho mes en el Ministerio de Educación con sede en Vitoria y tras informe favorable de la Comisión de Cultura (en la que era Vicepresidente su maestro Enrique Súñer) pasó a prestar servicios en la Universidad de Santiago (de la que era catedrático titular) el 6 de mayo de 1938.

 

En Santiago permanecería cuatro años y tras pasar el curso 1940/41 como catedráti­co agregado a la Facultad de Medicina de Salamanca, ocupa la cátedra de Madrid (vacante por fallecimiento del Prof. E. Súñer) en virtud de concurso de traslado, el 25 de septiembre de 1942. Tenía 37 años y se encontraba soltero.

 

Tras la guerra civil, lógicamente rehabilitado sin sanción, y habiendo visitado los mejores servicios de pediatría de Europa, Estados Unidos e Hispanoamérica, desarrollaría en la Facultad de Medicina una función decorosa desde el punto de vista asistencial hasta que se jubilara en 1975. No es nuestra intención entrar en su valoración como profesor, puesto que de ello nos ocuparemos en otro lugar6.

 

Falleció a los 85 años, el 27 de enero de 1990.


1 José Arteta Algibez había nacido el 18 de marzo de 1912 y era un extraordinario anatomopatólogo con peculiar carácter y muy mal hablado que según Castilla del Pino, se reía de los juicios clínicos de Marañón y Jiménez Díaz cuando llegaba la hora de la autopsia. Obtenida la Cátedra de Santiago de Compostela (mayo de 1948) tomó posesión ante el Rector de Madrid, D. Pió Zabala no incorporándose a Santiago pues pidió la excedencia voluntaria por razones de salud, el 31 de enero de 1949. Falleció el 26 de agosto de 1957, según algunos (Schuller Pérez) por una encefalitis viral "por contaminación profesional".Otros refieren que falleció tras estar hospitalizado en el Hospital Anglo-Americano con una parálisis ascendente -síndrome de Landry-.Ambas situaciones clínicas , como es lógico, no guardan relación alguna con el hecho de solicitar la excedencia de Santiago por "razones de salud".

2 En este municipio de la Provincia de Zamora famoso por sus garbanzos, hortalizas y cereales, nació también Valentín Malilla, el que fuera Catedrático de Microbiología de Madrid y Secretario Perpetuo de la Real Academia de Medicina.

3 Ya ha quedado señalado en otro lugar, que entre otros, también votaron en contra, Juan Negrin, Jiménez Asúa, Manuel Valera Radio, Julián Besteiro y Claudio Sánchez Albornoz.

4 El Prof. Laguna, archivaba cuidadosamente en unos cajetines de madera, centenares de citas bibliográfi­cas de revistas alemanas, sobre las distintas enfermedades de la infancia, de lo que cabe deducir no solo su apasionada dedicación al estudio, sino también, el dominio real de la lengua germana.

5 Tuvo lugar el 6 de mayo de 1931 en el Teatro de la Princesa, siendo Presidente del Colegio de Médicos D. Adolfo Hinojar Pons (Prof. Auxiliar de ORL).

6 "Los últimos Clínicos de San Carlos" (Estampas y Vivencias de la Facultad San Carlos). Pendiente de su publicación. En este trabajo se expresa nuestro juicio sobre la función docente del Prof. Laguna ya que tuvimos ocasión de recibir sus clases durante el curso 61/62.

 


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