LIBROS

 

 

EXILIO Y DEPURACIÓN

(en la Facultad de Medicina de San Carlos)

 

CAPÍTULO 4 

 

 

El Profesor D. Carlos Jiménez Díaz

 

 Fernando Pérez Peña

Profesor Titular de Patología y Clínica Médica de la Facultad de Medicina de Madrid

 

D. Carlos Jiménez Díaz

En 1936, el profesor D. Carlos Jiménez Díaz, catedrático de Patología y Clínica Médica (Cátedra II) de Madrid, desde 1927, representaba en el claustro de San Carlos a una de sus figuras más prestigiosas y con mayor porvenir dada su edad y trayectoria.

 

Desde que iniciara la carrera de medicina, en la Facultad de San Carlos, siempre había demostrado gran capacidad de estudio y trabajo, clara inteligencia, dominio de lenguas vivas, memoria, ambición, y sensibilidad creativa, aptitudes puestas de manifiesto en sus brillantes oposiciones, destacando entre ellas la que realiza en 1923, obteniendo la Cátedra de Sevilla, cuando tan solo contaba 25 años.

 

Para interpretar con objetividad el exilio y depuración de Carlos Jiménez Díaz, es preciso recordar sobre todo su trayectoria personal desde que se incorpora, como catedrático, a la Facultad de Madrid (1927), haciendo énfasis en el año 1934 en el que a nuestro juicio surge la aportación fundamental de Jiménez Díaz a la medicina española, que no es precisamente un hallazgo científico (sobre el asma, la "secreción de la pared arterial, descripción del latirísmo, etc.6), sino la idea de crear un Instituto de Investigaciones Médicas, financiado públicamente pero con importante participación del sector privado. En las páginas que siguen, hacemos uso de la información que nos aporta Jiménez Casado en la publicación que realiza en 1996, sobre la vida y obra de su tío, D. Carlos Jiménez Díaz, así como de los datos investigados en su expediente personal y de depuración.

 

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En 1934, en plena Segunda República, cuando se volcaban tranvías en las calles y algunos "estudiantes" iban con pistolas a las clases de San Carlos, cuando Jiménez Díaz escribía en el boletín de la FUE sobre "la inquietud cultural" e insistía en que era necesario que a través de la JAE (Junta de Ampliación de Estudios), se siguiera enviando a Alemania a los mejores cerebros (aunque muchos no supieran alemán y fueran los mejores cerebros de los más privilegiados e incluso de los más tontos), en este año surge, en nuestro criterio, la aportación fundamental de Jiménez Díaz a la medicina española, la creación del Instituto de Investigaciones Médicas.

 

Jiménez Díaz, tal vez influido porque el Marqués de Valdecilla había financiado un gran hospital en Santander, tiene la idea de "implicar a los poderosos", en la financiación de proyectos científicos y crear así su Instituto de Investigaciones Médicas.

 

Aunque no fuera pionero en este modelo de financiación , pues existían antecedentes en otros Institutos y Fundaciones (Instituto Rubio, Fundación Valdecilla...) no cabe duda que es mérito de D. Carlos el darle el impulso definitivo.

 

Para su realización -para la realización de este sueño- Jiménez Díaz disponía de autoridad científica, popularidad y poder político en virtud de su amistad con personalidades de gran influencia en la República, como lo eran sus propios compañeros de claustro Teófilo Hernando y Juan Negrín (Diputado por el Partido socialista en 1931), quien a la sazón (1934) era Secretario de la Facultad de Medicina, siendo Decano José Sánchez-Covisa y posteriormente Manuel Márquez (catedráticos de dermatología y oftalmología respectivamente).Además enseguida dispondría en la Ciudad Universitaria, de una nueva Facultad con su anexo Hospital Clínico, de construcción modernísima.

 

Por si fuera poco, gozaba también de la confianza del arquitecto Sánchez Arcas por lo que no le resultaría difícil elegir sitio y forma de los locales.

 

Solo faltaba buscar las fuentes de la financiación privada; para ello -según Jiménez Casado- a través de un paciente (Jaime Gommés), es presentado a los financieros Pablo Garnica Echeverría (antiguo Ministro de Hacienda con Alfonso XIII, oriundo de Noja -Santander- y según algunas fuentes, compañero de infancia de los Rábagos -oriundos de Reinosa-) y Cesar de la Mora. Todos ellos se reúnen a finales de 1934, en el Restaurante "L’Hardy" de Madrid y acuerdan una lista de potenciales colaboradores en la aportación económica; entre ellos figuran: Ernesto Anastasio (naviero valenciano), los hermanos Selgas (financieros asturianos), Baltasar Márquez (financiero y paciente de D.Carlos), José Calvez, el Duque de Alba, Joaquín Garrigues (prestigioso abogado) y Miguel Colom Cardany entre otros. Todos ellos deciden entre otras cosas, crear la "Asociación Protectora de la Cátedra del Prof. Jiménez Díaz".

 

A finales de 1935, Jiménez Díaz disponía ya de locales para su Instituto, en las plantas 2a y 3a del pabellón I de la nueva Facultad de Medicina, pues las obras de esa zona, en un claro ejemplo de tráfico de influencias, se adelantaron extraordinariamente en relación con el resto de la Facultad, de tal forma que en Abril del 36, estaban terminadas y dispuestas para que en ese lugar, Jiménez Díaz realizara su sueño dorado.

 

Pensó inaugurar su Instituto, invitando a visitarlo a su Asociación Protectora el día 10 de Julio de 1936. Pero...lo que Jiménez Díaz no pudo prever con toda su intuición clínica, inteligencia, capacidad de estudio y trabajo, dominio de lenguas, curiosidad científica y ambición desmedida de poder y autoridad, es que el día 17, a las 17 horas, tuviera lugar el inicio de una guerra fratricida que duraría tres años y que le despertaría provisionalmente de su feliz sueño, obligándole a reflexionar sobre cual era la ideología política más acorde con su carácter autoritario y con frecuencia pleno de despotismo, cubierto bajo su piel de humildad y austeridad.

 

 

El exilio de Jiménez Díaz

 

En teoría, ninguna fuente bibliográfica ofrece mayor credibilidad sobre este episodio, que la lectura del libro sobre D. Carlos, escrita por su sobrino Mariano Jiménez Casado, depositario de gran parte de los documentos y escritos que aquel dejara, por lo que es obligado seguir con frecuencia su propia narración, si bien realizando matices a veces contradictorios con su propia interpretación de lo acontecido.

 

Gracias al libro de Jiménez Casado sobre la "Vida y Obra" de su tío, cuya lectura aconsejo a todo médico que sienta la llamada vocacional, hemos podido comprender un poco más la personalidad del gran Maestro de la medicina española, incluso adivinar en ella, algunos aspectos poco formales e incluso negativos, en su valoración no solo como médico sino como "hombre total" en el sentir de Mazzei, el Maestro argentino, que gozara de su amistad.

 

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Cuando terminó el curso 1935/36, D. Carlos Jiménez Díaz decidió permanecer en Madrid y pasar los fines de semana en "El Convento", en su finca de La Cabrera que adquiriera en 1934. Allí precisamente hizo algunos comentarios sobre los disturbios que ese mes de julio habían tenido lugar entre la FUE y las Juventudes Socialistas, por una parte, y monárquicos y falangistas por otra. Entre los miembros de la FUE y/o de las Juventudes Socialistas se encontraban -¡agárrese el lector!- sus discípulos Parra "Parrita" -años después Conde consorte de Valmaseda y del Recuerdo y Duque, también consorte de Tarancón- y ¡Ortíz de Landázuri!, años después catedrático de Patología Médica y personalidad significativa del Opus Dei, en vías de beatificación.

 

Según Jiménez Casado el viernes 17 de julio de 1936, Jiménez Díaz marchó hacia La Cabrera7 con "su lujoso coche , con chofer uniformado incluso con gorra de plato y varias doncellas". Mucho valor o inconsciencia debió tener D. Carlos en evidenciar tanta ostentación en unos momentos en los que la sociedad madrileña estaba crispada y con actitud revolucionaria de carácter marxista. No extrañará por ello, que en San Sebastián de los Reyes, una multitud con el puño en alto detuviera su vehículo, solicitando ayuda económica para la CNT, Socorro Rojo, etc.

 

En su casa de La Cabrera tuvo información esa tarde-noche, a través de su hermano Mariano8, que en Melilla, "el día 17, a las 17, "había tenido lugar una sublevación militar.

 

Jiménez Díaz pudo comprobar que "la cosa no iba en broma", cuando la noche del 18 de Julio subieron a refugiarse al "Convento", el cura y los "ricachones" del pueblo, pues ya había tenido lugar el asesinato de "algunos señoritos o religiosos". Resulta lógico pensar que el cura y "los señoritos" no huían de los falangistas, sino de la turba del Frente Popular, que había ocupado la calle ante la debilidad del Gobierno.

 

Probablemente para curarse en salud, Jiménez Díaz transforma el Convento en "hospital de sangre", disfrazando a las doncellas como enfermeras, durante dos o tres días, el tiempo en recibir noticias de que "el Gobierno republicano", se había hecho con la situación, decidiendo entonces volver (sobre el día 8 de agosto), como si nada hubiera pasado a su casa de Velázquez y al día siguiente al Hospital de San Carlos, que en vez de estar cerrado como solía hacerse los veranos, se encontraba ya repleto de heridos de armas de fuego. D. Carlos ofrece sus servicios, pero el Director del Hospital, a la sazón D. León Cardenal, le hace comprender que lo que necesita no son internistas, ni investigadores, sino cirujanos.

 

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A nuestro amigo y condiscípulo L. Ferreiro Jacob, la actitud de Jiménez Díaz ante el inicio de la sublevación militar, le parecía cuanto menos dubitativa. tal vez porque le falló el diagnóstico etiopatogénico y el juicio evolutivo. Otros compañeros de claustro (D. León Cardenal, E. de Salamanca, José Casas, Agustín del Cañizo, Francisco Tello, etc.), sus colaboradores (Felipe Vivanco, Manuel Díaz Rubio, Severo Ochoa, Grande Covian, Cifuentes Delatte, Rof Carballo, etc.) sus íntimos amigos, entre ellos el excelente cirujano. Plácido González Duarte (cuya esposa jugaba a las "izquierdas") y su compañero de curso Manuel Bermejillo, no dudaron tanto "en qué lado quedarse". Teófilo Hernando y Gregorio Marañón, lo pensaron un poco más, aunque el segundo enseguida insinuara el bando que le agradaba, en el articulo "la lección de Paolov" publicado el 21 de Abril de 1936 y que será comentado en su momento.

 

Pero Carlos Jiménez Díaz, lo dudó mucho -continuó L. F. Jacob- pese a tener información de primera fila de los acontecimientos que se avecinaban, pues nadie duda que la recibiría no solo de su hermano Mariano, sino también de D. Teófilo, Marañón, de los miembros de la Asociación Protectora de la Cátedra de Jiménez Díaz (Garnica, Anastasio, Selgas, etc.) y de tantas otras personas influyentes en la sociedad española que él había tratado como pacientes. Incluso de su amigo falangista, Pedro Laín Entralgo.

 

Jiménez Díaz tenia dos o tres opciones con arreglo a como se considerase políticamente y valorando lo que su comportamiento significaría en la sociedad, pues su prestigio era ampliamente reconocido.

 

Si realmente se sentía liberal y republicano, su deber era marchar hacia Madrid y ponerse al servicio del Gobierno republicano, ofreciendo sus conocimientos médicos y si fuera preciso aportar joyas y alhajas a la causa republicana. Igual que lo hizo mi padre, que era un simple trabajador de las "Artes blancas" (panadero "Oficial de pala")- añadió Jacob un tanto enojado.

 

Si por el contrario siendo católico practicante, veía justificada la sublevación militar, le hubiera resultado fácil desde La Cabrera, recorrer simplemente doscientos Km. (con su lujoso coche, doncellas y chofer uniformado con gorra de plato), para asentarse en Burgos y ponerse al servicio de Franco al igual que hicieran Bermejillo, Vivanco, E. de Salamanca, etc.

 

Jiménez Díaz lo tenia difícil, pues debía decidir entre "una república popular-marxista" (curiosamente nacida de la "democracia"), o el potencial "régimen militar totalitario, con flecos de fascismo" (nacido de un golpe militar). Sobre todo cuando en cierta ocasión había dicho que desconfiaba de los regímenes autoritarios.

 

Todavía admitía Jacob una tercera alternativa, adoptar la misma conducta que otros sabios que solo deseaban investigar, no por satisfacer el "ego" o enriquecer el curriculum sino para ofrecer al paciente, a la medicina o a la sociedad, sus logros científicos, sin esperar nada a cambio de ello. Y ello, en tales circunstancias solo se podía lograr exiliándose definitivamente a un país americano. El ejemplo mas notable lo tendría en Severo Ochoa, quien siempre había deseado trabajar investigando en un ambiente agradable que no veía en su suelo patrio, por lo que tan pronto como pudo, marchó a "hacer las Américas", despreciando de alguna forma la oferta que Juan Negrín y Carlos Jiménez Díaz les hiciera.

 

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En Madrid, conocido el pronunciamiento militar iniciado en el Marruecos español y dado el odio anticlerical sembrado desde los primeros momentos de proclamarse la 2a república (e incrementado en Julio de 1936), se procede rápidamente a incautar propiedades religiosas para transformarlas en "Hospitales de Guerra", como tal sucede con el Colegio de los Marianistas (El Pilar) situado entonces en la calle Príncipe de Vergara (lugar donde trabajaría durante la guerra. Plácido González Duarte (el excelente cirujano hijo del barbero de Villarrobledo y condiscípulo de Jiménez Díaz) y Cifuentes Delatte (discípulo de la primera promoción de Jiménez Díaz en Madrid). De esta forma fue también incautado el Convento de las Madres Reparadoras, situado en Chamartín el cual fue transformado en "Hospital del Pueblo", también conocido por "Hospital de Chamartín" y como hospital "Ada de la Fuente" en honor de una joven que vendiendo "El Mundo Obrero", fuera asesinada por los falangistas.

 

El Hospital de Chamartín o "del Pueblo", estaba dirigido por un trabajador de RENFE afiliado al Partido Comunista apellidado Quesada, y en el trabajaban los que profesaban la misma ideología más algunos privilegiados que refugiándose allí, evitaban ir al frente. A este "ejemplar hospital de guerra no 6", se incorporó Jiménez Díaz en calidad de Director Técnico. Pero veamos como sucedieron las cosas.

 

Jiménez Díaz continuaba en el Madrid republicano, pero sin apenas actividad; no podía dar clases, pues el curso había concluido; no podía ofrecerse como genial clínico, pues los enfermos de San Carlos eran lógicamente quirúrgicos. Solo podía ofrecer su innata creatividad y vocación investigadora. Por todo ello y dada su inquietud trabajadora, se dirigió a Vega Díaz (ex-alumno) quien tenia influencias y tal vez cargos9 en la sanidad republicana, y le puso en relación con otro ex-discípulo, el Dr. Aransay, quien habiendo sido simple médico de la Casa de la Moneda, desempeñaba en ese momento el cargo de Director General de Sanidad. El Dr. Aransay, le destina, mediante oficio, al Hospital de Chamartin, organizado para enfermos procedentes del frente, pero preferentemente sin heridas de guerra. Se lleva con él, algunos de sus colaboradores (Ales, Ochoa, Felipe Moran, Adolfo Romero, entre otros) y por supuesto a sus fíeles servidores Luis (el chofer) y Jesús, que lógicamente no vestirían uniforme gris y gorra de plato, sino el mono miliciano.

 

A Jacob le quedaría la duda si Jiménez Díaz continuaría utilizando en el Hospital del Pueblo "pajarita" o "lazo" como corbata, o por el contrario también se puso el mono miliciano, pues nunca daría crédito a lo que contara un profesor quien decía tener una foto de Jiménez Díaz publicada en el "ABC rojo",  vestido con mono al estilo miliciano y con un brazalete con el sello del Frente Popular. (FOTO de ABC)

 

La mayoría del personal del hospital pertenecían a los protagonistas de la revolución de la masa popular por lo que todos ellos, presumían políticamente de tener de su lado y además como Director, a una de las figuras médicas de mayor prestigio en España, quien además era de origen humilde y de familia y amigos, con gran influencia política en la República.

 

Sin embargo la situación de Jiménez Díaz no era agradable y sobre todo la de su mujer Conchita Rábago, quien de alguna forma debió influir en la decisión de Jiménez Díaz de exiliarse al extranjero tan pronto como pudiera, no insinuando jamás, pasarse a la zona nacional, quizá influenciado por su hermano Eusebio, que era un exaltado republicano y en consecuencia anticlerical y antimilitar.

 

Menudo problema debía tener D. Carlos en ese momento. Por un lado se sentía liberal y republicano, pero al mismo tiempo tanto él como su esposa, eran fervorosos católicos y practicantes, por lo que de vencer el Frente Popular, además de olvidarse de chofer y doncellas, debía irse olvidando también de rezar en las iglesias.

 

Tras hablar con su familia decide irse al extranjero, para lo cual aprovecha (y utiliza como justificación), una invitación que tenia para dar una conferencia en el mes de Mayo en el Middiesex Hospital de Londres, logrando un permiso de salida de España mediante la influencia -otra vez- de sus ex-alumnos Vega Díaz y Aransay, los mismos que le habían destinado al Hospital de Chamartín. Ambas personalidades, logran autorización para que Jiménez Díaz y Felipe Moran (el catedrático excedente de Cádiz, marcharía hacia Argentina) puedan abandonar España durante un mes.

 

Jiménez Díaz abandona por sorpresa el Hospital de Chamartín (despidiéndose tan solo de Arjona, Ales, Luis y Jesús y probablemente de Díaz Rubio a quien le pidió que ocupara la dirección del hospital), toman el tren hacia Valencia y desde esta ciudad embarcan hacia Marsella. Corría el Otoño de 193610.

 

Muy especial debía ser el salvoconducto del matrimonio Jiménez Díaz,  pues permitió que no fueran debidamente registrados y lograr así sacar de España cierto dinero y algunas joyas -entre ellas un gran diamante- que les permitiría un exilio relativamente corto pero dorado. Es probable que su hermano Eusebio, el más radical ideológicamente de la familia, no supiera nada de esta evasión de capital en momentos donde se requisaba a muchos ciudadanos madrileños, sus joyas, sus monedas y objetos de valor, para "la causa republicana" pues de saberlo, nunca hubiera afirmado en la reunión familiar donde Jiménez Díaz decidiera exiliarse y justificando la conducta del Frente Popular, aquello de "La gente oprimida, ha tenido un estallido, cansados de pasar hambre, mientras los demás se hacen ricos y encima con el apoyo de la Iglesia" (Jiménez Casado - 1993-)

 

Nuestro amigo Jacob nos recordaba, que en la Historia de la Humanidad, con frecuencia el idealista (incitando) y el "soldadito llano" (cumpliendo ordenes), luchan y mueren defendiendo una causa que en definitiva siempre favorece al llamado "señorito"; y el comportamiento social de este, falto de solidaridad, genera de nuevo la reacción de la clase menos favorecida, denunciando la injusticia social y con frecuencia en forma de revolución cruenta.

 

Desde Marsella marchan hacia París donde permanecen dos o tres días y donde se permiten el lujo de cenar en el "Bois al Pré Catelán'" para -según palabras de Jiménez Casado- "volver a gozar de las buenas vajillas, los siempre primorosos centros de flores y la alta cocina". Después marcharían a Londres11 y viajarían a San Remo, Roma y nuevamente regresarían a París donde pasarían la Nochebuena en compañía de su hermano Mariano y familia, quienes también habían logrado exiliarse. El menú de esa noche fue a base de "ensaladilla y langosta" -señala Jiménez Casado-. Mariano Jiménez Díaz, había logrado localizar a su hermano Carlos (que se encontraba en Roma), gracias al encuentro "casual" en París con Pablo Garnica, quien le había dado algún dinero y las señas donde se encontraba Jiménez Díaz (¡Que curioso que Garnica tuviera localizado al Dr. Jiménez Díaz y le diera dinero a su hermano!).

 

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L. F. Jacob, aunque no era marxista, sentía en sus entrañas la permanente reivindicación de justicia social, siendo partidario del principio de oportunidades para todos, pero también de que una vez que se saliera de la meta en igualdad de condiciones, las medallas de oro, plata y bronce, no podían ser repartidas entre todos sino otorgadas a los mejores. Y con esta sensibilidad social, al enterarse de los pormenores del exilio de nuestra insigne figura de la medicina, no pudo retener su enojo y exclamó: “D. Carlos, sería un magnífico médico y científico, pero su forma de exiliarse y su comportamiento en París, me parece absolutamente reprobable. ¿Cómo es posible que una persona recta, católica, inteligente y culta, sea capaz en plena guerra civil de hacer la ostentación de cenar en un lujoso restaurante parisino con el dinero evadido ilegalmente de España?

¡Que injusta es la vida! -prosiguió Jacob- Mientras Jiménez Díaz cenaba langosta la Nochebuena de 1936, mi madre encontrándose en estado de gestación, no disponía de otras viandas que mondas de patatas, collejas, algún huevo de las gallinas que nos robaban los del "UHP" (Unión de hermanos proletarios) y poco más. Y por si fuera poco, a mi padre trabajador por aquel entonces del Sindicato de las "artes blancas" (panadero), le habían requisado (robado), cuatro monedas de plata y un reloj de oro de mi abuelo (que combatiera durante siete años en la guerra de Cuba, sustituyendo a "un señorito" que hacia la mili como "soldado de cuota") y pocos días después le "dieron el paseo", aunque le libró de la "checa de Fuencarral", un amigo de la CNT que había trabajado con él.

Y como mi madre, la mayoría de la población, pues en Madrid se empezaba a pasar hambre y a conocer muy bien las sirenas que anunciaban los continuos bombardeos, y también a degustar algunas latas de carne rusa que ocasionalmente se podían lograr.

Es posible que en esas situaciones -continuaba Jacob-, nadie sabe como responderá uno; tal vez al predominar el instinto de conservación, se le olvide a uno las creencias religiosas y eso pudo sucederle a Jiménez Díaz. Claro que tal conducta la acepto en personas con poco bagaje cerebral que se conducen habitualmente por sus instintos, pero en un intelectual, en una persona culta, caben esperar reacciones más valientes solidarias y coherentes con la causa que defienden”.

A Jacob también le sorprendía, que Pablo Garnica estuviera en París (en vez de estar en zona Nacional, defendiendo sus intereses), que le diera dinero a Mariano Jiménez Díaz y que tuviera localizado a D. Carlos. Le parecía sospechosa la esplendidez de Garnica.

Cuando Jacob realizaba estas reflexiones, desconocía todavía que Conchita Rábago, la esposa de D. Carlos, había vendido en Francia el diamante que logró sacar de España, para que con sus beneficios, se pudiera alquilar un amplio piso e instalar en el la consulta privada de su esposo, lo cual realizan en pleno Barrio Latino de París con espacio suficiente para vivir ambas familias (la de Mariano -cinco personas- y la de D. Carlos -dos-) e instalar el despacho- consulta.

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 La consulta privada que debió ser "clandestina" (puesto que no tenía titulo convalidado), no funcionó como se esperaba, lo cual mereció otra reflexión en boca de Jacob: “¿Cómo es posible que no le fuera bien la consulta a una personalidad médica, tan genial como D. Carlos?”

Pues mira -le respondí-, "Es cosa sabida que no existe proporcionalidad entre la medicina que se sabe y el éxito profesional que se alcanza en el ejercicio privado. Con frecuencia, médicos poco o nada famosos, tienen más éxito en la medicina privada que ilustres Catedráticos de medicina. Mira Jacob, ten en cuenta además, que en el éxito profesional influye también la idiosincrasia de la sociedad donde se ejerce, así como las relaciones sociales; no es lo mismo por poner un ejemplo, ejercer la medicina privada en Extremadura, Galicia, Andalucía o Canarias, que en Valencia, Castilla, o Cataluña. Y no digamos ejercer la profesión en Francia y con el Frente Popular de León Blum asentado en el gobierno”

 

“Creo que tienes razón -respondió Jacob- y además nunca debe considerarse famoso a un médico solo por su éxito profesional privado, sino que es preciso que se valoren otros parámetros (aptitudes profesionales, sencillez, honestidad ética, altruismo, etc.) que con frecuencia se echan de menos”.

 

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El hecho de que la familia Jiménez Díaz alquilara un piso en el Barrio Latino de París y se dispusiera a pasar consulta, hace entender que Jiménez Díaz no tenia decidido por entonces volver a España.

 

Debieron ser las circunstancias por las que atravesaba la familia de Conchita Rábago, las que en definitiva obligó a Jiménez Díaz a cambiar sus planes y decidir el regreso a España.

 

En efecto, aunque con retraso, en el piso de París se tuvo conocimiento de que el padre de Conchita, así como su tío, habían sido fusilados en Paracuellos de Jarama y que su hermano Gregorio Rábago, se encontraba preso en Alicante acusado de ser falangista.

 

A Jacob, siempre le sorprendería que en una República defensora de las libertades se castigara la militancia falangista y se tolerase la comunista, cómo si ejercer la primera, fuera más delito que defender el totalitarismo soviético

 

Para Jacob, la etiopatogenia del regreso de Jiménez Díaz y familia a España, además a la zona nacional (donde fácilmente pudo hacerlo en Julio del 36), residía fundamentalmente en la decisión de Conchita Rábago (una vez más imponía su voluntad sobre su sabio esposo) quien -siguiendo a Jiménez Casado- "desde que supo la tragedia familiar no dejaba de llorar".

 

D. Carlos, bien pudo aceptar algunas ofertas de trabajo en el extranjero basadas en su prestigio y en sus relaciones. Bien pudo seguir el camino de Felipe Morán, Pedro Ara, Severo Ochoa, Isaac Costero, etc., todos ellos además, amigos suyos que le hubieran facilitado estabilizar su situación y proporcionado los suficientes medios para que pudiera realizar su proyecto científico.

 

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Cómo y por qué, vuelve Jiménez Díaz a España

 

Algunas fuentes consultadas (de gran prestigio académico y profesional), nos refieren, que enterado Jiménez Díaz, por contactos republicanos, de que iban a fusilar a los Rábago, "les amenazó" con que si lo hacían volvería a la zona nacional para desprestigio de la República12. Fusilados en Paracuellos, junto a Muñoz Seca13, contacta con su amigo y compañero de curso Manuel Bermejillo (quien se encontraba en Burgos, con Franco) e inicia la estrategia del regreso, cumpliendo lo dicho a los republicanos (probablemente a través de Paco Vega Díaz y Aransay, que fueron los que le facilitaron la salida de España). Esta versión sin embargo, se contradice con la ofrecida por Jiménez Casado, la cual cuesta aceptar pese a que fue -como ha quedado señalado- el depositario de la documentación intima de D. Carlos.

 

Jiménez Casado insinúa, que aunque Jiménez Díaz pensaba que "Franco había desencadenado la gran tragedia de España"14, decide regresar a España en compañía de su hermano Mariano y familia; para ello este se desplaza a Hendaya donde contacta "por casualidad", con Pablo Garnica (¡caray con Pablo Garnica, debieran haberle hecho un monumento junto al de D. Carlos, pues es el autentico protagonista de su "vida y obra"!), comprometiéndose este a iniciar las gestiones para el retorno a España de todos los Jiménez Díaz exiliados.

 

¡Y vamos que se comprometió!. Pablo Garnica escribe a Mariano Jiménez Díaz una carta en la que habla de "la importancia del gran prestigio de su hermano, y que su regreso supondría una "gran propaganda para el régimen de Franco", pero era preciso que antes, D. Carlos abjurara de sus anteriores ideas republicanas". Advierte sin embargo que pesan sobre D. Carlos, así como contra Marañón y Teófilo Hernando, ciertas acusaciones de sus propios claustrales, que deberán ser explicadas.

 

A todo esto, el 22 de Enero de 1937, el Ministerio de Instrucción Pública procede a separar a Jiménez Díaz de forma definitiva, de su cargo de catedrático por abandono de servicio.

 

D. Carlos debió aceptar las condiciones de Garnica puesto que el día 8 de Marzo de 1937, se planta en la frontera Hendaya-Irún, provisto de salvoconductos -¡otra vez "muy especiales"!- respaldados nada menos que por el general Dávila (Jefe de la Junta de Defensa de Burgos), quien autorizaba la entrada en la España Nacional, a los dos hermanos exiliados junto con sus respectivas familias.

 

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Ante esta sorprendente evolución del exilio de Carlos Jiménez Díaz, surgen de nuevo las interrogantes que Jacob se planteaba: ¿ Quien ha intervenido para lograr tal salvoconducto?;¿Acaso será cierta la versión que apuntaba a Bermejillo como intermediario?;¿Acaso han participado en la estrategia sus amigos falangistas -Pedro Laín entre ellos-, intercediendo a través de Serrano Suñer, el "cuñadísimo" de Franco, con todo el poder del Mundo en ese momento?;¿Se podría considerar a Pablo Garnica como un mensajero del régimen de Franco para intentar recuperar el prestigio de Jiménez Díaz?.

“¡Creo que tu imaginación vuela demasiado alto!” -le dije a Jacob- “A lo mejor olvidas que el Ministro de Trabajo es hermano de un médico del Hospital Provincial y conoce bien las excelencias de Jiménez Díaz y quiere recuperarle”. “De cualquier forma -respondió Jacob- este pasaje del regreso de Carlos parece una operación encaminada a la recuperación de cerebros prestigiosos, utilizando su regreso para explotar la imagen del Gobierno de Franco, demostrando así al mundo entero que su intención es facilitar en España el libre ejercicio de la ciencia e investigación. No me extrañaría nada -prosiguió nuestro condiscípulo- que Marañón y Teófilo Hernando, esos dos profesores de San Carlos, tan liberales y republicanos, acaben también regresando a la España autoritaria de Franco”.

 

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La familia Jiménez Díaz se hospeda en San Sebastián en un piso previamente preparado (¿Por Pablo Garnica?) en la calle Easo no 1, una de sus más suntuosas vías.

 

Parece ser que en San Sebastián esperan a Jiménez Díaz algunos amigos (que debían de haber participado en la estrategia de su regreso, única forma de tener conocimiento de su llegada a San Sebastián) entre los que se encuentra Carlos González Bueno, cirujano digestivo del Hospital Provincial de Madrid que "casualmente" es hermano del Ministro de Trabajo, D. Pedro González Bueno15

En el periodo comprendido entre el 8 de marzo y el 18 del mismo mes (¡en tan solo diez días!), se le solucionan todos los problemas a nuestro genial internista. El Dr. González Bueno acompaña a D. Carlos para que ofrezca su colaboración al régimen, presentándole al Jefe Provincial de Sanidad militar, Tte. Coronel La Rosa; después al General Dávila (quien le había proporcionado el salvoconducto de entrada en España), quien en su calidad de Presidente de la Junta Militar de Defensa en Burgos, da por fin el V° B°, para que Jiménez Díaz sea destinado donde La Rosa estime conveniente, sugiriéndole éste que permanezca en casa y se haga ver lo menos posible, pues tenia noticias de que grupos de jóvenes falangistas y de otras ideologías, deseaban tomarse la justicia por su mano respecto a su persona a la que juzgaban de traidor y cobarde.16

 

Ante estos temores, su compañero de curso Carlos Gil y Gil le ofrece protección en Pamplona, donde se encontraba como Capitán médico de los requetés.

 

No faltan versiones contradictorias, que afirman que llegado Jiménez Díaz a Vitoria (tal vez Pamplona), lo metieron "junto a los arrepentidos", en una plaza de toros, donde acudió su condiscípulo y amigo -a la sazón militar en la "zona nacional"-, Carlos Lahoz17 (a cuya esposa trataba de asma bronquial) acompañado de Carlos González Bueno, para evitar que los falangistas lo fusilaran "por rojo y traidor a la Patria"

 

 

Sea cierta una u otra versión, lo cierto es que Jiménez Díaz, corriendo aún el mes de marzo de 1937, llega a Pamplona y se hospeda en el hotel "La Perla " de dicha ciudad.

 

Curiosamente, a los pocos días se presentan a saludarle el psiquiatra y falangista Laín Entralgo y el monárquico y también psiquiatra López Ibor (quien había ganado en 1932 la Cátedra de Medicina Legal de Santiago de Compostela), visita que realizarían a diario.

 

A Jacob le sorprendía la presencia en Pamplona de los dos alumnos del colegio de élite de Burjasot (Valencia) preguntándose si las visitas eran espontáneas o estaban programadas como parte de la operación "regreso de Jiménez Díaz".

 

Argumentando que la estancia en Pamplona se prolonga demasiado, Laín propone pedir audiencia a Franco (la cual no debía resultar difícil -vía Serrano Suñer-, dado que Laín, junto a Dionisio Ridruejo, Antonio Tovar, Giménez Caballero18 y algún otro, constituían la fracción intelectual de la Falange

 

El 22 de Julio de 1937, Franco recibe en Salamanca a Jiménez Díaz y tras ofrecerle ser Coronel de la Sanidad Militar y Jiménez Díaz rechazar la oferta, a propuesta de este último, Franco acepta que Jiménez Díaz se dedique a poner en marcha un hospital de Medicina Interna al servicio del ejercito. Se estable así, un "Centro de Asistencia Médica" (ubicado en el Gran Casino de San Sebastián), al cual se denominaría "Nuestra Señora de las Mercedes."

 

Jiménez Díaz (ya tranquilizada su situación política), vuelve a vivir en la calle Easo (después se llamaría de Víctor Pradera) de San Sebastián y se dispone a abrir consulta privada.

 

Por esta época, parece ser que Mariano Jiménez Díaz le pide a su hermano un préstamo de 3.200 pts. (del año 1938) para alquilar un piso en la calle Urbieta, para instalar un bufete de abogados y además para dejar mayor espacio a la consulta de su hermano, la cual debía ir viento en popa, pues habiendo confesado D. Carlos al llegar a San Sebastián, que sus fondos (incluidos los derivados de la venta del diamante) se habían acabado, en tan solo un año de consulta dispone ya de fondos suficientes como para prestar a su hermano e incluso para alquilar a un súbdito belga, un "Studebacker" con matricula de Bruselas, por 750 pts. mensuales (¡mucho dinero en aquel tiempo!) para poder realizar consultas.

 

Sorprendido L. F. Jacob de tanto beneficio derivado de la consulta privada y en tan poco tiempo, exclamó: -Cuesta trabajo aceptar que eso sea cierto, pienso que sigue ayudándole Pablo Garnica. A Jacob también le resultaba curioso que siéndole atribuida a D. Carlos, una modestia y humildad sin par, tuviera siempre apetencia por vivir en las calles de mayor abolengo y en los barrios más suntuosos de las ciudades que habitaba (Trajano en Sevilla, Easo en San Sebastián, Velásquez, General Mola, en Madrid), así como disfrutar de abundante servicio domestico y disponer de llamativos coches, pese a que no supiera conducir.

 

El 28 de Marzo de 1939, es ocupado Madrid y el día 1 de Abril ¡la guerra ha terminado!. Y D. Carlos Jiménez Díaz es uno de los primeros que entra en Madrid, merced a un salvoconducto especial proporcionado por Martínez Fuset (Fiscal General del Estado), intimo amigo de Carlos Lahoz, dirigiéndose de inmediato a su casa de Velázquez23, donde comprueba que su biblioteca había sido confiscada (la lograría recuperar), pero sintiendo con satisfacción que "un militar había salvado su Patria"

 

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Jiménez Díaz, ante el “Tribunal Depurador”

(Versión y comentarios de L. Ferreiro Jacob19)

 

La información aportada por J. Casado en la ya citada "Vida y Obra del Dr. Jiménez Díaz" y el análisis de la documentación existente alrededor de la depuración política del gran internista, permite conocer con cierta exactitud la personalidad y talante de D. Carlos ante las acusaciones realizadas por el Tribunal de Responsabilidades Políticas.

 

Para poder comprender bien "la depuración sin sanción" del profesor Jiménez Díaz, es necesario conocer la actividad de D. Carlos durante el periodo comprendido entre su asentamiento en Madrid, en Abril de 1939 y la fecha en la que tiene lugar el veredicto del referido tribunal (17 de Marzo de 1941), pues en este periodo aparecen nuevas figuras, de gran relieve económico y sobre todo militar, que bien pudieron influir en el veredicto final.

 

Para empezar analicemos el oficio que el Ministro de Educación envía a D. Carlos a través del Decano Prof. D. Femando Enríquez de Salamanca y que demuestra el gran apoyo político, que en ese momento tenia Jiménez Díaz.

 

Con fecha 27 de Abril de 1939, a los 27 días de terminar la Guerra, el Ministro de Educación Tomás Domínguez Arévalo (Conde de Rodezno)20, comunica a D. Carlos que se reconoce de nuevo y de forma oficial al Instituto de Investigaciones Clínicas y Médicas de la Facultad de Medicina de Madrid "que quedará adscrito a su Cátedra de Patología". Se designa a Jiménez Díaz, Director del mismo y se le invita a formular a la mayor brevedad posible, las bases de funcionamiento del mismo como entidad universitaria.

 

En primer momento sorprende la celeridad con que se pone en marcha el reconocimiento oficial de su Instituto, como si este fuera prioritario a la reconstrucción de la Facultad y del Hospital Clínico y a la puesta en marcha del próximo curso.

 

Se reconoce de hecho que "no va a ser depurado con sanción" y que continuará en su Cátedra (que en ese momento regenta de forma provisional), puesto que se adscribe a ella el Instituto, mucho antes de que el Tribunal de Responsabilidades Políticas dictamine su veredicto, lo cual tendría lugar casi dos años después (el 17 de Marzo de 1941).

 

Se vislumbra ya, el escaso poder que en el nuevo régimen van a tener las autoridades académicas, pues debería corresponder a la Facultad de Medicina (a la Universidad), y no a uno de sus profesores, las competencias de establecer las bases de funcionamiento como entidad universitaria

 

Finalmente resulta sospechoso que el Ministerio apruebe un Instituto y lo adscriba a una Cátedra, sin conocer previamente las bases de funcionamiento como entidad universitaria

 

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En Octubre de 1939, se inician nuevamente las actividades docentes en la Facultad de San Carlos, donde el organigrama directivo era completamente diferente a cuando D. Carlos diera su última lección en Junio de 1936. Los puestos de responsabilidad de la Facultad y de su Hospital, estaban en manos de supuestos enemigos ideológicos de Jiménez Díaz, quienes le seguían acusando de cobarde, traidor y de haberse siempre arrimado a la sombra del árbol que mejor sombra le diera, independientemente de la "excelencia" de su tronco.

 

El Decano de la Facultad era D. Fernando Enríquez de Salamanca, aquel que según Laín Entralgo, cuando Jiménez Díaz desea saludarle en Ávila, en 1937 (camino de Salamanca donde se entrevistaría con Franco), le encuentra vestido con boina roja, y pregunta como saludo ¡"Y del cabrón de Hernando, ¿que ha sido?! -refiriéndose a D. Teófilo-21.

 

El Secretario de la Facultad, es Valentín Matilla, hombre profundamente religioso rayando lo patológico, quien -conviene recordarlo- era ya Catedrático de Higiene y Sanidad y Microbiología y Parasitología de la Facultad de Medicina de Sevilla desde 1928, lo cual sorprenderá a muchos lectores que piensan que todo lo fue gracias a Franco.

 

Y de Director del Hospital de San Carlos, al famoso D. Leonardo de la Peña, conocido por "D. Leopardo", hombre peculiar que vivía prácticamente en el hospital, siguiendo una conducta un tanto pintoresca y desde luego persona poco grata para Jiménez Díaz pues, como veremos posteriormente, sería protagonista de uno de sus procesos depuradores.

 

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Durante el curso 1939/40, pese a que -según su sobrino- D. Carlos "tiene preocupaciones económicas", decide alquilar dos pisos colindantes en el no 9 de la calle General Mola (esquina a Jorge Juan) para vivir junto a su hermano Mariano, quien solidariamente cede parte del suyo para la consulta de su hermano.

 

Carlos Jiménez Díaz inicia de nuevo su consulta privada a la que rápidamente se incorporan sus fieles discípulos Romero, Puig Leal, Bañón, Paz Montalvo y naturalmente "Jesús" su fiel servidor (asumiendo todos ellos las antiguas funciones desempeñadas en la consulta de Jiménez Díaz, antes de la guerra civil). Y en ella aparecen personalidades influyentes en la sociedad española, sobre todo en la esfera política (militares, monárquicos, falangistas, etc.), económica y social, que sin duda influyeron en la trayectoria vital de nuestro insigne clínico. Veamos algunas de ellas.

 

Entre sus primeros pacientes figuran José Félix de Lequerica (Embajador en París y posteriormente Ministro de Asuntos Exteriores), el General Aranda y sobre todo un peculiar personaje, el General Legionario Millán Astray quien sin duda ayudaría de forma extraordinaria a D. Carlos, pues merced a él conocería a otras personalidades que probablemente intervendrían en sus "cuentas políticas" ayudándole a superar la "depuración". Gracias a Millán Astray, Jiménez Díaz tiene la oportunidad de recibir como pacientes a D. Camilo Alonso Vega (conocido por algunos como "D. Camulo", quien era Consejero Nacional designado directamente por Franco) y al General Asensio Cabanillas, quienes en esas fechas no eran precisamente "moco de pavo" en lo que se refiere a potencial "tráfico de influencias".

 

El General Millán Astray llegó incluso a nombrar a Jiménez Díaz, "Caballero Legionario" y más tarde "Coronel Honorario de la Legión". Cuando Jacob tuvo conocimiento de estos nombramientos, no pudo por menos que exclamar: ¡Tiene narices, mira que nombrar "Coronel Legionario", a quien hizo la mili por el sistema de cuotas!

 

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Incorporado a la Facultad de forma provisional y pendiente de su depuración con arreglo a la Ley de Responsabilidades Políticas (y consciente del apoyo político-económico de que dispone) de inmediato solicita al Decano una serie de necesidades, que lógicamente dada la época post-bélica e iniciada ya la II Contienda Mundial, no podían ser atendidas económicamente, entre otras cosas por la "actitud patriótica" de su compañero de claustro y amigo, D. Juan Negrín, quien había expoliado a los españoles de sus reservas de Oro. (Seria interesante conocer cual hubiera sido el futuro del Instituto de Investigaciones Médicas de D. Carlos, ubicado en la sociedad que su amigo Negrín defendía)

 

Pese a que un año antes, dijera J. Casado que su tío pasaba por problemas económicos, "la fortuna debió acompañar a nuestro gran clínico22, para poder comprender que en tan breve periodo, su recuperación fuese tal, que no solo le permite cambiarse al piso de General Mola, sino que además dispone de medios para alquilar un chalet en la calle Granada con la intención de instalar allí el Instituto de Investigaciones Médicas, dado que la Facultad de la Ciudad Universitaria se encuentra destruida como consecuencia de la guerra civil. Incluso le permite cambiar de coche pues se le ve ir por Madrid, con su chofer en un espectacular "cadillac", que dice haber recibido como obsequio por el Jalifa "El Hassan Ben el Mehdi Ben Ismail Ben Mohamed, aunque realmente lo había comprado ese mismo año.

 

De nuevo tenemos a Jacob con sus reiterativas interrogantes: ¿De donde saca Jiménez Díaz tanto dinero? ¿Solo de una consulta privada en el Madrid hambriento de 1940? ¡Todo indica que tras D. Carlos, debe existir algún grupo de poder que bien puede estar constituido por los socios de la Asociación Protectora de su Cátedra!

 

Precisamente a algunos de ellos (Pablo Garnica, Ernesto Anastasio, etc.) logra reunirlos, en el Otoño de 1940, para poner en marcha el Instituto instalado en el Chalet de la calle Granada. A dicha Asociación se incorporarían también, D.Juan March, los hermanos Selgas, José Brandón y Baltasar Márquez, figuras financieras de primera línea

 

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Todavía interesa conocer alguna vivencia más de D. Carlos durante la inmediata post-guerra, para conocer con cierta aproximación, el poder de que disponía para enfrentarse a las acusaciones del "Tribunal Depurador".

 

El 9 de febrero de 1940 la Asamblea General de la ONU, condena al régimen de Franco; por ello, se organiza una manifestación en apoyo a Franco en la Plaza de Oriente, y allí acude Jiménez Díaz y su esposa Conchita a vitorear a Franco. Estaban lejos -no demasiado- los tiempos en que brindara con champán francés, celebrando la proclamación de la II República, y sin duda alguna había olvidado, -lo cual sorprende dada su privilegiada memoria- sus alusiones a que no le gustaban ni los militares ni los regímenes autoritarios. Gregorio Marañón y  Teófilo Hernando, continuaban todavía en París, por lo que es imposible conocer si de estar en Madrid, hubieran acudido también a la Plaza de Oriente, olvidando también sus antiguas aficiones23.

 

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Para un observador imparcial, daba la sensación de haberse montado "la operación Jiménez Díaz", programada por el régimen franquista, pues se iban cumpliendo los objetivos señalados por Pablo Garnica en la carta enviada a Mariano Jiménez Díaz en el exilio y que en síntesis concluía en "rentabilizar políticamente la vuelta a España de personalidades científicamente prestigiosas o de fama popular" (¡y no digamos, si se lograra el regreso voluntario de Marañón, Teófilo Hernando, Ortega y Gasset, Pedro Ara, Manuel de Falla, entre otros!)

 

Además sorprendería al observador, que casi todos los benefactores de D. Carlos, correspondían al mundo político o financiero siendo escasos los médicos de prestigio, personalidades académicas o representantes de las Academias Científicas. Le llamaría también la atención, cómo figuras de la medicina, tan acreditadas como Tello, Fernando de Castro, Labora, entre otros, no tuvieron tanta atención para el nuevo régimen político.

 

En la Facultad de San Carlos parecía estar iniciándose una pugna entre la institución académica, representada por el "mandarinato de Salamanca" -en palabras de Laín Entralgo- adicto al régimen sin reservas, y el poder político-financiero, cuyo paladín era el liberal y republicano de vocación (según la fama adquirida antes del 18 de julio de 1936), Carlos Jiménez Díaz.

 

 

La Depuración de Jiménez Díaz

 

Al igual que al resto de profesores de la Facultad, el Juez Instructor del Juzgado Depurador del personal docente de la Universidad de Madrid (D. Fernando Enríquez de Salamanca), instruye a finales de 1939, expediente a Jiménez Díaz imputándole diversos cargos que resumimos a continuación:

 

1°.-    Que a pesar de ser católico, ha estado siempre al lado de los hombres de izquierdas, habiéndosele oído afirmar que se consideraba "comunista católico"; 2°.-  Haber asistido en diciembre de 1934 a un banquete homenaje a los Doctores Lafora y Del Río Ortega, en el cual profirió frases contra los elementos derechistas y de orden;

3°.-   Haber organizado una clínica en su finca de La Cabrera, al servicio de los rojos, en los primeros días de la guerra;

4°.- Haber constituido un hospital de sangre con elementos y material procedentes de despojos de comunidades religiosas y enseres requisados por las milicias y sindicatos rojos;

5°.-  Haber prestado adhesión al Gobierno rojo llevando un brazalete de médico con el sello del Frente Popular -que no todos conseguían-, viéndose así libre de persecuciones (lo habitual era llevar un brazalete con el sello del Colegio de Médicos);

6°.-   Haber salido de la zona roja (el 16 de septiembre de 1936) permaneciendo en el extranjero (donde tendría reuniones con catedráticos considerados izquierdistas, tales como Teófilo Hernando, Pittaluga, Sayé, Pí Suñer, José e Isidro Sánchez-Covisa, etc.) sin entrar en la España nacional hasta que, los triunfos del ejercito de Franco hacía presumir que la guerra terminase a su favor y valiéndose de sus amistades;

7°.- No realizar en zona nacional alguna labor verdaderamente eficaz, bien como médico militarizado o de otra manera análoga, salvo un nombramiento extraño que como miembro civil tuvo en un Hospital de San Sebastián, en los últimos tiempos.

 

Ante estos cargos imputados, el Prof. Enríquez de Salamanca propuso (contrariamente a lo que muchos piensan), la rehabilitación en su cargo de catedrático sin sanción alguna, basándose en una serie de considerandos que por su interés transcribimos.

 

Afirma Salamanca en sus conclusiones:

 

"Considerando que su discutible y discutida conducta anterior al Movimiento revela en él una ataxia ideo-afectiva muy propia de aquellos tiempos de ansiedad nacional y de general desorientación, matizada en el Prof .Jiménez Díaz por un disculpable afán de no crearse dificultades ante los caciques izquierdistas para realizar sus vastos y hermosos proyectos científicos; pero que en todo caso no revela claramente intención anti-nacional, ni positivamente sectaria, como la de sus amigos institucionistas"

 

"Que su discutible y discutida conducta en la zona roja revela un afán de defensa de sí mismo y de sus discípulos y amigos, afán de sortear los peligros con habilidad exigida por circunstancias tan peligrosas y que se negó a cuantas colaboraciones directas se le exigieron por los rojos"

 

"Que su actuación en el extranjero y la dilación de su regreso a España tiene explicación en su deseo de salvar a familiares íntimos de su esposa y en las dificultades que se le pusieron hasta esclarecer su discutida conducta; pero que fue aprovechada para hacer labor pro-Patria (a juzgar por su declaración jurada).Y que el único lunar es el haberse reunido con un grupo de enemigos de España en París para un asunto que solo tiene un atisbo de justificación en la penuria económica en que vivía en aquel entonces, pero que resulta bien poco elegante en aquellas circunstancias y muy en consonancia con los cargos que se le imputan por muchos patriotas de convivir con las izquierdas antinacionales"

 

"Que S. E. el Generalísimo, las Jerarquías del Movimiento y personas sensatas, le conceden trato de distinción (lo cual es un fallo previo en su favor), el Juez que subscribe, propone a V. I. la rehabilitación sin sanción, al catedrático de la Facultad de Medicina, D .Carlos Jiménez Díaz. Madrid 25 de Enero de 1940.

 

Aquí pudiera haber concluido la depuración de Jiménez Díaz, si no hubiera existido orden del Tribunal Regional de Responsabilidades Políticas de incoar nuevo expediente al citado profesor, como consecuencia de una denuncia presentada contra su persona por el Prof. Leonardo de la Peña (imputándole cargos similares a los contemplados en el expediente que E. de Salamanca instruyera), encargándose de ello el Juez Instructor Provincial (D. Enrique Amado) que lo inicia el 8 de abril de 1940

 

El 25 de abril de 1940, Jiménez Díaz como catedrático provisional de la Facultad, presenta un escrito de descargo ante los cargos que se le imputan, pliego que a nuestro juicio no tiene desperdicio e incita a comentarios de diversa índole.

 

En su defensa, Jiménez Díaz dice entre otras cosas:

 

- "Que es falso que haya afirmado ser "católico comunista"; que su religiosidad, que considera el más preciado don recibido de Dios, no ha sido nunca ocultada".

 

- Tras realizar una exhibición de sus méritos y considerando que su asiduidad a la Cátedra, no ha sido igualada por ningún otro catedrático, dice ser falso que haya estado arrimado a "hombres de izquierda" y que jamás recibió ayuda alguna de los políticos de la República; que creó con la ayuda de unos cuantos hombres que le manifestaron su confianza (cita a José Calvo Sotelo, Pablo Garnica, Cesar de la Mora, Ernesto Anastasio, el Excmo. Sr. Duque de Alba y a Miguel Colom Cardany), el Instituto de Investigaciones Médicas.

 

- Que el banquete-homenaje a D. Pío del Río Ortega y a Lafora, no era un acto izquierdista como lo prueba el que asistieran Carlos Gil y Gil y Carlos González Bueno. Que lo que sostuvo en su discurso (solicitado por el aplauso de la mayoría de los asistentes) era que no debía, en las Academias, dejarse prosperar la tendencia a elegir sus miembros entre los más amigos para constituir después peñas dentro de las mismas que en realidad trataran solamente de mangonear, sino que el criterio único debía ser el mérito científico (Según Laín Entralgo, Jiménez Díaz pensaba que la Academia que debía liderar la medicina estaba muerta, no valía más que para acoger vejestorios y encumbrar trepadores a favor de la situación política2)

 

- Que tras el desastre del Cuartel de la Montaña, junto a su mujer y el Dr. Victoriano M. de Acosta, decidió escapar hacia Burgos, pero tuvo que regresar porque el puente de Lozoyuela había sido volado la noche anterior por los rojos.

 

- Reconoce ser cierta la foto (publicada en ABC) en la que junto al Dr. Acosta aparece con brazalete del Frente Popular, pero la justifica diciendo que la hizo un antiguo paciente ("a quien había curado un asma de heno") para tenerla como coartada en caso de denuncia o detención.

 

- Que en el Hospital de Chamartín (Hospital del Pueblo), hospedó y salvó a varios médicos de derechas.

 

- Que se fue a Italia porque "allí era menos probable encontrarse con gente roja".

 

- Que, -copio literalmente- "el santo padre de su esposa, Blas de Rábago Jorrín y su hermano Ruperto, fueron asesinados por los rojos".

 

- Que dirigió el hospital de San Sebastián (Nuestra Señora de las Mercedes, situado en el Casino) sin militarizarse, "porque quería evitar ese sueldo al Estado".

 

- Que vivió modesta y muy austeramente.

  

Termina el escrito con "Dios que salvó a nuestra amada Patria, guarde la vida de V.I. muchos años.

 

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Para nuestro amigo y condiscípulo L. F. Jacob, la defensa que hacía Jiménez Díaz de los cargos que se le imputaban dejaba mucho que desear.

 

Era verdad que no había ocultado nunca su religiosidad católica, hecho que resulta probado, pero también lo era que nunca lo hiciera con la firmeza y claridad que su Decano D. Femando Enríquez de Salamanca, no conociéndose testimonios escritos de su protesta por la quema de Conventos en mayo del 31 y en julio del 36, ni contra los desmanes de las hordas del Frente Popular.

 

Jiménez Díaz afirma en su pliego de Descargo,"que nunca mostró públicamente su adhesión a cualquier partido de izquierda", pero se contradice con lo que dijera en Roma ante S. M. D. Alfonso XIII, donde reconocía "haber apoyado el cambio monarquía-república y que se había equivocado (Jiménez Casado).

 

D. Carlos se "descarga", señalando que "pensaba que Franco triunfaría en tres o cuatro días, y si ello no sucedía, él pensaba subir a Burgos "pero se lo imposibilitó la voladura del puente de Lozoyuela. Sin embargo, parece ser más cierto que vuelve a Madrid, creyendo que la sublevación estaba controlada. Y por si quedara duda, trabaja en el Hospital del Pueblo hasta que logra preparar "su subida hacia Burgos", la cual realiza "vía Valencia - Marsella - París - Londres - Roma - París".

 

Acusándole el Tribunal Depurador de que "volvió a España cuando la contienda estaba decidida a favor de Franco", D. Carlos se defiende argumentando que el dar una conferencia por invitación, en el Middiesex Hospital de Londres, "fue el pretexto de mi salida de la zona roja".

 

¡En que quedamos!, ¿Pensaba en subir a Burgos o abandonar la zona republicana so pretexto de dar una conferencia en Londres y quedarse allí? llevándose además dinero y joyas escondidas, que según Castilla del Pino, "le ayudó a venderlas en Londres un tal Luis Mier" 25 (según J. Casado, el diamante lo vendió en París), lo cual sería porque todavía no pensaba regresar a España, esperando acontecimientos.

 

Jiménez Díaz llega a argumentar en su defensa, que "en Londres propagó el movimiento nacional"... "que vivió con modestia y austeridad"... "que nunca cobró las consultas médicas a los que estaban a favor de Franco"...

 

El 9 de mayo de 1940, el Prof. Leonardo de la Peña se ratifica en las acusaciones de su inicial denuncia señalando además que "en las Juntas de Facultad, Jiménez Díaz exteriorizaba su pensamiento político y sus votos, poniéndose al lado de todo lo que supusiere subversión representada en aquella época por los estudiantes de la F.U.E y por los catedráticos Tello, Negrín, Hernando, Pittaluga, Sánchez-Covisa, Várela Radío, etc." Así mismo, que en el banquete homenaje a D. Pío del Río y a Lafora, Jiménez Díaz hizo publica renuncia de su cargo de académico electo, diciendo que no quería pertenecer a un organismo vetusto y que había procedido tan injustamente".

 

D. Leonardo de la Peña, puso como testigos de sus acusaciones a los doctores: Ubeda Sarrachaga, González Ferradas, Sánchez Cuenca (ayudante de Jiménez Díaz) y Vallejo Nágera.

 

A favor de Jiménez Díaz testificarían Emiliano Roda, López Ibor, Laín Entralgo, Carlos González Bueno, Victoriano M. Acosta, el Dr. Alés, Emilio Arjona, y Romero Alcázar entre otros.

 

También lo harían Blas Pérez González (como catedrático. Fiscal del Tribunal Supremo y Delegado Nacional de Justicia y Derecho de FET y de las JONS) y Carlos Lahoz Marques (Comandante Médico)

 

En septiembre de 1940, el Ministro Serrano Súñer, "el cuñadisimo", envía un oficio al Tribunal Depurador, el cual había solicitado informe al Ministerio sobre la actuación de Jiménez Díaz desde septiembre del 36 a marzo de 1937 (periodo de su exilio) y cuyo contenido resumimos en dos puntos que probablemente demuestran la actitud (previa al veredicto) por parte del Régimen de Franco, de no sancionar a D. Carlos y el interés que tenían distintas personas afines al régimen, para rentabilizar políticamente el prestigio de Jiménez Díaz.

 

Un primer punto, en el que Serrano Suñer "saca la cara" por Jiménez Díaz diciendo que durante su estancia en Londres, inició la constitución de un grupo de intelectuales defensores de la causa nacional, que más tarde se convertiría en un "Comité de Ayuda a España".

 

Y un segundo en el que a través de J. Ma Pemán, Pablo Garnica y el Dr. Abelló, se afirma que Jiménez Díaz realizó gestiones para regresar (no dice el oficio cuando lo hizo), las cuales resultaron infructuosas hasta que lo autorizara el Jefe de la Junta de Burgos, General D. Fidel Dávila el autor del famoso salvaconducto ya comentado con anterioridad.

 

Ambos puntos del oficio de Serrano Suñer, no se atienen a la verdad con arreglo a la descripción que Jiménez Casado hace del exilio de su tío, del que fácilmente se puede deducir que D. Carlos volvió a España cuando se le iba acabando el dinero y sobre todo por la presión de su esposa, al conocer el fusilamiento de su padre Blas de Rábago y de su tío Ruperto y que su hermano Gregorio Rábago estaba preso en Alicante acusado de ser falangista (téngase en cuenta que estos hechos los conoció Jiménez Díaz con retraso, después de su permanencia en Londres y después de vender el diamante en Londres o París, en un momento en el que ya se vislumbraba cual iba a ser el desenlace de la contienda).

 

Luego queda en evidencia una vez más, el interés del Régimen representado esta vez por el cuñado de Franco y Ministro en ese momento "de todo", por la recuperación de Jiménez Díaz. Y por si quedara duda, véase el texto del informe del Juez Instructor, D. Enrique Amado y el veredicto del Tribunal de Responsabilidades Políticas que tiene lugar seis meses después, el 17 de marzo de 1941.

 

Veamos lo que dice el Juez Amado:

 

- Reconoce que en el banquete - homenaje a D. Pío del Río Ortega, estaban presentes la casi totalidad de los elementos que en la España republicana personificaron a las izquierdas y a la masonería, aunque también asistieron personas de filiación derechista.

 

- La conducta de Jiménez Díaz en aquel acto, no debió tener significado político puesto que no fue óbice para que el Juzgado Depurador de la Universidad Central (Prof. Femando Enríquez de Salamanca), dictara resolución favorable para el referido profesor, ni que por Decreto de 27 de enero de 1941, se le nombrase consejero del Consejo Nacional de Educación en representación de las Universidades.

 

- Considera que los motivos de la permanencia en el extranjero (único delito claramente probado), parecen explicarlos los informes emitidos por el Ministerio de la Gobernación y suscritos personalmente por los señores Ministro y Subsecretario. De ello se desprende que la labor del inculpado durante su permanencia en el extranjero, fue digna de loa y altamente beneficiosa en el aspecto político-internacional, para nuestra guerra de liberación (lo dice el Sr Juez Instructor, D. Enrique Amado). Este sin duda, ha debido ser el criterio de las altas esferas de la España liberada cuando le confirieron en ella, la prestación de servicios culturales y profesionales de gran relieve.

 

- "No habrá sido la actuación político-social del Dr. Jiménez Díaz de tal naturaleza opuesta a los postulados básico de nuestro Movimiento, cuando por Decreto (27/I/41), se le nombra en representación de las Universidades y Alta Cultura, consejero del más alto organismo cultural de España.

 

Considera el Juez Instructor necesario informar al Tribunal, de la trayectoria política seguida por el Prof. Jiménez Díaz, imprescindible a su juicio, para dictar en justicia una resolución, realizando unas reflexiones que a nuestro juicio constituye un autentico análisis psico-antropológico, por lo que literalmente se transcriben sus párrafos más importantes:

 

"No hay que destacar la personalidad científica del catedrático Sr. Jiménez Díaz que con trazos gruesos se dibuja a través de todas las declaraciones que obran en autos tanto de testigos de cargo como de descargo y de los informes de las Autoridades, presentándole como eminente hombre de ciencia y cuya capacitación profesional es reconocida y admirada por cuantos deponen en el expediente.

 

Ahora bien, la trayectoria política del Dr. Jiménez Díaz, no siguiendo una norma tan rectilínea como la técnica y profesional, es indudable que ha tenido fluctuaciones que en su última parte han sido favorables para el inculpado. Vemos que a medida que la revolución iba minando a personas y colectividades al final de la Dictadura (de Primo de Rivera), el Dr. Jiménez Díaz se deja arrastrar por la corriente revolucionaria e incomprensiblemente en un hombre de su talla intelectual, llega inclusive, a ser admirador de los hombres y de las ideas que más tarde trajeron y sirvieron de base al nefasto régimen republicano.

 

No parece aventurado -continúa el Juez Amado- suponer que la contemplación por parte del Dr. Jiménez Díaz, de una política y unos métodos como los que siguieron a la implantación del régimen del 14 de Abril de 1931, le hicieran reaccionar aunque lentamente, y así vemos que al parecer, en los tiempos siguientes a la revolución de Octubre de 1934 y según frase de uno de los testigos que fue su Juez de Depuración (E. de Salamanca), ya "estaba en plan fascista"; poco a poco se va apartando -siempre ideológicamente por cuanto no aparece haya estado afiliado de hecho a partido alguno- de los métodos y tendencias de aquellos hombres que admiró en los años 1929 y 1930, y al advenimiento del Glorioso Alzamiento Nacional, ya no encontramos elementos probatorios que confirmen o robustezcan la presunción de que el Dr. Jiménez Díaz es admirador de los métodos políticos que hicieron necesaria e imprescindible nuestra guerra de liberación.

 

En un aspecto permaneció inalterable la conducta de D. Carlos Jiménez Díaz, y es como católico. Aun cuando fue difícil conectar una convicción católica profunda y su práctica diaria, con la admiración por los hombres y métodos que trajeron y mantuvieron la República en España, es lo cierto que probado queda por los testigos de cargo y descargo, ser y haber sido el inculpado, católico practicante y de acendrado espíritu. Quizás a ello se deba, su feliz variación en política y es de justicia consignarlo así por ser elemento de juicio de superior entidad. No es por otra parte extraordinaria esta trayectoria político-social por cuanto, desgraciadamente, ha sido el camino seguido por muchos de nuestros intelectuales, a los que no alcanzan los preceptos de la Ley de Responsabilidades Políticas".

 

Sin cumplirse un mes de este informe, el día 17 de marzo de 1941, se dicta sentencia absolutoria, quedando "depurado" sin sanción alguna, reponiéndosele en su cargo de Catedrático y pudiendo disponer libremente de sus bienes.

 

Superada la depuración y ya instalado en Madrid, Jiménez Díaz reorganiza de forma modesta su Instituto de Investigaciones Médicas en el chalet de la calle Granada26.

 

En 1943, Jiménez Díaz toma una decisión difícil de comprender pero que sin duda ayuda a conocer su personalidad: ¡Se presenta a las oposiciones para Jefes de Medicina del Hospital Provincial!. En el siempre politizado Hospital Provincial de Madrid, se habían convocado dos plazas de Jefe de Servicio de Medicina, una en tumo restringido para "ex-combatientes", que obtuvo Vega Baca27, quien figuraba entre los primeros afiliados a Falange y otra en tumo libre, que la obtendría Jiménez Díaz siendo el único opositor.

 

Con este nuevo cargo, Jiménez Díaz disponía de unas cien camas más, para su función docente, asistencial e investigadora, que unidas a las de San Carlos y al Instituto de Investigaciones Médicas, le hacían estar en una situación privilegiada.

 

Muy pronto (1943) inicia los viajes a Hispanoamérica por donde pasea "el prestigio científico del régimen de Franco".

 

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Para mí, está claro -exclamó Jacob-, Jiménez Díaz se humilló ante el régimen de Franco a quien le interesaba rentabilizar su figura prestigiosa. Y lo hizo porque a él también le interesaba hacerlo pensando que de esta forma sería encumbrado a las más altas cotas de la medicina española, superando a sus enemigos de la Facultad y lograr así el desarrollo de su anhelado Instituto, que hasta entonces continuaba siendo un sueño. Nadie discutirá que contó con los poderes políticos y económicos del franquismo, lo cual no excluye reconocer sus grandes actitudes y aptitudes científicas, profesionales y académicas. El que sea un genio no significa que su trayectoria política sea plausible ni que su conducta como hombre sea ejemplo a seguir, pues denota cierta inmadurez psicológica y a veces un tanto pueril. ¡Que contraste con la conducta seguida por D. Claudio Sánchez del Albornoz, quien siendo coherente con su ideología no vino a España (pudiéndolo hacer), hasta que desapareciera el General Franco!28

 

Si Jiménez Díaz sentía los mismos principios que inspiraron el Alzamiento, debió de inmediato incorporarse al bando nacional; da la sensación de que era una de esas personas que dejan que otros les arreglen la vida, con el pretexto de entregar la suya a la ciencia, y así de este modo, cuidarse de sí mismo. ¡A mi no me gustan estas personas, por muy sabias que sean!, -concluyó Jacob.

 

Para Jacob, el regreso de Jiménez Díaz, fue el resultado de una operación montada por el Régimen de Franco, para explotar su prestigio en pro de la causa Nacional.

 


6  No es nuestra intención ocuparnos de su obra científica por contemplarse en próxima publicación (Estampas y Vivencias de San Carlos)

 

7 Según el propio Jiménez Díaz el 18 de julio se encontraba en Madrid y marchó ese día hacia La Cabrera, creyendo en un rápido triunfo del Movimiento y con el proyecto de regresar a Madrid.

 

Mariano Jiménez Díaz gozaba de gran credibilidad en los asuntos políticos pues no en vano había sido Gobernador Civil de Córdoba con la República, concretamente con Alcalá Zamora, aunque luego se mostraría "tránsfuga", al ayudar a Gil Robles en las elecciones de 1933.

 

9 Según declarara Baldomero Sánchez Cuenca, en 1939, Vega Díaz desempeñó durante la guerra civil el cargo de Jefe de Sanidad del Ejercito del Sur con el gobierno republicano.

 

10  Esta versión de Jiménez Casado se contradice con la propia declaración de Jiménez Díaz en noviembre de 1939, en la que refiere que salió de España el 16 de septiembre de 1936 por la frontera de Port-Bou

 

11  En Londres recibió la visita de su colaborador Francisco Vivanco, quien encontrándose trabajando en Suecia comunicó a D. Carlos, que había decidido regresar a España a combatir junto a las tropas de Franco.

 

12 Según declara Jiménez Díaz, en noviembre de 1939, estando en París, recibió la visita de un sujeto enviado por los "rojos" quien le propuso que no pasara a Zona Nacional aunque tampoco volviera a Madrid, ofreciéndole que sus cosas serian respetadas y que recibiría su sueldo en Francia. D. Carlos le contestó " que él no trataba con asesinos"

 

13 Carlos Jiménez Díaz, prologaría desde San Sebastián, en septiembre de 1939, sus "Lecciones sobre las Enfermedades de la Nutrición", con la siguiente dedicatoria: "A la memoria de aquellos hombres buenos, honrados y de gran corazón, que fueron Blas Rábago Jorrín, Ruperto Rábago Jorrín, Felipe de Cos Paneda y Miguel Colom Cardany, que murieron asesinados, victimas del furor rojo, llenándonos de un inextinguible dolor"

 

14 Salvador de Madariaga y Gregorio Marañón, entre otros historiadores, reconocen que no fue Franco el responsable de la contienda civil, sino que esta "se había iniciado ya "con la revolución comunista de 1934 y subsiguientes desmanes permitidos por el Gobierno de la República, incapaz de mantener el orden constitucional.

 

15   La aparición en escena, en San Sebastian, de Carlos González Bueno, no puede considerarse circunstancia fortuita. Como tampoco que años después fuera el jefe de Servicio de Cirugía Digestiva de la Clínica de la Concepción, ni tampoco que después lo fuera su sobrino Carlos Moreno González-Bueno.

 

16 A. D. Carlos le esperaría todavía enfrentarse a las acusaciones del Tribunal Depurador de Responsabilidades Políticas que se crearía al terminar la guerra y que presidiría su compañero de claustro, Prof. Enrique Suñer y en el que sería Juez Instructor, D. Fernando Enríquez de Salamanca.

 

17 Carlos Lahoz, seria posteriormente Jefe del Servicio de Alergia en la Clínica de la Concepción, donde también trabajarían sus hijos.

 

18  Cando lo conocimos, como paciente, en su domicilio de la Colonia El Viso, unos años antes de fallecer, su deterioro cognitivo era evidente, no permitiendo conversar sobre su pasado intelectual.

 

19 El lector habrá observado que L. Ferreiro Jacob, condiscípulo y amigo íntimo, ha intervenido en distintas ocasiones en la interpretación de los hechos que narramos, aportando su criterio personal que, naturalmente, resulta simplemente una opinión personal, que puede no ser compartida.

 

20 Jiménez Casado dice que fue Sainz Rodríguez, pero éste había sido cesado en Marzo de 1939.

 

21 Rafael E. de Salamanca Llorente, desmiente tal afirmación de su padre, argumentando que no era ese su estilo. Fuera o no cierta tal desafortunada aseveración, se deduce que Laín Entralgo no debía sentir por D. Fernando demasiado cariño, pese a ser ambos en aquel instante -Marzo de 1937- hombres de "derechas", el uno por su catolicismo y criterios ya demostrados y el otro por su vocación falangista.

 

22  En la declaración de bienes presentada con fecha 24 de Abril de 1940, ante el tribunal de responsabilidades Políticas, Jiménez Díaz declara una finca en La Cabrera (valorada en 100.000 pts.), valores en custodia en el Banco de España y Banco Bilbao (145.000 pts.) y 52.000 pts. en cuentas corrientes. En el expediente de depuración se pueden observar algunos documentos que estiman las ganancias de Jiménez Díaz en alrededor de 700.000 pts.anuales. El sueldo de un catedrático oscilaba alrededor de las 8.000 pts-anuales. Se hallaba en trámite la herencia que correspondería a su esposa Conchita Rábago, habiendo fallecido sus padres.

 

23  En 1946, la Asamblea General de la ONU condenó injustamente al régimen de Franco acordando la ruptura de relaciones diplomáticas con España; ello provocó el 9 de diciembre una concentración popular de apoyo a Franco en la Plaza de Oriente. Allí pudo verse a Gregorio Marañón acompañado de Jacinto Benavente.

 

24 Ramón y Cajal tampoco tenía buena opinión de la Real Academia de Medicina, pues en cierta ocasión, al salir de una de las sesiones de la calle Arrieta, dijo a su acompañante: ¡sabe Ud, que aunque se inundara esta Academia no pasaría nada. pues "todos están bastantes peces".

 

25 Luis Mier Jadraque, Ayudante de Clases Prácticas de Oftalmología (Prof. Márquez), se encontraba en Inglaterra el 18 de julio de 1936. Inmediatamente se incorporaría a "zona nacional".

 

26 En 1945, el Instituto de la calle Granada, vuelve a la Ciudad Universitaria, instalándose en dos plantas del pabellón II de la nueva Facultad de Medicina.

 

27 Vega Baca dirigiría las salas 12 (mujeres) y 16 (hombres) y con él trabajarían en cierta época como Jefes Clínicos, Amador Schüller y Eloy López García, y como médico interno, García de La Fuente (yerno de Vega Baca).

 

28 Claudio Sánchez Albornoz (1893-1964), historiador y político. Rector de la Universidad de Madrid en 1932. Ministro con los gobiernos republicanos de Lerroux y Martínez Barrios. Presidente del Gobierno republicano en el exilio (1962-70). Moriría en Madrid en 1984, al poco tiempo de regresar a España. Fue tratado de sus últimas dolencias por el Prof. Domingo Espinos Pérez y su colaborador Dr. Aboín Masdeu, quien era familiar de D. Claudio.


 

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